viernes, 28 de febrero de 2014

HIPERIÓN


Hiperión ("el que camina en las alturas") era un titán hijo de Urano, el Cielo, y Gea, la Tierra. Era considerado, por lo general, el dios de la observación, y su hermana Tea la diosa de la vista. Según Hesíodo se casó con ella (llamada Eurifaesa en el Himno homérico a Helios), con la que tuvo tres hijos: Helios, el Sol; Selene, la Luna; y Eos, la Aurora.

En la Ilíada de Homero, el dios sol se llamaba Helios Hyperion ("Sol en lo más alto"), pero en la Odisea, la Teogonía de Hesíodo y el Himno homérico a Deméter el sol recibía el nombre de Hyperonides ("hijo de Hiperión"), y ciertamente Hesíodo imaginaba al titán como un ser separado de Helios en otras obras. De hecho, algunos traducían Hiperión como "el que aparece antes que el Sol". En la literatura griega posterior siempre sería distinguido.

"Tea concibió del amor de Hiperión y dio a luz
al gran Helios y las brillantes Selene y Eos, 
que traen la luz a todos los mortales de esta tierra
y a los inmortales dioses que gobiernan el ancho cielo.
(Hesíodo, Teogonía, 371 - 374).

Hiperión desempeñaba un papel virtualmente nulo en los cultos griegos y muy escaso en la mitología, con la excepción de aparecer en la lista de los doce Titanes. Pero autores griegos posteriores intelectualizaron sus mitos:

"De Hiperión se nos dice que fue el primero en entender, por su diligente atención y observación,
el movimiento del sol, la luna y las demás estrellas, así como de las estaciones, que están
provocadas por estos cuerpos, y dar a conocer estos hechos a los demás; y por esta razón fue
llamado padre de estos cuerpos, pues había engendrado, por así decirlo, la especulación sobre
ellos y su naturaleza.
(Diodoro Sículo, v. 67.1).

TEMIS


Temis era la personificación de la "ley de la naturaleza" más que la "autoridad humana". Era mencionada por Hesíodo entre los seis hermanos y las seis hermanas hijos de Urano y Gea. Entre los Titanes del mito primordial pocos fueron venerados en santuarios específicos en la época clásica.

Temis, la del "buen consejo", era la encarnación del orden divino, las leyes y las costumbres. Cuando se le hacía caso omiso, Némesis traía el justo y colérico castigo. Temis no era colérica: ella, "la de preciosas mejillas", fue la primera en ofrecer a Hera, la reina de los dioses junto a Zeus, una copa cuando volvió al Olimpo afligida por las amenazas de su marido. 

Temis presidía también la correcta relación entre hombres y mujeres, la base de la familia legítima y ordenada, y la familia era el pilar del dimos. Ejemplo de ello tenemos la denominación de themistopoloi para hacer alusión a los jueces, considerados literalmente "sirvientes de Temis". En el monte Olimpo se mantenía la base del orden; un ejemplo es como Hera se dirigía a ella como "Señora Temis".

Temis fue una de las deidades que estaban tras el oráculo que recibió de su madre Gea. Ella construyó el Oráculo de Delfos, siendo ella misma pitonisa. 

La equivalente romana de uno de los aspectos de la helénica Temis, como la personificación del derecho divino de la ley fue Iustitia o La Justicia. Sus orígenes estaban en las abstracciones civiles de la forma de pensar romana, más que en la mitología griega arcaica, por lo que intentar comparaciones no resultaría algo lógico. 

Representada como una mujer impasible, con los ojos vendados y llevando una balanza y una cornucopia. La imagen habitualmente esculpida a la entrada de los juzgados no era la de Temis, sino la de Iustitia, que era frecuentemente representada sobre un león para señalar que la justicia debía estar acompañada de la fuerza.


TEMIS DEL TEMPLO DE NÉMESIS
EN RAMNOTE (ÁTICA)
Cairestratos
300 a.C.



TEMIS Y ZEUS

Entre los titanes del mito primordial pocos fueron venerados en santuarios en la época clásica, y Temis era tan antigua que los seguidores de Zeus afirmaban que fue con él con quien tuvo a las divinidades del destino llamadas las Moiras (las Parcas en Roma): Átropos, Cloto y Láquesis.

Un fragmento de Píndaro, en cambio, contaba que las Moiras ya estuvieron presentes en las nupcias de la pareja y, que de hecho brotaron con Temis de los manantiales del Océano que circundaba el mundo. Además concibió a las Horas. Por un lado estaba la primera generación, conocidas también con otros nombres: Auxo, Carpo y Talo. Por otro estaba la segunda generación: Dice (llamada Astrea en la mitología romana, la constelación Virgo), Irene y Eunomia.

Representada como una mujer impasible, con los ojos vendados y llevando una balanza y una cornucopia. La imagen habitualmente esculpida a la entrada de los juzgados no era la de Temis, sino la de Iustitia, que era frecuentemente representada sobre un león para señalar que la justicia debía estar acompañada de la fuerza.

jueves, 27 de febrero de 2014

JÁPETO


Jápeto era un titán hijo de Urano, el Cielo, y Gea, la Tierra. Fue padre de otros titanes, como Atlas, Prometeo (ancestro de la humanidad), Epimeteo y Menecio. Así, sus descendientes eran a menudo conocidos por las formas patronímicas Japétidas o Japetónidas.

Según Apolodoro la esposa de Jápeto era una Oceánide, hija de Océano y Tetis, llamada Asia. Sin embargo, otras fuentes afirmaban que la la ninfa del mar se llamaba Clímene, e incluso otras emparejan al titán cono Tetis, Ascopis o Libia.

Higinio, que confundía a los Titanes con los Gigantes y viceversa, hacía a Jápeto uno de éstos últimos y lo llamaba hijo de Tártaro. Homero mencionaba en la Ilíada que fue encarcelado con Cronos en el Tártaro y Silio Itálico contaba que estaba enterrado bajo la isla de Inarime.

Hesíodo mencionaba en su obra Trabajos y días que Prometeo era "hijo de Jápeto" pero su madre no era nombrada. En la obra de Esquilo Prometeo encadenado, Prometeo era hijo de la diosa Temis, y aunque no se nombrase a su padre, al menos Atlas seguía apareciendo como hermano suyo. 

Sin embargo, Horacio en sus Odas describía cómo "el audaz descendiente de Jápeto [Prometeo] / dio el fuego a los hombres gracias a un malvado engaño" (audax lapeti genus / ignem fraude mala gentibus intulit). Dado que la mayoría de los Titanes consentían el matrimonio entre hermanos, podría ser Esquilo se valiese de una vieja tradición en la que Temis era esposa de Jápeto y que la tradición hesíodica preferiese que tanto Temis como Mnemósine fueran consortes sólo de Zeus. Seguía siendo bastante corriente en las costumbras aqueas que Zeus hubiese tomado como amantes a las esposas de los Titanes tras derrotar a sus maridos.


GENEALOGÍA DE JÁPETO

miércoles, 26 de febrero de 2014

REA - CIBELES


En la mitología griega, la titánide Rea (en griego antiguo Rea, "flujo [menstrual o del líquido amniótico]" o "facilidad [en el parto]") era hija de Urano y Gea, hermana y esposa de Cronos o Saturno, y madre con éste de Deméter, Hades, Hera, Hestia, Poseidón y Zeus. 

Estaba fuertemente asociada a Cibeles, tanto que en obras de arte solía ser representada en un carro tirado por dos leones, y no siempre era posible distinguirlas. En la mitología romana, fue la Magna Mater deorum Idaea, porque la mayoría de los dioses de primer orden le debían el ser, entre otros Zeus. Figuraba entre los poetas con diversos nombres, y era llamada Dindima, Berecinta e Idea, en recuerdo de las tres montañas de Fringia donde era principalmente adorada. Finalmente, también era conocida con los nombres de Tellus (en latín "tierra") y Ops (en latín "socorro") porque ella regía la tierra y procuraba a los hombres protección, ayuda y riquezas.

Esta diosa solía representarse bajo el aspecto de una mujer robusta, rebosando lozanía. A veces, su corona de encina recordaba que los hombres en tiempos primitivos se alimentaron del fruto de este árbol; las torres que en ocasiones coronaban su cabeza indicaban las ciudades que estaban bajo su protección; la llave que ostentaba en su mano designaba los tesoros que el seno de la tierra ocultaba durante el invierno para manifestarse en el verano. Aparecía sentada sobre un carro tirado por feroces leones, o bien rodeada de bestias salvajes. La explicación yace en Hesíodo, pues según él fue nodriza de Dionisos. En la Antología Palatina se la mencionaba como nodriza de fieras y leones. Algunos artistas la han representado con los vestidos sembrados de flores. 

En Grecia el símbolo de la titánide era la luna. Sin embargo, en la romana su símbolo se conocía como el lunar. También tenía otros como el cisne, por se un anima delicado, y dos leones, supuestamente los que tiraban de su carro.


REA



REA Y CRONOS: SOBERANOS DE LOS DIOSES

Tras derrotar a Urano, su padre, Cronos volvió a encarcelar a los Hecatónquiros, los Gigantes y los Cíclopes en el Tártaro, y dejó al monstruo Campe de carcelera. Él y Rea ascendieron al trono como reyes de los dioses, dando comienzo a la Edad Dorada, pues los mortales de entonces no necesitaban ni leyes ni reglas porque todos hacían lo correcto.

Cronos fue el padre de varios hijos de Rea: Hestia, Deméter, Hera, Hades y Poseidón, pero se los tragó tan pronto como nacieron por miedo a perder el poder, pues Gea y Urano le habían revelado que estaba destinado a ser derrocado por su propio hijo, tal como él había destronado a su padre. Sin embargo cuando Zeus estaba a punto de nacer, Rea pidió consejo a sus padres para urdir un plan que lo salvase, y así Cronos tuviese el justo castigo a sus actos contra Urano y contra sus propios hijos. Rea se escondió en la isla de Creta donde dio a luz a Zeus, su último hijo. Después engañó a Cronos, dándole una piedra envuelta en pañales que éste tragó en seguida sin desconfiar. Entonces escondió a Zeus en una cueva del monte Ida en Creta. 

De acuerdo a diversas versiones de esta historia, Zeus fue criado:
  • Por Gea, "la Tierra".
  • Por una cabra llamada Amaltea, mientras una compañía de soldados llamados Curetes o Coribantes, o algunos dioses menores, bailaban, gritaban y daban palmadas para hacer ruido y que Cronos no oyese los llantos del niño.
  • Por una ninfa llamada Adamantea: puesto que Cronos gobernaba la tierra, los cielos y el mar, ella lo escondió colgándolo con una cuerda en un árbol, de forma que quedaba suspendido entre la tierra, el mar y el cielo, siendo invisible a su padre.
  • Por una ninfa llamada Cinosura. En agradecimiento, Zeus la subió entre las estrellas tras su muerte.
  • Por Melisa, quien lo alimentó con leche de cabra.

LA TITANOMAQUIA

Tras hacerse adulto, Zeus obligó a Cronos a devorar a sus otros hijos en orden inverso al que los había tragado: primero la piedra, que se la dejó a Pitón bajo las cañadas del Parnaso como señal a los hombres mortales, y después al resto. En algunas versiones, Metis le dio a Cronos un emético para obligarlo a vomitar los bebés, y en otras Zeus abrió el estómago de su padre.

Zeus liberó a los hermanos de Cronos, los Gigantes, los Hecatónquiros y los Cíclopes, de su mazmorra en el Tártaro matando a la guardiana Campe. En agradecimiento, los Cíclopes le dieron el trueno, el rayo y el relámpago, que habían sido previamente escondidos por Gea. En la Titanomaquia, Zeus y sus hermanos y hermanas junto con los liberados de las entrañas del inframundo derrocaron a Cronos y al resto de los Titanes, que fueron encarcelados en el húmedo, lúgubre, fío y neblinoso Tártaro, en lo más profundo de la tierra. Así, Zeus colocó allí a los Hecatónquiros y a los Cíclopes como los nuevos guardianes de sus puertas.


REA ENTREGA UNA PIEDRA A CRONOS



EL CULTO DE REA

Según Homero, Rea era la madre de los dioses, si bien no una madre universal como Cibeles, la Gran Madre frigia, con quien se la identificaría más tarde.

Su lugar original de culto estaba en Creta. Allí, cuenta la leyenda, salvó al recién nacido Zeus, su sexto hijo, de ser devorado por Cronos, al darle en su lugar una piedra y lo confió al cuidado de sus guardias, los coribantes. Estos guardias se convertirían más tarde en escoltas de Zeus y sacerdotes de Rea, celebrando grandes ceremonias en su honor.

Cuando Cronos fue arrojado del cielo, Rea lo siguió en su huida a Italia; allí secundó sus propósitos de practicar el bien y, como él, se atrajo el cariño de los pueblos del Lacio. También los poetas designaban a menudo con el nombre de siglo de Rea, los tiempos felices de la edad de oro.

Sus sacerdotes, llamados curetas, coribantes, dactilos y galos, celebraban sus fiestas con danzas que ejecutaban a los sones del tambor y los címbalos, dando a sus cuerpos movimientos convulsivos, golpeando sus escudos con las espadas y aumentando este ruido con gritos y lamentos, en memoria de la desventura de Atis, su patrón. Atris era un pastor frigio al que Rea dispensaba especial benevolencia, confiándole la custodia de su culto con la condición de que jamás se casaría. Atis olvidó su juramento y tomó por esposa a Sangaride. Rea le castigó por perjuro haciendo perecer esta ninfa y, poco satisfecha aun con esta primera venganza, infundió al culpable un frenesí que le revolvía contra sí mismo, se destrozaba el cuerpo y en un acceso de furor iba a poner fin a sus días cuando la diosa, conmovida ante el espectáculo de sus dolores, le metamorfoseó en pino, árbol a que, desde entonces, se mostró muy aficionada y que a ella fue consagrado.

En tiempos históricos la semejanza de Rea y la Gran Madre asiática, Cibeles Frigia, era tan evidente que los griegos resolvieron el asunto considerando a esta última como su única Rea, que había abandonado su hogar original en Creta y huido a las tierras inexploradas de Asia Menor para escapar de la persecución de Cronos. También hubo una versión opuesta, y es probablemente cierto que los contactos culturales con el continente trajesen a Creta el culto de la Gran Madre asiática, quien se convertiría en la Rea cretense.

Los frigios habían instituido en honor de Cibeles los juegos públicos llamaos megalesios, que fueron introducidos en Roma durante la Segunda Guerra Púnica (218 - 201 a.C.). Los magistrados asistían a ellos vestidos de púrpura, las damas danzaban ante el altar de la diosa, y los esclavos se veían privados de presentarse allí bajo pena de muerte.


CIBELES
Mármol romano
50 d.C.
Los Ángeles, Getty Museum


martes, 25 de febrero de 2014

TETIS


Tetis era hija de Urano y Gea, una titánide y diosa del mar y al mismo tiempo hermana y esposa de Océano. Fue madre de los principales ríos o dioses fluviales del mundo conocido, los Oceánidas, como el Nilo, el Alfeo, el Meandro, y de unas tres mil hijas llamadas las Oceánides, las ninfas de los mares. Considerada una personificación de las aguas del mundo, también podíaser vista como la personificación del mar, como una equivalente de Talasa.

Aunque estos vestigios indicaban un papel importante en épocas primitivas, Tetis no desempeñaba virtualmente papel alguno en los textos griegos conservados, ni en registros históricos de la religión o cultos griegos. Algunas de las pocas representaciones de Tetis que habían sido identificadas con seguridad lo son gracias a las inscripciones que la acompañaban. Era frecuentemente representada surgiendo del agua rodeada de peces con los hombros desnudos.

Testis ha sido confundida frecuentemente con otra diosa marina del mismo nombre, la nereida esposa de Peleo y madre de Aquiles: incluso algunos mitos daban a entender una relación entre ambas, como abuela y nieta.

Indicativo del poder ejercido por Tetis, un mito contaba que la importante diosa olímpica Hera no estaba satisfecha con la ubicación de Calisto y Arcas en el cielo, como las constelaciones Osa Mayor y Osa Menor, así que pidió ayuda a su niñera, Tetis. Ésta, diosa del mar, maldijo a estas constelaciones a girar alrededor del cielo sin bajar nunca del horizonte, lo que explicaba que fueran circumpolares.


TETIS
Mosaico
s. IV d.C.
Antioquía, Museo de Antioquía

lunes, 24 de febrero de 2014

OCÉANO


Océano era literalmente "océano", se refería al mar que circundaba el mundo, un tipo de Océano Mundial, que los griegos y romanos creían que era un enorme río. Más precisamente, era la corriente de agua marina del ecuador en la que flotaba el ecúmene.

En la antigüedad clásica era personificado como un titán, hijo de Urano y Gea. En los mosaicos helenísticos y romanos era representado frecuentemente con el torso y los brazos de un hombre musculoso con barba larga y cuernos (a menudo con pinzas de cangrejo), y con la parte inferior del cuerpo de una serpiente, siendo comparable a Tifón. En fragmentos de una vasija arcaica del 580 a.C., entre los dioses que acudían a la boda de Peleo y la ninfa marina Tetis aparecía un Océano con cola de pez, llevando un pez en una mano y una serpiente en la otra, dones de recompensa y profecía.

Algunos expertos piensas que originalmente este titán representaba a todos los cuerpos de agua salada, incluyendo el mar Mediterráneo y el océano Atlántico, las dos mayores masas acuáticas conocidas por los antiguos griegos. Pero a medida que la geografía se volvía más precisa, Océano pasó a representar als aguas más extrañas del Atlántico -también conocido como "Océano" o "Mar Océano"- mientras el recién llegado de una nueva generación de dioses, Poseidón (Neptuno en la Antigua Roma), gobernaba el Mediterráneo.

La esposa de Océano fue su hermana Tetis, y de su unión nacieron las Oceánides o ninfas de los mares y todos los Oceánidas, los ríos del mundo, así como las fuentes y los lagos. Por otro lado, Hera, mencionaba dos veces en la Ilíada su pretendido viaje "a los confines de la fértil tierra para ver a Océano, padre de los dioses, y a la madre Tetis, los cuales me recibieron de manos de Rea y me criaron y educaron en su palacio" (Homero, la Ilíada, XVI 200 y 244).

En cuanto a su descendencia, debió de tener tres esposas con las que tendría diferentes seres divinos. De la unión con Gea nacería Creúsa y, según Apolodoro, Triptólemo. Con Tehia, hija de Memnón, tuvo a Cercopes. Pero la imagen de Océano siempre estuvo unida a Tetis, teniendo a ninfas marinas (las Oceánides) y dioses fluviales (los Oceánidas) como hijos.

En la gran mayoría de las versiones que hablaban sobre la Titanomaquia, también conocida como la guerra entre los antiguos dioses o Titanes y la nueva generación de deidades, los Olímpicos, Océano, junto a Prometeo y Temis, no se uniría al bando de sus hermanos titanes contra Zeus y sus aliados, manteniéndose ajeno al conflicto. A parte de esto, parece ser que también rehusó unirse a Cronos en la rebelión de éste contra su padre Urano (el Cielo).



OCÉANO
s. II. d.C.
Estambul, Museo Arqueológico





OCÉANO (DERECHA)
Altar de Pérgamo de Eumenes II
197 - 159 a.C.
Berlín, Museo de Pérgamo

domingo, 23 de febrero de 2014

TITANES


Los titanes y las titánides en la mitología griega eran una raza de poderosos dioses primitivos que gobernaron durante la legendaria Edad de Oro. 

Desde su primera aparición literaria, en la Teogonía de Hesíodo, eran doce en total; aunque en su Biblioteca mitológica, Apolodoro añadió una decimotercera llamada Dione, siendo el desdoblamiento de la titánide Tea.

Los titanes estaban relacionados con diversos conceptos primordiales, algunos de los cuales simplemente se extrapolaban de sus nombres: el océano y la fructífera tierra, el Sol y la Luna, la memoria y la ley natural. Los doce titanes de la primera generación fueron liderados por el más joven entre todos ellos llamado Cronos, quien derrocaría a su padre Urano (el Cielo) a instancia de su madre Gea (la Tierra).

Posteriormente estas divinidades engendraron una segunda generación, donde se destacan los hijos de Hiperión (Helios, Eos y Selene), las hijas de Ceo (Leto y Asteria) y los hijos de Jápeto (Prometeo, Epimeteo, Atlas y Menecio). 

Los titanes, sin embargo, perecieron a los doce dioses olímpicos, quienes, guiados por Zeus, terminaron derrocándolos en la famosa Titanomaquia o Guerra de los Titanes. Después de esta épica lucha, la mayoría de los titanes fueron encarcelados en la región más profunda y, por tanto, más segura para los nuevos amos del universo, en el Tártaro.


LOS TITANES

PRIMERA GENERACIÓN DE TITANES

La primera generación de titanes eran los hijos de Urano, el Cielo, y Gea, la Tierra.

Por un lado, estarían los Titanes:
  • Océano, el río que circundaba el mundo.
  • Ceo, el titán de la inteligencia.
  • Crío, el dios de los rebaños y las mandas, esposo de Euribia (hija de Ponto) y padre de Palas.
  • Hiperión, el dios del fuego astral.
  • Jápeto, el ancestro de la raza humana, esposo de la oceánide Clímene y padre de Prometeo.
  • Cronos, el más joven de todos los titanes, quien destronaría a Urano y llegó a ser el soberano de las divinidades.

Por otro, se encuentran las Titánides:
  • Febe, aquella que tenía corona de oro.
  • Mnemósine, la personificación de la memoria y madre de las Musas junto a Zeus.
  • Rea, la reina de los dioses junto a su hermano, Cronos.
  • Temis, la encarnación del orden divino, las leyes y las costumbres, madre de las Horas y las Moiras junto a Zeus.
  • Tetis, la diosa del mar.
  • Tea, la diosa de la vista.
  • Por otra parte, algunos autores como Apolodoro consideraban a Dione como parte de esta primera generación, si bien otros la calificaban como una oceánide.

SEGUNDA GENERACIÓN

El matrimonio entre hermanos era algo muy frecuente en la mitología griega, por lo que varios titanes y titánides se unieron, engendrando así una segunda generación de titanes:
  • Océano y Tetis, dioses de los mares, engendraron a las ninfas Oceánides, los ríos o Oceánidas y manantiales de todo el mundo.
  • De la unión entre Hiperión y Tea surgieron Helios (el Sol), Selene (la Luna), y Eos (la Aurora).
  • Ceo y Febe tuvieron dos hijas, Leto y Asteria.
  • Sin embargo, fueron Cronos y Rea la pareja más importante, siendo los reyes de los dioses, quienes tuvieron seis hijos: Hestia, la diosa del hogar; Hera, la diosa de la fidelidad y el matrimonio y la reina del monte Olimpo; Hades, el dios del inframundo; Deméter, la diosa de la agricultura; Poseidón, el dios de los océanos; Zeus, el dios supremo, siendo el rey de todos los dioses olímpicos.

Por tanto, los descendientes de la primera generación de titanes eran considerados también como tal:
  • Asteria, hija de Ceo y Febe.
  • Astrea, diosa de la justicia, predecesora de Dice.
  • Astreo, padre de los vientos y las estrellas errantes.
  • Atlas, titán castigado a sostener sobre sus hombres con los pilares que mantenían la tierra separada de los cielos.
  • Eos, la aurora.
  • Eósforo, la estrella de la mañana y de la tarde.
  • Epimeteo, hermano de Prometeo, siendo así uno de los progenitores de la humanidad.
  • Helios, el sol.
  • Leto, madre de Apolo y Artemisa.
  • Menecio, hijo de Jápeto y Asia.
  • Palas, dios de la sabiduría.
  • Perses, hijo de Crío y Euribia.
  • Prometeo, el amigo de los mortales y creador de la humanidad junto a su hermano Epimeteo, pues robó el fuego de los dioses para dárselo a los hombres.
  • Selene, diosa de la luna.
  • Titán, hermano de Helios y quizá dios del calendario anual.

Otros miembros de la segunda generación no solían ser llamados titanes:
  • Caanto, hermano de Melia.
  • Dione y Metis, que solían ser consideradas oceánides.
  • Los Oceánidas o dioses-río.
  • Las Oceánides, ninfas marinas.
  • Pico, rey del Lacio.
  • Quirón, el célebre centauro.
  • Los hijos de Cronos, anteriormente citados.

LA HISTORIA DE LOS TITANES: URANO, CRONOS 
Y LA TITANOMAQUIA

En la Teogonía de Hesíodo, los doce titanes seguían a los Hecatónquiros y los Cíclopes como grupo de hijos menores de Urano, el Cielo, y Gea, la Tierra:

Más tarde yació con Urano y trajo a Océano el de los profundos remolinos, a Ceo y 
Crío e Hiperión y Jápeto, a Tea y Rea, a Temis y Mnemósine y a Febe la de dorada 
corona y a la encantadora Tetis. Tras ellos nació el astuto Crono, el 
benjamín y más terrible de sus hijos, y éste odió a su vigoroso padre.

Temeroso de que pudiesen destronarlo, Urano mantenía a todos sus hijos atrapados en el profundo Tártaro. Como castigo, Gea envió a su hijo menor Cronos a atacar a su padre. Lo castró con una hoz adamantina y liberó así al resto de las entrañas de la Tierra, proclamándose rey de los titanes junto a su hermana Rea como esposa y soberana.

Ambos engendraron una nueva generación de dioses, pero Cronos, temiendo lo mismo que su padre, que algún día lo derrocasen, se los tragaba vivos nada más nacer. Resentida por ello, Rea logró esconder a su sexto y último hijo, Zeus, entregándole en su lugar a Cronos una roca envuelta en pañales que tragó confiado. El pequeño fue enviado a Creta, siendo protegido por los guerreros Curetes y amamantado por la famosa cabra Amaltea.

Cuando Zeus llegó a ser adulto sometió a su padre por la astucia más que por la fuerza, dándole a beber un emético preparado con la ayuda de su abuela Gea que le hizo vomitar a todos sus hermanos. Comenzó entonces la guerra entre los dioses más jóvenes y los primitivos, llamada Titanomaquia, en la que Zeus fue ayudado por los Hecatónquiros, los Gigantes y los Cíclopes, quienes una vez más habían sido liberados tras su nuevo encarcelamiento por Cronos. Así Zeus venció tras una larga batalla, encerrando a los Titanes que se le habían enfrentado en el Tártaro.

Los que no se habían opuesto a él siguieron teniendo de forma más o menos directa un papel en el nuevo orden impuesto: Océano continuó circundando el mundo, el nombre de la "brillante" Febe fue empleado como sobrenombre de Artemisa y añadido como epíteto de Apolo ("Apolo Febo"), Mnemósine alumbró a las Musas, Temis siguió encarnando el concepto de la "ley de la naturaleza" y Metis fue madre de Atenea.

Hesíodo no tenia la última palabra sobre los titanes. Algunos de los fragmentos conservados de la poesía órfica en particular guaraban algunas variaciones del mito.

En uno de estos, Zeus no se limitó a atacar a su padre con violencia. En su lugar, Rea preparó un banquete para su marido, y éste se emborrachó con miel fermentada. En lugar de encerrarlo en el Tártaro, Cronos fue arrastrado, todavía borracho, a la cueva de Nix, donde siguió durmiendo y vaticinando por toda la eternidad.

Otro mito acerca de estos dioses primitivos no mencionado por Hesíodo giraba en torno al dios Dionisos, Baco en Roma. En un momento determinado de su reinado, Zeus decidió ceder el trono en favor del infante Dionisos, que como Zeus a su edad era protegido por los Curetes. Los titanes decidieron matar al niño para poder reclamar el trono: se pintaron las caras de blanco con yeso, distrajeron al pequeño dios con juguetes, y entonces lo despedazaron, y cocieron y asaron sus miembros, dándose un festín con ellos, mientras que de la sangre de la víctima nacía un granado. Zeus, encolerizado, castigó a los titanes fulminándolos con sus rayos. Atenea guardaba el corazón de Dionisos en un muñeco de yeso, al partir del cual Zeus creó un nuevo Dionisos. Esta historia era narrada por los poetas Calímaco y Nono, que llamaban a este Dionisos "Zagreo", y también en cierto número de textos órficos, en los que no era usado tal nombre.

Una variación de la historia, recogida por el filósofo neoplatónico Olimpiodoro, ya en la época cristiana, decía que la humanidad surgió del humo grasiento que desprendían los cadáveres de los titanes al arder, muertos por el rayo de Zeus. Otros escritores anteriores insinuaban, por el contrario, que la humanidad nació de la sangre derrabada por los titanes en su guerra contra los dioses Olímpicos.

Píndaro, Platón y Opiano se referían sin pensárselo dos veces la "naturaleza titánica" del hombre: esto se referirían a algún tipo de "pecado original" enraizado en el asesinato de Dionisos, siendo objeto de acalorado debate por parte de los mitógrafos.



EL ORIGEN DEL MUNDO: GENEALOGÍA DE DIOSES
Los Titanes

sábado, 22 de febrero de 2014

HÉROE


En la folclore y mitología, un héroe o heroína en femenino, era un personaje eminente que encarnaba la quinta esencia de los rasgos claves valorados en su cultura originaria. Comúnmente, el héroe poseía habilidades sobrehumanas o rasgos de personalidad idealizados que le permitían llevar a cabo extraordinaras hazañas que resultarían beneficiosas por las que sería reconocido perpetuamente.

Los héroes de las culturas mitológicas griega y romana se acercaban, en muchas ocasiones, al estatus de dioses. La palabra héroe procede del griego antiguo, describiendo al héroe cultural que aparecía en esa mitología. 

Los héroes griegos eran personajes mitológicos, fundadores epónimos de diversas ciudades y territorios griegos. Sin embargo, éstos no siempre solían ser modelos ideales de conducta o poseían virtudes heroicas; muchos eran semidioses, hijos de mortales y dioses. La época de estos personajes en la que se sitúan las historias de los mitos griegos se conocía como Edad Heroica, que terminaba poco después de la legendaria Guerra de Troya, cuando los célebres combatientes volvieron a sus hogares o incluso marcharon al lejano exilio.

El héroe clásico vivía en circunstancias inusuales. Por ejemplo, la situación de su nacimiento era muchas veces una constante en los relatos: un hombre poderoso intentaría matarlo al nacer por miedo a perder todo cuanto controla, era raptado y criado por padres adoptivos en un país lejano. Rutinariamente estos personajes encontraban una misteriosa muerte; a menudo se contaba que fallecían en la cima de una colina; otras veces, su cuerpo no era enterrado; en otras ocasiones no dejarían sucesión alguna; y tendría uno o más sepulcros sagrados.

En la mayoría de las religiones indígenas europeas aparecían héroes en alguna de sus formas. Los héroes germánicos, helénicos y romanos, junto con sus atributos y formas de adoración, fueron ampliamente absorbidos por las confesiones ortodoxa y católica del cristianismo, constituyendo la base de la actual culto a los Santos.


HÉROES DE LA GUERRA DE TROYA
De izquierda a derecha: Menelao, rey de Esparta; Paris,
príncipe de Troya; Diomedes, rey de Argos; Odiseo, rey 
de Ítaca; Néstor, rey de Pilos; Aquiles, el protagonista griego
y Agamenón, rey de Micenas.


CULTO HEROICO GRIEGO

DEFINICIÓN DEL CULTO HEROICO EN 
LA GRECIA ANTIGUA

El culto heroico era una de las características más peculiares de la antigua religión griega. En griego homérico, heros (cognado con el latín vir) significaba simplemente "hombre aristrocrático". Sin embargo, para el periodo histórico la palabra había pasado a significar específicamente un hombre muerto, adorado en su tumba por su fama en vida o su forma inusual de morir, otorgándole así poder sobre los vivos.

El culto griego a los héroes era diferente a la veneración ancestral. Solían ser un asunto más cívico que puramente familiar, y en muchos casos ninguno de los seguidores eran descendientes del héroe. Por otra parte, también era distinto al culto romano a los emperadores muertos, ya que no se creía que el héroe había ascendido al Olimpo o se había convertido en una deidad: estaba bajo tierra, siendo su poder puramente local. Por este mismo motivo, su culto era ctónico por naturaleza y sus rituales eran muy similares a los de Hécate y Perséfone que a los de dioses celestes como Zeus o Apolo.

Las únicas dos excepciones fueron Heracles y Ascelpio, quienes podían ser adorados como dioses tanto como héroes.

En el culto, los héroes se comportaban de una forma bastante diferente a como lo hacían en la mitología. Podían aparecer como hombres o como serpientes indistintamente, y rara vez lo hacían salvo que se enfadasen. Un dicho pitagórico advertía que no debía de comerse la comida que había caído al suelo porque "pertenece a los héroes". En una obra fragmentaria de Aristófanes, un coro de héroes anónimos se describía como remitentes de piojos, fiebres y forúnculos.


TIPOS DE CULTO HEROICO

Esta veneración se ofrecía predominantemente a hombres, aunque también a mujeres e incluso niños. Se rendía culto a todo tipo de personajes, siendo algunos de ellos los siguientes:
  • Hombres famosos del pasado mítico: héroes en el sentido moderno de la palabra, como Edipo en Atenas o Pélope en Olimpia.
  • Fundadores de ciudades, como Bato de Cirene.

La mayoría de las veces estaban involucradas las muertes violentas e inesperadas, como en los siguientes casos:
  • Los muertos en batallas, que solía ser algo más colectivo que individual, de forma que no desbaratar el delicado equilibro de las polis griegas, como en el caso de los muertos de la batalla de Maratón.
  • Los muertos por rayos, como en varios casos de la Magna Grecia.
  • Los que desaparecían en el interior de la tierra, como Edipo y Anfiarao.

El culto heroico podía tener la mayor importancia en los asuntos políticos de una ciudad. Cuando Clístenes dividió a los atenienses en nuevos demos (unidades administrativas) para votar, consultó al oráculo de Delfos en honor a qué héroes debía bautizar cada división. 

Según Heródoto, los espartanos atribuían su conquista de Arcadia a su robo de los huesos de Orestes de la ciudad de Tegea.

En la mitología, los héroes solían tener estrechas relaciones -aunque bastante conflictivas- con las divinidades. Por esto, el nombre de Heracles significaba "gloria de Hera", a pesar de que toda su vida fue atormentado por la reina del Olimpo. Esto era más cierto incluso en sus apariciones en el culto. 

Quizá el ejemplo más llamativo sea el del rey ateniense Erecteo, a quien Poseidón mató por preferir a Atenea como diosa patrona de la ciudad. Cuando los atenienses adoraban a Erecteo en la mítica Acrópolis, lo invocaban como Poseidón Erecteo.


CULTO A EDIPO
Ánfora pseudo-panatenaica Lucania
380 - 370 a.C.
París, Louvre

viernes, 21 de febrero de 2014

SEMIDIÓS


El término semidiós era usado para describir la figura mitológica fruto de la unión carnal entre un dios y un mortal. En la época helenística y clásica también eran catalogados como semidioses los poetas y bardos del momento, que narraban historias sobre la vida de los dioses dela época épica. También a los semidioses se les llamaba héroes.

Parte de la naturaleza dual de los héroes griegos que dio lugar al concepto de semidiós era la doble paternidad que intervenía en su procreación, un tema recurrente, pues actuaban un mortal y una deidad. La madre mortal podía yacer con ambos padres en la misma noche (por ejemplo, Etra, madre de Teseo), o ser visitada secretamente por un dios (Danae, madre de Perseo). Según se pensaba en la antigüedad, la semilla de la deidad, simbolizando el cielo, se mezclaba en el útero, simbolizando la madre tierra, y los hijos poseían parte de las cualidades divinas, como fortaleza y energía extraordinarias, poder cruzar el umbarl de la vida y la muerte y regresar sin daño alguno o hacer de intermediarios tras la muerte entre deidades y mortales.

Zeus fue el padre de muchos héroes y dioses como resultado de sus devaneos amorosos. A estos  héroes, tras la muerte se les concedían honores, especialmente entre aquellos griegos que reclamaban ser descendientes suyos y que esperaban protección y patronazgo de alguna deidad por su intercesión.

La veneración de héroes fue parte de los ritos ctónicos de la religión de la Antigua Grecia. Eran mortales aunque tenían preferencia sobre los hombres y algunos poderes inusuales. La única excepción fue Heracles, que, tras su muerte, fue aceptado entre los dioses olímpicos, adquirieron una posición bastante privilegiada.


HERCULES FARNESIO
Siglo III d.C. 
Nápoles, Mseo Archeologico Nazionale

jueves, 20 de febrero de 2014

ENEAS - LA APOTEOSIS DE ENEAS


Narraciones mitológicas posteriores a La Eneida de Virgilio relataban cómo, tras la victoria de Eneas sobre Turno, Venus pidió a Júpiter que acogiese a su hijo entre las divinidades celestes. Todos los dioses, Juno incluida, ya más conciliadora, dieron su asentimiento y el padre de los dioses, asintiendo fuertemente con la cabeza, confirmó su voluntad.

Venus lo agradeció y, transportada en vuelo por palomas, se dirigió hacia la desembocadura del Municio, en el Laurentino, ordenando al río que eliminase de Eneas todo cuanto tenía de mortal; luego ungió el cuerpo de su hijo así purificado con un ungüento divino y, rociando su boca con néctar y ambrosía, lo convirtió en dios.


VENUS Y ENEAS
Nicolas Poussin
s. XVII
Colección particular



miércoles, 19 de febrero de 2014

LA ENEIDA - LIBRO XII: EL DUELO ENTRE ENEAS Y TURNO


Aunque Latino y Amata pidiesen al líder rútulo que detuviese el conflicto, pero él, enamorado de Lavinia, la guerra prosiguió entre batallas y luchas hasta que llegó el duelo decisivo entre Eneas y Turno. Pronto, éste último se encontró en dificultades, por tanto porque fuese inferior en fuerza a Eneas, sino porque el hado estaba en su contra. 

Repentinamente, le hirió una flecha que no sabía quien había disparado. Venus inspiró al anciano Yápige para que curase a su hijo. Así, el héroe troyano recuperó sus fuerza y pudo regresar a la batalla. Los rútulos huyeron, pero Eneas sólo buscaba a su enemigo mayor, Turno; éste también buscaba el combate con el troyano, pero su hermana Juturna se lo impidió.

Juno empleó un nuevo ardid enviando a la hermana de Turno, Juturna, a buscar que se rompiesen los acuerdos que podrían llegar a hacerse, pues conocía de buena manera que Turno con las armas era menos diestro que Eneas.

Turno heredó de su padre Dauno una espada hecha por el mismo dios de la forja, Vulcano, pero no era la que llevaba en esos momentos, pues había tomado por error la de uno de sus compañeros. En el combate con Eneas, se rompió este arma, que hizo que huyese en busca de la suya. Eneas lo persiguió con esmero, pero se perdió la lanza entre las raíces de Rauno, un árbol divino. Venus desenredo la lanza; por su parte, Turno recobró su espada, por lo que el combate se reanudó.

Entonces intervino Júpiter ante Juno, que desde el comienzo había tomado parte por Turno, para que desistiese de sus propósitos, prohibiéndole tomar parte en la guerra: el hado ya había decidido. 

Juno reconoció haber persuadido a Juturna de que ayudase a su hermano, y aceptó dejar de intervenir, pero pidió que cuando se unan los troyanos a los latinos desapareciese el nombre de los primeros. La diosa, reconociendo la derrota, consiguió de su marido que los latinos pudiesen conservar su lengua y sus costumbres y que la estirpe a la que habían dado origen, así como la originada por los troyanos, fuese denominada romana.

Mientras tanto, se hicieron los juramentos ante Júpiter para que el fin de la guerra se redujese al combate entre Eneas y Turno. Pero Juturna asumió la forma del guerrero Camerto e instó a la intervención de los rútulos en la batalla. En eso, un augurio fue interpretado por Tolumnio como favorable a lo que pide Juturna en la forma de Camerto y el acuerdo se rompió.

Eneas, en cambio, se opuso a la ruptura de los acuerdos, queriendo emprender el combate singular. Tras encontrarse cara a cara y descargar las lanzas sin herirse, ambos echaron mano a las espaldas. Turno lanzó un golpe, pero la espalda se le partió y ya se daba a la fuga cuando su hermana Juturna, la ninfa aliada de Juno, le lanzó otra y pudo reemprenderse el temido duelo. 

En este punto, el padre de los dioses envió al campo de batalla una de las furias con el aspecto de un ave nocturna, que empezó a volar alrededor de Turno. Jutuna comprendió que la muerte estaba cerca y se alejó desesperada mientras vencía Eneas matando al rey rútulo.


YÁPIGE EXTRAYENDO UNA PUNTA
DE FLECHA DE LA PIERNA DE ENEAS
Siglo I. d.C.
Fresco de la Casa de Sirico, Pompeya
Nápoles, Museo Arqueológico Nacional




ENEAS Y TURNO
Luca Giordano
s. XVII
Florencia, Colección Corsini

martes, 18 de febrero de 2014

LA ENEIDA - LIBROS IX, X Y XII: LA BATALLA


LIBRO IX

LA AUSENCIA DE ENEAS EN LA BATALLA CONTRA LOS RÚTULOS

Ante la inminente batalla en las tierras del Lacio, Juno envió a la diosa mensajera Iris para que llevase a Turno a la guerra contra los troyanos. 

Eneas había mandado a su gente que, en caso de ser atacados, se refugiase tras la empalizada. El rey de los rútulos, Turno, intentó pues incendiar la fortificación primero y todo lo demás más tarde. Entonces, Ops, madre de Júpiter, apartaría del incendio las naves troyanas convirtiendo a cada una de ellas en una bella ninfa inmortal.

Así pues, Turno pensó que los compañeros de Eneas ya no conseguirían escapar de sus fuerzas, haciendo que sus tropas descansasen y se regocijasen bebiendo altas cantidades de vino.

Al darse cuenta de esto Niso y Euríalo, pidieron permiso para ir en busca de Eneas los sustitutos del héroe troyano al mando, Mnesteo y Seresto. Iulo prometió muchos premios por la hazaña de los primeros, por lo que partirían inmediatemente.

Niso abrió el camino dando muerte a varios rútulos. En el camino, Euríalo se rezagó y fue alcanzado violentamente por Volscente. Advirtiéndolo, Niso regresó para rescatar a su amigo y compañero: se encomendó a Apolo y dio muerte a unos cuantos rútulos. Pero en la refriega murieron Euríalo, Niso y Volscente y luego, las cabezas de los dos troyanos caídos fueron exhibidas por el pueblo de Turno de una manera algo macabra.

Mesapo logró abrir la empalizada, inciándose así una sangrienta batalla. Ascanio, el hijo de Eneas, entró en batalla dando muerte a Numano. Algunos dioses olímpicos tomaron parte en la guerra, por lo que Marte infundió fuerza en los latinos. Ante tal situación, Turno, el jefe del pueblo atacante, quedó cercado por los troyanos sin que la diosa Juno pudiese ayudarle. Pero el destino hizo que se salvase, arrojándose al río y alargando la lucha aún más.


LIBRO X

LA LLEGADA DE ENEAS AL CAMPO DE BATALLA

Júpiter, al ser el soberano de las divinidades, prohibió a los otros dioses que participasen en la batalla celebrada en las tierras italianas. Pero Venus pidió clemencia para su hijo Eneas y todos los troyanos; ante tal súplica, Juno se hacía la desentendida por su enemistad hacia el pueblo de la legendaria ciudad de Troya. Entonces, Júpiter decidió que a nadie habría de favorecer él en la batalla, por evitar el facciones en el Olimpo.

Eneas llegó por mar con sus alianzas firmadas: le seguían nobles y virtuosos guerreros como Másico, Abante, Asilas y Astur. Las ninfas, que antes eran las naves de comandantes troyanos, se acercaron al hijo de Venus informándole de todos los acontecimientos acaecidos en la batalla. Llegados al campo de batalla, Turno no cejó en su ataque, empezando así un fiero combate.

Turno pidió a su hermana, la diosa Juturna (una deidad menor, ninfa de las aguas y manantiales), que le ayudase en la batalla. Tras haber hecho grandes estragos, Palante fue muerto por Turno, tomanod éste algunas de sus valiosas armas. Lleno de ira, Eneas reaccionó, dando muerte a muchos enemigos rútulos.

En tanto, Júpiter provocó a su mujer Juno y ésta le pidió que demorase la muerte del héroe rútulo. Ella misma tomaría la figura de Eneas y, confundiendo a Turno, haciendo que le persiguiese y así lo puso a salvo. Turno, al darse cuenta del engaño, intentó volver desesperadamente sobre sus pasos pero la diosa se lo impidió.

Mezencio tomó el lugar de Turno en la batalla, que era observada por los dioses con admiración. Al mismo tiempo, Eneas hirió a Mezencio, cuyo hijo Lauso, quien lo asistió y ayudó a huir, fue ejecutado por el caudillo troyano. Después, Mezencio volvió a la batalla, hallando también la muerte en las manos de Eneas.


LIRBO XI

LAS CONTRADICCIONES DEL REINO DE LOS LATINOS

Eneas envió el cuerpo de Palante a su padre. Luego llegaron los emisarios latinos pidiendo una tregua para poder enterrar a todos sus muertos, a lo que el semidiós troyano accedió sin impedimento alguno. Mientras tanto, Evandro se lamentaba de manera dramática por la muerte de su hijo, pero no retiraría su apoyo a Eneas. En el reino de Latino, había grandes contradicciones, pues algunos se mostraban aún a favor de Turno, pero otros pedían que se entregase la mano de la princesa Lavinia a Eneas.

Unos emisarios llegaron de la ciudad de Diomedes, que recomendaban a los latinos tener mucha cautela con el comandante troyano. Sin embargo, Latino deseaba ya detener la guerra dando tierras a los troyanos. Drances recomendó también darle la mano de Lavinia y Eneas.

Pero, como era lógico, Turno se opuso y promovió nuevas batallas, apoyado por la reina Camila. Los troyanos se acercaron a las murallas latinas, desatándose otra vez la contienda. Camila destacó de manera notoria por todas sus hazañas.

Los dioses siguieron tomando parte en la batalla, donde Júpiter infundió valor en Tarcón. Arruntes, encomendándose a Apolo, disparó una flecha a Camila, logrando el objetivo de darle muerte. Ante tal situación, las tropas de los rútulos huyeron lejos, pero Turno, enterado de los hechos, no abandonó el campo.

lunes, 17 de febrero de 2014

AIX


Aix era, según la mitología griega, una mítica cabra. Era el animal que dio leche para amamantar a Zeus mientras éste se encontraba escondido en Creta. En el cuerpo celeste, es representada con la constelación Capricornio.

Esta cabra proporcionó a Amaltea la leche suficiente para alimentar al futuro padre de los dioses después de que su madre, Rea (o Cibeles según la Antigua Roma) lo escondiese y lo pusiese en manos de la nodriza Amaltea. En algunas de las versiones mitológicas, era confundida con la mismísima Amaltea, la nodriza de Zeus. 

Esta criatura era un ser monstruoso que aterraba hasta las primeras divinidades, como los Titanes, que hicieron que Gea, la Tierra, escondiese a la terrorífica cabra en una caverna de las montañas cretenses.

Jugando con el animal, el pequeño Zeus rompió uno de sus cuernos que, posteriormente regalaría a su nodriza, prometiéndole que se llenaría milagrosamente de los bienes que ella desease. Este objeto es conocido como el Cuerno de la Abundancia o Cuerno de Amaltea, que ella cambiaría al Cuerno de Aqueloo y pasaría de mano en mano durante largo tiempo. Por tanto, fue símbolo de riquezas inacabables, convirtiéndose así en atributo de diversas divinidades.

Cuando murió Aix, Zeus se hizo una armadura llamada Égida con su piel para poder luchar así en la Titanomaquia o Guerra de los Titanes.


REPRESENTACIÓN DE LA CONSTELACIÓN 
CAPRICORNIO

LA ENEIDA - LIBROS VII Y VIII: ENEAS Y LOS TROYANOS LLEGAN AL LACIO


LIBRO VII 

LOS TROYANOS EN LACIO

Después de la travesía del inframundo las fuerzas troyanas capitaneadas por el héroe Eneas se dirigían al bosque del Lacio por el que pasaba el famoso río Tíber, el que actualmente cruza la ciudad de Roma. En esas misteriosas tierras vivía Latino, rey de los aborígenes, el pueblo más antiguo de Italia, con la corte en Laurentina (la ciudad de los laureles), situada en la llanura de Laurento. Junto a él gobernaba su mujer Amanta, y eran padres de Lavinia, quien estaba comprometida con Turno, el rey de los rútulos, un pueblo de la región. Sin embargo, se había predicho que la hija de Latino no iba a casarse con Turno, sino con un extranjero.

Los troyanos celebraron una comida pero se quedaron con hambre. Entonces, Eneas recordó que se le predijo que, cuando esto sucediese, llegaría el fin de sus males. Así pues, el comandante mandó cien emisarios a la corte del rey Latino, quien los recibe con hospitalidad. En nombre de Eneas y apoyándose siempre en las advertencias de los oráculos, Ilioneo pidió a Latino unas tierras donde los troyanos pudiesen asentarse. Así, el rey del Lacio reconoció en Eneas al yerno prometido, pidiendo a los troyanos que su caudillo acudiese a palacio para tener una conversación con él.


ENEAS Y EL DIOS-RÍO TÍBER
Bartolomeo Pinelli
1835



LA RAZÓN DE LA GUERRA: LA DISORDIA
DE ALECTO, UNA DE LAS ERINIAS

Pero la diosa que gobernaba el cielo junto a Júpiter, Juno, odiaba desde siempre a los troyanos por no haber recibido de Paris como regalo la famosa manzana de oro empujó a Turno a declarar la guerra a los recién llegados. Juno, con la intención vengativa de causar una guerra que perjudique de manera notoria a los troyanos, envió a Alecto, una de las temibles Erinias que era encargada de castigar los delitos morales sobre todo si eran delitos contra los mismos hombres, para que sembrase la discordia, tomando así las funciones de la diosa Némesis entre los mortales. Con una de sus serpientes, Alecto inyectó la furia en Amata, y ésta se enfrentó con su esposo para que no dé la mano de Lavinia al héroe troyano, sino a Turno. Al ver que Latino no cambiaba de parecer, Amata, valiéndose de todo lo que tenía en su mano, consiguió con la ayuda de otras mujeres latinas esconder a la princesa Lavinia.

Más tarde, Alecto se dirigió a Ardea, la ciudad de los rútulos donde reinaba el gran Turno, y, para suscitar en el monarca un odio sin límites hacia Eneas como usurpador, le hincó otra de sus seprientes, llena de furias. Así pues, Turno decidió entonces enfrentarse con Latino por la mano de Lavinia.

Aún así, el intervencionismo que Juno suscitó no se limito a estas dos acciones, pues Alecto ejerció después su influjo en los perros cazadores de Ascanio, que condujeron a su amo en pos de un ciervo del que era dueño el latino Tirreo. Al enterarse el pueblo latino de dicha falta de respeto, se emprendió una batalla donde caerían las primeras víctimas. Por este motivo, todos los latinos exigieron a su rey que declarase la guerra a los troyanos, pero él continuó resistiendose. Llegarían mientras tanto los aliados, como Lauso, Aventino, Catilo y Camila.

Viendo los exitosos resultados, tanto Alecto como Juno se sintieron extremadamente satisfechas.


LIBRO VIII

ENEAS Y LOS PALANTEOS

Ante esta desdichada situación el dios-río Tíber habló con el héroe troyano para aconsejarlo para el futuro: le recomendaría pues que buscase una alianza con los palanteos, a cuya ciudad podría llegar precisamente siguiendo su curso. Así, Eneas preparó el viaje con detenimiento, reconociendo el buen augurio.

Acompañado por Acates, Eneas llegó a la ciudad justo cuando el rey, Evandro, y su hijo, Palante, estaban ofreciendo mútliples sacrificios a Hércules (Heracles en Grecia). Al ser acogidos, los troyanos pidieron al sobreano una ayuda, una alianza para así hacer frente al pueblo rútulo y vencerlos. Evandro aceptó, viendo que eran ambas naciones descendientes de Atlante: invitó el monarca a Eneas a tomar parte en los sacrificios a Hércules, siendo ésta una forma de aceptación.


VENUS PIDE ARMAS A VULCANO PARA SU HIJO ENEAS

Mientras tanto, Venus, preocupada por el repentino giro de los acontecimientos y por los peligros relativos que se derivarían de ellos, fue a ver a su esposo Vulcano (Hefesto en la Antigua Grecia), dios de la industria. Así, la diosa del amor y la belleza le rogó que fabricase nuevas armas para su amado hijo, al igual que había hecho para Aquiles a petición de su madre Tetis.

El dios acudió a su taller y ordenó a sus ayudantes, los Cíclopes, que interrumpiesen todos los trabajos que tuviesen entre manos para dedicarse enteramente a las armas de Eneas.


VENUS PIDE A VULCANO ARMAS
PARA SU HIJO ENEAS
Anton van Dyck
1630 - 1632
París, Louvre

domingo, 16 de febrero de 2014

LA ENEIDA - LIBROS V Y VI: ENEAS VIAJA AL INFRAMUNDO


LIBRO V: LAS MUJERES IMPIDEN EL DESARROLLO DEL VIAJE

ENEAS SE ALEJA DE CARTAGO

Ya habiendo zarpado, Eneas contempló desde el mar la llama que ardía en la costa de Cartago, y demasiado bien sabía de qué se trataba.

Los viajeros intentaban llegar a tierras italianas pero se desató otra tempestad, y, cuando ésta se calmó, probaron otra vez a alcanzar Trinacia. Habiendo llegado allí, los troyanos se dirigieron a las tierras de su amigo Acestes, por quien fueron recibidos hospitalariamente.


EL FUNERAL DE ANQUISES

Cumpliéndose ya un año de la muerte del padre del héroe, Anquises, Eneas llevó a cabo sus funerales. Durante los sacrificios, una serpiente comió las ofrendas del altar. No sabiendo si se trataba de una criatura mala o del genio del lugar, Eneas prefirió tomarlo como un buen presagio.

Después mandó Eneas celebrarse unos juegos donde Cloanto venció en la competición de remo. En la carrera, Salio y Niso, hermano de Asio, tropezaron por lo que Euríalo venció; sin embargo, los tres recibieron los premios. En la lucha, nadie quiso enfrentarse a Dares hasta que el anciano Entelo se atrevió y consiguió vencerlo. En el tiro con arco fue Acestes el ganador. Luego, Ascanio y sus amigos hicieron una representación de la guerra. 

EL INCENDIO DE LAS NAVES 

Juno envió de nuevo a Iris y esta vez tenía la finalidad de suscitar en las mujeres troyanas el deseo de no viajar más para así detener el propósito de Eneas. Tomando Iris la forma de la anciana Beroe, que no había acudido porque estaba indispuesta, se dirigió a las mujeres, que habían sido apartadas de los juegos funerarios del padre de Eneas, les dijo que se le había aparecido en sueños Casandra. Bajo ese pretexto, defendió que la princesa troyana le había dicho que debían quemar las naves, pues ya se había alcanzado el objetivo del viaje, y cumplió el encargo llevando a las mujeres a destruirlas, comenzando el incendio ella misma.

Pirgo, que fue nodriza del rey Príamo, advirtió a las otras de que Berone no había acudido porque estaba enferma, y que esa otra era muy semejante a una divinidad del cielo. Al punto, la mensajera se dio a conocer yéndose de allí en forma de arco iris. Las muchachas, exaltadas, tomaron la antorcha del altar de Neptuno y comenzaron a prender fuego a las embarcaciones.

Los hombres contemplaron las llamas; Eumelo avisó a su líder, quien llegó rápido al lugar del desastre. Una vez allí, Eneas imploró al padre de los dioses, Júpiter, quien hizo que empezase a llover. Sólo se perdieron cuatro piezas de la flota troyana, pero Eneas se aconsejó a sí mismo fundar una ciudad para quienes quieran quedarse y renunciar a continuar el viaje. 

Los troyanos fundaron así la ciudad para quienes no quisiesen continuar con el viaje, poniéndole el nombre de Acestes. Por fin, zarparon, y las mujeres, que ahora sí deseaban seguir junto a los guerreros troyanos, los despidieron entre llantos de lamento. Una vez más, los viajeron intentaron dirigirse a Italia.

Venus rogó a Neptuno como protectora de su hijo que los troyanos no sufriesen más males, y el dios de los mares les prometió que llegarían a las puertas del Hades con sólo un hombre menos: "una cabeza por muchas será dada" (unum pro multis dabitur caput).

A medianoche todos dormían, hasta Palinuro, el timonel, de lo que se había encargado el Sueño o Somnus. Palinuro y el timón cayeron al agua mientras el resto seguía durmiendo: la nave derivó pero Eneas despertó en medio del caos ocupando el puesto del caído y corrigió el rumbo justo a tiempo, pues ya la nave se dirigía a los dominios de las temerosas Sirenas.



LIBRO VI: ENEAS VIAJA AL HADES

ENEAS EN BUSCA DE LA SIBILA: LAS PREDICIONES
DE APOLO

Eneas, aún indeciso, se le apareció esa misma noche en sus sueños su padre Anquises, quien le recomendó que sólo los más aptos para enfrentarse en batalla partiesen al Lacio, pues allí deberían derrotar a un pueblo belicoso. Además, el espíritu le comentó que, para que pudiese darle más detalles de su destino, tendría que ir a visitarlo al inframundo.

Los troyanos arribaron a las playas de Cumas, visitando la gruta de la Sibila acompañados de la sacerdotisa de Glauco, Deífobe. La sibila fue poseída por el Apolo y el héroe pidió al dios sus oráculos y que permitiese a los troyanos que se estableciesen en el Lacio. Apolo predijo así que se librarían batallas por causa de una mujer, pero que Eneas saldría victorioso de ellas. 


ENEAS Y LA SIBILA DE CUMAS

El héroe se encontró con la Sibila de Cumas junto al lago Averno, situado en el interior del cráter de un volcán, donde se pensaba que estaba uno de los accesos al mundo de ultratumba. Después de advertir a Eneas de los peligrosos riesgos de la empresa, la sibila le informó de que para llegar al Hades era necesario encontrar un ramito de oro, que Proserpina (Perséfone en Grecia), la reina del Averno, pedía recibir como regalo, escondido en las frondas de un árbol del bosque cercano: si conseguía cogerlo tendría la confirmación de deber llevar a cabo el viaje. 

Hallado el ramo gracias a la ayuda de Venus, Eneas pudo aventurarse en el Hades acompañado por la sibila. Acababan de adentrarse en los infiernos cuando se encontraron con horribles figuras, personificaciones de los males que afligían a la humanidad, como las Harpías, las Gorgonas, y la Hidra de Lerna. Presa del temor, Eneas hizo ademán de desenvainar la espada, pero la sibila le recordó que se trataba de meras sombras carentes de cuerpo. Llegaron luego junto al barquero, Caronte, que se dirigía a ellos en tono áspero recordando las funestas consecuencias que habían padecido otros vivos que se aventuraron en aquel lugar. Pero la sibila, tranquilizándolo, le mostró el ramo de oro, por lo que Caronte se quedó quieto, acogiendo a ambos en su barca y conduciéndoles a la orilla opuesta. Ya navegando, vieron la cueva de Cerbero, los jueces de los muertos y los campos llorosos. 

Allí encontró las sombras de sus compañeros y de sus antiguos enemigos, y la de Dido que, desdeñosa, apartó la mirada de él y se alejó sigilosamente. También contempló muchas almas de grandes guerreros de otros tiempo, como Deífobo, que se casó con Helena después de que Paris muriese. Pasado un rato, los pasajeros de la barca vieron una bifurcación: una vía condujo al palacio de Plutón; la otra, al Tártaro. Después, arribaron a los bosques afortunados donde buscaron a Anquises. 

Llegando Eneas junto a su padre, tras un nostálgico encuentro, Anquises, desde una elevación, le mostró un largo cortejo en movimiento, señalándole entre las distintas figuras a sus descendientes, los que harían grande a Roma. Luego le reveló su futuro inmediato hablándole de la guerra que habría que sostener en el Lacio. Eneas regresó después al lugar donde le esperaban sus amigos por una puerta de marfil del Sueño. En seguida, se dirigieron todos al puerto de Cayeta.


ENEAS Y LA SIBILA JUNTO AL LAGO
AVERNO
William Turner
1798
Londres, Tate Gallery




ENEAS Y LA SIBILA DE CUMAS
François Perrier
1646
Varsovia, Museo Nacional




LA SIBILA CONDUCE A ENEAS AL
INFRAMUNDO
Claudio de Lorena
1673
París, Louvre




ENEAS Y LA SIBILA EN EL INFRAMUNDO
Jan Brueghel el Viejo
1600
Viena, Kunsthistorisches Museum




ENEAS Y ANQUISES EN EL HADES
Alexandre Ubeleski
Siglo XVII

sábado, 15 de febrero de 2014

LA ENEIDA - LIBRO IV: LOS CAMINOS DE ENEAS Y DIDO SE SEPARAN


EL TRATO DE JUNO Y VENUS

La reina Dido, por influjo del pequeño Cupido, se enamoró perdidamente de Eneas. Extasiada por el relato de Eneas, Dido, enamorada y atemorizada por el sentimiento que experimentaba se confesó a su hermana Ana, que le aconsejó librarse de la obligación de fidelidad a la memoria de su marido, afirmando que los muertos no se preocupaban de semejantes asuntos, y a considerar la oportunidad de un matrimonio que daría solidez a su reino. Al conocer dicha noticia, Juno decidió aliarse con Venus para conseguir que el comandante troyano se enamorase a su vez de Dido. Con esta artimaña, Juno pretendía que Eneas no prosiguiese con su destino por quedarse siempre en Cartago. 


ENEAS Y DIDO DE CAZA

La pasión de Dido era correspondida por Eneas gracias a la intervención divina de su madre y la reina de los dioses. Un día, durante una partida de cacería, cómplices ambas diosas, hicieron que comenzase un violento temporal que obligó a los participantes a buscar refugio en las campiñas. Eneas y Dido se encontraron precisamente en la misma caverna donde celebraron esponsales ocultos. Sin importarles los comentarios, ambos vivieron, pues, su amor con gran implicación, hasta el punto de olvidar los compromisos adquiridos.


DIDO Y ENEAS SALEN DE CAZA
Jean-Bernard Restout 
1774



MERCURIO ORDENA A ENEAS QUE ABANDONE A DIDO

Dido no dudaba en mostrarse siempre junto a Eneas, a quien públicamente incluso llamaba marido. Pero la terrible Fama difundió rápidamente por el país la noticia del nuevo amor de la reina cartaginense, deformándola como era de costumbre.

El rey Jarbas, que había ayudado a Dido a su llegada al país extranjero donándole el terreno sobre el que construir Cartago y que había sido rechazado por la reina, ofendido, pidió justicia al cielo. Al saberlo Júpiter, temiendo que Eneas detuviese su viaje hacia las tierras del Lacio italiano, envió al mensajero de los dioses, Mercurio (Hermes en Grecia), para que recordase al troyano que su destino era concluir la fundación de Roma.

Mercurio encontró al héroe mientras ayudaba a los cartaginenses en la construcción de la ciudad, y enseguida le habló para recordarle la misión que el Destino le reservaba. Al recibir tal orden, el troyano no sabía cómo decírselo a Dido.


MERCURIO EXHORTA A ENEAS A PARTIR
DE CARTAGO
Giambattista Tiepolo
1757
Vicenza, Villa Valmarana



EL ADIÓS DE ENEAS A DIDO

Eneas, con el corazón henchido de tristeza, decidió partir. Encargó a sus compañeros Sergesto, Seresto y Mnesteo que preparasen la flota con sigilo. En cuanto Dido, se preometió buscar el momento para comunicarle la noticia, pero la reina, presagiando cuanto estaba a punto de suceder, se anticipó, enfrentándose a él a cara descubierta. Le reprochó el haber preparado la marcha a escondidas y subrayaba que por amor a él ella lo habría sacrificado todo. Le suplicó, pues, que reconsiderase su decisión y no la dejase sola, rehén de la terrible Fama, por cuya causa se había atraído el odio de los pueblos limítrofes.

Pero Eneas ya estaba decidido y le recordó que nunca le había prometido desposarla, que no la olvidaría y que siempre le estaría agradecido, pero que una voluntad superior a la suya lo obligaba a partir para alcanzar y fundar una nueva patria en Italia. Ante semejantes palabras, la reina comprendió que de nada valía su amor y, profundamente ofendida, le reprochó su incomprensión y su ingratitud. Al fin, permitió que su amado marchase lejos.


EL ADIOS DE ENEAS A DIDO
Claudio de Lorena
1675 - 1676
Hamburgo, Hamburguer Kunsthalle



EL SUICIDIO DE DIDO

A pesar de las incesantes súplicas de Dido y la petición de su hermana Ana para que, al menos, retrasase la partida, Eneas resolvió marcharse, y la reina, vencida por el dolor y la amargura, decidió darse muerte. Fingiendo haber recibido los consejos de una sacerdotisa sobre el modo de librarse de su insana pasión a través de encantamientos prodigiosos, invitó a su hermana a levantar una pira en la residencia y a echar en ella todos los recuerdos de su amado, sus armas, sus ropas, para reducirlo a cenizas y deshacerse de su memoria.

Se cumplió pues la voluntad de la reina y la maga en su presencia, llevó a cabo unos ritos del caso, invocando a divinidades infernales. Mientras tanto, Eneas, apremiado por Mercurio, decidió partir al alba. Desde lo alto de su torre, la reina descubrió la nave troyana alejándose, se arrojó a la pira y se mató atravesándose con la espada de Eneas.

En su discurso de muerte, clamó por un vengador:

Luego vosotros, tirios, perseguid con odio a su estirpe
y a la raza que venga, y dedicad este presente
a mis cenizas. No haya ni amor ni pactos entre los pueblos.
Y que surja algún vengador de mis huesos
que persiga a hierro y fuego a los colonos dardanios
ahora o más tarde, cuando se presenten las fueraz.
Costas enfrentadas a sus costas, olas contra sus aguas
imploro, armas contra sus armas: peleen ellos mismos y sus nietos.

Eneida, IV, 622 - 629

Juno se apiadó pues de Dido por su larga agonía y envió a Iris para que la ayudase a morir. En medio de su arco polícromo, la mensajera descendió y cortó un mechón del cabello de Dido para consagrarlo al inframundo. De esta manera, el cuerpo de la infortunada perdió el calor de la vida.


LA MUERTE DE DIDO
Andrea Sacchi
Siglo XVII