domingo, 16 de febrero de 2014

LA ENEIDA - LIBROS V Y VI: ENEAS VIAJA AL INFRAMUNDO


LIBRO V: LAS MUJERES IMPIDEN EL DESARROLLO DEL VIAJE

ENEAS SE ALEJA DE CARTAGO

Ya habiendo zarpado, Eneas contempló desde el mar la llama que ardía en la costa de Cartago, y demasiado bien sabía de qué se trataba.

Los viajeros intentaban llegar a tierras italianas pero se desató otra tempestad, y, cuando ésta se calmó, probaron otra vez a alcanzar Trinacia. Habiendo llegado allí, los troyanos se dirigieron a las tierras de su amigo Acestes, por quien fueron recibidos hospitalariamente.


EL FUNERAL DE ANQUISES

Cumpliéndose ya un año de la muerte del padre del héroe, Anquises, Eneas llevó a cabo sus funerales. Durante los sacrificios, una serpiente comió las ofrendas del altar. No sabiendo si se trataba de una criatura mala o del genio del lugar, Eneas prefirió tomarlo como un buen presagio.

Después mandó Eneas celebrarse unos juegos donde Cloanto venció en la competición de remo. En la carrera, Salio y Niso, hermano de Asio, tropezaron por lo que Euríalo venció; sin embargo, los tres recibieron los premios. En la lucha, nadie quiso enfrentarse a Dares hasta que el anciano Entelo se atrevió y consiguió vencerlo. En el tiro con arco fue Acestes el ganador. Luego, Ascanio y sus amigos hicieron una representación de la guerra. 

EL INCENDIO DE LAS NAVES 

Juno envió de nuevo a Iris y esta vez tenía la finalidad de suscitar en las mujeres troyanas el deseo de no viajar más para así detener el propósito de Eneas. Tomando Iris la forma de la anciana Beroe, que no había acudido porque estaba indispuesta, se dirigió a las mujeres, que habían sido apartadas de los juegos funerarios del padre de Eneas, les dijo que se le había aparecido en sueños Casandra. Bajo ese pretexto, defendió que la princesa troyana le había dicho que debían quemar las naves, pues ya se había alcanzado el objetivo del viaje, y cumplió el encargo llevando a las mujeres a destruirlas, comenzando el incendio ella misma.

Pirgo, que fue nodriza del rey Príamo, advirtió a las otras de que Berone no había acudido porque estaba enferma, y que esa otra era muy semejante a una divinidad del cielo. Al punto, la mensajera se dio a conocer yéndose de allí en forma de arco iris. Las muchachas, exaltadas, tomaron la antorcha del altar de Neptuno y comenzaron a prender fuego a las embarcaciones.

Los hombres contemplaron las llamas; Eumelo avisó a su líder, quien llegó rápido al lugar del desastre. Una vez allí, Eneas imploró al padre de los dioses, Júpiter, quien hizo que empezase a llover. Sólo se perdieron cuatro piezas de la flota troyana, pero Eneas se aconsejó a sí mismo fundar una ciudad para quienes quieran quedarse y renunciar a continuar el viaje. 

Los troyanos fundaron así la ciudad para quienes no quisiesen continuar con el viaje, poniéndole el nombre de Acestes. Por fin, zarparon, y las mujeres, que ahora sí deseaban seguir junto a los guerreros troyanos, los despidieron entre llantos de lamento. Una vez más, los viajeron intentaron dirigirse a Italia.

Venus rogó a Neptuno como protectora de su hijo que los troyanos no sufriesen más males, y el dios de los mares les prometió que llegarían a las puertas del Hades con sólo un hombre menos: "una cabeza por muchas será dada" (unum pro multis dabitur caput).

A medianoche todos dormían, hasta Palinuro, el timonel, de lo que se había encargado el Sueño o Somnus. Palinuro y el timón cayeron al agua mientras el resto seguía durmiendo: la nave derivó pero Eneas despertó en medio del caos ocupando el puesto del caído y corrigió el rumbo justo a tiempo, pues ya la nave se dirigía a los dominios de las temerosas Sirenas.



LIBRO VI: ENEAS VIAJA AL HADES

ENEAS EN BUSCA DE LA SIBILA: LAS PREDICIONES
DE APOLO

Eneas, aún indeciso, se le apareció esa misma noche en sus sueños su padre Anquises, quien le recomendó que sólo los más aptos para enfrentarse en batalla partiesen al Lacio, pues allí deberían derrotar a un pueblo belicoso. Además, el espíritu le comentó que, para que pudiese darle más detalles de su destino, tendría que ir a visitarlo al inframundo.

Los troyanos arribaron a las playas de Cumas, visitando la gruta de la Sibila acompañados de la sacerdotisa de Glauco, Deífobe. La sibila fue poseída por el Apolo y el héroe pidió al dios sus oráculos y que permitiese a los troyanos que se estableciesen en el Lacio. Apolo predijo así que se librarían batallas por causa de una mujer, pero que Eneas saldría victorioso de ellas. 


ENEAS Y LA SIBILA DE CUMAS

El héroe se encontró con la Sibila de Cumas junto al lago Averno, situado en el interior del cráter de un volcán, donde se pensaba que estaba uno de los accesos al mundo de ultratumba. Después de advertir a Eneas de los peligrosos riesgos de la empresa, la sibila le informó de que para llegar al Hades era necesario encontrar un ramito de oro, que Proserpina (Perséfone en Grecia), la reina del Averno, pedía recibir como regalo, escondido en las frondas de un árbol del bosque cercano: si conseguía cogerlo tendría la confirmación de deber llevar a cabo el viaje. 

Hallado el ramo gracias a la ayuda de Venus, Eneas pudo aventurarse en el Hades acompañado por la sibila. Acababan de adentrarse en los infiernos cuando se encontraron con horribles figuras, personificaciones de los males que afligían a la humanidad, como las Harpías, las Gorgonas, y la Hidra de Lerna. Presa del temor, Eneas hizo ademán de desenvainar la espada, pero la sibila le recordó que se trataba de meras sombras carentes de cuerpo. Llegaron luego junto al barquero, Caronte, que se dirigía a ellos en tono áspero recordando las funestas consecuencias que habían padecido otros vivos que se aventuraron en aquel lugar. Pero la sibila, tranquilizándolo, le mostró el ramo de oro, por lo que Caronte se quedó quieto, acogiendo a ambos en su barca y conduciéndoles a la orilla opuesta. Ya navegando, vieron la cueva de Cerbero, los jueces de los muertos y los campos llorosos. 

Allí encontró las sombras de sus compañeros y de sus antiguos enemigos, y la de Dido que, desdeñosa, apartó la mirada de él y se alejó sigilosamente. También contempló muchas almas de grandes guerreros de otros tiempo, como Deífobo, que se casó con Helena después de que Paris muriese. Pasado un rato, los pasajeros de la barca vieron una bifurcación: una vía condujo al palacio de Plutón; la otra, al Tártaro. Después, arribaron a los bosques afortunados donde buscaron a Anquises. 

Llegando Eneas junto a su padre, tras un nostálgico encuentro, Anquises, desde una elevación, le mostró un largo cortejo en movimiento, señalándole entre las distintas figuras a sus descendientes, los que harían grande a Roma. Luego le reveló su futuro inmediato hablándole de la guerra que habría que sostener en el Lacio. Eneas regresó después al lugar donde le esperaban sus amigos por una puerta de marfil del Sueño. En seguida, se dirigieron todos al puerto de Cayeta.


ENEAS Y LA SIBILA JUNTO AL LAGO
AVERNO
William Turner
1798
Londres, Tate Gallery




ENEAS Y LA SIBILA DE CUMAS
François Perrier
1646
Varsovia, Museo Nacional




LA SIBILA CONDUCE A ENEAS AL
INFRAMUNDO
Claudio de Lorena
1673
París, Louvre




ENEAS Y LA SIBILA EN EL INFRAMUNDO
Jan Brueghel el Viejo
1600
Viena, Kunsthistorisches Museum




ENEAS Y ANQUISES EN EL HADES
Alexandre Ubeleski
Siglo XVII

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