sábado, 30 de noviembre de 2013

ÁYAX EL GRANDE - ÁYAX, HIJO DE TELAMÓN - TEUCRO


Áyax o Ayante, hijo de Telamón y Peribea, reyes de Salamina, fue un legendario héroe de la mitología griega que, después de Aquiles, se le consideraba el más valiente entre todos los griegos. Para poder distinguirlo de Áyax, hijo de Oileo, se le llamaba Áyax el Grande, Gran Áyax o Áyax Telamonio. Su nombre venía, según la tradición, de la nominación de Hércules, amigo de Telamón, quien al ver el águila (aías) de Zeus, se posaba en su hombro le anunció: "nacerá de ti, Telamón, el hijo que deseas y del hombre del ave que acaba de aparecérsenos lo llamarán Áyax. Sorprenderá a los pueblos en las luchas de Marte", según anotó el poeta Píndaro (Istmias, V).

Fue un valeroso guerrero, el más fuerte después de su primo Aquiles, quien se embarcó a la legendaria Guerra de Troya al mando de doce navíos de Salamina, acompañado de su hermano Teurco. Tuvo como hijos suyos a Eantides con su esposa Brenda, y Erísaces y Fileo, con su sierva Tecmesa. Tradicionalmente se pensaba que Fileo era el primer ancestro de la familia ateniense de los Filaidas.


ÁYAX CON TERMESA Y EURYSAKES
Asmus Jacob Carstens
1791
Weimar, Kunstsammlungen


ÁYAX EL GRANDE EN LA GUERRA DE TROYA

Peleó en la guerra con valentía, coraje y destreza. En la Ilíada de Homero se le describe como un guerrero de gran estatura y fuerza colosal, testarudo y de inmenso escudo que por sí mismo era un antemural de las falanges, segundo en destreza y valentía, únicamente por detrás de Aquiles. No fue herido en ninguna de las batallas relatadas en la obra homérica y fue el único personaje de importancia en la obra que no recibió ayuda por parte de los dioses. Así pues, era, por decirlo, el único héroe homérico, que debía todos sus triunfos a ser un mortal. Al igual que el destacado Aquiles, fue entrenado por el centauro Quirón. Áyax, era, sin duda, uno de los reyes más relevantes en el campo de batalla. Sin embargo, su sabiduría estaba limitada, pues personajes como Néstos, Idomeneo o Menesteo lo superaban con creces. Por otro lado, no era tan hábil como Diomedes, Odiseo o Palamedes. Mandaba a su ejército llevando una gran hacha de guerra y un enorme escudo, acompañado siempre por Teucro. 


ÁYAX EL GRANDE Y HÉCTOR

En la guerra, Áyax luchó con Héctor en dos ocasiones: la primera fue en un duelo que duró todo un día sin que hubiese un vencedor; la segunda fue durante una incrusión de los troyanos en el campamento de los aqueos. En esta ocasión, Áyax y el príncipe troyano pelearon  en los barcos griegos. El griego casí mató a Héctor arrojándole una piedra mayor que el propio príncipe. Ambos encuentros tuvieron lugar cuando Aquiles había abandonado el campo de batalla por el enfado que tuvo con el rey de Micenas, Agamenón, y los griegos estaban desolados.

Héctor y su hermano Paris reagruparon a los troyanos dentro de las murallas de Troya para lanzar un ataque contra los aqueos, provocando así estragos entre los enemigos. Al comunicarle su hermano Héleno, gemelo de Casandra, quien también disponía de las dotas adivinatorias, que no era su destino morir todavía, Héctor desafiaba a cualquier griego a un combate singular.

Al principio, los griegos se mostraron reticentes, pero después de ser reprendidos por Néstor, nueve griegos son los que se ofrecieron y sortearon quién de todos ellos se enfrentará al domador de caballos. Áyax Telamón se convirtió en el elegido, y luchó con Héctor durante todo el día, siendo ambos incapaces de obtener victoria alguna. Cuando el duelo se terminó, cada rival expresó su admiración al contrincante por las virtudes del valor y la habilidad bélica. Así pues, el príncipe regaló al héroe aqueo su espada, que Áyax acabaría usándola para suicidarse. A cambio, éste último hizo lo propio con su cinturón.


Ambos bandos acabaron pactando una breve tregua para enterrar a los muertos que yacían en las llanuras próximas a la ciudad, tregua aprovechada por los griegos para construir una muralla y abrir un foso alrededor de las naves.

Cuando Patroclo murió a manos de Héctor, los troyanos intentaron hacerse con su cuerpo y alimentar con él a los perros, pero Áyax luchó y logró proteger al inerte aqueo, devolviéndolo al campamento griego y a su amigo Aquiles.


ÁYAX EL GRANDE Y LAS ARMAS DE AQUILES: EL 
SUICIDIO DE ÁYAX

Muerto Aquiles, Áyax y Ulises se disputaron las armas de el héroe y cada uno defendió su pretensión ante la asamblea de capitanes. Áyax invocó las hazañas por él realizadas y las llevadas a cabo por su familia. Odiseo hizo constar con tanta habilidad como enardecimiento los servicios que había rendido a Grecia: su elocuencia triunfó. Lleno Áyax de desesperación por una preferencia que creía injusta, se levantó de la cama durante la noche y, en completo estado de delirio, empuñó su espada, recorrió el campo de los griegos y creyendo dar muerte a Odiseo, Menelao y Agamenón, degolló los carneros y las cabras que pacían alrededor de las tiendas. Vuelto en sí de su alucinación y al ver que era objeto de burla por parte de los soldados griegos, se hundió en el pecho la espada que Héctor le había regalado. 

Así, de la tierra empapada con su sangre nació una flor semejante al jacinto, sobre la que se ven, según dicen, las dos primeras letras del nombre del héroe. Su muerte ocurrió antes de que Troya fuese tomada. Los griegos le erigieron un magnífico monumento sobre el promontorio de Reteo. Además, en su nombre se celebraban en Salamina, su patria, las fiestas Aiantes.


ÁYAX LLEVANDO EL CADÁVER DE AQUILES, PROTEGIDO
POR HERMES Y ATENEA
Lado 1 de una ánfora ática de figuras negras
520 - 510 a.C.



EL SUICIDIO DE ÁYAX
Crátera Etruria de figuars rojas
400 - 350 a.C.


TEUCRO

Teurco, hermano de Áyax, le había acompañado en su expedición a Frigia. En relaidad, eran medio hermanos, siendo hermanos sólo por parte de padre, pues la madre de Teucro era Hesione, hija de Laomedonte.

Éste era tan habíl arquero, que se decía que había recibido el arco que manejaba del mismísimo Apolo. Al volver a Salamina, su patria, después de la expedición, fue acogido por el anciano Telamón con frialdad y de un modo hostil: "¿Dónde está tu hermano? ¿Que has hecho para vengar a tu hermano? ¿Dónde están las cenizas de tu hermano?". A esta desconcertante acogida, siguió la orden de destierro perpetuo. 

Teurco se sometió sin abatirse y, acompañado de amigos fieles, se dirigió a Sidón donde residía el rey Belo. Sabedor de sus desdichas y su constancia, le dio algunos colonos fenicios con los que edificó en la isla de Chipre una ciudad a la que dio por nombre Salamina, en la cual sus descendientes reinaron por muchos siglos. Los que el historiador Justino narra sobre el viaje de Teurco a la Península Ibérica -concretamente la España actual- parece completamente fabuloso.


TEUCRO
Pontevedra

viernes, 29 de noviembre de 2013

PATROCLO


Patroclo es considerado uno de los héroes griegos de la célebre Guerra de Troya, descrita, principalmente, en la Ilíada de Homero. 

Patroclo era hijo de Menecio, rey de Locria. Hay diferentes versiones sobre la identidad de su madre: algunos defendían que era la hija de Acasto, Esténele; otras, Periopis, hija de Feres; y, finalmente, Polipea, hija de Peleo y hermana de Aquiles.

Su padre, Menecio, lo envió a Ptía, donde se hizo compañero y amigo inseparable del famoso Aquiles, algunos años más joven que él. Estaba presente, al igual que Aquiles y su padre, cuando Néstor acudía a la corte de Peleo con el fin de reclutar guerreros para la empresa contra Troya. Fue invitado, al mismo tiempo, que el Pelida Aquiles y aceptó.


PATROCLO
Jacques-Louis David
1780
Cherburg-Octeville, Musée d'Art Thomar Henry


PATROCLO Y LA GUERRA DE TROYA

Patroclo aparecía como el compañero fiel de armas de Aquiles. La Ilíada dudaba en cuanto a su cometido exacto: el canto XVII mostraba a los caballos del Pelida llorando la muerte de "el que los guiaba". Automedonte, el auriga de Aquiles, describía a Patroclo como el más dotado para el manejo de corceles. En el canto XIX de la Ilíada, Aquiles pedía a sus caballos que le trajesen de vuelta "a quien los conduce", refiriéndose a sí mismo, a pesar de que el auriga había subido al carro antes que él.

En la Odisea, el alma de Agamenón admitía a la de Aquiles que el cuerpo de éste, recién muerto, yacía "olvidado del arte de guiar los carros". Otros indicios permitieron suponer que Patroclo acudía al combate en un carro separado y que se batía luego junto a Aquiles. Además, se pensaba que servía de mensajero a su amigo, que lo envió a Néstor, en el Canto XI, en busca de noticias sobre la identidad del herido que fue llevado al campamento aqueo. Asimismo, en el Canto II, Patroclo acudió por orden de Aquiles a buscar a Briseida para entregársela a Odiseo. Cuando Néstor acudió acompañado por Fénix a implorara a Aquiles que volviese al combate, fue Patroclo quien preparó el vino y los alimentos para todos los invitados.

Cuando, encolerizado, Aquiles se encerró en su tienda tras haber discutido con Agamenón por la usurpación de Briseida, Patroclo cesó igualmente de combatir. En el canto XVI (también llamado Patroclea), mientras los troyanos recuperaban terreno a los griegos y amenazaban con la quema de sus naves, Aquiles autorizó a su amigo a ponerse su armadura y lanzarse al combate a la cabeza de sus mirmidones. Durante la lucha, Patroclo consiguió matar algunos troyanos, entre los que se encontraba un hijo de Zeus, Sarpedón.

Sin embargo, cuando se encontró con el príncipe troyano, ayudado por el dios Apolo, no pudo vencer. Apolo, envuelto en una nube, lo golpeaba en la espalda; acto seguido, Euforbo, hijo de Panto, lo hirió de nuevo en el mismo lugar y huyó enseguida a la carrera. Finalmente, Héctor dio muerte a Patroclo, despojándolo de sus armas. Menelao y Áyax el Grande protegieron su cuerpo y se lo entregaron a Aquiles, quien decidió entonces retomar las armas para poder vengar a su amigo.

Tetis, madre de Aquiles, dio de beber a Patroclo néctar y ambrosía para evitar que su cadáver se corrompiese y, al mismo tiempo, Aquiles se enfrentó al príncipe troyano Héctor, venciéndolo. El Pelida ofreció luego a los griegos un festín en honor al caído Patroclo, al final del cual se le aparecería el muerto y le suplicaría que quemase su cadáver lo antes posible. A la mañana siguiente, Aquiles ordenó construir una pira funeraria para el difunto, se cortó un mechón de su cabellera y sacrificó bueyes, corderos, perros y caballos, así como doce jóvenes nobles troyanos.



PATROCLO MATA A SARPEDÓN A PESAR 
DE LA LLEGADA DE GLAUCO
400 a.C.
Policoro, Museo Arqueológico Nacional



AQUILES RECIBE A LOS EMBAJADORES DE 
AGAMENÓN
Jean-Auguste-Dominique Ingres
1801
París, École Nationale Supérieure des Beaux-Arts


PATROCLO Y AQUILES: ¿AMIGO O AMANTE?

La amistad de Patroclo y Aquiles era proverbial y, sin embargo, desde el siglo V a. C., algunos griegos veían en ella algo más allá. En general, los autores griegos añadían en esa época un componente pederasta a las amistades míticas, como las de Orestes y Pílades, Teseo y Pirítoo o Hércules y Yolao. Según la documentación histórica, dicha práctica, junto con la homosexualidad, era común en el mundo heleno antiguo, como por ejemplo se puede apreciar en Esparta en el proceso de aprendizaje de los hombres (la famosa agogé).

En este caso, no pretendían saber si eran amigos o amantes, sino por por qué Homero se mosraba reservado sobre dicha realción, y si Patroclo era el erómeno de Aquiles o viceversa. En su obra Contra Timarco, el orador ateniense Esquines declaró: "Aunque Homero alude numerosas veces a Patroclo y a Aquiles, pasa silenciosamente sobre su deseo y evita señalar su amor, al considerar que la intensidad de su afecto estaba clara para los lectores cultivados. Aquiles declara en algún lugar (...) que, involuntariamente, ha infringido la promesa hecha a Menecio, padre de Patroclo, pues le había asegurado que lo traería de vuelta a Opus sano y salvo si Menecio se lo confiaba y lo enviaba a Troya con él".

En efecto, para muchos griegos, la desmesurada emoción que Aquiles mostraba tras la muerte de Patroclo, así como su exaltación el la venganza, no dejaba ninguna duda sobre la naturaleza de sus relaciones. Las reservas de Homero se interpretaron como un signo de discreción. Esquilo desarroló este tema en su tragedia perdida Los Mirmidones, en la que representa sin rodeos a Aquiles llorando sobre el cuerpo de su amigo mientras alaba la belleza de sus caderas y añoraba sus besos. Tanto en Esquilo como en Esquines, Aquiles se consideraba el erastés y Patroclo el erómeno.

Es posible poner en duda esta versión si se parte del detalle de la barba: Patroclo era quien la llevaba mientras Aquiles carecía de tal. De hecho, es posible llegar a pensar que Aquiles, al ser más jóven, era el erómeno y Patroclo el erastés, más aún cuando la admiración provocada por el amor es la de Patroclo hacia Aquiles; hecho que corroboraría dicha idea. Lo que es por supuesto incontestable es que los dos hombres se querían -amor o amistad- por igual.

Esto mismo es lo que exponía el filósofo ateniense Platón en El Banquete cuando hace decir a Fedro que "Esquilo desvaría al afirmar que Aquiles era el amante de Patroclo, cuando era más hermoso no sólo que Patroclo, sino también que todos los héroes juntos, y aún no le había crecido la barba, por lo que era mucho más joven, según afirma Homero". A pesar del desacuerdo presentado, tampoco Fedro tenía duda alguna sobre la relación entre los dos héroes griegos.

Posteriormente, en cambio, la tradición se estabilizó en torno a la versión de Esquilo, en conformidad con el estatus social de los dos hombres. Así, Claudio Eliano, declaró en su Varia Historia: "Ajelandro puso una corona sobre la tumba de Aquiles y Hefestión sobre la de Patroclo, queriendo insinuar Hefestión que él era el favorito de Alejandro como Patroclo de Aquiles". Según Bernard Sergent, la polémica de los antiguos sobre el papel de cada uno demostró que la relación entre Aquiles y Patroclo no está vinculada al modelo pederasta: se trata, simplemente, de una relación entre jóvenes de la misma generación.




AQUILES VENDANDO A PATROCLO
Kílix de figuras rojas
500 a.C. 
Berlín, Staatliche Museen


LOS JUEGOS FÚNEBRES EN HONOR DE PATROCLO


Después de la incineración, el propio Patroclo suplicó, Aquiles organizó en su honor diversos juegos. Éstos, consignados en el canto XXIII de la Ilíada, son, junto a los organizados por Alcínoo en la Odisea, uno de los testimonios más antiguos del deporte en la antigua Grecia.
  • Una carrera de carros la cual ganó Diomedes, obteniendo como primer premio una esclava y un trípode. Antíloco llegó segundo haciendo trampa, Menelao tercero, Meríones cuarto y Eumelo el último.
  • Un pugilato (combate de boxeo) ganado por Epeo, quien obtiene una mula.
  • Una prueba de lucha libra, disputada por Áyax el Grande y Odiseo. Aquiles los declaró iguales.
  • Una carrera a pie, que ganó Odiseo, obteniendo así una crátera de plata. Áyax llegó el segundo y recibió un buey; Antíloco fue tercero y consiguió medio talento de oro, premio previsto incialmente, así como un segundo talento de oro por haber halagado a Aquiles "el de los pies ligeros".
  • Una hoplomaquia o lucha con armas, disputada por Diómedes y Áyax. Aquiles los juzgó iguales y se repartieron el premio: la lanza, el escudo y el yelmo de Sarpedón. Mientras, Diómedes recibió un sable tracio.
  • Una prueba de lanzamiento de peso, que ganó Polipetes, obteniendo dicho peso en hierro bruto como premio.
  • Una prueba de tiro con arco donde Merión salió victorioso, consiguiendo como premio diez hachas de doble hoja. El perdedor, Teucro, obtuvo diez hachas sencillas.
  • Una prueba de lanzamiento de jabalina, la cual no llegó a disputarse ya que Aquiles detuvo a los dos contendientes, Agamenón y Merión. Dijo, además, que todos sabían que el Atrida era el más fuerte. Éste obtuvo un caldero de estrena y Merión una lanza de bronce.

jueves, 28 de noviembre de 2013

HÉCTOR


Héctor fue un príncipe troyano encargado de la defensa de la ciudad frente a los ataques de los griegos en la famosa Guerra de Troya, hasta su muerte a manos del aqueo Aquiles. Héctor, conocido como el domador de caballos, era el hijo primogénito del rey de Troya, Príamo, y de la reina Hécuba, y hermano de Paris y Casandra. Estaba casado con Andrómaca, hija del rey de los cilicios, con quien tuvo un único hijo, Astianax.


CASANDRA OFRECE UNA LIBACIÓN A SU HERMANO HÉCTOR
425 - 420 a.C.
Puglia, Fundación Pomarici Santomasi


HÉCTOR Y LA GUERRA DE TROYA

Héctor es uno de los personajes principales del poema de Homero la Ilíada. Como comandante de las fuerzas troyanas, su contribución a la resistencia frente al ejército aqueo fue sin duda decisiva. En la obra, Héctor es situado como el personaje antagonista de Aquiles, además de en el campo de batalla, en el carácter.

Pese a ser el guerrero más admirable y temido por sus enemigos, Héctor no aprobó la guerra entre ambos bandos. Al observar como Paris evitaba combatir con Menelao en duelo, le reprochó que rehusase el combate tras haber causado tantos problemas a la patria. Por tanto, Paris propuso enfrentarse con Menelao en un combate singular, cuyo vencedor se habría de quedar con la bella Helena y pondría fin a la guerra. Sin embargo, durante el duelo, Afrodita acudió en ayuda del príncipe troyano, dejando el combate nulo. Menelao reclamaba la victoria, pero Pándaro lo hirió con una flecha desde lo alto de las murallas, reanudándose así la guerra.

Los griegos atacaban obligando la retirada de los troyanos, por lo que Héctor debía salir y encabezar el contraataque. Cuando se disponía a atravesar las puertas de Troya, su esposa Andrómaca, con su hijo en los brazos, lo intentó detener suplicándole, en su nombre y en el de su hijo, que no salga de la ciudad. Héctor sabía que Troya y la casa de su padre estaban condenadas, y que sus destinos serían la muerte o la esclavitud en algún país extranjero. Así, el príncipe le explicó a su mujer que no podía rehuir la lucha, y la intentó consolar con la idea de que nadie podría abatirlo hasta que su hora se aproximase. El brillo del yelmo de bronce del príncipe troyano asustó a su hijo, Astianax, haciéndolo llorar. Héctor se lo quitó, abrazó a su familia, y le rogó al dios Zeus que su hijo pueda llegar a convertirse en caudillo y obtenga más gloria en la guerra que él.


LA ÚLTIMA VISITA DE HÉCTOR A SU FAMILIA
ANTES DE SU DUELO CON AQUILES
370 - 360 a.C. 
Ruvo di Puglia, Museo Nazionale del Palazzo Jatta


HÉCTOR Y ÁYAX EL GRANDE

Héctor y su hermano Paris reagruparon a los troyanos dentro de las murallas de Troya para lanzar un ataque contra los aqueos, provocando así estragos entre los enemigos. Al comunicarle su hermano Héleno, gemelo de Casandra, quien también disponía de las dotas adivinatorias, que no era su destino morir todavía, Héctor desafiaba a cualquier griego a un combate singular.

Al principio, los griegos se mostraron reticentes, pero después de ser reprendidos por Néstor, nueve griegos son los que se ofrecieron y sortearon quién de todos ellos se enfrentará al domador de caballos. Áyax Telamón se convirtió en el elegido, y luchó con Héctor durante todo el día, siendo ambos incapaces de obtener victoria alguna. Cuando el duelo se terminó, cada rival expresó su admiración al contrincante por las virtudes del valor y la habilidad bélica. Así pues, el príncipe regaló al héroe aqueo su espada, que Áyax acabaría usándola para suicidarse. A cambio, éste último hizo lo propio con su cinturón.

Ambos bandos acabaron pactando una breve tregua para enterrar a los muertos que yacían en las llanuras próximas a la ciudad, tregua aprovechada por los griegos para construir una muralla y abrir un foso alrededor de las naves.

HÉCTOR ACOSANDO EL CAMPAMENTO GRIEGO

Los troyanos seguían empujando a los aqueos dentro de su campamento tras la empalizada, y estaban a punto de alcanzar sus naves cuando Agamenón reagrupó a la coalición griega, repeliendo el ataque. Cayó la noche y Héctor decidió atacar el campamento enemigo e intentar quemar todas las naves de la coalición enemiga al día siguiente.

Tras una resistencia inicial, las tropas troyanas avanzaron hacia los barcos. Diómedes y Odiseo, en cambio, obstaculizaron al príncipe troyano, ganando tiempo para una retirada. Mientras, los troyanos trataban de derribar la empalizada. Héctor golpeó las puertas con una gran piedra, despejándola, y ordenó que los guerreros de Troya escalasen el muro. Por ende, la batalla se trasladó al interior del campamento. Héctor fue alcanzado por una piedra que Áyax arrojó, pero Apolo le infundía fuerzas. Finalmente, Héctor llegó hasta la nave de Protésilas, ordenando incendiarla, pero la resistencia de Áyax lo impidió.

HÉCTOR, PATROCLO Y AQUILES: LA MUERTE DE HÉCTOR

Ante la peligrosa ofensiva troyana, las esperanzas griegas se redujeron a que Aquiles retorne a la lucha. Pero el héroe griego se mantuvo renuente a pesar de las súplicas de sus aliados, por lo que su compañero y amigo Patroclo decidió, después de haberlo consultado con el propio Aquiles, vestirse con su armadura y ponerse al mando de los mirmidones. Durante la lucha, Patroclo fue herido por Euforbo y Héctor fue quién acabó con su vida.

El príncipe victorioso tomó la armadura del hijo de Peleo y Tetis, ordenando también la retirada del combate. A su vez, evitaba combatir contra Áyax por el cuerpo inerte de Patroclo. Cuando Aquilies se enteró de la tragedia, reclamó venganza, aceptando así volver a la lucha.

Durante la noche, los troyanos se reunieron en una junta. Polidamante, amigo y lugarteniente del príncipe Héctor, aconsejó volver a la ciudad para poder protegerse de la ira y embestida de Aquiles. Pero Héctor desoyó el consejo, ordenando mantenerse ene el campamento. Así pues, aceptó su destino, mostrándose decidido a enfrentarse al encolerizado Aquiles: "Mañana, al apuntar la aurora, vestiremos la armadura y suscitaremos un reñido combate junto a las cóncavas naves. Y si verdaderamente el divino Aquiles se propone a salir del campamento, le pesará tanto más, cuanto más se arriesgue, porque me propongo no huir de él, sino enfrentarle en batalla horrísona; y alcanzará una gran victoria, o seré yo quien la consiga. Que Ares es a todos común y suele causar la muerte del que matar deseaba" (Homero, Ilíada, XVIII).

Al día siguiente, Aquiles y los griegos avanzaron empujando a los troyanos hasta las murallas. Héctor se asustó, mezclándose entre las tropas por consejo del mismísimo Apolo. Pero tras dar muerte Aquiles a Polidoro, uno de los hermanos de Héctor, éste dejó de esconderse, acudiendo al mítico enfrentamiento. Nuevamente, Apolo ayudó a Héctor, retirándolo del combate.

En la retirada a la ciudad de las tropas troyanas, Héctor quedó fuera de las puertas y fue perseguido por el enemigo. Dieron los dos tres vueltas a las murallas de Troya hasta que Atenea, en la forma de Deífobo, incitó al príncipe a plantar cara a Aquiles. Héctor pidió a Aquiles que se honrase el cadáver del perdedor, pero el griego rechazó cualquier trato. Finalmente, Aquiles venció, clavándole la lanza en la base del cuello, el único lugar desprotegido por la armadura.

Una vez muerto, el cuerpo de Héctor fue lacerado por los griegos, y posteriormente, atado por los tobillos al carro de Aquiles, quien lo arrastró alrededor de la ciudad. Durante doce días, el cuerpo permaneció expuesto al sol y los animales, pero el dios Apolo protegía el cuerpo del héroe de cualquier maltrato, conservándolo impoluto. Finalemente, el rey Príamo, con la ayuda del dios Hermes (Mercurio en Roma), se aventuró hasta la tienda de Aquiles, suplicándole la devolución del cuerpo. Aquiles se apiadó y, a cambio de un rescate, entregó el cadáver del príncipe a su padre, que parte hacia la ciudad para realizar los debidos actos fúnebres.

La Ilíada empieza haciendo referencia a Aquiles y termina con la muerte de Héctor: "Mas, así que se descubrió la hija de la mañana, Eos de rosados dedos, congregóse el pueblo en torno de la pira del ilustre Héctor. Y cuando todos se hubieron reunido, apagaron con negro vino la parte de la pira a que la llama había alcanzado; y seguidamente los hermanos y los amigos, gimiendo y corriéndoles las lágrimas por las mejillas, recogieron los blancos huesos y los colocaron en una urna de oro, envueltos en fino velo de púrpura. Depositaron la urna en el hoyo, que cubrieron con muchas y grandes piedras, amontonaron la tierra y erigieron el túmulo. Habían puesto centinelas por todos lados, para vigilar si los aqueos, de hermosas grebas, los atacaban. Levantado el túmulo, volviéronse: y reunidos después en el palacio del rey Príamo, alumno de Zeus, celebraron el espléndido banquete fúnebre. Así celebraron las honras de Héctor, domador de caballos" (Homero, Ilíada, XXIV).


AQUILES ARRASTRANDO EL CADÁVER DE HÉCTOR
FRENTE A LAS PUERTAS DE TROYA
Franz Matsch
1892
Achilleion de Corfú



EL DOLOR DE ANDRÓMACA
Jacques-Louis David
1783
París, Louvre


miércoles, 27 de noviembre de 2013

AQUILES


Aquiles o Aquileo, nieto de Éaco e hijo del rey Peleo y de la diosa Tetis, fue un héroe de la Guerra de Troya, siendo uno de los principales protagonistas y más grandes guerreros de la Ilíada de Homero. En la célebre obra homérica, Aquiles suele ser calificado como "el de los pies ligeros", ya que se le consideraba el más veloz de los hombres.

Leyendas posteriores afirmaban que Aquiles era invulnerable en todo su cuerpo salvo en su talón. Estas leyendas sostenían que Aquiles murió en la batalla al ser alcanzado por una flecha en el talón, de donde la expresión "talón de Aquiles" ha llegado a aludir a la única debilidad de una persona.

Aquiles también es famoso por ser el más hermoso de los héroes reunidos en Troya, así como el más rápido. En su mito es crucial su relación con su amigo Patroclo, descrita en fuentes diferentes como profunda amistad e incluso amor.


LA JUVENTUD DE AQUILES

Aquiles, el séptimo hijo de la diosa y nereida Tetis y del rey mortal Peleo, nació en Ftia, ciudad de Tesalia. La leyenda narraba que siendo el séptimo hijo, Tetis seguía un ritual cada vez que daba a luz para eliminar la parte mortal de su marido a todos sus hijos exponiéndolos al fuego y, así, provocando su suerte. Al nacer Aquiles, Peleo vigiló a su mujer para arrancar al niño de idéntico destino al de sus hermanos. Encolerizada, Tetis abandonó a su marido y se refugió junto a sus hermanas las nereidas en las profundidades marinas.

Así, Peleo le entregó el pequeño al centauro Quirón para que se ocupase de su educación. Así el héroe aprendió las artes de la música, la medicina y las artes bélicas, aprendiendo combatir. Además, el centauro  le infundió vivacidad y fuerza alimentándolo con tuétano de león.

Según otra versión de la leyenda, la que se impuso con posterioridad, su madre, que quería hacerlo invulnerable, descendió con él a los infiernos y lo sumergió en las aguas de la laguna Estigia, olvidándose de sumergir su talón.


TETIS Y AQUILES
s. II a.C.
Roma, Palazzo Altemps




AQUILES Y QUIRÓN
s. I d.C.
Nápoles, Museo Archeologico Nazionale




LA EDUCACIÓN DE AQUILES
Eugène Delacroix
1862
Los Angeles, The J. Paul Getty Museum



AQUILES ENTRE LAS HIJAS DE LICOMEDES

Un oráculo había anunciado a Tetis que Aquiles moriría combatiendo bajo las murallas de Troya. Cuando los griegos partieron hacia la ciudad del Asia Menor, la nereida escondió a su hijo en la isla de Esciro, con el rey Licomedes, quien lo acogió entre sus hijas bajo un nombre falso y bajo las vestimentas de mujer.

Las muchachas le llamaron Pirra, que en griego significaba "rojo", por el color de sus cabellos. Cuando los aqueos descubrieron dónde se escondía Aquiles, enviaron una embajada para suplicar a Licomedes que lo mandara en ayuda del ejército griego. El rey negó que el héroe estuviese con él, exhortando a la delegación incluso a buscarlo en la residencia.

Como Odiseo no consiguió reconocer a Aquiles, ideó una estratagema: ofreció a las muchachas regalos entre los que había puesto un escudo y una lanza; entonces, a una señal convenida, hizo sonar la trompa como si hubiese un ataque enemigo y Aquiles, pensando que era una repentina amenaza exterior, tomó las armas y se arrancó los vestidos que llevaba puestos. Reconocido por fin, y a pesar del infausto presagio del oráculo, decidió partir hacia Troya junto a sus hombres, los denominados mirmidones.


AQUILES Y LAS HIJAS DE LICOMEDES
Hendrick van Limborch
Rótterdam, Museum Boijmans van Beuningen




AQUILES ENTRE LAS HIJAS DE LICOMEDES
Nicolas Poussin
1656
Richmond, Virginia Museum of Fine Arts



AQUILES Y LA GUERRA DE TROYA

Viéndose obligada su madre a consentir su partida, le proveyó a Aquiles de un armamento fabricado por Hefesto (Vulcano), dios de la forja. A parte de un escudo, el héroe consiguió cuatro caballos inmortales. Le acompañaba su mejor amigo, Patroclo, y guiaba el carro su caballerizo Automedón.

Llegado que fue Aquiles ante los muros de Troya por mar, desplegó un extraordinario valor: venció a Telefo, rey de Misia, a Cycno, nieto de Poseidón, a Pentesilea, reina de las Amazonas, y a Troilo, hijo de Príamo.


AQUILES Y BRISEIDA

Después de haber sitiado y tomado a Lyresse, ciudad de Troade, pidió y obtuvo, como parte del botín, a Briseida, hija de Briseo, gran sacerdote de Zeus. La belleza de la noble cautiva, su juventud y su talento cautivaron fácilmente el corazón del héroe. Aquiles trataba a Briseida con todo el respeto y las atenciones que su rango merecía: se esforzaba en aminorar su dolor y endulzar la amargura de sus pesares, habiendo conseguido hacerse amar por ella.

La Ilíada, que narra el último año de la legendaria guerra, se abría con la terrible peste enviada por el dios Apolo contra el ejército griego. Tras nueve días de flagelo, Aquiles decidió convocar una asamblea durante la cual el adivino Calcas comunicó la voluntad del dios, es decir, que Criseida fuese devuelta a su padre, Crises, sacerdote de Apolo. Ante estas palabras, el rey Agamenón, enfurecido, aseguró que sólo devolvería a Criseida a cambio de Briseida, sierva de Aquiles. Agamenón, hombre caprichoso y soberbio abusó de su poder mandando a dos de sus oficiales a que se apoderasen de ella y la condujeron a su tienda.


LA IRA DE AQUILES
Giovanni Battista Tiepolo
1747
Vicenza, Villa Valmarana




TETIS EMERGE DEL OLEAJE PARA 
CONSOLAR A AQUILES
Giambattista Tiepolo
1757
Vicenza, Villa Valmarana



AQUILES, PATROCLO Y HÉCTOR: LA IRA DE AQUILES

Ultrajado Aquiles por tal afrenta, juró no pelear más por la causa de los griegos y se encerró en su tienda permaneciendo un año entero alejado del campo de batalla. Agamenón reconoció, al fin, lo injusto de su proceder y cuán necesario le era el brazo de Aquiles para poner fin a las victorias del príncipe Héctor. Así, le devolvió a Briseida acompañada de ricos regalos. Aquiles se negó a aceptarla y permaneció obstinado en su negativa de luchar a favor de los griegos. Ni los ruegos de los generales, ni las reflexiones de Fénix, su viejo preceptor, ni las instancias de todos sus amigos pudieron determinarlo a salir de su inacción. 

Patroclo siguió el ejemplo de su amigo, compartió su sentimiento y no apareció al frente de los batallones. Esta discordia era fatal para la coalición griega y no podía durar más tiempo; las fervientes exhortaciones de Néstor decidieron a Patroclo a volver a su puesto de honor. Aquiles le prestó su coraza, su casco y su espada.

A la vista de las armas de Aquiles, los enemigos llenos de espanto emprendieron la retirada. Patroclo derribaba todo aquel que se le oponía; Sarpedón mordía el polvo, los ejércitos troyanos se precipitaban sobre la ciudad lanzando espantos alaridos, pero Apolo tenía compasión de ellos y envió al príncipe troyano Héctor contra Patroclo. Héctor bajó de su carro y comenzó el ataque. Los dos héroes luchaban con igual valentía. A su alrededor, troyanos y griegos, soldados y capitanes, se mataban en confusión. Silbaban los dardos, las flechas volaban por los aires y la tierra quedaba cubierta de cadáveres y sangre. En medio de la confusión general, Patroclo perdía su casco, su coraza y su espada, ofreciendo así a su adversario una victoria fácil: Héctor se lanzó sobre el amigo de Aquiles y le atravesó con su espada.

Al conocer Aquiles la muerte de su amigo no podía contener su ira y rabia, sintiendo renacer más ardiente que nunca su odio contra los troyanos. Así, tomó sus armas y obligó a sus enemigos a refugiarse, en confusión, dentro de las murallas de la ciudad. Héctor permanecía sordo a sus palabras y a las súplicas de su esposa Andrómaca, esperando firme y sin inmutarse al temible hijo de Peleo. Mientras Héctor decidía hacer frente a su destino, Aquiles se acercaba amenazante con su gran lanza. Cuando los dos se encontraron, el príncipe troyano, héroe de la ciudad, se sintió presa del miedo, empezó a correr y dio tres vueltas completas a las murallas de Troya. 

Blandiendo la balanza del destino, Zeus pesó la muerte de los contrincantes; el plato de Héctor, que tenía más peso, se inclinó hacia el Hades. Apolo, que hasta aquel instante había protegido al héroe troyano, abandonó a Héctor y Aquiles logró matar al odiado enemigo; después lo despojó y con profundo desprecio arrastró con su carro el cadáver alrededor de la ciudad mientras, desde lo alto de la muralla, Príamo, Hécuba y Andrómaca asistían a la escena destrozados por el dolor. No satisfecho, Aquiles repitió el mismo gesto durante doce largos días, hasta que el rey Príamo se acercó al héroe suplicando el rescate del cuerpo de su hijo a cambio de una importante compensación. Conmovido por las lágrimas del anciano Príamo, quien cayó a los pies de Aquiles besándolos y rogándole una y mil veces que le concediera los restos de Héctor, el hijo de Tetis cedió. El cadáver, transportado a la ciudad, fue solemnemente incinerado. Andrómaca, Hécuba y Helena hicieron resonar en torno de la pira cantos lúgubres de desesperación. Este episodio era el que cerraba la trama de la Ilíada.


AQUILES INTENTA ASIR LA SOMBRA DE 
PATROCLO
Heinrich Füssli
1805
Zurich, Kunsthaus




AQUILES SACRIFICA SUS CABELLOS EN LA PIRA
FUNERARIA DE PATROCLO
Heinrich Füssli
1800
Zurich, Kunsthaus




AQUILES VENCE A HÉCTOR
Pedro Pablo Rubens
1630
Bruselas, Musées des Beaux-Arts




AQUILES ARRASTRA EL CUERPO DE HÉCTOR
EN TORNO A LAS MURALLAS DE TROYA
Donato Creti
Fin s. XVII - inicio s. XVIII
Tarbes, Musée Massey




PRÍAMO VA HASTA AQUILES PARA PEDIR EL 
RESCATE DEL CUERPO DE HÉCTOR
Skiphos ático de figuras rojas
490 - 480 a.C.
Viena, Kunsthistorisches Museum


AQUILES Y PENTESILEA

Las narraciones posteriores completaban la historia de la Guerra de Troya. Entre ellas, era conocida aquella en la que se relata el duelo entre Aquiles y Pentesilea, la reina de las Amazonas, el legendario pueblo de mujeres guerreras descendientes del dios de la guerra, Ares (o Marte en Roma). Después de los funerales por Héctor, los troyanos, a la sazón desanimados, recibieron una ayuda inesperada por parte de Pentesilea. 

La reina logró, en un principio, llevar la mejor parte frente a los aqueos o griegos, haciéndoles retroceder hacia sus campamentos; luego, cuando se encontró cara a cara con Aquiles, se vio obligada a enfrentarse a él. El hñerie la derroto hiriéndola mortalmente, pero en el momento en el que le quitó el yelmo que le cubría el rostro, quedó profundamente impresionado por su belleza, hasta el punto de enamorarse de ella. El cuerpo de la reina fue devuelto, después, a los troyanos, quienes le dieron sepultura.


AQUILES MATA A LA REINA DE LAS
AMAZONAS, PENTESILEA
Ánfora de figuras negras de Exequias
540 - 530 a.C.
Londres, British Museum



LA MUERTE DE AQUILES

Existían numerosas versiones sobre la mítica muerte de Aquiles, que implicaba su punto débil, el talón. Un año antes de que fuera destruida la ciudad de Troya, Aquiles se enamoró de Polixena, hija de Príamo, pidiéndola que se casase con él. Pero cuando éste se acercaba al altar nupcial fue herido en el talón por una flecha que el príncipe troyano Paris le disparó, causándole así la muerte. 

Otra versión comenzaba con la narración de que, tras la muerte de su amigo Patroclo, la ira de Aquiles era ya insostenible y el héroe, al mando de los griegos, se lanzó varias veces a la conquista de Troya. Apolo detuvo a Aquiles, dispuesto a derribar las puertas de la ciudad. El héroe, que no se atemorizó para nada ante el dios, hizo ademán de alzar el brazo con su cuchillo, pero Apolo, más veloz, lo hirió con una flecha en el talón dándole muerte.

Los griegos depositaron sus cenizas en el promontorio de Sigeo, no muy lejos de la llanura de Troya, levantáronle un templo y le rindieron honores divinos. Neoptolemo o Pirro, hijo de Aquiles y de Deidamia, será mencionado con frecuencia en el transcurso de las historias míticas relacionadas con la Guerra de Troya y su leyenda.


LA MUERTE DE AQUILES
Pedro Pablo Rubens
1630 - 1635
Londres, Courtauld Institute od Arts



LA LUCHA POR LAS ARMAS DE AQUILES

Después de la muerte del héroe griego más destacado, a las puertas de Troya tuvo lugar una dura lucha sobre el cadáver de Aquiles hasta que Áyax y Odiseo (Ulises) consiguieron arrebatar el cuerpo a sus enemigos y llevarlo al campamento aqueo. Allí, se prepararon los solemnes funerales en honor al difunto.

Nació entonces una encendida disputa entre Áyax y Odiseo por la posesión de las armas de Aquiles. Agamenón, que no quería tomar la responsabilidad de la elección, invitó a los comandantes griegos a una asamblea, remitiendo la decisión al juicio de todos. Áyax y Odiseo se exhibieron por turnos en un largo monólogo sobre sus propias virtudes, y al final la asamblea se decidió por Odiseo. Áyax, profundamente enfadado, desenvainó la espada y se la hundió en el pecho, suicidándose. De su sangre, vertida en tierra, nació un clavel.

Otra versión del mito, más antigua aún, narraba cómo las armas de Aquiles le fueron entregadas a Odiseo, a pesar de que fue Áyax quien salvó los restos del héroe. Presa de la ira, Áyax decidió vengarse de los aqueos, pero la diosa Atenea lo volvió loco y el fuerte guerrero se lanzó contra indefensos rebaños pensando que eran sus enemigos. Cuando se dio cuenta de lo ocurrido, profundamente herido en su honor, decidió darse muerte.


martes, 26 de noviembre de 2013

MENELAO


Menelao fue un legendario héroe, rey de Esparta en época micénica, esposo de Helena de Troya, así como una figura central de la legendaria Guerra de Troya. Fue hermano de Agamenón, rey de Micenas y líder de las tropas aqueas. Prominente figura en la Ilíada y la Odisea de Homero, también fue popular en la tragedia griega.


BUSTO DE MENELAO
Giacomo Brogi
1881
Roma, Museos Vaticanos


LA JUVENTUD DE MENELAO

La mayoría de las fuentes presentaban a Menelao como miembro de la familia real de los Atridas, hijo de Atreo, rey de Micenas, y Aérope, aunque en algunas versiones aparece, junto a su hermano Agamenón, como hijo de Plístenes que, a su vez, sería hijo de Atreo y esposo de Aérope. En esta última tradición, también se afirmaba que Plístenes murió joven, por lo que los dos hermanos fueron educados por Atreo.

Cuando Atreo fue asesinado por Egisto con el fin de restituir a su padre, Tiestes, en el trono de Micenas, la nodriza de Agamenón y Menelao los llevó a la ciudad de Sición, cuyo rey, los envió más tarde a Calidón. Allí fueron encontrados por Tíndaro, rey de Esparta, que los llevó consijo a su corte. 

Al crecer, los dos príncipes viajaron a Micenas para recuperar el trono que les pertenecía; encontraron a Tiestes refugiado en el templo de Hera y le obligaron a jurar que iría exiliado para toda su vida a Citeria. Agamenón, por ser el mayor, ocupó el trono.


MENELAO Y HELENA: EL ORIGEN DE LA GUERRA DE TROYA

En Esparta, Menelao formó parte de los pretendientes de la hija de Tíndaro, Helena de Esparta, y finalmente Menelao fue el elegido por el rey como esposo para la princesa. Menelao y Helena tuvieron una hija llamada Hermíone y un hijo llamado Nicóstrato. También se atribuía a Menelao la paternidad de Megapentes, cuya madre habría sido la esclava Piéride o Tereide y de Jenódamo, cuya madre habría sido la ninfa Cnosia.

Paris, el príncipe troyano, viajó a Esparta, donde fue recibido hospitalariamente por el rey Menelao. Pero éste tuvo que ausentarse para ir a Creta a los funerales de su abuelo. Paris aprovechó para raptar o seducir a la bella Helena, llevándosela consigo en el barco junto con las riquezar que ella se llevó. Una vez que Menelao fue informado, se dirigió a Micenas, donde pidió a su hermano Agamenón que reuniese un ejército para conquistar Troya y recuperar a su mujer. Los pretendientes de Helena habían hecho un juramento según el cual todos quedaban obligados a prestarse ayuda en caso de que al elegido le fuese disputada, por lo que muchos reyes aqueos quedaban obligados a participar en la expedición.

Menelao también trató de conseguir la alianza del rey Cíniras de Chipre, que prometió enviar cincuenta naves a la expedición, pero al final solo envió una de verdad y las otras eran de arcilla. La aportación de Menelao a la coalición aquea fue de 60 naves, comandadas por él. La flota griega, compuesta por un total de 1.186 naves, con el mando supremo de su hermano Agamenón, puso rumbo a Troya. Al llegar, Menelao y Odiseo fueron designados como embajadores para reclamar la devolución de Helena y de sus tesoros ante la corte real troyana. Los troyanos se negaron e incluso pretendieron matarlos, pero fueron salvados por Antenor. Poco después se inició la célebre guerra.


MENELAO Y HELENA
Crátera ática
450 - 440 a.C.
Egnatia


MENELAO Y LA GUERRA DE TROYA

Menelao es un personaje destacado en la Ilíada de Homero. Según se relataba en el Canto III, Paris desafió al rey espartano a un duelo singular con la condición de que el vencedor se quedaría con Helena y sus riquezas. Menelao aceptó el reto y estuvo a punto de matar al príncipe troyano, pero éste fue salvado por la diosa Afrodita (Venus), quien lo envolvió en una nube y lo llevó hasta las murallas de su ciudad. Agamenón reclamó la victoria para su hermano, pero una felcha que Pándaro hirió a Menelao, haciendo que la batalla se reanudase. 

Menelao también fue un personaje destacado cuando tuvo que defender el cuerpo sin vida de Patroclo. Durante el episodio, mató a los troyanos Euforbo y Podes, envió a Antíloco para que informase a Aquiles de la muerte de su amigo y, tras una violenta lucha, trasladó el cadáver lejos del centro de la contienda. Incluso se dio al Canto XVII de la Ilíada el título de Las hazañas de Menelao.

Después, el rey de Esparta participó en los juegos fúnebres en honor de Patroclo, en concreto en la prueba de la carrera de carros. Llegó en tercer lugar, pero dijo que había sido ilegalmente adelantado por Antíloco. Así, éste último admitió su error, y Menelao, reconfortado, decidió cederle el segundo premio, que en teoría le correspondía.


MENELAO SUJETA EL CUERPO DE PATROCLO
Copia romana del s. II a.C.
Florencia, Loggia dei Lanzi en Piazza della Signoria


MENELAO DESPUÉS DE LA GUERRA DE TROYA

Menelao fue también uno de los guerreros que se ocultaron en el interior del caballo de madera, el cual sirvió a los aqueos como estratagema para introducirse en la ciudad y saquearla. Durante el saqueo, Menelao y Odiseo protegieron a Glauco, troyano hijo de Antenor. Más tarde, Menelao mató a Deífobo, que se habían convertido en nuevo esposo de Helena tras la muerte del príncipe Paris. A continuación, se encontró cara a cara con Helena y estuvo a punto de matarla, pero finalmente la perdonó y la llevó consigo a las naves.

Después del saqueo, Menelao estuvo enfrentado con su hermano Agamenón por no querer éste zarpar de vuelta sin haber hecho sacrificios para calmar el enfado de la diosa de la sabiduría y la guerra, Atenea (Minerva). Menelao quería zarpar de inmediato, así que sus naves, junto con las de Néstor y Diomedes, emprendieron en seguida el regreso a Grecia. Los dos últimos llegaron pronto a sus reinos, pero las naves de Menelao se vieron envueltas en una tormenta que provocó la pérdida de muchas de ellas. Sólo sobrevivieron cinco naves, con las que llegó al cabo Sunion pero desde allí fue de nuevo arrastrado por los vientos hasta llevarles a Libia, Fenicia, Chipre y Egipto, durante el que acumuló muchas riquezas. En algunas versiones se defendía que fue en Egipto, en el palacio del rey Proteo, donde reencontró a Helena, ya que la que había viajado a Troya era solo una imagen hecha de niebla por los dioses. Pero esta versión difería en muchos aspectos de la narrada en la Odisea. Exactamente ocho años después de partir de Troya, pudo por fin regresar a Esparta.

Menelao aparece como personaje en la Odisea de Homero, principalmente en el Canto IV. En el viaje realizado en busca de nuevas de su padre Odiseo, Telémaco llegó a Esparta, donde se encontró con Menelao, acompañado de Helena, una vez que ambos volvieron a reinar en Esparta. Menelao narró al hijo de Odiseo su penoso viaje de regreso: los dioses le habían retenido en la Isla de Faro, en Egipto, y allí habría muerto de hambre con sus compañeros de no ser por Idotea, quien le aconsejó que atrapase a su padre, Proteo, que en esta versión no es rey de Egipto, sino un dios marino capaz de transformarse en cualquier animal, e incluso en fuego. Ayudados por Idotea, Menelao y algunos de sus compañeros, se disfrazaron con pieles de foca y sorprendiendo a Proteo lo atraparon, que les dijo que habían sido retenidos en Egipto por no haber hecho los debidos sacrificios a los dioses. Ya cumplidos, los dioses propiciaron vientos favorables para navegar y regresar a su patria.

Proteo también había informado a Menelao del destino de otros participantes en la guerra de Troya, entre ellos Odiseo, que estaba en la isla de la ninfa Calipso. 

Sobre el destino final de Menelao, existen dos versiones diferentes: por un lado, se pensaba que Hera (Juno) lo había hecho inmortal y habría ido a los Campos Elíseos con Helena; por otro lado, en cambio, en Terapne existía un templo dedicado a Menelao donde se decía que él y Helena se encontraban enterrados.

    lunes, 25 de noviembre de 2013

    AGAMENÓN


    Agamenón era uno de los más distinguidos héroes de la mitología griega, cuyas aventuras se narran en el llamado Ciclo Troyano. Hijo del rey Atreo de Micenas y de la reina Aérope, y hermano de Menelao, debido a la antigüedad de las fuentes no está claro si es un personaje histórico o puramente mítico. Agamenón era el marido de la hermana de Helena de Esparta, Clitemnestra. De esta unión nacieron tres hijos: Electra, Ifigenia y Orestes.


    LA MÁSCARA DE AGAMENÓN
    Descubierta por Heinrich Schliemman
    1876 
    Micenas
    Se desconoce si representa a un individuo y a quién, no sabiendo con absoluta
    certeca que representase a Agamenón



    AGAMENÓN
    Lekanis ático de figuras rojas
    410 - 400 a.C.
    Tarento, Museo Arqueológico Nacional


    LA JUVENTUD DE AGAMENÓN

    En la Ilíada y en otras obras del Ciclo Troyano, se defendía que Agamenón era hijo de Atreo, nieto de Pélope y bisnieto de Tántalo. Sin embargo, algunos autores lo consideraban hijo de Plístenes y nietro de Atreo, en cuya casa Menelao y él habrían sido educados tras la muerte de su padre. Su madre fue Aérope según la mayoría de las tradiciones, pero algunas nombraban a Erífile como esposa de Plístenes y madre de Agamenón. Además de Menelao, Agamenón tenía una hermana, cuyo nombre no acuerdan las fuentes: se pensaba que su nombre era Anaxibia, Cindrágora o Astíoque.

    Agamenón y Menelao fueron criados junto al hijo de Tiestes, Egisto, en la casa de Atreo. Cuando crecieron Atreo envió a los dos hermanos a buscar a Tiestes. Éstos lo encontrarn en Delfos y le llevaron ante Atreo, quien lo encerró en una mazmorra. Acto seguido, se ordenó a Egisto que lo matase, pero éste, reconociendo a su padre, se abstuvo de tan cruel acto, mató a Atreo y, tras haber expulsado a Agamenón y Menelao, ocupó junto con su padre el trono de Micenas. Los dos hermanos deambularon durante un tiempo hasta llegar al fin a Esparta, donde Agamenón se casó con Clitemnestra, la hija del rey Tíndaro, con quien fue padre de Ifigenia, Electra y Orestes.

    La forma en la que Agamenón volvió al reino de Micenas difiere según las fuentes. En la obra de Homero, parecía que sucedería pacíficamente a Tiestes, pero según otros lo expulsó y usurpó el trono. Tras convertirse en rey de Micenas y Argon, conquistó Sición asumiendo su reinado y se convirtió en el príncipe más poderoso de toda Grecia. En la parte de la Ilíada conocida como Catálogo de las naves, se expone una relación de los dominios de Agamenón. Cuando el autor atribuye a Agamenón la soberanía sobre todo Argos, se refiere al Peloponeso o a su mayor parte, pues la ciudad de Argos era gobernada por Diomedes. Estrabón también señalaba que el nombre de Argos era usado a veces por los poetas trágicos como sinónimo de Micenas.



    AGAMENÓN Y LA GUERRA DE TROYA

    Cuando el príncipe Paris de Troya, hijo de Príamo, se llevó a Helena, mujer de su hermano Menelao, todos los caudillos aqueos fueron convocados para organizad un ataque contra Troya. Los jefes fueron obligados por un juramento de pretendientes realizado cuando el rey de Esparta, Tíndaro, buscaba el candidato para el trono de su reino casándose con su hija, Helena de Esparta. Los jefes se reunieron en el palacio de Diomedes en Argos, donde Agamenón fue elegido comandante jefe, bien como consecuencia de su mayor poder, bien porque se ganó el favor de la asamblea mediante ricos presentes.

    Tras siete años de preparativos, el ejército y la flota aquea se reunieron en el puerto de Áulide, situado en Beocia. Agamenón había consultado previamente a su lacayo sobre el asunto y la respuesta dada fue que la guerra se desataría en el momento en el que los griegos más distinguidos o relevantes (Aquiles y Odiseo) riñesen. Una profecía parecida provino de un acontecimiento maravilloso que sucedió cuando los griegos andaban reunidos en Áulide: cuando se ofrecía un sacrificio bajo las ramas de un árbol, un dragón sali´p reptando de abajo y devoró un nido del árbol conteniendo ocho polluelos y su madre. Calcas, el profeta y adivino griego, interpretó la señal como indicativa de que los griegos debían partir a luchar contra Troya durante nueve años, pero que al décimo la legendaria ciudad caería. Esquilo relató un milagro diferente presagiando lo mismo.

    Otro suceso interesante ocurrió mientras los griegos estaban reunidos en el puerto de Beocia. Se decía que Agamenón mató un ciervo consagrado a la diosa de la caza, Artemisa o Diana, y además provocó con palabras irreverentes la cólera de la deidad, por lo que ésta envió una peste al ejército griego y produjo una calma absoluta, de forma que los griegos no podían abandonar el puerto por falta de viento que los empujase hacia la costa troyana. Cuando los videntes afirmaron que la ira de la diosa no podría ser aplacada a menos que Ifigenia, la hija de Agamenón y Clitemnestra, le fuese ofrecida como sacrificio compensatorio, Diomedes y Odiseo fueron enviados a buscarla al campamento con el pretexto de que debía desposar a Aquiles. Ella accedió a acompañarlos, pero en el momento en que iba a ser sacrificada fue llevada por la propia Artemisa (según otras fuentes, por Aquiles) a Táuride, y otra víctima ocupó su lugar. Tras esto, la calma cesó y el ejército partió hasta la costa de Troya. Agamenón tenía un centenar de barcos, además de los sesenta que había prestado a los arcadios.

    En el décimo año del sitio de Troya -que es en el que comienza la narración de la Ilíada- Agamenón tenía una disputa con Aquiles por la posesión de Briseda, que hubo de ceder el segundo al primero. Aquiles, así, se retiró del campo de batalla, y los griegos se convirtieron en víctimas de varios desastres. Zeus envió un sueño a Agamenón para persuadirlo de que acaudille a los griegos en la batalla contra los troyanos. El rey, para poner a prueba a los griegos, les mandó volver a casa, lo que se disponen a cumplir de buena gana, hasta que Odiseo reavivó su coraje, convenciéndolos de que se preparasen para la batalla.

    A un combate individual entre Paris y Menelao siguió una batalla en la que Agamenón mató a varios de los troyanos. Cuando Héctor desafió al más bravo de los griegos, Agamenón se ofreció a luchar contra él, pero fue Áyax el elegido en su lugar por sorteo. Poco después tuvo lugar otra batalla en la que los griegos fueron derrotados y Agamenón, abatido, les aconsejó emprender la huida y regresar a casa, pero los demás héroes se opusieron.  

    Un intento de reconciliación con Aquiles fracasó, y Agamenón convocó a los jefes por la noche para decidir sobre las medidas a adoptas. Odiseo y Diomedes fueron enviados como espías, y al día siguiente se retomó la contienda contra los troyanos. El propio rey de Micenas volvió a ser uno de los más bravos y mató a muchos enemigos con sus propias manos. Al final, sin embargo, fue herido por Coón y obligado a retirarse al campamento. Héctor, entonces, pudo avanzar victoriosamente, y Agamenón aconsejó de nuevo a los griegos que se salvasen huyendo. Pero Odiseo y Diomedes se resistieron otra vez, y el segundo lo convenció de que se volviese a la batalla que se libraba cerca de los barcos.

    Poseidón o Neptuno también se apareció a Agamenón con forma de anciano inspirandole de nuevo corjake. El apremiante peligro de los griegos indujo al fin a Patroclo, amigo de Aquiles, a tomar parte en la batalla, y su muerte a manos del príncipe troyano Héctor provocó que el héroe invencible volviese a la acción, llevando a su reconciliación con Agamenón. En los juegos en honor del difunto Patroclo, Agamenón se llevó el primer premio en la suerte consistente de arrojar la lanza.

    Agamenón a pesar de ser el comandante en jefe de los griegos, no es el héroe de la Ilíada, y en espíritu caballeroso, bravura y carácter es en conjunto inferior a Aquiles, héroe supremo de la Guerra de Troya. A pesar de ello, el rey micénico se encontraba por encima de todos los griegos por su dignidad, poder y majestad, y sus ojos y cabeza son como los de Zeus, su armadura como la de Ares (Marte) y su pecho como el de Poseidón. Agamenón es, entre todos los héroes griegos, lo que Zeus entre los dioses del Olimpo. Esta idea parece haber guiado a los artistas griegos, pues en varias representaciones del rey aun conservadas hay un parecido con las representaciones del padre y rey de dioses. En la Ilíada, el emblema de su poder y su majestad es un cetro, obra de Hefesto (Vulcano), que Zeus había dado a Hermes (Mercuro) y éste a Pélope, y de él lo heredaría Atreo y después Agamenón.


    EL SACRIFICIO DE IFIGENIA
    Mosaico
    s. I a.C.
    Ampurias, Museo de Ampurias


    EL REGRESO DE AGAMENÓN

    Tras la conquista de la ciudad de Troya, Agamenón recibió como parte del botín a Casandra, princesa hija de Príamo y profetisa condenada, con quien, según una tradición recogida por Pausanias, tuvo dos hijos: Teledamo y Pélope, llamado este último como su bisabuelo.

    Durante su regreso a casa, Agamenón fue desviado dos veces por las tormentas, pero al fin tomó tierra en la Argólida, que regía entonces Egisto, quien había seducido a Clitemnestra durante la ausencia de su marido. Al llegar, Egisto lo invitó a un banquete, y en su transcurso lo mató a traición a él y a sus compañeros, y en la misma ocasión Clitemnestra mató a Casandra. Odiseo se encontró con la sombra de Agamenón en el inframundo. Menelao erigió un monumento en honor de su hermano en el río Egipto. Pausanias afirmaba que en su época existía aún un monumento a Agamenón en la ciudad de Micenas.

    Los poetas trágicos modificaron ampliamente la historia de la muerte de Agamenón. Esquilo hacía que Clitemenestra sola matase a su marido: le arrojaba una red mientras él tomaba un baño y lo mataba después mediante tres golpes. Sus motivos eran en parte los celos por Casandra y en parte su vida adúltera con Egisto. Según Tzetzes, Egisto fue quien mató a Agamenón pero con la ayuda de Clitemnestra. Eurípides, en cambio, contaba que Clitemnestra envolvió con una red al rey de Micenas para matarlo, y tanto Sófocles como él presentan el sacrificio de Ifigenia como la razón principal del crimen. Además, Pausanias relató que los habitantes de Amiclas se disputaron con Micenas la posesión de la tumba de Casandra.


    EL REGRESO DE AGAMENÓN Y CASANDRA
    1879
    Ilustración pra las Stories from the Greek Tragedians
    de Alfred Church



    CLITEMNESTRA DUBITATIVA ANTES DE
    MATAR AL DORMIDO AGAMENÓN
    Pierre Narcisee Guérin
    1817
    París, Louvre



    EL ASESINATO DE AGAMENÓN
    1879
    Ilustración pra las Stories from the Greek Tragedians
    de Alfred Church