domingo, 22 de septiembre de 2013

HADES O PLUTÓN


Hades (en la mitología griega) o Plutón (en Roma) era hijo de Saturno y Rea y hermano de Júpiter, Neptuno y Juno. Cuando la victoria sobre los Titanes por parte del rey de los dioses, los tres hijos de Saturno se repartieron el universo. Júpiter se convirtió en el señor del cielo, Neptuno el soberano de las aguas y Plutón consiguió el reino de los muertos, la peor parte de todas.

En los infiernos, el dios gobernaba con auténtica severidad; todos aquellos que entraban en su temible reino no tenían ninguna esperanza de salir de él salvo alguna rara excepción establecidas directamente por los dioses. Su esposa fue Proserpina, a quien raptó mientras recogía flores con sus compañeros.

En la tradición griega, el nombre del dios es Hades ("el invisible"). Los antiguos muy pocas veces lo nombraban pues se pensaba que, incluso con decir su nombre, el dios se airaba. Por tanto, los epítetos eran comunes donde el más frecuente era "Plutón", del griego pluton que significa "el rico", haciendo alusión así tanto a las riquezas de la tierra cultivada como a los tesoros que el subsuelo escondía en las minas.

Entre sus atributos se encontraban el cetro, el bidente y a menudo Cerbero, el perro, aparecía a su lado.

Generalmente se presenta a Plutón con semblante lívido, de cejas espesas y ojos rojizos para poder crear una mirada totalmente amenazadora. Lleva en su mano derecha un cetro o una horquilla con dos puntas, conocido como bidente, y en la izquierda tiene una llave para indicar la imposibilidad de salir de los infiernos.
Su corona era de ébano, delantado por su color oscuro al dios de las tinieblas. A veces su cabeza aparecía cuvierta con un casco que le hacía invisible. En algunas esculturas, aparecen sentadas a su lado las tres Parcas y a sus pies descansaba el temible perro Cerbero (o Cancerbero).

Plutón era la única divinidad superior sin templos ni altares. Se le sacrificaban víctimas negras cuya sangre corría hasta llegar a una hoya. El ciprés y el narciso eran plantas que le estaban especialmente consagradas.


HADES CON CERBERO
Museo Arqueológico de Creta



PLUTÓN LLEGANDO AL TÁRTARO
Joseph Heintz el Joven
1640
Maránské Láznê, Mêstké Muzeum



PERSEFONE O PROSERPINA

Plutón vivia en una mansión que inspiraba horror, tenía un aspecto físico que repugnaba, al igual que su duro carácter. Por todos esos motivos todas las diosas huían de él, ninguna se atrevía a ser su esposa. Cansado de su celibato y recurriendo a la violencia consiguió una solución.

Proserpina (en Roma) o Persefone (en Grecia) era la diosa de los infiernos, hija de Júpiter y Ceres. De la muchacha se enamoró el dios de los infiernos cuando la vio un día mientras recogía flores en los campos de la isla de Sicilia, muy concretamente en las campiñas del Etna. El dios aprovechó un momento en el que la joven estaba alejada de sus amigas para raptarla y conducirla a los infiernos para, así, poder casarse con ellas. A pesar de las protestas de la hija de Ceres y las amonestaciones de Minerva, Plutón consiguió llevarla a los infiernos con él.

La madre de Proserpina, Ceres, diosa de las cosechas, la buscó sin ningún resultado por toda la tierra: recorrió las montañas, exploró las cavernas y los bosques, atravesó los ríos, encendiendo al llegar la noche siempre dos antorchas para así poder seguir su búsqueda. Llegó hasta el lago de la ciudad de Siracusa, en Sicilia, donde encontró el velo de Proserpina y entendió que había sido raptada. Después supo gracias Aretusa, una ninfa, que el audaz amante se llamaba Plutón.

Pero el dios Sol, aquel que todo lo ve, le reveló donde se encontraba. A tal noticia, Ceres subió a su carro tirado por dos dragones atravesando el espacio y presentándose al rey de los dioses pidiendo justicia. Airada, Ceres descuidó sus deberes provocando carestía y sequía, un mal mayor para los mortales. Entonces, Júpiter no pudo sino ordenar a su fiel mensajero Mercurio que fuese a los infiernos a recuperar a Proserpina. pero la muchacha había quebrantado el ayuno comiendo un grano de granada, lo que era suficiente para condenarla a permanecer para siempre en el reino de Plutón. 

Según los anitugos, cualquiera que llegase al inframundo y se alimentase de algo se le vedaba la posibilidad de volver al mundo de los vivos.

Para poder conseguir una solución a tal situación, el rey de los dioses decidió que Proserpina pasase dos terceras partes del año con su madre entre los vivos, y sólo una tercera parte en los infiernos junto a su esposo.

Entre los atributos de la diosa del inframundo se encuentran las espigas, la antorcha, la corona, la granada y diversos frutos.

Proseprina era representada al lado de su esposo, sentada en un trono de ébano o sobre un carro tirado por caballos negros. En su mano llevaba flores de narciso. Bajo el nombre de Hécate, presidía los actos de magia y los encantamientos; ejercía su poder sobre el mar y a tierra, en el Tártaro y en los cielos. Pueblos, reyes, magistrados y guerreros invocaban su nombre solicitando protección sacrificando corderos, perros y entregando miel.



EL RAPTO DE PROSERPINA
Gian Lorenzo Bernini
1621 - 1622
Roma, Galleria Borghese

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