miércoles, 19 de febrero de 2014

LA ENEIDA - LIBRO XII: EL DUELO ENTRE ENEAS Y TURNO


Aunque Latino y Amata pidiesen al líder rútulo que detuviese el conflicto, pero él, enamorado de Lavinia, la guerra prosiguió entre batallas y luchas hasta que llegó el duelo decisivo entre Eneas y Turno. Pronto, éste último se encontró en dificultades, por tanto porque fuese inferior en fuerza a Eneas, sino porque el hado estaba en su contra. 

Repentinamente, le hirió una flecha que no sabía quien había disparado. Venus inspiró al anciano Yápige para que curase a su hijo. Así, el héroe troyano recuperó sus fuerza y pudo regresar a la batalla. Los rútulos huyeron, pero Eneas sólo buscaba a su enemigo mayor, Turno; éste también buscaba el combate con el troyano, pero su hermana Juturna se lo impidió.

Juno empleó un nuevo ardid enviando a la hermana de Turno, Juturna, a buscar que se rompiesen los acuerdos que podrían llegar a hacerse, pues conocía de buena manera que Turno con las armas era menos diestro que Eneas.

Turno heredó de su padre Dauno una espada hecha por el mismo dios de la forja, Vulcano, pero no era la que llevaba en esos momentos, pues había tomado por error la de uno de sus compañeros. En el combate con Eneas, se rompió este arma, que hizo que huyese en busca de la suya. Eneas lo persiguió con esmero, pero se perdió la lanza entre las raíces de Rauno, un árbol divino. Venus desenredo la lanza; por su parte, Turno recobró su espada, por lo que el combate se reanudó.

Entonces intervino Júpiter ante Juno, que desde el comienzo había tomado parte por Turno, para que desistiese de sus propósitos, prohibiéndole tomar parte en la guerra: el hado ya había decidido. 

Juno reconoció haber persuadido a Juturna de que ayudase a su hermano, y aceptó dejar de intervenir, pero pidió que cuando se unan los troyanos a los latinos desapareciese el nombre de los primeros. La diosa, reconociendo la derrota, consiguió de su marido que los latinos pudiesen conservar su lengua y sus costumbres y que la estirpe a la que habían dado origen, así como la originada por los troyanos, fuese denominada romana.

Mientras tanto, se hicieron los juramentos ante Júpiter para que el fin de la guerra se redujese al combate entre Eneas y Turno. Pero Juturna asumió la forma del guerrero Camerto e instó a la intervención de los rútulos en la batalla. En eso, un augurio fue interpretado por Tolumnio como favorable a lo que pide Juturna en la forma de Camerto y el acuerdo se rompió.

Eneas, en cambio, se opuso a la ruptura de los acuerdos, queriendo emprender el combate singular. Tras encontrarse cara a cara y descargar las lanzas sin herirse, ambos echaron mano a las espaldas. Turno lanzó un golpe, pero la espalda se le partió y ya se daba a la fuga cuando su hermana Juturna, la ninfa aliada de Juno, le lanzó otra y pudo reemprenderse el temido duelo. 

En este punto, el padre de los dioses envió al campo de batalla una de las furias con el aspecto de un ave nocturna, que empezó a volar alrededor de Turno. Jutuna comprendió que la muerte estaba cerca y se alejó desesperada mientras vencía Eneas matando al rey rútulo.


YÁPIGE EXTRAYENDO UNA PUNTA
DE FLECHA DE LA PIERNA DE ENEAS
Siglo I. d.C.
Fresco de la Casa de Sirico, Pompeya
Nápoles, Museo Arqueológico Nacional




ENEAS Y TURNO
Luca Giordano
s. XVII
Florencia, Colección Corsini

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