lunes, 4 de noviembre de 2013

PELOPS O PÉLOPE - ATREO Y TIESTES


En la mitología clásica, Pélope o Pelops, era hijo de Tántalo y Dione, la hija de Atlas, reyes de Lidia. A su vez, fue con Hipodamia de los famosos Atreo y Tiestes y otros tantos.

PELOPS Y TÁNTALO

Cuando los dioses, tomando siempre su figura humana, viajaban por el Asia Menor, se hospedaron en casa de Tántalo, príncipe famoso por su impiedad y crueldad. Éste, para asegurarse de si realmente sus huéspedes eran seres divinos y conocedores de los secretos más ocultos de la vida, y queriendo hacer una ofrenda a los olímpicos, descuartizó a su hijo Pelops. Después cocinó un estofado con su carne para servirselo a los dioses junto a otos manjares. Los dioses conocieron rápidamente dicho crimen y se abstuvieron de probar aquella abominación. Sólo Ceres (o Demeter en Grecia), distraída o hambrienta se comió parte de la espalda del desgraciado Pelops. 

Ante dicho sacrilegio, Júpiter reunió los dispersos miembros de la inocente criatura y le devolvió la vida sustituyendo por una espalda de marfil la que Ceres había devorado. Tántalo, verdugo de su propia familia, fue precipitado hacia el rincón más terrorífico y oscuro del Hades, el Tártaro.

Tras su resurrección el héroe era todavía más hermoso que antes: el mismo Neptuno, dios de los mares, se enamoró perdidamente de él y lo llegó a llevar al monte Olimpo, haciéndole su amante y enseñándole a conducir su carro divino. Pero más tarde el padre de los dioses, Júpiter, lo expulsó de la morada de los dioses, enfadado por que su padre, Tántalo, había robado la comida de los dioses, dándosela a sus súbditos de la tierra. Además, había revelado secretos que los dioses confesaron en su presencia.


PELOPS E HIPODAMIA

Pelops, cuyo reino se encontraba entonces totalmente debilitado y empobrecido, se encontró expuesto a los ataques e invasiones de reyes vecinos. Abandonó Lidia siendo ya adulto con su hermana Níobe, retirándose a Grecia, donde pidió la mano de la hermosa Hipodamia, hija de Enomao, rey de Elida.

Hipodamia, la heredera directa del trono de su padre, era deseada y requerida por muchos príncipes. Pero Enomao, advertido por un oráculo que sería desgraciado con el que fuera su yerno, condicionó la obtención de la mano de su hija al cumplimiento de una prueba completamente dificultosa, y como él era muy diestro en conducir el carro y poseía corceles tan veloces como el viento, resolvió el tema del pretendiente de su hija con la condición de que éste venciese en la carrera. Pero, al mismo tiempo, los vencidos habían de aceptar como única herencia una muerte infalible.

El rey había llegado a matar a treinta pretendientes de la joven tras vencerlos en las carreras por el miedo de que acabase muerto a manos del vencedor de la mano de su hija. Pelops pidió ser admitido en el certamen. Por más que sus caballos, elegidos por el propio Neptuno, reuniesen todas las condiciones favorables, no se atrevió a medir sus fuerzas con el rey, de igual a igual. Tentó la fidelidad de Mirtilo, caballerizo de Enomao y le corrompió con dádivas. Mirtilo partió el carro del rey y juntó nuevamente las dos partes de tal manera que una simple vista no se descubría ninguna ranura. 

En la mitad de la carrera el carro se partió y Enomao pereció a consecuencia de la caída; entonces, Pelops unido a Hipodamia en feliz matrimonio, subió al trono de la Elida.

Llevó a cabo rápidas conquistas y sus armas sembraron el espanto entre sus enemigos; su reputación llegó  a las comarcas más lejanas y su nombre fue aplicado a la península meridional de Grecia, pues llegó a controlarlo: el Peloponeso ("isla de Pelops").


PELOPS E HIPODAMIA
Relieve
Nueva York, Metropolitan Museum of Art




PELOPS E HIPODAMIA
Bajorrelieve
Nueva York, Metropolitan Museum of Art



ATREO Y TIESTES

Del enlace con la princesa Hipodamia, nacieron Atreo y Tiestes, entre otros. Estos famosos hermanos en la historioa por el odio que se tenían, lo son aun más por los crímenes que de él salieron. Basta solamente uno de ellos para dar la idea general de todos ellos. 

Después de largas disputas, el pérfido Atreo, fingiendo querer olvidar el pasado, propuso a su hermano una coyuntura para tener una amistosa entrevista. Tiestes, engañado por las apariencias, acudió presuntuoso al palacio de su hermano y se sentó en la mesa del festín que debía sellar su reconciliación. Al terminar la comida y cuando, después de invocar a los dioses, los dos hermanos habían jurado vivir siempre como amigos, Atreo hizo traer dos cabezas recién cortadas y empapadas con sangre: eran las cabezas de sus sobrinos, los hijos de Tiestes. Al mismo tiempo Atreo le hizo saber con alegría feroz que la carne que había comido era la propia carne de las víctimas. Se dice también que el sol se ocultó para no alumbrar tales horrores.

Un hermano de Atreo llamado Plistenes fue el padre de Agamenón y Menelao, que con frecuencia son designados con el nombre de Atridas, por más que no fueron hijos sino sobrinos de Atreo. Por ello, durante la Guerra de Troya, los huesos de su abuelo Pelops fueron llevados a esta ciudad por los griegos, pues un oráculo había predicho la victoria si lo hacían.

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