viernes, 14 de febrero de 2014

LA ENEIDA - LIBROS II Y III: DESDE TROYA HASTA EL PUERTO DE DRÉPANO, LA MUERTE DE ANQUISES


Los Libros II y III de la Eneida de Virgilio son relatos dentro del relato. Durante el banquete de la reina Dido, a su petición, Eneas recordó la triste suerte de su ciudad: la caída y el saqueo de Troya (Libro II) y las tribulaciones sufridas por él mismo y por su gente desde ese acontecimiento (Libro III).


LIBRO II: LA FUGA DE TROYA

El troyano contó cómo ocurrieron los hechos durante la última noche de la Guerra de Troya, hechos casi inmediatos a los que se refería el final de la Ilíada. El relato de Eneas de la toma de Troya se abrió con el episodio del caballo: Ulises, Odiseo en Grecia, junto con otros soldados griegos, se ocultaría en las entrañas de un monumental ("alto como un monte", instar montis equum) caballo de madera mientras que el resto de las fuerzas griegas se ocultaba en la isla de Ténedos, frente a la legendaria ciudad troyana.

Los troyanos, ignorando el engaño entendieron que sus enemigos habían huido e hicieron hacer entrar al caballo en su ciudad. Pensaban, pues, que se trataba de una ofrenda para los dioses. Aunque no todos pensarían así, pues Laooconte advertiría a la población, hecho por el cual sería eliminado junto a sus dos hijos por dos monstruos marinos. Al llegar la noche, los hombres salieron del caballo abriendo los portones de la ciudad para que los refuerzos entrasen. Así conseguirían someter a Troya al fuego y al terror. En el momento del asalto, a Eneas se le apareció el príncipe muerto por Aquiles, Héctor, exhortándolo a huir llevando consigo los penates, divinidades protectoras de la familia y el fuego del hogar, y las vendas sagradas.

Tras despertar sobresaltado a causa de los ruidos del combate, vio Troya en llamas, y se armó intentando resistir la furia de los griegos. Visitó pues el palacio del rey Príamo y contempló la muerte de el hijo de éste, Polites, a manos de Pirro, quien luego decapitaría al propio rey troyano.

En medio del caos, Eneas vio a Helena y, lleno de ira, se disponía a castigar a la culpable de todas las calamidades hasta entonces ocurridas. Venus, madre del valeroso Eneas, se le apareció mandándole contenerse: los verdaderos culpables serían los dioses y no Helena de Troya. Luego, la diosa del amor mandó a su hijo a que buscase a su familia y a los dioses penates.

Eneas buscó y encontró a su padre Anquises y a su hijo Ascanio. En principio, Anquises se resistió a partir, hasta que un presagio divino lo convenció. Viendo que todo estaba perdido, se refugió Eneas con su familia en el monte Ida, llevando a hombros a su anciano padre; pero durante la fuga, perdió a su esposa Creúsa. La perdió de vista, que había sido apartada por Venus y luego sería una víctima más de la matanza. Aunque Eneas regresó a la arrasada ciudad en busca de ella, al aparecérsele su sombra y serle revelado por ella que su destino era la fundación de Roma, Eneas volvió con los suyos preparando lo necesario para la partida.


FUDA DE ENEAS DE TROYA
Federico Barocci
1598
Roma, Galleria Borghese



ENEAS, ANQUISES, ASCANIO Y LOS PENATES
Gian Lorenzo Bernini
1616
Roma, Galleria Borghese



LA SOMBRA DE CREÚSA SE APARECE
A ENEAS
Esmalte de Limoges
1530
París, Louvre



LIBRO III

ENEAS LLEGA A TRACIA

Eneas huyó con los suyos cuando la flota y todo lo necesario estaba preparado, zarpando dirección a Tracia, quienes eran sus amigos. Habiendo desembarcado allí, el héroe pretendía cumplir su intención de fundar la nueva ciudad en esa tierra. Para encender la necesaria hoguera sacrificial, tomaron ramas de un arbusto pero éstas empezaron a sangrar. Eneas se encontraba frente al túmulo de Polidoro y las ramas eran las lanzas que empleo Poliméstor para matarlo. Una voz sonaba desde el interior: era la de la sombra de Polidoro, quien advertiría a los troyanos de que el rey tracio estaba a favor de los griegos. Por tanto, los viajeros decidieron entonces abandonar Tracia.


ENEAS Y EL ORÁCULO DE APOLO

Eneas y su gente acudieron entonces a la isla de Delos, a la corte del rey Anio. Allí consiguieron descubrir por medio de los oráculos de Apolo que habrían de buscar a la Madre Antigua (antiqua mater, equivalente a una antigua tierra) y fundar allí la nueva ciudad donde vivieron sus antepasados, desde donde sus generaciones venideras serían las únicas dominadoras del mundo en un futuro. 

Anquises pensó que el oráculo se refería a Creta, el lugar de culto de la diosa Cibeles y la tierra donde nació su antepasado Júpiter. Así pues, se dirigieron hacia la mítica isla, donde fundaron la ciudad de Pérgamo.

Era pleno verano caracterizado por una fuerte sequía donde hombres y bestias morían. Así pues, el padre de Eneas le pidió al héroe que volviese a consultar al oráculo de Apolo. Sin embargo, no sería necesario pues los dioses penates se le aparecerían en sueños a Eneas, mandados por Apolo. Por ellos conocería el resentimiento del dios supremo, que no se les era permitido quedarse en esa zona y que las tierras aludidas por el oráculo eran las de Italia o el Lacio. Anquises recordaría así que allí nació su antepasado Dárdano, por lo que decidieron viajar hacia el occidente.


ENEAS SE REÚNE CON ANIO
Johann Wilhelm Baur
1659
Grabado para una edición de la obra de Ovidio,
Las metamorfosis



LA ISLA DE LAS ARPÍAS

Los fugitivos se hicieron a la mar y debieron de soportar una intensa tormenta de tres días. Al cuarto, entre las islas del Mar Jónico llegaron a las llamadas Estrófades. Al desembarcar en una de ellas encontraron rebaños sin vigilancia, de reses pequeñas y grandes: mataron bueyes y cabras y ofrecieron  sacrificios a Júpiter y después comenzaron un festejo.

De repente, anunciadas por un terrorífico bramido, se precipitaron desde las alturas de los montes las Arpías, seres monstruosos que eran generalmente representados con cabeza de mujer, cuerpo de pájaro y temibles garras. Acosaron el campamento volando y dejaron las mesas llenas de inmundicias. Entonces, Eneas decidió hacerles frente con las armas, pero fue en vano, pues eran invulnerables. Mientras las Arpías se alejaban el héroe preparó una emboscada que culminaría con su éxito. Muchas de aquellas criaturas consiguieron escapar pero una de ellas, Celeno, desde lo alto de una roca, predijo a los troyanos una suerte adversa incluso cuando llegasen a Italia, donde se verían obligados por el hambre a comer de sus propios recursos.


ENEAS Y SUS COMPAÑEROS LUCHAN
CONTRA LAS ARPÍAS
François Terrier
1646 - 1647
París, Louvre



ENEAS Y LOS TROYANOS EN BUSCA DE TRINACRIA

Los viajeros abandonaron los dominios de las Arpías navegando después cerca de Ítaca, la isla de Ulises, uno de sus peores enemigos y acabarían arribando a la playa de Accio. Allí celebraron juntos unos juegos y dejaron en el templo de Apolo el escudo de Abas, el capitán de una de las naves.

Más adelante, Eneas se enteró de que un hijo de Príamo, Héleno, que se había casado con la viuda del príncipe Héctor, Andrómaca. Aun así antes del casamiento había sido concubina de Pirro, reina en Butrinto, una ciudad cercana a la que se dirigían. Llegaron pues a principios de invierno y contemplaron que era una réplica de la ciudad caída. Ya acogidos, Héleno predijo a Eneas que llegaría a Italia pero que para entrar tendría que sufrir, pues allí vivían los griegos. Además le dio otros consejos: le dijo que debía cuidarse de Escila y Caribdis y le aconsejó que implorase al numen de Juno y que atendiese al oráculo de la Sibila de Cumas.

Continuando su viaje, los troyanos pasaron junto a los Montes Ceraunios, en la actual Albania. Antes de dirigirse a Trinacria, ofrecieron sacrificios tanto a Juno como a Minerva (Atenea en Grecia). Ya cerca de las costas de su meta, avistaron el penacho del Etna, en Sicilia. Ya en el Estrecho de Mesina, por intentar evitar a la terrible Escila casi acabarían diezmados por Caribdis, pero el remolino de la bestia los impulsó mar adentro, y así, perdidos, llegaron a las costas de los cíclopes. Allí se encontrarían con un griego abandonado por la empresa de Ulises: Aqueménides, quien les pidió que lo llevasen con ellos y aconsejó escapar pronto. Los Cíclopes estaban preparados para atacarlos pero no llegaron a alcanzarlos. 

Al final, habiendo escapado de los temibles gigantes de un solo ojo, Aqueménides condujo a los troyanos a su destino en Trinacria. Pasaron por Ortigia y luego por el puerto de Drépano, donde moriría el padre del líder troyano, Anquises. Y así terminaría el relato de su viaje a Dido.


EL VIAJE DE ENEAS

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