martes, 5 de noviembre de 2013

EDIPO


Edipo era un héroe hijo de los reyes de Tebas, Layo y Yocasta. A su vez, era uno de los príncipes más desventurados de la mitología conocida.

EDIPO Y LAYO

Los esposos, antes de llegar a serlo, consultaron al oráculo de Apolo, situado en Delfos, quien les advirtió "que el hijo que tuviesen llegaría a ser el asesino de su padre y esposo de su madre". Layo, al nacer su primer hijo y para evitar tan terrible pronóstico se cumpliese, encargó a uno de sus más íntimos y fieles vasallos que matase al pobre niño; pero el servidor, luchando entre la lealtad que debía a su rey y el intuintivo horror que le causaba el cumplimiento de la orden del soberano, se limitó a perforar del pequeño y a suspenderlo, con una correa, de un árbol del monte Citerón.

Forbas, que apacentaba los rebaños de Polibio, rey de Corinto, atraído por los lamentos del niño, se hizo cargo de él, lleno de compasión, y lo entregó a Polibio, cuya esposa Peribea acogió amorosamente y lo adoptó como hijo bajo el nombre de Edipo, que en griego significa "el de los pies hinchados".

Apenas contaba el joven Edipo catorce años y ya los oficiales de la corte habían admirado en muchas ocasiones sus virtudes heroicas: su fuerza y su gran destreza. En todos los juegos gimnásticos en los que había participado conseguía la victoria, excitando de tal manera la envidia de todos sus compañeros, que uno de ellos para mortificarlo le reprochó que solo era un pobre expósito, un hijo adoptivo.

Atormentado Edipo por tal reproche empezó a sentir escrúpulos sobre su nacimiento, y en diversas ocasiones lo inquirió, lleno de ansiedad, de la que siempre había tenido por madre. Pero Peribea, quien lo amaba entrañablemente, se guardó mucho de aclarar sus dudas. Muy al contrario, se esfrozaba por convencerlo de que era su hijo. 

Con la convicción y el objetivo de descubrir su origen, Edipo acudió a Delfos a consultar el famoso oráculo. Obtuvo por respuesta el consejo de "no retornar jamás a su país natal si no quería ocasionar la muerte de su padre y desposarse con su propia madre". Conmovido por estas palabras, resolvió no volver jamás a Corinto, que él consideraba su patria. Angustiado partió camino de la Fócide. Llegado que fue cerca de Delfos, encontró en un camino estrecho cuatro personas, entre las cuales se encontraba un anciano sentado en un carro que le mandó con arrogancia que se apartase a un lado para dejarle así el paso libre. Acompañó el mandato con un gesto amenazador. Se entabló, pues, una disputa, donde echaron mano a las espadas y el joven héroe consiguió acabar con el viejo sin apenas conocerle: este anciano era su padre, Layo.


EDIPO Y LA ESFINGE

Después de la catástrofe que privaba a la ciudad de Tebas de su rey, una calamidad inaudita desoló la comarca: la Esfinge. Era un monstruo con cabeza, cara y manos de doncella, voz de hombre, el cuerpo de un can, la cola de serpiente, las alas de pájaro y las garras robustas de león. El famoso historiador griego del s. V. a.C. Hesíodo llama a la Esfinge "ruina de cadmeos", aludiendo a los tiempos en que "llegó desde la parte más lejana de Etiopía" para causar terror en los campos de alrededor de la ciudad de Tebas. Fue enviada por un dios, pero no hay acuerdo sobre cual. La Esfinge se instaló en uno de los montes del oeste de la ciudad, el Ficio o el Antedón. Desde dicho punto se dedicó a asolar la campiña tebana destruyendo las siembras y matando a todos los que no fueran capaces de resolver sus enigmas. Mataba estrangulando, y algunas tradiciones defienden que de ahí viene su nombre, que significa "cerrar", haciendo alusión a cerrar el paso del aire a los desafortunados que caían en sus garras.

Muchos millares de desgraciados perecieron ante la criatura. Creonte, hermano de Yocasta, reina de Tebas, que era el que reinaba después de la muerte de Layo a manos de Edipo, sacrificando su propio interés al interés del pueblo, anunció en toda Grecia que concedería la mano de la reina Yocasta y la corona de Tebas al que librase la Beocia de esta calamidad.

La muerte de la esfinge dependía de la explicación de un enigma que estaba planteado en estos términos: ¿Cuál es el animal que por la mañana tiene cuatro pies, dos al mediodía y tres a la tarde? 

Edipo, cuya sagacidad corría parejas con el amor a la gloria, se presentó ante el monstruo, escuchó el enigma y respondió sin dudar: "ese animal es el hombre, que en su infancia anda sobre sus manos y sus pies, en la edad viril solamente sobre sus pies y en su vejez se ayuda de un bastón como si fuera un tercer pie". La Esfinge, furiosa al ver descifrado el enigma, se lanzó desde el peñasco donde se encontraba y se rompió la cabeza contra el fondo de un precipicio.


EDIPO Y LA ESFINGE
Kylix ático de figuras rojas
460 a.C.
Ciudad del Vaticano, Palacios Vaticanos




EDIPO Y LA ESFINGE
Gustave Moreau
1864
Nueva York, Metropolitan Museum of Art



EDIPO DE VUELTA EN TEBAS

Edipo después de salvar a la ciudad de Tebas subió al trono y tomó por esposa a Yocasta, su propia madre, tal y como el oráculo había predicho. Juntos tuvieron dos hijos, llamados Etéocles y Polinice, y también dos hijas, Antígona e Irmene.

Muchos años habían transcurrido desde su matrimonio cuando una peste se apoderó de la ciudad de Yebas, que atacaba por igual a hombres y animales y que resistía a todos los recursos de la ciencia, a plegarias y a los sacrificios oficiados. El oráculo, que era el refugio común de los desgraciados, declaró que Beocia no quedaría libre del desastre hasta que el asesino de Layo fuese descubierto y arrojado del reino.

Edipo, que ignoraba el nombre y la calidad del anciano a quien en otro tiempo dio muerte en la Fócide, ordenó que se practicaran las más escrupulosas averiguaciones con la finalidad de poder encontrar al asesino de Layo, y éstas dieron por resultado aclarar tres hechos horribles: que fue el propio Edipo el asesino señalado por el oráculo; que Layo era el padre de Edipo y Yocasta su madre y esposa. 

La abrumadora revelación le causó una desesperación ilimitada y, creyéndose indigno de ver la luz del día, se sacó los ojos con la punta de su espada.


EDIPO SE DESPIDE DE YOCASTA
Alexandre Cabanel
1843


EDIPO EN ATENAS

Expulsado de la ciudad en la que reinaba a causa del crimen cometido por sus dos hijos, se encaminó hacia Ática, falto de todo, durmiendo sobre la dura piedra y mendigando pan de puerta en puerta. Antígona, su primogénita, fue su acompañante, guiando a Edipo los pasos inciertos por su ceguera y endulzando con tiernas caricias los horrores de su situación. Al llegar cerca de Colona, un pueblecito cercano a Atenas, se internaron en un bosque consagrado a las Euménides, cuyo acceso estaba prohibido a los profanos. Algunos de los habitantes de la floresta, sorprendidos al ver allí al rey criminal, quisieron obligarle a abandonar aquel lugar y tal vez le hubieran matado a fuerza de golpes si la princesa Antígona con sus lagrimas y dulzura no les hubiese movido a piedad. 

Edipo fue conducido a Atena: Teseo, rey de Atenas, lo recibió afectuosamente y le dispensó una acogida hospitalaria acabando allí el resto de sus días.


EDIPO Y ANTIGONA
Charles François Jalabert
s. XIX
Marsella, Musée des Beaux-Arts


LOS CONFLICTOS ENTRE LOS HIJOS DE EDIPO

Por otra parte, desde que Edipo abandonó Tebas, su patria, había lanzado sus maldiciones contra sus hijos varones, pidiendo al cielo que estos ingratos tuviesen que disputarse a mano armada el cetro que le arrancaron. Para prevenir los efectos de tales imprecaciones, los dos hermanos no quisieron gobernar a la vez y convinieron en que alternativamente por espacio de un año, uno de ellos se ausentaría de Tebas y el otro reinaría. Etéocles, que era el mayor de los dos, subió al trono el primero, pero al llegar el tiempo convenido se negó a abandonarlo.

Polinice, enfurecido al sentirse engañado, se retiró a casa de Adrasto, rey de Argos. Éste le dio su hija en matrimonio y le prometió ayudarle con dinero y un ejército para conducirle a la victoria. Tebas, entonces, fue bloqueada por las tropas de Argos mandadas por siete valerosos capitanes llamados, por antonomasia, los siete jefes: Adrasto, rey de Argos; sus yernos Polinice y Tideo; el adivino Anfiaras; Capaneo; Pertenope; e Hipomedón.

Etéocles, por su parte, confió la defensa de Tebas a igual número de hábiles generales. Después de combates no decisivos, los dos hermanos decidieron acabar la guerra con una lucha cuerpo a cuerpo entre ellos y a presencia de los dos ejércitos: en el duelo murieron los dos.

Elevado Creonte a jefe del gobierno, prohibió, bajo pena de muerte, a todos los habitantes de la ciudad de Tebas que dieran sepultura a los enemigos tendidos en el campo de batalla, y nadie se atrevió a contravenir la orden. Sólo Antigona, hermana de Polincide, menos sensible al temor de la muerte que al deseo de rendir a su hermano los honores fúnebres, burló la vigilancia de los guardas, salió de Tebas aprovechando la luz de la noche, buscó el cuerpo inerte de su hermano y lo quemó. Sorprendida de tan piadoso ofidio, fue condenada a ser enterrada viva, pero se anticipó a su suplicio estrangulándose. Hemón, hijo de Creonte, que amaba a Antígona, se precipitó sobre el cadaver de la heroica princesa y allí mismo se dio muerte a puñaladas.


ETEOCLES Y POLINICES
Giovanni Battista Tiepolo
1725 - 1730
Kunsthistorisches Museum, Gemäldegalerie

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