sábado, 23 de noviembre de 2013

PARIS


Paris, también llamado Alejandro, era el hijo de los soberanos de Troya, Príamo y Hécuba. Por tanto, era príncipe de Troya, junto a todos sus hermanos. Paris fue conocido como "el de la hermosa figura".


EL SUEÑO DE HÉCUBA

La tradición narraba que antes del nacimiento de Paris, su madre, la reina de Troya, Hécuba tuvo un sueño extraordinario. Soñó que llevaba en su seno una antorcha encendida que prendería fuego al palacio y a toda la ciudad de Troya. Preguntado el oráculo sobre el sentido de dicha visión, contestó "que la reina daría a luz un hijo que causaría la destrucción de su patria". Después de esta revelación, Príamo encargó a uno de sus oficiales más allegados llamado Arquelao que hiciese desaparecer al recién nacido. Pero Arquelao, movido a piedad ante las lágrimas de la reina, se limitó a llevarlo al monte Ida y confiarlo a unos pastores que lo ocultaron y cuidaron de su educación.


EL SUEÑO DE HÉCUBA
Giulio Romano
1536
Mantua, Palazzo Ducale


EL JUICIO DE PARIS

Paris llegó a ser el más bello, el más diestro y el más bravo de todos los pastores frigios conocidos. Oeona, ninfa de los bosques, se enamoró de él y llegó a ser su esposa; su unión fue feliz mientras vivieron ignorados y solitarios. La celebridad alcanzada por Paris, fue el peor escollo para su dicha: tomó parte en los juegos públicos de Troya y triunfó sobre sus rivales, siendo reconocido y aceptado en palacio por sus padres.

La fama de las hazañas de Paris llegó hasta la corte celeste: Hermes (Mercurio en Roma) ensalzó los méritos del troyano y aconsejó a los dioses que le tomasen por árbitro en el famoso debate que entonces dividía la morada de los dioses, el monte Olimpo. Habiendo sido invitados los dioses y las diosas, a las bodas de Tetis y Peleo, padres del héroe griego Aquiles, solamente la Discordia (Eris en Grecia) fue excluída del festín, por temor a que sembrase el desorden y la disidencia.

Pero esta afrenta la hirió en lo más profundo y de ella se vengó hábilmente. Al final del banquete, la diosa apareció envuelta en una nube y depositó en el centro de la mesa nupcial una manzana de oro que llevaba escrita la leyenda: "a la más bella". Hera (Juno en Roma), Atenea (Minerva) y Afrodita (Venus) se disputaron el regalo pero Zeus (Júpiter) ordenó a Hermes (Mercurio), el mensajero de los dioses, que fuese con las tres diosas al monte Ida para que Paris juzgase cuál de las tres divinidades merecía el valioso presente.

Las tres diosas pusieron en juego todas las seducciones posibles para que tuviesen al mortal de su parte. Hera le prometió grandes riquezas y le garantizaba que gobernaría sobre el mundo entero con ellas si la elegía; Atenea la gloria de las armas y un alto grado de sabiduría; y Afrodita que le daría a la mujer más hermosa del mundo. Afrodita fue la preferida y en medio de los aplausos del monte Olimpo obtuvo el premio de la belleza. Celosas y humilladas sus dos rivales, decidieron perder a Paris, a su familia y a toda la nación de Troya.

La diosa del amor, que había prometido al joven apuesto concederle la mujer más bella del mundo, eligió a Helena, hija del rey Tíndaro (en realidad, era hija de Zeus y Leda, pero ella no lo sabía) y esposa de Menelao, que vivía felizmente con su esposo en su palacio de la ciudad de Esparta.



EL JUICIO DE PARIS
Jean-Antoine Watteau
1718 - 1721
París, Louvre



EL JUICIO DE PARIS
Peter Paul Rubens
1639
Madrid, Museo del Prado


PARIS Y HELENA

Ningún obstáculo fue suficiente como para frenar al joven Paris. A su vez, Afrodita sería su aliada, siendo su guía y protectora. Ya reconocido por los soberanos de Troya como hijo suyo, Paris pasó de ser un simple pastor del monte Ida a pertenecer a la familia real, siendo uno de los príncipes de la legendaria ciudad.

Ya acogido en la corte real de Troya, tuvo la oportunidad de embarcarse hacia Grecia, donde su tía Heríone vivía después de que Telamón la secuestrase tiempo atrás. El príncipe se ofreció para acaudillar la expedición y decidió dirigirse hacia Lacedemonia, donde se encontraban Cástor y Pólux, príncipes de Esparta. Su padre le dio el visto bueno a la empresa, a pesar de que su hermana Casandra ya había revelado que, si el viaje se llevaba a cabo, Troya pagaría las consecuencias.

Después de haber estado en casa de Cástor y Pólux, Paris  partió con un lujoso bajel hacia  la ciudad de Esparta para llegar a un acuerdo de paz. Llegó a la capital de Lacedemonia y desembarcó en medio del más suntuoso aparato. Una gracia divina resplandecía en su persona. El monarca espartano lo recibió en su corte con todas las demostraciones de afecto posibles: le destinó la más rica de las estancias y en ella era servido por veinte esclavos, atentos a satisfacer sus menores deseos. En medio de las fiestas, Paris no olvidaba el destino que eligió al nombrar ganadora de un duelo a tres a su protectora, la diosa del amor, y, para agradar a Helena, empleó las palabras más amables, las miradas más afectuosas, los más asiduos y obsequios cuidados.

Entre tanto, Menelao se vio obligado a marchar a la isla de Creta por la celebración de los funerales de su abuelo, dejando a su esposa en Esparta. Al hallarse Paris solo al lado de la reina Helena, le abrió su corazón y la conjuró a que partiese con él hacia Troya, su ciudad natal. Ella no sabía resistir ya a aquel en quien no encontraba sino encantes y partió con él, renunciando a su patria y abjurando de sus sentimientos de esposa y de madre. Las versiones son diferentes en cuanto al comportamiento de Helena: algunas dicen que la joven fue raptada y no se marchó por su propia voluntad; otras, en cambio, defienden que lo que se fugó con Paris fue una imagen fantasmagórica de ella, cumpliéndose así la venganza de Hera por no haber sido escogida como la diosa más bella.

Cuando Menelao regresó a Esparta conoció el crimen del pérfido huésped, haciendo estremecer con sus gemidos a todo el Peloponeso y a Grecia entera. Los capitanes, los príncipes y los reyes vecinos, enardecidos por las palabras vibrantes de Menelao y ardiendo en deseos de vengar tan vergonzosa ofensa, reunieron en Beocia y en el puerto de Aulis todas las naves, los caballos, las armas y todos los aparatos de guerra y se obligaron a permanecer unidos hasta que la ciudad de Troya llegase a ser tomada y destruida por completo por los griegos. Por tanto, el rapto de Helena de Esparta -conocida, posteriormente, como Helena de Troya- fue la principal razón de la famosa Guerra de Troya.


EL RAPTO DE HELENA
Luca Giordano
1680 - 1683
Caen, Musée des Beaux-Arts


PARIS EN LA GUERRA DE TROYA

La célebre Guerra de Troya, causada por el rapto de la mujer del rey Menelao de Esparta, duró diez largos años en los que la legendaria ciudad y, sobre todo, sus inmensas y colosales murallas pudieron resistir al ataque constante de los griegos.

Troya, sitiada por millares de combatientes, estaba defendida por el príncipe troyano Héctor, hijo de Príamo, siendo el más valeroso de los guerreros de la ciudad. Sin embargo, otros personajes tenían relevante importancia, pues opusieron el avance aqueo; Eneas, hijo de Anquistes; Memnón; Polidamante; Euforbo; Sarpedón, rey de Licia y otros ilustres guerreros.

Paris, que había jurado a Helena mostrarse tan valiente como amante, no mantuvo en todo momento la reputación de bravura que en su juventud había adquirido. Los placeres de una opulenta corte lo habían enervado.

Un día, empero, que los dos ejércitos se encontraban frente a frente, Paris avanzó a la cabeza de los batallones frigios cubierto con una piel de leopardo, armado con un arco y una espada, provocó valientemente a los más bravos capitanes griegos; pero cuando avistó a Menelao, quien acudía a luchar contra él por pura venganza, se estremeció de miedo y corrió a refugiarse en lo más denso de las falanges. Reanimado por los reproches de su hermano Héctor, se preparó de nuevo para combatir contra su adversario, y éste más fuerte o más diestro, estaba ya a punto de triunfar, pues el príncipe troyano resultó herido, cuando Afrodita acudió en auxilio de su mayor protegido, envolviéndolo en una nube y transportándolo a su palacio junto a su amada Helena. En otros encuentros, mostró más valentía o fue más afortunado.

Su mayor hazaña en la guerra fue matar al mayor héroe entre los guerreros aqueos, Aquiles. Algunas versiones apuntan a que lo mató disparándole una flecha que atravesó su talón. Otra versión admitía que lo mató con la espada del dios Apolo.

Herido, finalmente, por Filoctetes, y sintiéndose próximo a la muerte, mandó que le transportasen al monte Ida, donde se encontraba Oenona, la ninfa, que movida por la compasión ante sus sufrimientos y pesares, empleó todos los recursos de las artes curativas para salvarlo, pero la flecha estaba envenenada. Así, Paris murió al de pocos días, cuando transcurría el noveno año del sitio de Troya. Oenona, demasiado sensible ante la muerte de un marido veleidoso, se dejó consumir por la tristeza y su cuerpo bajó al sepublcro a reunirse con el de Paris.

1 comentario:

  1. mmmm POSHA : VVVVVVVVVVVVVVVVVVVVVVVVVVVVVVVVVVV 8v LOOOL ):V :-V /:V

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