jueves, 13 de febrero de 2014

LA ENEIDA - LIBRO I: ENEAS LLEGA A CARTAGO, REINO DE DIDO


EL NAUFRAGIO DE LOS TROYANOS

Juno (Hera en Grecia), que conocía el glorioso destino que aguardaban los troyanos, pues fundarían el gran imperio romano, intentaría impedir que Eneas y sus seguidores llegasen a Italia. Para conseguirlo pidió al dios de los vientos, Eolo, que se valiese de sus fuerzas naturales para hacer naufragar a los fugitivos. A cambio, le ofrecería por esposa a una de las ninfas que formaban el séquito de la vengativa reina de los dioses: Deyopea, la del cuerpo más hermoso. Eolo, aunque no aceptó el soborno si accedió a ayudar a la diosa, por lo que los troyanos acabaron dispersándose en el mar.

Al conocer dicha noticia el dios de los mares, Neptuno (Poseidón en la mitología griega), lo tomó como una injuria, ya que el mar era su dominio y ayudó a los náufragos a llegar a las costas de Libia. Sin embargo, no llegaron todos juntos, siendo separados en dos grupos a causa de la tempestad.


LA FUNDACIÓN DE CARTAGO

Mientras tanto, la diosa Venus, madre de Eneas, se presentó con la forma de una virgen espartana y con un aspecto de cazadora, muy parecido también al de la diosa de la caza, Diana. Así pues, ayudó a los troyanos informandoles de que las tierras donde se encontraban eran las de la reina Dido.

Así pues, Venus le explicó a Eneas la historia de Cartago. Su reina, Dido, procedía de Tiro, donde reinaba su despiadado hermano Pigmalión quien, para adueñarse de sus innumerables bienes, la había acusado de traicionar a su marido, Siqueo. Sin embargo, fue Pigmalión quien había hecho matar a Siqueo, que era tío de ambos. Pero a la inocente esposa le llegó en sueños la sombra del marido que, tras desvelarle lo acaecido, le aconsejó que partiese lejos, mostrándole un lugar que nadie conocía, en el que había un tesoro escondido que le sería necesario durante el exilio. Dido, junto a algunos compañeros leales, organizó la fuga y llegó a las costas de Libia. Allí pidió a Jarbas, el poderoso rey de los getulos, un terreno donde fundar una nueva ciudad. El rey, burlándose de ella, declaró que le concedería una parcela de tierra tan grande como pudiera abarcar una piel de buey. Dido, que no se intimidó en absoluto, cortó una en tiras delgadísimas y ocupó toda la tierra que consiguió encerrar entre éstas, unidas una a otra, y el mar.


DIDO FUNDA CARTAGO O EL NACIMIENTO
DEL IMPERIO CARTAGINÉS
J. M. W. Turner
1815
Londres, National Gallery




VENUS SE APARECE A ENEAS
Pietro da Cortona
1630 - 1635
París, Louvre


EL BANQUETE DE DIDO

Eneas y Acates, envueltos en una nube que les hacía invisibles, por obra de Venus, llegaron a la ciudad de Cartago. Mientras estaban en camino vio a los compañeros que el mar había separado.

Al llegar a la ciudad entraron en el templo de Juno. Para su gran sorpresa, allí descubrieron las empresas más importantes de la guerra de Troya esculpidas a lo largo de una pared. Mientras tanto entró Dido la reina con su séquito de nobles y otros cartaginenses, entre los que se encontraban algunos de los troyanos que Eneas pensaba que habían perecido en la tempestad. 

Llegados a esa tierra, pidieron hospitalidad a la reina que, generosamente, les invitó a establecerse en su magnífica ciudad. Ante palabras tan tranquilizadoras, Eneas y su compañero, desvanecida la nube, hicieron su aparición y Dido, que conocía bien la fama del héroe, les invitó a palacio. 

Con la intención de que Dido tratase bien al héroe troyano y que no le ocurriese nada, Venus pidió a su hijo upido (Eros en Grecia) que tomase la forma de su hermano materno Ascanio, lo suplante e infunda en la reina amor por Eneas, a lo que Cupido accedió. Venus adormeció a su nieto Ascanio y lo llevó a Idalion, un lugar de culto consagrado a la diosa del amor. Así tal como le pidió su madre, Cupido infundió en Dido un apasionado amor por Eneas. Sin embargo, Dido juró una vez a su esposo que no volvería a casarse.

La noche del banquete la reina apareció extasiada por Eneas y sólo se dirigió a él, pidiéndole que le explicase la trágica historia de Troya.


ENEAS NARRA A DIDO LAS DESVENTURAS
DE LA CIUDAD DE TROYA
Pierre Narcisse Guérin
1815
París, Louvre

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