miércoles, 20 de noviembre de 2013

HÉCUBA


Hécuba era la segunda esposa del rey de Troya, Príamo, siendo uno de los personajes principales de la Guerra de Troya. Se trata de la hija del rey de Frigia, Dimas, según la obra de la Ilíada de Homero. Sin embargo, también se la ha considerado hija de Sangarios y de la ninfa Evagora.

Hécuba tuvo de Príamo una abundante descendencia, que según las fuentes va desde los 14 hijos que Apolodoro designa a los 50 que propone Eurípides, pasando por los 19 de la tradición más extendida. De sus hijos, los más famosos eran Héctor, Paris, Casandra, Héleno, Políxena y Troilo. Durante el sitio de Troya había presenciado la muerte de casi todos sus hijos.

Al caer cautiva de los vencedores, correspondió en suerte a Odiseo, a quien detestaba; éste, por su parte, no guardaba miramiento alguno por la edad, ni el rango ni las desventuras de la ilustre troyana.

Habiendo embarcado los griegos con rumbo a su país, se detuvieron en las cosas del Queroneso, en Tracia, para tributar una vez más al divino Aquiles exequias fúnebres. Junto al cenotafio se les apareció la sombre sangrienta del héroe y les anunció que para salir felizmente de donde se encontraban no tenían más remedio que inmolar a los manes a Políxena, hija de Hécuba, que en otro tiempo le había sido prometida en matrimonio. Los griegos no dudaron en dar cumplimiento a la voluntad de su jefe y amigo. Políxena fue llevada al altar del sacrificio y Hécuba presenció su muerte. 

 Hécuba mando a su hijo menor, Polidoro, a Tracia para que huyese de la guerra que se avecinaba. Durante la guerra, fue cuidado por el rey de aquel lugar.

Después de la guerra de Troya, los griegos convirtieron a la reina de Príamo en su esclava, correspondiendo en el reparto a la parte de Odiseo (Ulises). Embarcada junto a otros esclavos, llegó a Tracia, donde descubrió que el rey Poliméstor había matado a su hijo más joven para apoderarse de los bienes que había llevado. Arrebatada y furiosa penetró en el palacio, se precipitó sobre el asesino de su hijo para vengarse, le arrancó los ojos, y le hubiera quitado la vida si los satélites del rey, que acudieron al oír el ruido, le hubiesen dado tiempo para ello. Los soldados la arrojaron fuera del palacio y la persiguieron a pedradas. Hécuba, fuera de sí, corrió tras las piedras, quedando metamorfoseada en perra; al querer abrir su boca para lamentarse de su destino, sólo pudo proferir aullidos.



HÉCUBA CIEGA A POLIMÉSTOR
Giuseppe Crespi
Primera mitad del s. XVIII
Bruselas, Royal Museum of Fine Arts of Belgium

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