miércoles, 6 de noviembre de 2013

TIDEO


El famoso héroe y guerrero Tideo era hijo de Eneo, rey de Calidonia, y su mujer Peribea. Fue un personaje destacado en la leyenda de los siete contra Tebas.


TIDEO EN TEBAS

Fue desterrado de su patria tras la denuncia de Agrio por el infortunado e involuntario homicidio de haber matado bien a un hermano del rey Eneo, bien a sus sobrinos o bien a su propio hermano. Encontró honroso asilo en la Argólida al lado del rey Adrasto, que le dio en matrimonio a una de sus hijas: la segunda acababa de desposarse con otro príncipe fugitivo, Polinice, hijo de Edipo.

Cuando Adastro puso en pie de guerra su ejército para defender los derechos de Polinice al trono de Tebas, Tideo fue uno de los principales jefes del mismo, pero antes de romper las hostilidades, Adrasto, como prudente monarca, intentó mover a Etéocles a sentimientos de paz y de justicia y a este fin envió a Tideo a la corte de Tebas como embajador. La juventud guerrera de la ciudad se entregaba entonces a combates gimnásticos, como preludio de los crueles de Marte. Tideo, previa invitación a tomar parte en ellos, descendió a la liza y salió vencedor en todas las pruebas. Los espectadores prorrumpieron en muestras de admiración, pero sus rivales se sintieron hasta tal punto celosos y despechados por su derrota, que resolvieron prepararle emboscadas cuando regresase a su tierra y matarlo.

Tideo, después de haber resuelto con éxito sus negociaciones, tomaba confiadamente el camino de Argos cuando, de improvisto, fue asaltado por cincuenta jóvenes tebanos completamente armados, a los cuales consiguió resistir bravamente. Ayudado por cinco amigos y protegido por la diosa de la sabiduría y la guerra, Minerva, supo evitar tan hábilmente sus acometidas y ganarles ventaja que, después de una lucha sin precendentes, exterminó al grupo de cobardes agresores. Sólo uno quedó con vida para que llevase a los tebanos la noticia detallada del desastre.


LA LEYENDA DE LOS SIETE CONTRA TEBAS

Durante el sitio de Tebas, Tideo demostró aun más su arrojo dando muerte con su lanza a muchos generales enemigos. Al fin, también fue él alcanzado por una flecha que le disparó Melanipo, hijo de Artaco. La herida era profunda y los dolores agudísimos, pero el deseo de venganza reanimó sus fuerzas, y tomando un dardo lo lanzó contra su adversario derribándolo. Este último esfuerzo agotó al héroe, cuya sangre caía abundandemente por la herida. Sus compañeros lo depositaron en una altura, lejos del campo de batalla.

Angustiado al ver que no podía ya combatir, rogó a los que lo rodeaban que corriesen a recoger el cuerpo de Melanipo y lo trajesen a su presencia. Capaneo se lanzó en medio de la pelea y vio A Melanipo que yacía en el polvo; lo recogió todavía con vida, lo cargó sobre su espalda y emprendió veloz carrera. Tideo sintió, al ver a su enemigo, como si la vida le brotase de nuevo, y en la exaltación de su alegría feroz hizo decapitar al moribundo, cogió entre sus manos la cabeza ensangrentada, la desplazó con sus dientes, abrió el cráneo y arrancó su cerebro. Minerva, que acudía para socorrer a Tideo y devolverle su vigor prístino, se indignó tanto al ver tal barbarie, que lo dejó abandonado a su destino y así exhaló su último respiro.


TIDEO E ISMENE
Anverso de un ánfora corintia de figuras negras
560 a.C.
París, Louvre

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