jueves, 31 de octubre de 2013

ORFEO


Orfeo era un personaje heroico de la mitología clásica. Según los relatos, cuando tocaba su lira, los hombres se reunían para oírlo y hacer descansar su alma. Orfeo era teólogo, poeta y músico, hijo de Eagro, rey de Tracia.  

En lo que a fuentes se refiere, ni Homero ni Hesíodo le hicieron referencia, pero era conocido en la época de Ibico (530 a.C.) y Píndaro (522 - 442 a.C.), que se refería a él como "el padre de los cantos".

Desde su juventud se aplicó a estudiar la religión y recorrió Egipto para consultar a los sacerdotes de este maís y ser iniciado por ellos en los misterios de Isis y Osiris. Después visitó en el Asia Menor a Fenicia y Samotracia, y de vuelta a su país natal dio a conocer el origen del mundo y de los dioses, la interpretación de los sueños y la expiación de los crímenes. También instituyó las fiestas de Baco y de Ceres. Enseño a los griegos sabios conocimientos astronómicos, cantó la guerra de los Titanes, el rapto de Proserpina y los trabajos de Hércules, siendo considerado como el padre de la teología pagana.

La música le servía de solaz y descanso en sus ocupaciones. Antes en Grecía sólo se conocía la flatua. Desde el siglo IV a.C. en adelante fue considerado como uno de los principales poetas y músicos de la Antigüedad, inventor de la cítara y quién añadió dos cuerdas a la lira; antes, la lira tenía siete cuerdas; pero la de Orfeo llegó a tener nueve, haciendo referencia así a las nueve musas. Con su música, Orfeo era capaz no sólo de calmar bestias salvajes, sino incluso de mover árboles y rocas, y detener el curso de los ríos. Emblesaba a hombres y dioses y la naturaleza toda se conmovía a sus acordes: osos y leones se acercaban a lamerle los pies, los ríos retrocedían a su nacimiento para escucharle, las rocas se animaban y corrían a su encuentro. Así pues, todas las ninfas adoraban su talento, seguían sus pasos y deseaban tenerlo como esposo. 

Como músico célebre, fue con los Argonautas en busca del vellocino de oro. Se piensa que fue uno de los pioneros de la civilización, habiendo enseñado a la humanidad las artes de la medicina, la escritura y la agricultura. 

En su aspecto más conectado a la vida religiosa, fue augur y profeta. Practicó también las artes de la magia, en especial la astrología. Fundó o hizo accesibles muchos cultos importantes, entre los cuales se encontraban los de Apolo y Dionisos. Instituyó ritos místicos, tanto públicos como privados; prescribió rituales iniciatorios y de purificación. Se dice, además, que visitó Egipto, familiarizándose allí con los escritos de Moisés y con la doctrina de una vida futura.

De acuerdo con la tradición más conocida, Orfeo era hijo de Eagro, rey de Tracia, y de la musa Calíope (o Clío en otras versiones). En otras fuentes, su padre era considerado el mismísimo Apolo. Esto útlimo es más coherente en cuanto a la devoción de Orfeo por este dios, que es el dios de la música. Orfeo aprendió la música de Lino o de Apolo, que fue también su amante, y quien le entregó su propia lira, fabricada por Mercuro con el caparazón de una tortura, como un regalo de amor. Por tanto, su mayor atributo era la lira.


ORFEO CON LOS ANIMALES
Mosaico
s. III d.C.
Palermo, Museo Archeologico Nazionale



ORFEO Y LOS ARGONAUTAS

A pesar de su origen tracio, Orfeo se unió a la expedición de los Argonautas, cuyo jefe, Jasón, había sido informado por Quirón de que sólo con la ayuda del músico se podría pasar indemne a través de las Sirenas. Éstas vivían en tres pequeñas islas rocosas llamadas Sirenum Scopuli, que cantaban numerosas canciones que atraían a los marineros hacia las turbulentas aguas del mar. Entonces, al acercarse poco a poco a las Sirenas, ellas los devoraban. Cuando Orfeo oyó sus voces, sacó su lira y tocó su música, que era más bella que la de ellas, tapándola y ahogándola.


ORFEO Y EURÍDICE

La historia más conocida sobre Orfeo es la que se refiere a su bella esposa Eurídice, que aveces es conocida como Agriope. Algunas versiones atestiguan que Eurídice murió al ser mordida por una serpiente mientras huía de Aristeo; otras, que el hecho fatal ocurrió mientras paseaba con Orfeo.

En las orillas del río Estrimón, Orfeo se lamentaba por la pérdida. Consternado, Orfeo tocó canciones tan tristes que todas las ninfas y todos los dioses lloraron, aconsejándole, al fin, que descendiese al Hades o inframundo en busca de su amada. Camino al inframundo, Orfeo tuvo que sortear muchos peligros; empleando siempre su arte musical, hizo detenerse los tormentos del inframundo por primera y única vez, y, llegado el momento, ablandó los corazones de los señores del Hades, Plutón y Proserpina, que permitieron a Eurídice volviese con su esposo al mundo de los vivos. Sin embargo, había una condición: Orfeo tenía que caminar siempre delante de ella y no mirar nunca atrás hasta que hubiesen alcanzado el mundo superior.

A pesar de las ganas, Orfeo no volvió la cabeza en todo el trayecto: ni siquiera se daba la vuelta para asegurarse de que Eurídice estuviese bien cuando pasaban junto a un demonio o corrían algún otro peligro. Llegaron finalmente a la superficie pero entonces, ya por la desesperación, Orfeo se giró para ver a su amada; pero ella todavía no había sido completamente bañada por el sol, pues aún tenía un pie en el inframundo. Por ello, se desvaneció en el aire, y esta vez para siempre.


ORFEO Y EURÍDICE
Jean Raoux
1718 - 1720
Los Angeles, The J. Paul Getty Museum



LA MUERTE DE ORFEO

Según Ovidio, el héroe intentó volver al Hades, pero el barquero Caronte le negó el paso por el río Leteo, así que Orfeo se retiró a los montes Ródope y Hemo, donde permaneció durante tres años evitando la vida amorosa con cualquier otra mujer, aunque muchas ninfas se le ofrecieron.

Orfeo seguía cantando y tocando la lira, lo que provocó que los árboles se conmoviesen. En esos montes, fue visto por las Bacantes tracias, que se sintieron despreciadas por él. Apresaron a los animales que lo acompañaban y a él lo apredearon, lo despedazaron y repartieron sus miembros. Su cabeza y su lira fueron arrojados al río Hebro; esos restos acabaron llegando al mar y, cerca de la isla de Lesbos, una serpiente quiso comerse la cabeza del héroe. Pero Apolo transformó a la vípeda en una roca. Por su parte, Dionisos castigó a las Bacantes convirtiéndolas en árboles.

Mientras, el alma de Orfeo encontró a la de su mujer en el inframundo, convirtiéndose desde aquel momento en inseparables.

Sin embargo en la versión recogida por Eratóstenes, la cual se remonta a la obra perdida de Esquilo Las basárides, Orfeo, al final de su vida, desdeñó el culto a Dionisos, del que antes presidía los misterios. Consideró a Helios, a quien llamaba también Apolo, como el dios principal. Por ello, mientras el héroe se encontraba en el monte Pangeo esperando la salida del sol, Dionisos envió a las Ménades para que lo despedazasen. Pero las ninfas unieron sus pedazos, enterrando el cuerpo en un lugar llamado Libetros, cerca del monte Olimpo. Mientras, la lira fue colocada por el rey de los dioses entre las constelaciones.

Por otra parte, Pausanias señalaba que Orfeo obligaba a los maridos de las mujeres de la antigua Tracia a que lo siguieran en sus viajes. Por ese motivo lo mataron mientras estaban embriagadas de vino, y por eso se estableció la costumbre de que los hombres saliesen a combatir tras haber bebido.

También se recurría a la tradición de que Júpiter, mediante un rayo, castigó a Orfeo fulminándolo por haber enseñado a los mortales misterios inauditos.

Por su parte, Higino recoge otras dos tradiciones. Calíope, quien era la madre de Orfeo, había participado como juez en la disputa entre Venus y Proserpina por la posesión de Adonis. La diosa del amor, al no satisfacerle el veredicto, hizo que todas las mujeres de Tracia se enamorasen de Orfeo hasta tal punto que llegaron a despedazarlo vivo.

Según Platón, los dioses impusieron al héroe el castigo de morir a manos de mujeres por no haber tenido el arrojo de morir por amor como Alcestis, hija de Pelias, que habia muerto en lugar de su marido Admeto.


LA MUERTE DE ORFEO
Alberto Durero
1494
Hamburgo, Hamburger Kunsthalle

miércoles, 30 de octubre de 2013

ASCLEPIO O ESCULAPIO


Esculapio o Asclepio, hijo de Apolo y Coronis, fue instruído por el centauro Quirón, maestro de dioses. Aprendió la ciencia de la medicina, y el discípulo estudió con tanto provecho las hierbas, las plantas y las composicones de los medicamentos, que en pocos años sobrepujó a su ilustre profesor. Fue el dios de la Medicina y la curación, venerado en Grecia en diferentes santuarios (Epidauro, Tricca, Lebén o Cos).

Después de su muerte le rindieron honores divinos y su culto quedó establecido en Epidauro en el Peloponeso, su patria, donde se desarrolló una verdadera escuela de medicina. De allí se propagó a otras ciudades de Grecia hasta llegar al Asia y finalmente a Roma.  

Algunas veces es representado bajo la forma de una serpiente, y más frecuentemente en la figura de un hombre pensativo cubierto con un manto, ostentando en su mano un palo en torno al cual se enrosca una serpiente. El gallo, que a veces aparece a sus pies, es el símbolo de la vigilancia.

Sus dos hijos, Podaliro y Troya, como médicos del ejército griego, daban pruebas de su bravura al par que de su ciencia.

Los Argonautas le llevaron como médico en su expedición, terriblemente arriesgada, hacia la Cólquide, prestándoles excelentes servicios durante la travesía.


ASCELPIO


UN NIÑO ENFERMO TRAÍDO
AL TEMPLO DE ESCULAPIO
John William Waterhouse
1877


LA MUERTE DE ESULAPIO 

Pero no contento con curar las enfermedades más rebeldes y desesperadas, se dedicó a devolver la vida a los muertos y lo consiguió: Glauco, hijo de Minos II y de Pasidae; Capaneo; Tindaro; Hipólito y muchos otros, gracias a su talento, resurgieron del sepulcro hacia la vida. A fuerza de tantas resurrecciones los infiernos se despoblaban; entonces, Plutón, se quejó a su hermano Júpiter. Éste último tiró un rayo hacia la tierra matando al instante al médico hábil en demasía.

martes, 29 de octubre de 2013

CÁSTOR Y PÓLUX


En la mitología griega los Dioscuros o "hijos de Zeus (Júpiter)" eran dos famosos héroes, mellizos de Leda y hermanos de Helena de Troya y Clitemnestra. Se llamaban Cástor y Pólux, pero también eran conocidos como Polideuces. En latín eran los Gemini o "gemelos", y a veces se les conocía como Castores.

Suelen ser representados bajo la figura de dos jóvenes de singular belleza, completamente armados, cabalgando sobre blancos corceles, blandiendo una lanza y cubiertos con un gorro de forma oval rematando en una estrella.

A pesar de su nombre, la historia sobre su paternidad es confusa por tantas versiones que han llegado a nuestros días. La versión más conocida y extendida es que Júpiter se transformó en un cisne, método que utilizó para conquistar a Leda. Por esto se dice con frecuencia que los hijos de Leda salieron de dos huevos que ésta puso. Sin embargo, otras tradiciones afirman que el marido mortal de Leda, el rey Tíndaro de Lacedemonia, fue en realidad el padre de algunos de los hijos, por lo que a menudo eran llamados con el patronímico Tindáridas. La cuestión de qué hijos eran mortales o medio inmortales y cuáles nacieron de un huevo u otro depende de la fuente: a veces se dice que Cástor y Pólux eran ambos mortales, pero otras todo lo contrario. Lo que sí coincide es que si sólo uno de ellos es considerado inmortal, era Pólux y, entonces, Cástor era considerado el hijo del rey de Lacedemonia, siendo el mortal de la pareja de hermanos.

Para complicar aún más la cuestión, la historia de Júpiter como cisne se asocia en ocasiones con la diosa Némesis. En esta afirmación, era la diosa la que fue seducida y puso el huevo, pero éste fue entonces hallado o llegó a manos de Leda. Pero esta historia suele asociarse más con Helena.


LOS DIOSCUROS
s. III. a.C.
Nueva York, Metropolitan Museum of Art



CÁSTOR SOBRE CAPALLO
460 - 450 a.C.



EL RAPTO DE LAS LEUCÍPIDES
Peter Paul Rubens
1618


LAS HAZAÑAS DE CÁSTOR Y PÓLUX

Cástor era conocido por la extrema habilidad de la que disponía a cerca del arte equino, pues sabía domar y cabalgar con perfección a los caballos. Pólux, en cambio, era famoso por su destreza en la lucha cuerpo a cuerpo. Venció en conbate de la manopla al vigoroso Amico, rey de Betricia o Bitinia, y esta hazaña le consagró la perpetuidad como protector y dios de los atletas.

La primera hazaña de los gemelos fue destrurir la piratería que infestaba el Archipiélago, lo que les colocó en la categoría de dioses marinos. Después, acompañaron a Jasón a la Cólquide en su expedición de los Argonautas, ayudando en la conquista del vellocino de oro. Al desencadenarse una gran tempestad, los Argonautas advirtieron como unas llamas extrañas revoloteaban sobre la cabeza de los dos hermanos y que al mismo tiempo que el cielo se serenaba y amainaba el huracán, por lo cual se ha dado el nombre de Cástor y Pólux a ciertos fuegos o llamas eléctricas que aparecen en la punta de los mástiles durante las tempestades, en torno de las antenas, cuerdas y partes salientes del barco o descienden brillando sobre la tilla. Estos meteoros se conocen como los fuegos de Sanfeimo.


LA MUERTE DE LOS HERMANOS

Cástor, el hermano sujeto a la mortalidad, encontró la muerte en un singular combate librado cerca del monte Taigeto. Pólux, que lo amaba tiernamente, conjuró a Júpiter a que devolviera la vida a Cástor o que le privara a él de la inmortalidad; pero Júpiter, que no podía acceder por completo a sus ruegos, consintió en que todo el tiempo que Cástor viviese sobre la tierra pudiese Pólux habitar en las moradas de los muertos; de esta manera vivían y morían alternativamente. Algunos años después, movido su padre, padre de los dioses, por el mutuo amor que se profesaban, los colocó entre los astros donde bajo el nombre de los Gemelos forman dos constelaciones, una de las cuales desaparece cuando nace la otra, de manera que jamás se encuentran juntas sobre el horizonte.

Fueron concedidos a Cástor y Pólux honores divinos, recibiendo el nombre de Dioscuoros, es decir, hijos de Júpiter. Les inmolaban dos corderos blancos, y en nombre de su templo se proferían juramentos, cuya fórmula era la de Edépol, para los hombres, y Ecástor para las mujeres.

domingo, 27 de octubre de 2013

MELEAGRO Y LA CAZA DEL JABALÍ DE CALIDÓN

La caza del jabalí de Calidón tiene como punto de partida histórico a Meleagro, hijo de Eneo, rey de Calidón (o Calidonia) y de Altea.


MELEAGRO
Copia romana de un original de Skopas
350 a.C.
Ciudad del Vaticano, Palacios Vaticanos


LA BAZA DEL JABALÍ DE CALIDÓN

Meleagro contaba solamente tres días de existencia cuando su madre vio junto al hogar las tres Parcas, que, al modo de nuestras hadas maléficas echaban al fuego un trozo de madera mientras murmuraban: "La vida de este niño durará lo que este tizón". Saltar del lecho, sacar el tizón de las llamas, sumergirlo en el agua y esconderlo cuidadosamente fue solo obra de un momento.

Veinte años después, en un año particularmente abundante en lo relativo a la cosecha, Eneo había tributado los debidos honores a todas las divinidades, olvidándose, sin embargo, de Diana. La diosa, absolutamente ofendida, se vengó enviando un terrible jabalí con ojos de fuego que devastaba campos de los alrededores, obligando a la población a refugiarse dentro de las murallas de la ciudad. La criatura devastaba tierras, arrancaba de cuajo los frutales y desolaba los campos. Era tan corpulento como un toro y vomitaba vapores pestilentes; sus cerdas eran como unas puntas de lanza y sus afilados colmillos eran enormes como los de los elefantes.

Meleagro decidió enfrentarse al feroz animal, organizando una expedición con los héroes más valientes del momento. Teseo, Jasón, Cástoy, Pólux y muchos otros héroes jóvenes acudieron de todos los rincones vecinos para librar al país de aquel azote. Meleagro, dirigió ese ataque. 

Equión lanzó el primer dardo contra el monstruo pero falló el golpe. Este Equión, hijo de Mercurio, no es el que ayudó a Cadmo a levantar la ciudad de Tebas. Jasón no fue más afortunado; Mopso lo hirió con una flecha pero sin llegar a causar daño alguno. Mientras tanto, el animal enfurecido derribaba todo lo que encontraba a su alcance, y había ya herido de gravedad a muchos de los cazadores. Pero Atlanta, hija de Jasio, le asestó un flechazo detrás de la oreja, llegando a derribarlo. Meleagro, al fin, consiguió vencerlo con un golpe mortal, haciéndole pedazos y ofreció la cabeza del animal a la diestra cazadora.

Nasa más natural que esta prubea de aprecio tributada a una extranjera, pero los tíos maternos del héroe estaban completamente celosos al ver que una mujer arcadia había de recoger todos los honores de la caza, la provocaron y a la fuerza le arrancaron el presente hecho por Meleagro, añadiendo, además, numerosos insultos.

Lleno de furor Meleagro, no se pudo contener, y arremetió duramente contra sus familiares, atravesándolos con su espada y devolviéndole a la bella Atlanta los despojos del jabalí.


LA CAZA DE MELEAGRO
Jacques Raymond Brascassat
1825
Burdeos, Musée des Beaux-Arts



EL JABALÍ DE CALIDÓN
Sarcófago romano 
Roma, Palazzo dei Conservatori



MELEAGRO Y ATLANTA
Giulio Romano
1773



MELEAGRO Y ATLANTA
Jacob Jordaens
1620 - 1650
Madrid, Museo del Prado


LA MUERTE DE MELEAGRO

Altea, que amaba a sus hermanos, ofuscada por la desesperación que le causaba su muerte, echó al fuego el tizón que en otro tiempo retiró; consumiéndose el tizón y con él pereció Meleagro: una fiebre muy alta, ardiente, devoraba las entrañas del victorioso héroe a medida que la llama del hogar consumía el tizón. Su muerte produjo un profundo pesar en la ciudad de Calidonia. Sosegada Altea de su anterior obcecación, se dio cuenta de la enormidad de su crimen y se suicidó. 

Las hermanas de Meleagro, no pudiendo resignarse a abandonar el cuerpo de su hermano, permaneció junto a él día y noche, siempre sobre el sepulcro, negándose a tomar alimento y besando sin cesar las inscripciones que formaban su nombre, grabadas sobre el márbol. Diana, aplacada por tantas catástrofes y queriendo poner fin al dolor de las doncellas, las transformó en los pájaros llamados meleágridas.

sábado, 26 de octubre de 2013

BELEROFONTE


Belerofonte (también conocido como Belerofón o Belerofontes) era hijo de Glauco, el rey de Corinto, y de Eurimedea, así como nieto de Sísifo. Sin embargo, algunas tradiciones lo hacen hijo de Poseidón y Eurínome. Era un héroe de la mitología griega, cuyas mayores victorias fueron matar a la Quimera o domar al caballo alado Pegaso.

Su nombre original era Hipónoo o Leofontes, pero se lo cambió por el de Belerofonte, que significa "asesino de Belero", después de haber matado accidentalmente a un tirano de Corinto llamado Belero.

BELEROFONTE EN CORINTO

Habiendo matado accidentalmente a su hermano Deliades (también se utilizan los nombres de Pirén o Alcímenes) mientras andaban de caza, se refugió en la Argólida,  pues tuvo que abandonar Corinto y encontró  la hospitalidad en Tirito gracias a su rey, Preto. Vivía tranquilo en la corte cuando la esposa de Preto, que se llamaba Estenobea, prendada de la belleza del joven extranjero, le confesó su amor y que estaba pronta a seguirlo dondequiera que fuese.

Belerofonte, que no sentía amor por ella, acogió fríamente dicha declaración, y conociendo Estenobea que se mostraba insensible, troncó su amor en una auténtica antipatía, encarnizándose contra él, le acusó falsamente de diversos crímenes. Además, pidió, finalmente, su muerte. 


BELEROFONTE Y YOBATES

Preto, que no pensaba en violar los sagrados derechos de hospitalidad que imponía la sociedad griega del momento, lo envió a Licia, a la mansión del rey Yobates, padre de su mujer despechada, con un recado escrito: era una carta de recomendación el otro elemento que envió junto con Belerofonte, en la que realmente solicitaba el suplicio del culpable. Esta es la razón de que las cartas que encierran una orden funesta para aquel que las lleva, se llamen cartas de Belerofonte.

Yobaes dispensó a Belerofonte afectuosa acogida: los nueve primeros días se paso entre fiestas y regocijos. El décimo día, el rey abrió la carta que le entró el huésped, pero para no manchar su palacio con sangre, determinó exponer a Belerfonte a los mayores peligros conocidos. Le envió con unos pocos soldados a luchar contra los Solimos, un poderoso pueblo de la Pisidia. El héroe salió victorioso.

Después, se le encargó que fuera a combatir a las Amazonas, mujeres guerreras y resistentes a las que también venció.

Pero al final, se le ordenó matar a la terrible criatura Quimera. La Quimera era una criatura mitológica nacida de la unión de Tifón y Equidna. Era un ser monstruoso con el cuerpo dividido en tres partes diferentes: la anterior era de un feroz león, la central de una cabra y la posterior de serpiente. La tradición le atribuye la dotación de tres cabezas, la de león, la de un macho cabrío que salía de la parte superior del lomo y la de la serpiente o dragón, que nacía en la cola. Además, se pensaba que por las fauces echaba llamas de fuego ardiente y se admiraba su velocidad.

Sin embargo, las descripciones eran diferentes según las fuentes. Se defendió que tenía el cuerpo de una cabra, cuatro traseros de una serpiente o un dragón y la cabeza de un león. 

Atemorizaba a las poblaciones de las regiones de Asia Menor, engullendo rebaños, animales y arrasando todo campo posible.

Antes de ir a hacer frente a tal criatura, Belerofonte consultó al adivino Poliido, quien le aconsejó capturar al caballo alado Pegaso. Pegaso era querido por las Musas del monte Helicón, ya que con un golpe de su pata había hecho brotar una fuente de agua Hipocrene de la tierra.

Una vez armado se dirigió a confrontar a la Quimera: montó a Pegaso y volando sobre la fiera, empezó a lanzarle flechas. Luego, introdujo la punta de su lanza en las fauces del monstruo, cuyo aliento de fuego fundió la punta de plomo; este se escurrió por su garganta, quemando los órganos vitales, logrando vencerla.

Reconociendo entonces Yobates que tales hazañas eran debidas a especial protección de los dioses, le rogó que se quedase en sus estados. Le concedió su segunda hija en matrimonio, y le instituyó su sucesor en el trono. Atormentada Estenobea por los remordimientos, se envenenó.


BELEROFONTE MONTANDO A PEGASO
Mary Hamilton Frye
1914



BELEROFONTE, PEGASO Y MINERVA
Alexander Andreyevich Ivanov
1829

BELEROFONTE Y LA QUIMERA
Giambattista Tiepolo
1723
Venecia, Palazzo Sandi

viernes, 25 de octubre de 2013

DÉDALO E ÍCARO

La historia del Minotauro, "el toro de Minos", estaba estrechamente ligada a la historia de Minos, rey de Creta e hijo de Júpiter y Europa. Para justificar su derecho al trono de la mítica isla, pidió a Neptuno que le enviase del mar un toro para después sacrificarlo. 

El dios del mar atendió a sus peticiones y mandó al rey un gran toro blanco. Pero, tras confirmar su poder, Minos decidió conservar para sí el bellísimo ejemplar y sacrificar otro a la divinidad al cabo de un año de su ascensión política. Esa acción no quedó impune: para vengarse, Neptuno inspiró en Pasifae, esposa del rey, una profunda pasión por el todo. Escondida en el interior de una falsa becerra que Dédalo había construído para ella, la reina se unió al animal. De dicha unión nació el famoso Minotauro, un ser monstruoso y aterrador mitad hombre y mitad toro. Sin embargo, las leyendas más tradicionales defienden que el Minotauro era una criatura con cuerpo de hombre y sólo la cabeza era de toro.

Por su parte, Minos, asustado y completamente avergonzado, hizo que Dédalo le construyese un laberinto en el que encerrar al Minotauro.

A su vez, Neptuno castigó al rey de otras maneras: sus hijas Fedra y Ariadna fueron víctimas de la pasión del dios y su hijo Androgeo le fue arrancado por una muerte prematura.

Androgeo, que estaba dotado de especial habilidad para los ejercicios gimnásticos, acudió a Atenas para optar al premio de la lucha, la carrera y el pugilado que se celebraban con motivo de las fiestas de Minerva. Los más famosos atletas de Ática y Megara acudieron con el mismo fin. Sin embargo, Androgeo fue el único vencedor y consiguió todos los premios. La gloria y las coronas ganadas, excitaron la envidia de sus rivales que lo asesinaron cuando tenía pensado volver a Creta. Minos, encolerizado, juró vengarse.

El rey de Creta se presentó ante los príncipes vecinos para buscar una alianza, armó una flota y se dirigió a Megara con el objetivo de sitiarla. Escila, hija de Niso, rey de Megara, al divisar desde lo alto de la ciudadela al rey de Creta al frente de sus soldados, sintió por él vivo afecto. Tenía Minos figura apuesta y distinguida: Escila, para agradarle, no se cortó en hacer traición a su padre y a su país. La suerte de la ciudad de Megara dependía de un cabello purpúreo que Niso conservaba en su cabeza con mucho cuidado. Pero su hija Escila se lo cortó mientras el rey dormía, y se lo ofreció a Minos como prueba de ternura. El mismo día la ciudad fue tomada por el rey de Creta y sus seguidores, pero la perfidia de Escila causó tanto horror a Minos que éste no quiso ni verla ni hablarla. La joven, desgraciada y avergonzada, se precipitó en el mar. Sin embargo, los dioses la sostuvieron un momento en su caída y la convirtieron en alondra y su padre fue convertido en gavilán.

Mientras tanto, el artista ateniense Dédalo, que por orden de Minos había construido el famoso laberinto de Creta, vivía en esta ciudad con su hijo Ícaro, y pagaba con ingratitudes la hospitalidad que el rey le ofrecía favoreciendo las andanzas criminales de Pasifae, mujer intrigante y apasionada.

No pudiendo el rey de Creta contener más su enfado, encerró al arquitecto y a su hijo dentro del aterrador laberinto, quedando así largo tiempo cautivos en la inextricable morada, en la que, teóricamente, debían acabar sus días.

Dédalo, cuyo genio corría parejas con su audacia, pensó en un plan para poder escapar de su prisión, y bajo el pretexto de querer ofrecer un regalo a Minos, pidió a sus carceleros cera y plumas. Con estos elementos pudo construir unas alas: cuando las probaba notaba como se balanceaba en el aire, pudiendo, pues, partir y liberarse. Entonces, dirigiéndose a su hijo Ícaro le dijo: "Hijo mío; vuela con prudencia y guarda siempre en los aires una distancia conveniente. Si te elevas demasiado hacia el sol, su calor fundirá la cera de tus alas; si vuelas demasiado bajo, la humedad del mar las hará en extremo pesadas para tus débiles fueras. Evita uno y otro extremo y sígueme sin cesar". Con estas palabras, Dédalo se ajustó el complemento alado a la espalda de su hijo, no sin verter lágrimas de temor.

Ícaro levantó el vuelo de manera temblorosa hacia una nueva ruta mientras vacilaba y se extremecía. Poco a poco, cobra brío y fue dejando el miedo atrás, abandonando su guía y lanzándose hacia las alturas. Entonces, las ligaduras sujetas a las plumas se fueron aflojando paulatinamente; el calor solar derretía la cera, las plumas se desprendían y en el momento en que lanzado un grito de espanto llamaba a su padre, Dédalo, para pedir socorro cayó, encontrando la muerte en el mar que según su nombre fue denominado Icario. Este mar se extiende entre las islas de Quío, Samos, Patmos, Naxos y Micona,

Esta fábula por sus sentido natural tiene como finalidad simbolizar que Dédalo, que durante su cautiverio inventó el arte de poner velas a su barca, pudo así escaparse de la isla de Creta tomando tomando ventaja a los navíos de Minos, que le seguían a la fuerza de los remos. El bajel de su hijo, en cambio, fue mal dirigido y chocó contra los escollos quedando totalmente destrozado.

Dédalo prosiguió su peligrosa carrera y desembarcó en Cumas, en Italia. Allí levantó un majestuoso templo en honor al dios Apolo. Partiendo de esta región marcho a Sicilia donde reinaba Cócalo, que le ofreció asilo y protección. El obsesionado Minos por la búsqueda del fugitivo, no tardó en presentarse con su flota en las costas de Sicilia y requirió de Cócalo que le entregase a su prisionero. El príncipe se negó y como el rey cretense insistió con duras amenazas, le dio la opción de desembarcar y acudir a palacio para acabar este asunto con un arreglo amistoso.

El rey de Cumas decía esto en sentido muy distinto. Minos, que desde su bajel apenas entendió nada, aceptó la propuesta y acudió a la regia morada, donde fue recibido con los más grandes honores. Estos honores, en cambio, encubrían un engaño: llegado el segundo día fue conducido a una sala de baño donde los esclavos lo retuvieron durante un largo período de tiempo que el vapor del agua en ebullición lo asfixió acabando con su vida.


DÉDALO CONSTRUYENDO LAS ALAS PARA
SU HIJO ÍCARO
Roma, Villa Albani



DÉDALO E ÍCARO
Charles Paul Landon
1799
Musée des Beaux-Artes et de la Dentelle d'Aençon



EL LAMENTO DE ÍCARO
Herbert Hames Draper
1898

jueves, 24 de octubre de 2013

TESEO


EL NACIMIENTO DE TESEO

Egeo, el rey de Atenas, como no conseguía tener hijos, consultó al oráculo de Apolo, situado en Delfos, de quien obtuvo una respuesta más bien oscura. Fue a ver al sabio Piteo, rey de Trecén, pues era el hombre más virtuoso y prudente de los griegos, que comprendía las profecías de Egeo. Pidió su consejo y allí conoció a Etra, hija del soberano, con la que se casaría. De dicha unión nació Teseo.

Al marchar, ocultó su espada y sus sandalias bajo una pesada roca para que se los llevase a Atenas su hijo cuando fuese lo bastante fuerte para levantar la piedra. En efecto, el rey de Atenas no quiso llevarse consigo a Teseo porque temía la reacción d elos numerosos hijos de su hermano Palas. De hecho, éstos estaban convencidos de que como Egeo no tenía herederos, a su muerte podrían repartirse el poder de la ciudad. 



TEMIS Y EGEO
440 - 430 a.C.


PRIMEROS PASOS COMO HÉROE: PERIFETES, PROCUSTO,
ESCIRÓN, CERCIÓN Y SINNIS

Su primera hazaña fue la victoria sobre el bandido Perifetes, que vivía emboscado en las cercanías de Epidauro y que asesinaba con su maza a cualquiera que pasase por ahí. Teseo lo mató y como trofeo llevó siempre consigo la maza del criminal. Después, atacó y dio muerte a Procusto, Escirón, Cerción y Sinnis que cometían horribles crueldades.

Procusto era de estatura y fuerza prodigiosas y atraía a su mansión a los viandantes para robarles y hacerles sufrir suplicios atroces: por ejemplo, les tendía sobre un lecho de hierro y si sus piernas excedían los límites, cortaba de un fuerte hachazo la porción sobrante; si, por el contrario, las piernas eran más cortas, las estiraba hasta que dieran la longitud del lecho fatal.

Escirión era un bandido que saqueaba a viajeros sorprendiéndolos en desfiladeros de las montañas, en las inmediaciones de la ciudad de Megara. Además, les obligaba a lavarles los pies en la cima de una peña elevada y desde allí, sin esfuerzo alguno y de un solo golpe los arrojaba al mar. Teseo lo castigó con el mismo suplicio, pero la tierra y el mar se negaron a recibir el cuerpo, de manera que quedó suspendido en el aire por algún tiempo, hasta que al fin se convirtió en peñasco.

Cerción, que era en extremo hábil en ejercicios gimnásticos, obligaba a los caminantes a luchar contra él. El resultado era que el criminal salía victorioso y mutilaba a sus víctimas. Teseo lo derrotó arrancándole la vida.

Sinnis estaba dotado de una extraordinaria fuerza: torcía árboles corpulentos, juntaba sus ramas más altas y ataba a ellas a aquellos que había conseguido vencer. Las ramas, al recobrar su posición natural, descuartizaban a los desgraciados. Pero Teseo consiguió evitar más víctimas dándole muerte.



TESEO MATA A PROCUSTO
s. V a.C.
Londres, British Museum


TESEO Y EL MINOTAURO

La mayor gesta que hizo que los hombres envidiasen a Teseo fue la que le esperaba en la mítica isla de Creta. Minos, el rey, después de haber vencido a los atenienses, los había condenado a entregarle cada año siete hombres y otras tantas mujeres. Estos catorce servirían, pues, de alimento del Minotauro, un monstruo mitad hombre y mitad torro, encerrado en el laberinto.

El héroe quiso vengarse en el nombre de su patria del vergonzoso tributo, uniéndose al grupo de las víctimas sacrificadas al Minotauro. Partió hacia Creta, donde su carácter, belleza, juventud y aire noble robaron el corazón de la princesa Ariadna, hija de Minos. Teseo le prometió que la llevaría a Atenas consigo para poder casarse con ella, siempre que triunfase su empresa saliendo sano y salvo del terrible laberinto.

Ariadna le fue muy útil en su cometido. Con sus consejos ayudó a su amado héroe: le dio un ovillo de hilo mediante el cual podría guiar sus pasos por los oscuros pasillos de aquella estructura laberíntica. Así pues, Teseo se enfrentó al Minotauro y lo mató, salvando a Atenas del suplicio impuesto por Creta. Después de la muerte del monstruo, el héroe consiguió salir de los infinitos corredores del laberinto gracias a la idea de Ariadna.



TESEO VENCE AL MINOTAURO
EN PRESENCIA DE ATENEA
Copia de Aisón
s. V a.C.
Madrid, Museo Arqueológico Nacional



TESEO VENCE AL MINOTAURO
Antoine-Louis Barye
1843


TESEO Y ARIADNA

Pero la ayuda de Ariadna no fue suficiente para satisfacer al héroe, pues rompió su promesa de llevarla a su ciudad natal. Pagó el servicio de la bella princesa con la más indigna perfidia, pues apenas hubieron embarcado los dos en el bajel que debía transportarlos a Ática, Teseo se detuvo en la isla de Naxos para poder descansar. Aprovechando un momento en el que la inocente Ariadna dormía de manera apacible sobre la ribera, se hizo a la vela y la abandonó en la playa. Ariadna, destrozada, consiguió rehacer su vida más tarde convirtiéndose en la esposa del dios del vino, Baco.



ARIADNA ABANDONADA POR TESEO
Angelica Kauffmann
1780
Colección particular




BACO Y ARIADNA
Tiziano
1520 - 1522
Londres, National Gallery


TESEO EN ATENAS

Egeo, padre de Teseo, esperaba impaciente el resultado de la aventura de su hijo. Antes de partir, recomendó al héroe que si retornaba vencedor, en lugar de un pabellón negro que tremolaba en su bajel, una bandera blanca adornada con flores y gallardetes se izaría al viento. Egeo, alarmado por la prolongada ausencia, se subía cada día a lo más elevado de un altozano y se esforzaba por descubrir a lo lejos el bajel tan ansiosamente añorado.

Teseo, entre tanto, estando en el camino rubo hacia Atenas, se le olvidó izarlo, por lo que la señal de victoria quedó escondida. Al ver el desgraciado padre la bandera negra, creyó que su hijo había caído en combate y se precipitó al mar. Este mar, situado entre el Asia Menor y el Peloponeso, se ha llamado desde entonces el mar Egeo.

El trono de Atenas, por tanto, pertenecía a Teseo legítimamente; pero sus primos, que en la historia son conocidos como los Palántidas, por ser hijos de Palas, hermano de Egeo, le desafiaron para poder conseguir el trono. Prepararon emboscadas y se movilizaron para ir en contra del héroe victorioso.

En Atenas, Tese contaba con numerosos amigos y después de haber intentado, aunque en vano, convencer a sus parientes de la legitimidad de su derecho por la persuasión, armó un ejército basado en ciudadanos fieles, atacó a los Palántidas -que en total eran cincuenta- y los destrozó, pues no quedó ni uno con vida.

Asentado tranquilamente ya en el trono, trabajó por reformar las leyes establecidas con anterioridad y dictó algunas nuevas. Engrandeció la ciudad de Atenas, atrajo a los extranjeros y a fin de constituir una a modo de república, resignó sus poderes civiles en manos de un consejo y solamente se reservó el mando del ejército.



NUEVOS TRIUNFOS

La conquista del vellocino de oro y la caza del jabalí de Calidonia acrecentaron todavía más su fama. También acompañó a su gran amigo Hércules en su expedición a las márgenes del Termodonte a buscar y dar batalla a las Amazonas, las mujeres guerreras a las cuales venció haciendo prisionera a su reina Hipólita o Antíope, que tomó por esposa y que fue la madre de Hipólito.



EL COMBATE DE LAS AMAZONAS
Peter Paul Rubens
1616 - 1618
Munich, Alte Pinakothek


TESEO Y FEDRA

A la muerte de Antíope se volvió a casar tomando por esposa a Fedra, hija del rey Minos, siéndola concedida su mano. Pero la sangre de Minos debía ser funesta para la tranquilidad de Teseo, pues apenas hubo Fedra llegado a Trecena, puso los ojos en el mancebo de Hipólito, hijo de la Amazona.

Hipólito, educado lejos de la corte bajo la dirección de su bisabuelo, el sabio Píteo, y ajeno en absoluto a las seducciones del amor, se hallaba por completo dedicado a los estudios. Vivía sin otro descanso que el placer de la caza, ni más adorno de su persona que el arco y las flechas, ni culto alguno que no fuese rendido hacia Diana, reina de los bosques.

Irritada Venus por tantos desdenes, decretó su muerte. Inspiró a Fedra una pasión tan arrebatada por el mancebo, que la madrastra, fuera de sí, totalmente enloquecida, aprovechó una ocasión en la que Teseo se encontraba ausente, no vaciló en confesar su ardiente amor por el hijo del héroe. El arrogante cazador no respondió a ninguna protesta, pues el silencio y el desdén se hicieron presentes.

Llena de confusión, Fedra se retiró a su dormitorio, escribió una carta a Teseo y se suicidó. Esta carta contenía una odiosa calumnia: en ella se imputaba a Hipólito con un crimen que solamente la propia Fedra se había hecho culpable. A su regreso, Teseo se enteró de la muerte de su esposa, abrió la carta y no dudó ni un segundo que la conducta de su hijo fue la responsable de la muerte de Fedra.

Teseo llamó a su hijo, lo colmó de reproches, lo desterró lejos de Trecena sin escuchar las justificaciones del "culpable" y exclamó: "¡Oh padre mío Neptuno! Tú me prometiste acoger favorablemente por tres veces mis ruegos: cúlpeme, aunque sólo sea por esta vez, lo que te pido y haz que mi hijo perezca. Por el cumplimiento de esta venganza conoceré que eres fiel a tus promesas".

No habiendo podido Hipólito desarmar a su padre ni conmoverlo, con el corazón entristecido subió a su carro y salió de Trecena. Cuando llegó a la orilla del mar, un terrible y enorme monstruo marino enviado por el dios de los mares, Neptuno, espantó a sus caballos, que se encabritaron. Arrastrado y cubierto de heridas, expiró a los pocos momentos. Teseo no comprendió su fatídico error, sólo cuando ya era demasiado tarde como para remediarlo.



FEDRA
Alexandre Cabanel
1880



LA MUERTE DE HIPÓLITO
Nicolas Poussin
1647
Biblioteca Pierpont Morgan


LA MUERTE DE TESEO

Ente tranto, Menesteo, hijo de Petes y descendiente directo de Erecteo, supo alagar de tal manera al pueblo ateniense poniendo en juego tantas intrigas y artificios que consiguió ser coronado rey y sustitur al héroe. Teseo intentó reasumir el mando del ejército y hacer valer sus derechos en vano.

Los habitantes de la ciudad de Atenas, olvidando todo cuanto por ellos había hecho su antiguo rey, lo obligaron a retirarse de la ciudad. Éste se refugió en la isla de Esciros, donde el rey Licomedes, sobornado por Menesteo, nuevo soberano de Atenas, lo asesinó.

Los atenienses reconocieron por fin su ingratitud: restituyeron en el trono a los hijos del héroe y levantaron un templo y un gran sepulcro en honor al vencedor del Minotauro.


TESEO COMO REFERENCIA HISTÓRICA: CAMBIOS EN ATENAS

Durante el periodo oscuro de la antigua Grecia, los atenienses vivían distribuidos en pequeñas ciudades-estado denominadas polis, con sus órganos de gobierno agrupados en torno a la élite aristocrática que concertaban en el oikos la actividad económica.

Desde Teseo, los oikos se unificaron en un sólo órgano político, con lo que desaparecía la anterior función regia, creando asó una nueva solidaridad. Nació la nueva polis, con una sola boulé y un solo pritaneo, gobernada por los arcontes. La tradición era capaz de reproducir nombres de arcontes desde el siglo XI a.C. El proceso de transformación fue largo y complicado, seguramente conflictivo, que para alcanzar su plenitud debió de durar con toda probabilidad a lo largo del período oscuro, queda sintetizado en el mito de Teseo.

Esta época oscura aparecía dominada por la aristocracia gentilicia, con referencia al basilei. La aparición de los arcontes vitalicios supuso el cambio definitivo, donde la aristocracia quedó en un segundo plano. Las rivalidades familiares eran resueltas en la nueva sociedad, necesaria para afianzar nuevas formas de control.

En esta cronología se consolidó el sistema por el que cada una de las cuatro tribus (phylai) estaba dividida en tres phratríai, cada una de éstas en un número indeterminado de eugeneis, los de un genos conocido, que monopolizaban el mérito de las antiguas hazañas de guerras, y se erigen en áristoi, capaces de competir por la basileia.

Pero frente a la competitividad se impuso la solidaridad del sinecismo y el poder se ejercía por nuevos arcontes, uno más destacado que da nombre al año llamado epónimo; otro que recibe el poder militar, polemarco, seguramente heredero del jefe del ejército regio, cuando el rey sobrevivía a pesar de no ser capaz de dirigir las fuerzas militares o no querer, porque tenía ya el suficiente prestigio para nombrar a un colaborador dedicado a ello; el tercero heredaría, como sacerdote, el título de basileus; finalmente, otros seis serían los encargados del establecimiento y custodia de las leyes; los thesmoi o tesmótetas.


TESEO
Atenas

miércoles, 23 de octubre de 2013

JASÓN: LA EXPEDICIÓN DE LOS ARGONAUTAS


Jasón era hijo del rey de Yolcos, Esón, en Tesalia. Habiendo sido destronado su padre por el hermano de éste, Pelias, los dioses anunciaron al usurpador del trono que sería expulsado o muerto por un hijo de Esón. Desde que Jasón llegó al mundo, su madre, para poder protegerle poniendolo a salvo de las iras del tirano, difundió el rumor de que el pequeño estaba muy enfermo y poco tiempo después anunció que había fallecido. Ella misma ordenó que se celebrasen en su honor solemnes exequias dando inequívocas muestras de verdadero pesar.

Mientras tanto, lo envió en secreto al centauro Quirón, que lo tomó bajo su custodia enseñándole diferentes artes, como por ejemplo la medicina y la astronomía.

Cuando el héroe cumplió los veinte años se separó de su tutor y fue a Delfos a consultar al oráculo. Éste le ordenó que vistiera de la manera que lo hacían los naturales de Magnesia, un pueblo de Macedonia: se tenía que cubrir con una piel de leopardo y tenía que ir armado con dos lanzas.

Jasón obedeció sin demora. Cuando llegó a Yolcos atrajo la atención de todo habitante por su aire marcial y su extraña manera de vestir. Interrogado y obligado a responder, tuvo que revelarse como hijo de Esón y reclamó a su tío la herencia paterna. Pelias, que no quería abandonar el cetro y a la vez temía al pueblo, pensó que lo mejor era alejar a su adversario proponiéndole que llevara a cabo una empresa larga pero gloriosa.


JASÓN CON EL VELLOCINO DE ORO
Bertel Thorvaldsen
1803
Museo Thorvaldsen


ANTECENDENTES DE LA MISIÓN DE JASÓN

Los antecedentes de la famosa expedición de los Argonautas tuvieron lugar en la ciudad de Tebas, cuyo rey, Atamas, desposó a una pura joven llamada Nefele, la diosa nube, de la que nacieron dos femelos: Frijo (o Frixio) y Hele. Después,, el rey repudió a la diosa para casarse con Ino, y de este segundo matrimonio nacieron Learco y Melicerte. Ofendida, Nefele abandonó la ciudad.

Después de su partida, sobre las tierras de Atamas se abatió una larga sequía. No está claro que el motivo fuese la ira de la diosa nube o las oscuras tramas de Ino, que quería librarse de sus hijastros. Para encontrar una solución a tal situación, Atamas mandó interrogar a un oráculo, que ordenó que Frijo y Hele fuesen sacrificados. Pero Nefele intervino salvándolos: la diosa envió a sus dos hijos a un carnero de vellocino de oro que le había regalado Mercurio y que condujo a los dos jóvenes al cielo.

Durante el viaje, Hele cayó al mar, mientras que Frijo llegó sano y salvo a Cólquida, donde reinaba Aetes, que lo acogió y le dio por esposa a su hija Calcíope. Tras sacrificar el carnero a Júpiter, Frijo le dio el vellocino al rey, que lo clavó en una encina de un bosque consagrado al dios Marte, dejándolo custodiado por un dragón.

El rey Pelias llamó a Jasón a palacio y le habló de esta manera: "Preocupado por terribles ensueños he consultado el oráculo y éste me ha ordenado que aplacara los manes de nuestro antepasdo Frijio, que fue en otro tiempo degollado en la Cólquide, y que transportara sus cenizas a su patria. Puesto que mi avanzada edad no me permite acometer tal expedición, puedes tú emprenderla confiando en tu juventud y bravura; el deber te obliga a ello, el honor te llama a realizarlo. Yo te juro por Júpiter que después que hayas realizado esta gesta te restableceré en el trono de Esón, tu padre". A esto añadió que Frijo, al morir, dejó sus tierras de la Cólquide un vellocino precioso, cuya conquista puede llenar a Jasón de innumerables glorias y riquezas.


FRIXOS Y HELE
Dibujo tomando como ejemplo un fresco romano


LA EXPEDICIÓN DE LOS ARGONAUTAS: PRIMEROS PASOS.

Cuando Jasón llegó a edad adulta, volvió a Yolcos, su ciudad natal para reclamar el trono de su padre: Pelias le prometió que renunciaría al reino si le traía el famoso vellocino de oro que Frijo, al llegar a Cólquida, había regalado a Aetes, que se encontraba en un bosque consagrado a Marte.

Jasón tenía entonces aquella edad feliz en que se siente ambición por coronarse de fama heroica, y aprovecho la ocasiónn que se le presentó para conquistarla. Su expedición fue anunciada por toda la Grecia: cincuenta y dos príncipes acudieron a la ciudad de Yolcos para poder llegar a formar parte de ella. 

Jasón mandó construir la embarcación más grande y robusta que hubiese existido nunca y la llamó Argos, en honor a su hábil constructor. Constaba de cincuenta remos: Minerva trazó el plano del mismo y ayudó personalmente a construirlo. La madera empleada en él fue cortada de los árboles del monte Pelión; una encina del bosque de Dodona sirvió para construir un gran mástil. Terminado el navío, lo transportaron sobre sus espaldas desde el Danubio hasta el mar Adriático, y se dice que fue el primer barco que surcó las ondas.

Jasón, autor de la empresa, se constituyó en su jefe principal. Los otros guerreros eran: Admeto, Teseo, Cástor y Pólux; Hércules, quien no acabó el viaje porque el peso de su cuerpo ponía al barco en continuo peligro; Linceo, que tenía una vista tan penetrante que conseguía ver a través de las murallas, descubría los escollos escondidos bajo las aguas y distinguía objetos a tres leguas de distancia; Orfeo, peta de Tracia; Peleo, natural de Eaca y padre de Aquiles; Piritoo, Augias, Hylas, Meleagro, Esculapio y Tifis, experto piloto.


EL ARGO
Lorenzo Costa
1484 - 1490
Padua, Museo Civico degli Eremitani


LOS ARGONAUTAS EN MAGNESIA

Los primeros pasos de la expedición de los Argonautas se encontraban cerca del cabo de Magnesia, situado en Macedonia, en los momentos en que tuvieron una navegación tranquila, pausada y feliz.


LOS ARGONAUTAS EN LEMNOS

Después, al ser sorprendidos por una gran tempestad, fueron obligados a refugiarse en la isla de Lemnos. Allí, la hija del rey, Hipsipila, les dispensó una excelente acogida, permaneciendo allí dos años cautivados por los encantos de las féminas de la isla. 

Hipsipila fue la que especialmente atrajo las miradas del jefe de la tripulación heroica, que le prometió el juramento de regresar y fijar su residencia al lado de la princesa, tomándola por esposa, de retorno de la expedición. ¡Frívolo y engañoso juramento!


HYLAS Y EL RÍO ASCANIO

Al llegar a las costas de la Tróade determinaron que Hylas saltase a tierra para proveerse de agua en un río llamado Ascanio. Pero las ninfas que moraban en sus orillas lo apresaron y retuvieron en sus subterráneas mansiones, donde Hylas cayó en la corriente del río y se ahogó. Al ver Hércules que Hylas no regresaba de su cometido, saltó a tierra, lo llamó mil veces, y los campos se estremecieron a sus voces de dolor.


LOS ARGONAUTAS EN LA CÓLQUIDE: EN BUSCA DEL VELLOCINO DE ORO

Partiendo del lugar de desgracia de Hylas, en las costas de la Tróade, pasaron al Ponto Euxino y, finalmente, desembarcaron en Ea, capital de la Cólquide, que era la meta de su navegación.

No había nada más difícil que arrebatar a Aetes, rey de la comarca, el vellocino de oro que Frijo en otro tiempo llevó hasta esas tierras. Se hallaba suspendido de un árbol en medio de los campos. Estaba custodiado día y noche por un horrible dragón y dos toros monstruosos, cuyos cuerpos eran impenetrables mediante el hierro y que vomitaban llamas por sus narices.¿Qué podían el valor y la habilidad contra tales adversarios? Juno y Minerva, protectoras del líder de los Argonautas, le allanaron los obstáculos, inspirando a Medea, hija de Aetes, la más viva pasión por el héroe.

Medea, hija del rey Aetes y nieta del dios Sol, ayudó a los Argonautas en su misión. Aunque Medea a penas conoce al recién llegado Jasón, la joven lo amaba y admiraba, ofreciéndole su ayuda para el terrible ataque y le dijo: "Yo conseguiré domar los dos toros, infundiré al dragón un sopor profundo y te entregaré los tesoros de mi padre; serás dueño absoluto del vellocino de oro, pero ante todo, hacia la medianoche, haz que te acompañen tus más íntimos hasta el templo de Hécate y allí, en presencia de la terrible divinidad, me jurarás amor y fidelidad y prometerás ser mi esposo y mi protector. Sólo a este precio, obtendrás el corazón y los tesoros de Medea".

Jasón aceptó dicha proposición y corrió al pie de los altares a prestar su juramento. Medea, por su parte, cumplió puntualmente su promesa: los toros quedaron reducidos a la impotencia, el dragón sumido en un profundo sueño cuando ésta cantó con una voz dulce invocando al Sueño, y el vellocino de oro fue arrebatado por Jasón. Aetes, el rey, ignoraba todo lo que andaba ocurriendo; entre tanto, el caudillo de los Argonautas, disponía de los preparativos para la partida. Seguido de Medea, aprovechó las sombras de la noche para volver a su nave, llamó a sus compañeros y se alejó de la Cólquide cargado de considerables tesoros.

Aetes, sin embargo, no tardó casi en darse cuenta de la traición de su hija. A pesar de que Jasón saliera victorioso de la empresa, Aetes se negó a conceder el vellocino de oro al héroe, conspirando contra él intentando destruir la nave y su proyecto.


MEDEA
Anthony Frederick Sandys
1868
Birmingham, Museum and Art Gallery



JASÓN AMANSA A LOS TOROS DE AETES
Jean-François de Troy
1742
Birmingham, The Barber Institute of Fine Arts



JASÓN Y EL VELLOCINO DE ORO
Erasmus Quellinus
1636 - 1637
Madrid, Museo del Prado


JASÓN EN YOLCOS

Jasón llegó gloriosamente a la ciudad de Yolcos y se dispuso a celebrar su victoria con públicos regocijos. Esón, su padre, abatido por la edad y los achaques, hubiera deseado tomar parte en las fiestas o al menos asistir a ellas como un simple espectador.

El héroe rogó a Medea que le rejuveneciera utilizando los más eficaces secretos de su arte. Deseosa de complacer a su marido, montó sobre un carro aéreo, recorrió diversas regiones y recogió hierbas mágicas. Las preparó en forma de brebaje y las introdujo en las venas del padre de Jasón de manera milagrosa.

Tan pronto como se sintió rejuvenecido, su pelo recuperaba el color natural, las arrugas desaparecían de su rostro y paulatinamente recobró su lozanía, alegría y vigor. Pelias, enemigo tanto de Jasón como el destronado Esón, arrastraba una vida achacosa y caduca. Admiradas las hijas del tirano del milagro de su tío, conjuraron a Medea para que obrase el mismo prodigio en favor de su padre. La maga accedió a ello y para mejor convencerlas del poder de su arte, cortó en trozos un viejo carnero y lo puso en una caldera de la cual lo sacó convertido en cordero. De la misma manera ahogó al anciano Pelias, lo cortó en trozos, arrojó sus miembros en una cuba de agua hirviendo y allí los dejó hasta que el fuego se consumió por completo, siendo, por tanto, imposible a sus hijos tributarle los honores de sepultura.


JASÓN EN CORINTO: LA VENGANZA DE MEDEA

Este hecho irritó a los habitantes de la ciudad de tal manera, que Jasón y Medea tuvieron que fugarse, retirandose en Corinto, al lado de Creonte, el rey de aquella comarca. Allí  vivieron diez años en perfecta unión. Así llegaron al mundo dos hijos, pero luego fue turbada por la ingratitud de Jasón, quien, olvidando sus obligaciones de marido y los juramentos, pidió en matrimonio a la hija de Creonte, Glauca.

Se casó con la princesa y repudió a la de la Cólquide. Medea disimuló su enfado para poder llegar a vengarse de Jasón: fingió que tal alianza era de toda su conformidad y tomó parte en la ceremonia nupcial. 

Cuando ya la alegría del esposo parecía asegurada, Medea hechizó los adornos y las joyas que ofreció a la hija del rey como regalo. En cuanto la princesa puso mano a tales alhajas, su pelo, su vestido y todo su cuerpo ardieron, prendiendo fuego al palacio, pereciendo en medio de llamas ella con su padre.

Poco satisfecha con el resultado de la primera venganza, Medea mató a presencia de Jasón, los dos hijos del marido infiel y subiendo rápidamente sobre un carro tirado por dragones se dirigió a la ciudad de Atenas, en Ática.

Medea supo ganarse tan hábilmente, por medio de sus artificios, la simpatía del rey de Atenas, Egeo, quien se avino a tomarla por esposa.Más tarde y cuando Teseo, heredero del trono, fue a Atenas, Medea pensó hacerse de él para asegurar la corona en las sienes del hijo que había nacido de su unión con el rey. Pero descubierto el propósito, Medea fue objeto de la execración popular, viéndose obligada a huir en su carro alado, buscando su último asilo en la Cólquide, donde murió a una edad muy avanzada.



MEDEA MATA A SUS HIJOS
Eugène Delacroix
1862
París, Louvre


LA MUERTE DE JASÓN

Después de esta catástrofe, Jasón, dominado por la tristeza, llevó una vida errante y solitaria y un día que se encontraba descansando en la orilla del mar, a la sombra del bajel Argo que estaba en la playa, un leño desprendido de él destrozó la cabeza del héroe. De esta manera murió el ilustre jefe de los Argonautas. 

Después de su muerte, se levantaron en su honor estatuas y lo veneraron como semidiós.

lunes, 21 de octubre de 2013

PERSEO


Perseo era hijo de Júpiter y Dánae y nieto de Acrisio, rey de Argos. 

EL NACIMIENTO DE PERSEO

Un oráculo había predicho al rey de Argos, Acrisio, que sería asesinado por su propio nieto. Atemorizado, el rey encerró a su única hija, Dánae, en una gran torre de bronce y rechazó darla en matrimonio a todos los príncipes que la solicitaron. Pero Júpiter, que la amaba con locura, queriendo introducirse hasta la guarida de la joven princesa, se transformó en una fina lluvia de oro. Así consiguió penetrar en la torre o, según otros, prodigó a manos llenas este metal entre los soldados que custodiaban a Dánae con el fin de sobornarlos; la raptó y se desposó con ella en secreto. De este matrimonio nació el héroe semidiós Perseo.

Acrisio, atento a las amenazas del oráculo sin ser sensible hacia el amor paterno, cogió a Dánae y su hijo abandonándolos en una frágil barca en medio de las olas agitadas por un fuerte vendabal. Su muerte parecía ya inevitable pero un dios velaba sobre ellos, arrastrando la embarcación hasta la isla de Serífea. En la ribera de la isla la barca fue recogida por un pescador llamado Dietys. Condujo a los dos a presencia del rey Polidecto, recibiendo a Dánae con benevolencia. El rey encargó a los sacerdotes del templo de Minerva que cuidaran de la educación de Perseo.


DÁNAE
Jan Gossaert
1527


PERSEO Y MEDUSA

Veinte años después, la bravura del héroe y el afecto que el pueblo le tenía oscurecieron la divina gloria de Polidecto, que buscó un pretexto razonable para alejarlo de allí; halagó las ambiciones del joven con promesas y triunfos y laureles; después, le propuso que se preparase para una expedición arriesgada a la par que brillante. Se trataba de ir al encuentro de Medusa, una de las temidas criaturas conocidas como Gorgonas. El fin era llegar a luchar contra ella y cortarle la cabeza. 

Medusa en vez de cabellos tenía serpientes y por su aspecto asqueroso convertía en piedra a todo aquel que la buscaban para hacerle frente. Perseo aceptó sin titubeo alguno y los dioses vinieron en su ayuda. Minerva le prestó su escudo, luciente como un espejo; Mercurio sus talares y una espada de diamante; Plutón, un casco que le convertía en invisible. Otras versiones aceptan el hecho de que también consiguió la ayuda de Pegaso. Armado con esa  defensa, se traslado a la otra extremidad del océano, hasta la espantosa morada de Medusa a la que halló sumida en un profundo sueño, ella y sus serpientes. Minerva guió el brazo del hñeroe que mantenía a su lado el escudo, en el cual la cara del monstruo se reflejaba, llegando a no atreverse a mirar. De un golpe, le cortó la cabeza. Las otras dos gorgonas, que se habían despertado al oír tal ruido, quisieron vengar a su hermana. Pero Perseo escapó gracias al casco proporcionado por el dios del inframundo. Levantó su vuelo llevando consigo la cabeza de Medusa ligada a la cara exterior del escudo.


PERSEO CON LA CABEZA DE MEDUSA
Benvenuto Cellini
1554
Florencia, Logia del Lanzi


PERSEO Y ATLAS

El sol ya se encaminaba hacia el ocaso y Perseo se encontraba aún en las regiones más altas del aire. Al caer la noche, descendió a tierra firme y se detuvo en la Mauritania para descansar hasta que amaneciese. Un terrible titán gigante llamado Atlas era el rey de esta comarca; sus innumerables rebaños llenaban los campos y en sus huertos crecían árboles cargados de manzanas de oro. Este era el famoso jardín de las Hespérides, donde Hércules consiguió la finalidad de uno de sus trabajos.

Perseo se adelantó al encuentro con el titán, pidiéndole hospitalidad: "Si algo vale en vuestra consideración la gloria de una elevada alcurnia, sabed que Júpiter es mi padre, y si las gestas gloriosas os merecen etima, creo podré obtener vuestro aprecio y digna acogida". A estas palabras, Atlas recuerda que un antiguo oráculo le había predicho, que un hijo de Júpiter le despojaría de su reino. Lejos, pues, de dar oídos a los ruegos, le ordenó que se alejase de sus estados. Estaba ya a punto de unir la violencia a las amenazas. El héroe griego se sintió demasiado débil para poder conseguir una victoria en una lucha contra el gigante, y le dijo: "Ya que tú desprecias por igual mis glorias y mi linaje toma el premio que mereces", le arrojó la cabeza de Medusa y le transformó en montaña (la cordillera de Atlas, norte de África).

PERSEO Y ANDRÓMEDA

Era ya la hora del lucero de la mañana abre las puertas al día: Perseo calzaba las alas y levantaba el viejo. Después de un largo trayecto se detuvo para contemplar la Etiopía en el preciso momento en el que Andrómeda, hija del rey Cefeo, se encontraba encadenada a la orilla del mar, a punto de ser devorada por un terrible monstruo marino.

Desde lo más alto de las regiones etéreas, descendió hasta ella y le preguntó su nombre y la causa que puede motivar tan bárbaro tratamiento. Andrómeda le mostró los ojos arrasados en lágrimas sin proferir palabra alguna; pero obligada a dar una respuesta, le reveló su nombre, su familia y el injusto suplicio al que estaba condenada. La madre, Casiopea, ensorbecida a causa de su belleza, había osado afirmar que era la más bella entre todas las Nereidas, las divinidades marinas nietas de Océano. Estas, ofendidas por tal presunción, pidieron a Neptuno que las vengase por el ultraje padecido. El dios del mar envió a un monstruo marino que devastó el país y, a través de un oráculo, hizo saber que, para librarse del flagelo, Andrómeda le había de ser sacrificada.

Aun pronunciaba las últimas palabras, cuando el terrible monstruo se acerca para tragársela. Andrómeda lanzó un grito de espanto; sus padres que la contemplaban se golpeaban el pecho, rasgaban su rostro y se revolcaban en polvo. "Los momentos son preciosos - decía Perseo - Si el hijo de Júpiter, si el vencedor de la Gorgona os pidiera a vuestra hija por esposa ¿se la concederíais? Con esta condición os juro que la liberaré". La proposición fue aceptada. El héroe levantó el vuelo y desde una altura considerable cayó sobre el dragón, le hiere con su espada, le abre los costados y le arranca el corazón. La muchedumbre prorrumpe en aclamaciones: Cefeo y Casiopea, en el paroxismo de su alegría, abrazaban a Perseo como su salvador y su yerno, y Andrómeda, liberada ya, llega al palacio y temblorosa sostenida por su salvador. All día siguiente comenzaron los preparativos de la boda.


PERSEO Y ANDRÓMEDA
Paolo Veronese
Segunda mitad del s. XVI
Renne, Musée des Beaux - Arts



PERSEO LIBERA A ANDRÓMEDA
Peter Paul Rubens
1639 - 1640
Madrid, Museo del Prado


PERSEO Y FINEO

Mientras se celebraba la boda, Fineo, tío de Andrómeda, que había sido su amante anteriormente, se presentó en la sala del festín acompañado de numerosos amigos. Provocó una querella y entró en una lucha sangrienta. En medio de la confusión las mesas fueron derribadas, los lechos destrozados y la vajilla saltaba hecha pedazos. Perseo amilanado por la superioridad de sus enemigos, estaba ya para sucumbir y perder el fruto de sus anteriores victorias; en aquel momento se acordó del escudo, lo encara a sus perversos adversarios y los transforma en piedras. 

PERSEO SE VENGA DE POLIDECTO

Entonces, el héroe, después de una ausencia de cuatro años, regresó a la isla de Seriféa donde Dánae estaba aun cautiva de Polidecto, llenándola de ultrajes. A ruegos de Dánae, su madre, Perseo lucho contra el tirano y lo mató. 

PERSEO, PRETO Y ACRISIO: EL CUMPLIMIENTO 
DE LA PROFECÍA

Más tarde, Perseo venció a Preto, hermano de su abuelo, que había usurpado el trono de argos a Acrisio. Acrisio, sabedor del camino triunfal de su nieto, fue hasta un lugar llamado Larisa para felicitarlo, expresar gratitud y reconciliarse con él. Este mismo día se celebraban los juegos de la rayuela, que era el ejercicio en boga.

Perseo quiso dar pruebas de su fuerza y maestría pero lanzó el disco con tal mala suerte que dio en la frente de su abuelo, lo mato de manera instantánea, con lo que se realizaron las predicciones del oráculo.