domingo, 20 de octubre de 2013

LA ÚLTIMA PARTE DE LA VIDA DE HÉRCULES


HÉRCULES Y AQUELOO

Deyanira era hija de Eneo, rey de Calidón, situada en Etolia. A penas pudo Hércules resistirse a la pasión por la bella dama, que estaba destinada a ser la esposa del dios-río Aqueloo. Aqueloo no quiso ceder a su prometida y para conservarla luchó con el héroe cuerpo a cuerpo siendo derribado. Entonces, adoptó la forma de una serpiente y con horribles silbidos pretendió amedrentar al semidiós. Hércules le sujetó por la garganta y estaba ya a punto de ahogarle cuando Aqueloo se transformó en un toro. Hércules no se inmutó, le agarró por uno de los cuernos y no cesó hasta que se lo arranco de cuajo. Las ninfas lo recogieron y lo llenaros de flores y frutas, convirtiéndolo en el cuerno de la abundancia.

Esta fábula ha tenido otras interpretaciones, entre las que se destaca la siguiente: Aqueloo era un río que arrasaba las campiñas de las tierras de Etolia con frecuentes inundaciones. Hércules levantó grandes y resistentes diques para, así, conseguir encauzar al río. La metamorfosis de Aqueloo en serpiente indica las sinuosidades de su curso. Su posterior transformación en toro significa los estragos causados por sus desbordamientos. Hércules, arrancándole un cuerno reunió en un solo lecho dos brazos que el río tenía. Así, el cuerno se convirtió en el símbolo de la abundancia, porque la normalización del caudal fue una fuente de riqueza para el país que recorría.

HÉRCULES Y DEYANIRA

Hércules, después de vencer a Aqueloo, se llevó a su querida Deyanira a Tirinto, una cuidad del Peloponeso en la Ágolida, que era una de las principales residencias del semidiós. Pero antes tuvo que detenerse en la rivera del Eveno acrecido por las lluvias. No sabía que hacer ante tal situación, temiendo exponer a la bella Deyanira al peligro del curso rápido de las aguas, cuando el centauro Neso pasaba por allí. La criatura conocía los sitios vadeables del río y se orfeció a llevar a la joven princesa, sobre sus espaldas, a la ribera opuesta. 

Hércules aceptó pero sin inquietud. Lanzó a la otra orilla su arco y su maza guardándose el carcaj y atravesó el río a nado. Ya estaba llegando a su destino cuando oyó los gritos de socorro de su amada, pues el centauro, agarrándola fuertemente, huía con ella en su lomo. "Temerario - le gritaba Hércules, - la velocidad que te dan tus cuatro pies podrá salvarte de mi persecución pero no de mis flechas". Inmediatamente el héroe disparó uno de sus dardos, atravesando al centauro. Aquella flecha estaba envenenada. Neso, sintiendo la muerte cerca, seguía pensando en vengarse; cogió su túnica, empapada de sangre y veneno, se la ofreció a Deyanira y la persuadió de que posee la virtud de avivar el carió conyugal y devolver a sus esposas los maridos inconstantes.



NESO Y DEYANIRA
Giambologna
1587
Dresde, Staatliche Kunstsammlungen



HÉRCULES, DEYANIRA Y NESO
Bartholomaeus Spranger
1585
Viena, Kunsthistorisches Museum


LA MUERTE DE HÉRCULES

Años después, Deyanira quiso utilizar aquel misterioso presente. Hércules se encontraba en Eubea retenido al lado de Iole, la hija de Eurito. Así, la joven envió al esposo voluble, por conducto de Libas, la túnica de Neso. Hércules recibió gozoso el inesperado presente, pero apenas la túnica hubo tocado su cuerpo se sintió devorado por un fuego interior pues el veneno había llegado hasta sus venas. Lleno de rabia y encolerizado, cogió a Licas y lo arrojó al mar. Lanzaba gritos espantosos vomitando imprecaciones contra Euristeo, Juno y Deyanira.

Viendo que su mal no tenía remedio y que la muerte se acercaba, derribó sobre el monte Eta algunos grandes árboles y con ellos levantó una pira, sobre la cual extendió la piel del león de Nemea. Se acostó allí como sobre un lecho con la cabeza apoyada sobre su maza, y ordenó a Filoctetes que prendiese fuego.

Cuando las llamas envolvían la pira y los dioses desde el monte Olimpo contemplaban con dolor la muerte de un héroe que tantos servicios había prestado a la humanidad Júpiter dijo: "No temáis, Hércules triunfará de esas llamas; la vida que de mí recibió no puede perecer y cuando esté ya purificado por el fuego, vendrá a sentarse entre nosotros en las mansiones celestes y todos vosotros aplaudiréis esta merecida distinción". Los dioses celebraron la apoteosis de Hércules, y la propia Juno, quien le odiaba, dio su beneplácito concediéndole por esposa a su hija Hebe, diosa de la Juventud.

Yolao, sobrino y amigo del héroe, que le había acompañado en las expediciones más peligrosas combatiendo a su lado y desplegando en todos los encuentros tanto ardor como valentía. Separado de Hércules, hizo a la familia del semidiós, entonces tan abatida y desesperada, objeto de solicitud; reunió a los Heráclidas (nombre con el que se designa a los descendientes de Hércules), les hizo tomar las armas, avivó su entusiasmo y se adelantó a su cabeza contra Euristeo, en la Argólida. Auxiliado por un ejército ateniense, Yolao entabló un terrible combate en el que sucumbió el rey Euristeo con sus cinco hijos. Sin embargo, algunos escritores atribuyen esta victoria a Hyllus, hijo de Hércules y Deyanira.

La muerte de Euristeo, que forma época en la historia, debió de ocurrir hacia el año treinta antes de la guerra de Troya. Atreo, yerno de este rey, le sucedió sin oposición ocupando el trono de Argos y Micenas.


HÉRCULES EN LA PIRA
Luca Giordano
1697 - 1700
El Escorial, Monasterio de San Lorenzo


HÉRCULES EN LA ENCRUCIJADA

Según una fábula moralista del sofista Prodico, amigo de Sócrates y Platón, Hércules solía reflexionar sobre la vida. Un día, en una encrucijada, se encontró con dos mujeres hermosas que representaban la Virtud y el Vicio. Mientras la primera era pura y digna, la segunda era soberbia y voluptuosa. Precisamente esta última le señaló un camino fácil, prometiéndole una vida llena de alegría y placer, sin pasar por sufrimientos. Por el contrario, la otra le señaló una vida empinada, pedregosa, difícil de recorrer pero que al final prometía una alta recompensa, puesto que los dioses no conceden nada sin esfuerzo, no existe victoria sin lucha o recogida sin siembra.

Cuando las mujeres desaparecieron, Hércules, de nuevo solo, decidió la segunda opción, para recorrer el camino más complicado pero más compensatorio.


HÉRCULES EN LA ENCRUCIJADA
Pompeo Batoni
1753
Turín, Galleria Sabauda

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