lunes, 30 de septiembre de 2013

LOS HECATÓNQUIROS


Los Hecatónquiros (también conocidos como Hecatónqueros o Centimanos), hijos de los Titanes Gea y Urano (la Tierra y el Cielo, respectivamente) eran gigantes de cien brazos y cincuenta cabezas.

A veces, se consideraban como deidades marinas, y puede que la terminología esté relacionada con los pentekonter, los barcos de cincuenta remeros. En total eran tres: Briareo ("fuerte"), Giges y Coto. Homero, en cambio, se refirió a Briareo como Egeón ("cabruno").

Su padre fue quien los arrojó al remoto Tártaro, el peor rincón del Hades o el Inframundo, pero fueron rescatados posteriormente por Cronos o Saturno. Así, valiéndose de la deuda, Saturno aprovechó la ocasión y los Hecatónquiros, al igual que los Cíclopes, lo ayudaron a castrar y derrocar a Urano. Tras su ayuda, Saturno volvió a encerrarles en el Tártaro, donde permanecieron custodiados hasta que Júpiter los rescató. Durante la Titanomaquia (la Guerra de los Titanes), ayudaron el rey de los dioses arrojando rocas de cien en cien a los antiquísimos Titanes.

Cuando terminó la guerra, habitaron en palacios en el río Océano, convirtiéndose en los guardianes de las puertas del temible Tártaro, donde Júpiter encerró a los derrocados Titanes.


TETIS INVOCA A BRIAREO
John Flaxman
1793

LOS CÍCLOPES


Los Cíclopes, cuyo nombre significa literalmente "ojo circular", eran una raza de gigantes con un sólo ojo en mitad de la frente. Se conocen dos generaciones de Cíclopes:

Los Cíclopes de la primera generación eran descendientes de Urano y Gea. Conocidos artesanos y constructores, tenían un carácter atrevido y violento. Según Hesíodo eran fuertes, testarudos y con "bruscas emociones". Con el tiempo, sus nombres significaron fuerza y poder, usados así para referirse a las armas especialmente bien producidas, de alta calidad.


En la primera generación fueron tres: Brontes, Estéropes y Arges. A estos se les sumaban otros cuatro, presumiblemente siendo hijos de los tres primeros: Eríalo, Elatreo, Traquio y Halimedes.

Como el titan Urano temía su brusquedad y poder físico los encerró en el Tártaro. Pero, más tarde, Saturno, otro de los hijos de Urano y de Gea los liberó junto con los Hecatónquiros y los Gigantes. Así, fueron sus fieles aliados para derrocar y castrar a su padre. Pero cuando Saturno volvió a encerrarlos en el tártaro, donde permanecieron, guardados por Campe, hasta que Júpiter los liberó. Forjaron su arma más potente, los rayos, y lo ayudaron en la batalla contra Saturno y a otros Titanes (la llamada Titanomaquia). 

Los rayos se convirtieron en el arma predilecta de Júpiter, donde Arges ponía el brillo, Brontes el trueno y Estéropes el relámpago. Además de los rayos, forjaron más armas para los dioses olímpicos: el tridente de Neptuno; las flechas de Diana; el casco de invisibilidad que Plutón le dio a Perseo en su búsqueda para matar a Medusa. Ayudaron a Vulcano y, según la tradición, construyeron el primer altar, murallas y fortificaciones de Tirinto y Micenas. 

Se creía también que fue Apolo quien mató a los Cíclopes después de que Júpiter matase a su hijo, Asclepio, con un rayo forjado por ellos. 

La segunda generación de Cíclopes fue una primitiva tribu de enormes hombres de un solo ojo descubierta por Odiseo (más conocido como Ulises) en una remota isla, comúnmente identificada con Hesperia. Se creía que estaban relacionados con los Gigantes y una tribu fenicia (los Phaikai) surgidos de las gotas de sangre que cayeron sobre Gea (la Tierra) cuando Urano (el Cielo) fue castrado.

El Cíclope más conocido de esta generación fue Polifemo, hijo de Poseidón y la ninfa Toosa, quien perdió el ojo por culpa de Ulises. Otro de los Cíclopes más famosos dentro de esta generación era Telemo, un vidente.


ULISES SIRVE VINO A POLIFEMO

domingo, 29 de septiembre de 2013

CANCERBERO O CERBERO


Cerbero, hijo de los monstruos Equidna y Tifón y hermano de Ortro, era el perro de los infiernos y el guardián del inframundo. Situado como guardián en la puerta del reino de Plutón, en la parte más remota del famoso río Estigio, en el lugar en que Caronte el barquero desembarcaba a las almas de los difuntos.

Su función era simple: no impedía a nadie el poder entrar pero prohíbe completamente la salida de cualquiera. Por lo general, se identificaba como atributo distintivo de Plutón o Hades, el dios de los infiernos, y suele aparecer en las escenas que describen el Olimpo o los banquetes de los dioses.
Los nombres de sus cabezas son, de izquierda a derecha, Veltesta, Tretesta y Drittesta, traducidas respectivamente como "cabeza izquierda", "tercera cabeza" y "cabeza derecha".

La existencia de un perro infernal en la entrada del reino de los muertos ya estaba presente en la mitología indoeuropea original, pues aparece en los mitos de otros pueblos, como es el caso del perro Garm de la mitología escandinava.

Esta criatura era descrita como un perro gigante de tres cabezas imponentes y con la cola formada por serpientes. Pocos eran los mortales que lograron atravesar el oscuro umbral controlado por él. Hércules lo capturó llevándolo a Euristeo y Orfeo, con su dulce canto, consiguió aplacarlo y llevarse consigo a Eurídice. Otros héroes, después del viaje al Hades, se encontraron ante tal feroz figura, al que solo lograron amansar echándole una pócima soporífera: entre estos se encuentran Psique, cuando por orden de Venus fue al encuentro de Proserpina, y la sibila que acompañó a Eneas.


CERBERO
William Blake
1824 - 1827
Londres, Tate Gallery



BOCETO DEL CAN CERBERO
Giuseppe Arcimboldo
1585

sábado, 28 de septiembre de 2013

TIFÓN Y EQUIDNA


TIFÓN

Tifón (también nombrado como Tifeo, Tifoeo o Tifaón), hijo de Gea era una divinidad primitiva relacionada con los huracanes. 

Tifón intentó destruir a Júpiter por haber derrotado a los Titanes. Tifón dominó al rey de los dioses y arrancó sus tendones, pero éstos fueron recuperados por Mercurio y devueltos al cuerpo de su dueño. Después de eso, Júpiter procedió a luchar contra Tifón hasta derrotarle. Vencido, fue confinado bajo el monte Etna, en Sicilia.

Según la tradición, Tifón era un colosal monstruo alado de gran estatura que le permitía alcanzar las estrellas. Poseía cabezas de dragón por dedos y un gran número de serpientes se hallaba repartido entre sus muslos, con incluso más serpientes formando sus piernas a partir de éstos. Tifón podía abrasas todo lo que se le opusiese con su ígnea mirada, así como vomitar fuego y lava y crear huracanes y terremotos con el movimiento de sus alas.

Entre los hijos que Tifón tuvo con Equidna están Cerbero, Ortro, la Quimera, la Esfinge, la Hidra de Lerna, el dragón Ladón, el León de Nemea, el Águila de Prometeo, el Dragón de la Cólquida y la Cerda de Cromio. También es el padre de los peligrosos vientos cálidos, por lo que es considerado como una posible etimología para la palabra "tifón".

En ocasiones se menciona a un segundo Tifón, hijo del primero, idéntico a él y considerado como uno de los Gigantes.


TIFÓN EN UN MURAL ETRUSCO


EQUIDNA

Equidna era una monstruosa ninfa descendiente de Forcis y Ceto (o, según algún mito de Tántalo y Gea). Era un ser a veces conocido como Drakaina Delphyne ("vientre de dragona"), descrita por Hesíodo en su Teogonía como un monstruo femenino, madre con Tifón de todos los monstruos importantes de la mitología griega. 

Tenía el torso se una bella mujer de temibles ojos oscuros pero cuerpo de serpiente. Cuando ella y Tifón atacaron el Olimpo, no lograron victoria por la oposición de Júpiter, pero se les permitió seguir viviendo, así como a sus hijos, como desafío para los héroes. Se situó desde entonces en una cueva del país de los Arimoi, un lugar desértico en Asia Central (según Hesíodo problablemente en Siria). 

En una ocasión, Equidna asaltó a Hércules durante uno de sus viajes para robarles los bueyes a Gerión, y cuando éste fue a reclamarlos Equidna le dijo que no se lo entregaría a menos que el héroe mantuviese relaciones con ella. Hércules accedió, naciendo de la unión Agatirso, Gelono y Escites.

Más tarde el célebre gigante Argos la mató mientras dormía en una cueva de la isla de Sicilia.


EQUIDNA

viernes, 27 de septiembre de 2013

LAS GORGONAS Y MEDUSA


Las Gorgonas al ser hijas de Forcis y Ceto eran divinidades marinas. En total eran tres, Esteno, Euriale y la más famosa de todas, Medusa. Mientras las dos primeras eran inmortales, Medusa era mortal. 

Partiendo de las leyendas, fueron descritas como seres horribles y monstruosos, seres que aterrorizaban a cualquier ser vivo. Eran monstruos con cabellos de serpientes vivas, grandes colmillos como los de un jabalí, alas de oro y manos de bronce. Gracias a sus ojos de fuego y a su mirada penetrante y mortal, tenían la increíble facultad de transformar a cualquiera que se atreviese a mirarlas fijamente en piedra. 

Medusa era la Gorgona por excelencia, a quién mató Perseo. Consiguió cortarle la cabeza, dándosela posteriormente a la diosa Minerva, quien la colocó en su propia égida para así poder atemorizar a cualquiera. 

De su cabeza cortada habrían nacido el cabello alado Pegaso y el gigante Crisaor. 

La leyenda de Medusa sufrió una evolución desde los orígenes hasta la época helenística y, si en un principio se la consideraba un monstruo de la generación anterior a los dioses olímpicos, más tarde se dice que sufrió una metamorfosis: se pensaba que al principio era una joven mortal que, por haber osado compararse en belleza a la Minerva, fue castigada por la diosa, que transformó sus cabellos en serpientes.


GORGONA PROTECTORA EN EL ESCUDO DE AQUILES
EN SU ENTERRAMIENTO POR TETIS
Hidria corinitia de figuras negras
560 - 550 a.C.
París, Louvre


ALEJANDRO COMBATE CONTRA EL REY PERSA
DARÍO III EN LA BATALLA DE ISSOS
Detalle del mosaico de la Casa del Fauno de Pompeya 
(la cabeza de gorgona en la armadura)
Nápoles, Museo Aqueológico Nacional de Nápoles



MEDUSA
Caravaggio
1596
Florencia, Uffizi

jueves, 26 de septiembre de 2013

LAS ARPÍAS O HARPÍAS


Las Arpías, cuyo nombre significa precisamente "rapaces", eran divinidades aladas hijas de Taumas y de Electra, quién, a su vez, era hija de Océano. Sin embargo, hay en ocasiones que han sido consideradas hijas de el dios de los mares, Poseidón. 

Inicialmente sólo eran dos, Aello ("borrasca") y Ocipete ("vuela aprisa"), a las que se unió una tercera llamada Celeno ("oscura"). Sus nombres , manifestaron clara su naturaleza. Pero a lo largo del tiempo se consideró que eran numerosas, aunque sólo las tres citadas eran conocidas. 

Muchas son las opiniones de sus orígenes. Algunos creían que era una bandada de enormes langostas que, después de devastar una parte del Asia Menor cayeron sobre Grecia y las islas vecinas, donde ocasionaron grandes hambrunas y cubrieron, estando ya muertas, riberas, llanuras y ríos. Otros las identificaban con los corsarios que con frecuencia hacían incursiones en Tracia, en los estados de Fineo. Otros, por fin, las habían visto como divinidades maléficas que anunciaban los Vientos, las Tempestades y la Peste.

Se las representa a veces como mujeres aladas y otras como seres con rostros de mujer y cuerpo de pájaros con grandes garras. Según las leyendas, habitaban en un grupo de islas del Egeo. Descritas como raptoras de personas y de ánimas, a veces su imagen aparecía sobre los sepulcros. Según algunas fuentes eran seres horribles que la cólera celeste no pudo engendrar jamás animales más horribles ni azote más temible. Hacían sentir a su alrededor un olor infecto y corrompían instantáneamente los alimentos que tocaban. La imagen de la Harpía, en cuanto a "ser rapaz", ha sido identificada con la avaricia.

Fueron citadas en la leyenda de Fineo, el rey de Tracia maldito: cualquier cosa que pusiese ante sí, en particular los alimentos, las Harpías se lo arrebataban y lo ensuciaban con sus escrementos. Sin embargo, el rey fue liberado gracias a la intervención de dos Argonautas.


ALEGORÍA DE LA FORTUNA ALADA
Andrea Previtale
Inicios del s. XVI
Venecia, Gallerie dell' Accademia





REPRESENTACIÓN GRÁFICA DE ARPÍA

miércoles, 25 de septiembre de 2013

LAS SIRENAS


Las sirenas eran divinidades marinas que, generalmente, eran consideradas hijas del dios-río Aqueloo y de una de las Musas, Terpsícore (la musa de la danza y poesía coral), Calíope (la musa de la elocuencia, belleza y la épica) o Melpómene (la musa de la tragedia).

Aunque eran ninfas de las aguas, tenían alas y el rostro de jóvenes hermosas. Según los mitos más antiguos vivían en una isla del Mediterráneo (concretamente en Sicilia, una isla vecina del cabo Pelore) donde, con sus fascinantes y embaucadores coros, atraían a los marineros que, completamente cautivados por la persuasiva melodía, se acercaban incautamente a la costa rocosa donde la nave acababa por estrellarse. Entonces, las criaturas se alimentaban de los restos de los imprudentes.

Conocidas más que nada por La Odisea de Homero donde son por primera vez citadas, hablaba sobre todo de dos. En la tradición posterior son entre tres y cuatro y se les asignaban diferentes nombres. Por tanto, no se sabe exactamente su número fijo, pues se ha llegado a especular que llegaron a ser cinco u ocho según las diferentes tradiciones.

Estaba decretado que cuando un hombre pudiese pasar junto a las Sirenas sin verse obligado a precipitarse haciea ellas, estas hijas de las aguas perecerían irremisiblemente. Ulises provocó la llegada de aquel hecho. Cuando todos los hombres de su tripulación se taparon las orejas con cera, el héroe de Ítaca no tuvo esa necesidad al haberse atado a un palo del barco. Así pudo atravesar aquellas aguas sin accidente alguno.

Ovidio narra que las Sirenas eran las compañeras de Proserpina, diosa del inframundo, y que, cuando la joven fue raptada por Plutón, tras vagar por el interior en busca de su amiga, pidieron a los dioses que las dotaran de alas para poderla buscar también por el mar. Según otras versiones del mito, la metamorfosis había sido un castigo impuesto por Ceres por no haberse opuesto de ninguna manera al rapto de su hija.

Las Lamias de la mitología grecolatina tienen semejanzas con las Sirenas. Eran, como ellas, criaturas seductoras en la que su cuerpo terminaba en cola de pez y en vez de manos tenían afiladas garras. Cuando los viajeros, atraídos por los cantos, se acercaban a ellas para admirarlas, éstas se incorporaban súbitamente, caían sobre ellos y los devoraban.


ULISES Y LAS SIRENAS
Cerámica ática
480 - 470 a.C.
Londres, British Museum




DESCRIPCIONES GRÁFICAS DE LAMIA


martes, 24 de septiembre de 2013

HÉCATE


Hécate era hija, según Hesíodo, del titán Persés y de Asteria. En un principio se representaba como uno de los aspectos de la luna y, por tanto, estaba ligada a la diosa Diana. Probablemente, personificaba la luna invisible (una luna nueva) que, precisamente porque no aparecía en el cielo, según los antiguos se encontraba escondida en las entrañas de la tierra. Así se explicaría la presencia de Hécate entre los dioses infernales.

Bajo este aspecto, pronto fue considerada la diosa de los espíritus y de las apariciones nocturnas: se movía de noche junto a las almas de los difuntos vagando por lugares mágicos y sepulcros. 

Considerada una divinidad que presidía la magia, era protectora de magas que de noche iban en busca de hierbas para sus encantamientos. De echo, se decía que Circe y Medea habían aprendido su arte de la diosa, y que eran algo así como sus ayudantes. 

En su aspecto de maga, a la diosa se le consagran las encrucijadas y ella misma es denominada Trivia o Triforme. Este nombre desvela la imagen que se le asigna como divinidad con un solo cuerpo pero con tres cabezas, posible alusión a las tres distintas fases de la luna: nueva, media y llena.

Era común también nombrar bajo el nombre de Hécate a Proserpina, mujer de Plutón y diosa de los infiernos. En honor a Hécate se celebraban todos los meses en Atenas unas fiesatas llamadas hacatesisas, donde los ricos de la polis ofrecían en las encrucijadas una comida pública llamada comida de Hécate, destinada principalmente a los pobres y viejos indigentes.


HÉCATE TRIPLE
Copia romana de autor griego
Museo Chiaramonti



HÉCATE 
William Blake
1795
Londres, Tate Gallery

lunes, 23 de septiembre de 2013

LAS FURIAS O ERINAS


Las Furias (en la mitología romana) o Erinas (en Grecia) eran divinidades de los infiernos, diosas de la venganza que atormentaban a quienes hubiesen violado el orden moral, castigando de manera totalmente particular los crímenes perpetrados en el ámbito de las relaciones familiares.

Nacidas de la sangre de Urano caído a la tierra cuando fue mutilado por su hijo Saturno, eran divinidades primitivas que no conocían la autoridad de los dioses del monte Olimpo. Al igual que con las Parcas y con el Destino, los dioses deben someterse a su voluntad. En un principio de número indeterminado se convirtieron en tres: por un lado estaba Alecto -"la inquieta"-, quien castigaba delitos morales. Por otro lado se encontraba Tisifone -"la castigadora del homicidio"-, la que castigaba delitos de sangre y, por último, Megera -"la odiosa"-, que castigaba la infidelidad.

Eran descritas como divinidades aladas con cabellos de serpientes. En la mano llevaban látigos o fustas para imponer sufrimiento. Cuando se apoderaban de alguna vida o víctima infeliz garantizaban la perpetuidad o la no escapatoria: huir era imposible y el tormento infinito solo cesaría con la locura o con la muerte.

Las furias son citadas sobre todo en el mito de Orestes. Este vengó a su padre, Agamenón, matando a su madre, Climenestra y a su amante, Egisto. 


ORESTES PERSEGUIDO POR LAS FURIAS
William-Adolphe Bouguereau
1862
Museo Chrysler de Norfolk.



LAS FURIAS
John Flaxman

domingo, 22 de septiembre de 2013

HADES O PLUTÓN


Hades (en la mitología griega) o Plutón (en Roma) era hijo de Saturno y Rea y hermano de Júpiter, Neptuno y Juno. Cuando la victoria sobre los Titanes por parte del rey de los dioses, los tres hijos de Saturno se repartieron el universo. Júpiter se convirtió en el señor del cielo, Neptuno el soberano de las aguas y Plutón consiguió el reino de los muertos, la peor parte de todas.

En los infiernos, el dios gobernaba con auténtica severidad; todos aquellos que entraban en su temible reino no tenían ninguna esperanza de salir de él salvo alguna rara excepción establecidas directamente por los dioses. Su esposa fue Proserpina, a quien raptó mientras recogía flores con sus compañeros.

En la tradición griega, el nombre del dios es Hades ("el invisible"). Los antiguos muy pocas veces lo nombraban pues se pensaba que, incluso con decir su nombre, el dios se airaba. Por tanto, los epítetos eran comunes donde el más frecuente era "Plutón", del griego pluton que significa "el rico", haciendo alusión así tanto a las riquezas de la tierra cultivada como a los tesoros que el subsuelo escondía en las minas.

Entre sus atributos se encontraban el cetro, el bidente y a menudo Cerbero, el perro, aparecía a su lado.

Generalmente se presenta a Plutón con semblante lívido, de cejas espesas y ojos rojizos para poder crear una mirada totalmente amenazadora. Lleva en su mano derecha un cetro o una horquilla con dos puntas, conocido como bidente, y en la izquierda tiene una llave para indicar la imposibilidad de salir de los infiernos.
Su corona era de ébano, delantado por su color oscuro al dios de las tinieblas. A veces su cabeza aparecía cuvierta con un casco que le hacía invisible. En algunas esculturas, aparecen sentadas a su lado las tres Parcas y a sus pies descansaba el temible perro Cerbero (o Cancerbero).

Plutón era la única divinidad superior sin templos ni altares. Se le sacrificaban víctimas negras cuya sangre corría hasta llegar a una hoya. El ciprés y el narciso eran plantas que le estaban especialmente consagradas.


HADES CON CERBERO
Museo Arqueológico de Creta



PLUTÓN LLEGANDO AL TÁRTARO
Joseph Heintz el Joven
1640
Maránské Láznê, Mêstké Muzeum



PERSEFONE O PROSERPINA

Plutón vivia en una mansión que inspiraba horror, tenía un aspecto físico que repugnaba, al igual que su duro carácter. Por todos esos motivos todas las diosas huían de él, ninguna se atrevía a ser su esposa. Cansado de su celibato y recurriendo a la violencia consiguió una solución.

Proserpina (en Roma) o Persefone (en Grecia) era la diosa de los infiernos, hija de Júpiter y Ceres. De la muchacha se enamoró el dios de los infiernos cuando la vio un día mientras recogía flores en los campos de la isla de Sicilia, muy concretamente en las campiñas del Etna. El dios aprovechó un momento en el que la joven estaba alejada de sus amigas para raptarla y conducirla a los infiernos para, así, poder casarse con ellas. A pesar de las protestas de la hija de Ceres y las amonestaciones de Minerva, Plutón consiguió llevarla a los infiernos con él.

La madre de Proserpina, Ceres, diosa de las cosechas, la buscó sin ningún resultado por toda la tierra: recorrió las montañas, exploró las cavernas y los bosques, atravesó los ríos, encendiendo al llegar la noche siempre dos antorchas para así poder seguir su búsqueda. Llegó hasta el lago de la ciudad de Siracusa, en Sicilia, donde encontró el velo de Proserpina y entendió que había sido raptada. Después supo gracias Aretusa, una ninfa, que el audaz amante se llamaba Plutón.

Pero el dios Sol, aquel que todo lo ve, le reveló donde se encontraba. A tal noticia, Ceres subió a su carro tirado por dos dragones atravesando el espacio y presentándose al rey de los dioses pidiendo justicia. Airada, Ceres descuidó sus deberes provocando carestía y sequía, un mal mayor para los mortales. Entonces, Júpiter no pudo sino ordenar a su fiel mensajero Mercurio que fuese a los infiernos a recuperar a Proserpina. pero la muchacha había quebrantado el ayuno comiendo un grano de granada, lo que era suficiente para condenarla a permanecer para siempre en el reino de Plutón. 

Según los anitugos, cualquiera que llegase al inframundo y se alimentase de algo se le vedaba la posibilidad de volver al mundo de los vivos.

Para poder conseguir una solución a tal situación, el rey de los dioses decidió que Proserpina pasase dos terceras partes del año con su madre entre los vivos, y sólo una tercera parte en los infiernos junto a su esposo.

Entre los atributos de la diosa del inframundo se encuentran las espigas, la antorcha, la corona, la granada y diversos frutos.

Proseprina era representada al lado de su esposo, sentada en un trono de ébano o sobre un carro tirado por caballos negros. En su mano llevaba flores de narciso. Bajo el nombre de Hécate, presidía los actos de magia y los encantamientos; ejercía su poder sobre el mar y a tierra, en el Tártaro y en los cielos. Pueblos, reyes, magistrados y guerreros invocaban su nombre solicitando protección sacrificando corderos, perros y entregando miel.



EL RAPTO DE PROSERPINA
Gian Lorenzo Bernini
1621 - 1622
Roma, Galleria Borghese

sábado, 21 de septiembre de 2013

EL INFRAMUNDO O EL HADES


Los infiernos o el inframundo era un territorio tenebroso que se encontraba en las entrañas de la tierra, al que se podía acceder por diversas entradas, como cuevas o hendiduras profundas del terreno.

Ya dentro del inframundo se encuentran cinco ríos: Aqueronte (el río de la pena), Cocito (lamentos), Flegetonte (fuego), Lete (olvido) y Estigio (odio). Este último era el que más terror suponía por dar varias vueltas en torno al infierno y que solo se podía atravesar gracias a la ayuda del famoso barquero Caronte. El paso del Estigio había que pagar al barquero y, así, los antiguos colocaban en las bocas de los muertos una moneda.

Después de transcurrir por los ríos, estaban las puertas del infierno, siempre custodiadas por Cerbero, que no impedía la entrada a nadie pero no deja que nadie salga. Apenas entradas en el Hades, las almas eran juzgadas por Minos, Raadamante y Eaco, quienes decidían quién era enviado entre los réprobos y quién entre los justos. Los primeros eran enviados al Tártaro, lugar donde los tormentos estaban garantizados; los segundos acababan en los Campos Elíseos, donde la felicidad eterna era el pilar de la vida después de la muerte.

Los Campos Elíseos eran un espacio paradisíaco, con pájaros cantantes, con brisas agradables y donde el sol jamás era empañado por la más leve niebla. Era una tierra fecunda donde había al año dobre o triple cosecha y, ofrecía, a su debido tiempo, flores y frutos. Allí no tenían entrada el dolor, la enfermedad ni la vejez. La ambición, el odio, la envidia y las bajas pasiones que agitan a los mortales eran allí completamente desconocidos.


LA MORADA DE PLUTÓN
Jan Brueghel el Viejo
Milán, Pinacoteca di Brera



CARONTE
Guztave Doré

El Tártaro era el lugar destinado a los malvados, una vasta prisión fortificada, guardada por un triple muro y circundada por un río de fuego llamado Flegetón. Tres furias, Alecto,Meguera y Tisífone, eran las gondoleras de esta ígnea corriente; con una mano empuñaban una antorcha y con la otra un látigo con el que flagelaban sin piedad. Los malechores sufrían terribles castigos, todos expiaban sus faltas, todos quienes quisieran volver a gozar de la luz del día para comenazar de nuevo una existencia apacible y llena de merecimientos.

No lejos del Tártaro moraban los Remordimientos, las Enfermedades, la Miseria vestida de andajos, la Guerra chorreando sangre, la Muerte, las Gorgonas, que tenían serpientes en vez de cabellos, la Quimera, las Arpías y otros monstruos a cual más horribles.

TÁNTALO

Tántalo era un rey asiático y antepasado de Agamenón y Menelao. Se pensaba que era hijo de Júpiter, parentesco que aprovechaba por estar autorizado a sentarse en la mesa de los dioses olímpicos y participar en los banquetes allí celebrados. Presuntuoso y orgulloso, se atrevió a sustraer néctar y ambrosía durante una de las comidas para poder dárselo a sus amigos mortales. Además, para poner a prueba la divina omnisciencia, descuartizó a su hijo, Pélope, y lo ofreció como comida a los dioses.

Pero los dioses al darse cuenta del horrible hecho, nadie osó comer de esa carne; apiadados, recompusieron al joven dándole de nuevo una vida y castigaron a Tántalo relegándolo al Tártaro, la región infernal, donde son confinados aquellos que cometen graves delitos, condenados al hambre y a la sed eternas.


TÁNTALO ENCADENADO
Gian Battista Llangetti
1650 - 1676
Venecia, Ca' Rezzonico


SÍSIFO

Sísifo fue el héroe fundador de la ciudad de Corinto. Las numerosas leyendas referidas a él destacan su sagacidad. cuando Júpiter raptó a Egina, la hija del río Asopo, fue descubierto por Sísifo, quien se lo explicó todo al padre de la joven, consiguiendo a cambio la fuente Pirena, la cual nace junto a la ciudadela de Corinto.

Para castigarlo por la traición, el rey de los dioses envió a la Muerte. Sin embargo, Sísifo consiguió sorprenderla y encadenarla. Por tanto, consiguió que la parca no consiguiese sus objetivos, garantizando que nadie muriese. Entonces Júpiter, obligado a intervenir, liberó a la muerte. La primera víctima fue directamente el héroe, pero antes de morir suplicó a su mujer que no celebrase los habituales ritos funerarios. 

Cuando llegó al inframundo y estando delante del rey de los infiernos, Plutón, se lamentó de la impiedad de su mujer, logrando del dios el permiso para volver al mundo de los vivos y, así, poder castigarla. Pero una vez que vio la luz, Sísifo se aseguró de regresar a los infiernos, y así murió con una avanzada edad, siendo una muerte totalmente natural.

Por todos los engaños perpetrados, el fundador de Corinto fue condenado a cargar hasta la cumbre de un monte con una pesada piedra que, una vez arriba, caía de nuevo al llano, y él estaba obligado a iniciar de nuevo la fatigosa ascensión.


SÍSIFO
Tiziano Vecellio
1549
Madrid, Museo del Prado


IXIÓN

Ixión fue el famoso rey de los lapitas, condenado a la locura por los terribles crímenes que cometió. De entre todas las divinidades, sólo Júpiter tuvo piedad de él y decidió curarlo. Pero el rey se mostró ingrato con el padre de los dioses, se atrevió a enamorarse de Juno e intentó poseerla por la fuerza. Así, Júpiter creo una nube con el aspecto de su esposa para engañar al rey, que se unió a ella, dando origen a los Centauros.

Ante tal sacrilegio, Júpiter decidió castigarle: lo ató a una rueda ardiendo que daba vueltas continuamente y lo llevó al Tártaro. Dado que Ixión, en otro tiempo protegido por Júpiter, había bebido la ambrosía que convierte en inmortal, se vio obligado a sufrir un castigo eterno.


EL CASTIGO DE IXIÓN
s. I. a.C. - s. I. d.C.
Nápoles, Museo Archeologico Nazionale


TITIO O TICIO

Titio era un gigante fruto de la unión entre Júpiter y Elara. Temiendo los celos de Juno, el padre de los dioses escondió a su amante mientras estaba embarazada en las profundidades de la tierra. Así, de la tierra, salió Titio a la luz.

Después que Latona dió a luz a los gemelos Diana y Apolo, Juno, celosa y encolerizada, envió contra ella al gigante, infundiendo en él el deseo de poseerla. La madre de los gemelos fue salvada por el propio Júpiter, que fulminó a su hijo Titio y lo llevó a los infiernos. Allí, inmovilizado por completo en el suelo, dos águilas le devoraban el hígado que, una vez consumido, vuelve a renacer.


TICIO
Tiziano Vecellio
1548 - 1549
Madrid, Museo del Prado

LOS MANES, LEMURES Y LARVAS


En Roma los Manes eran almas separadas del cuerpo. Los Manes de los padres merecían igual respeto que los dioses por ser consideradas divinidades protectoras que habitaban junto a los sepulcros y velaban por las cenizas depositadas en ellos. 

El culto consistía en las plegarias, las libaciones y les inmolaban una oveja negra. El ciprés, el árbol fúnebre, les estaba especialmente consagrado.

El ruido del hierro y el sonido del bronce les eran insoportables y les hacían huir, pero la presencia del fuego les causaba alegría: de aquí proviene que en Italia se colasen lamparas en los sepulcros. Los romanos, para recordar a los profanos y a los impíos la santidad de los sepulcros, solían escribir sobre las losas "¡A los dioses Manes!".

Con frecuencia los poetas latinos usaban el nombre de Manes para designar el inframundo o al mismísimo Plutón. Además, los Manes se suelen confundir con los Lares y con los Lemures.

Los Lemures o Larvas eran una especie de fantasmas, espectros o duendes que se dedicaban a asustar a los mortales. El medio más seguro para ahuyentarlos era arrojar habas o quemarlas para que el humo de la legumbre causase aversión insoportable. Es más, se diferencian los Lemures, considerados bienhechores y propicios, y los Larvas, temibles y malhechores.


TUMBA ROMANA CON INSCRIPCIÓN D.M.: Dis manibus


viernes, 20 de septiembre de 2013

GENIO E HIMENEO


GENIO

Genio era una divinidad que regía el nacimiento de cada mortal, con el que vivía durante el transcurso de su vida y, a la vez, conocía pensamientos y guiaba en todos sus actos. 

Cada humano tenía dos Genios: por un lado, uno bueno que le inclinaba al bien pero, por otro, uno malo que desviaba ese camino hacia el mal. Además, cada país, provincia, ciudad o casa tenía su Genio particular.

En lo que al culto se refiere, en Roma se adoraba al Genio en público, siendo así divinidad tutelar del imperio. Cada persona, cuando celebraba el día de su nacimiento, ofrecía sacrificios (vino, flores, frutas o incienso) a su Genio particular. Al contrario que en otros cultos a dioses en Roma, el culto a Genio no involucraba sacrificio de sangre sobre su altar.

Para representar al dios, se le divide en dos imágenes opuestas. Por un lado, se encuentra el Genio "bueno", representado en forma de joven coronado de flores que lleva un cuerno de la abundancia. Por otro lado, en cambio, está el Genio "malo", un viejo con barba espesa y pelo corto con un buho en la mano, tenido por ave de mal agüero.


HIMENEO

Himeneo era hijo de Venus y presidía las bodas o fiestas nupciales. Era representado con la figura de un joven vestido de manera cuidadosa, coronado de rosas y sujetando con la mano derecha una antorcha.

El día de los desposorios se entonaban himnos en su honor y en cada estribillo se repetía, a coro, su nombre. Al ofrecerle sacrificios cuidaban mucho de sacar la hiel de las entrañas de la víctima y arrojarla a lo lejos, queriendo así simbolizar a los esposos que debían abstenerse de las querellas y de las palabras airadas, por las cuales la paz doméstica se ve tan comprometida.

jueves, 19 de septiembre de 2013

LOS PENATES O LARES


Los Penates o Lares eran los dioses domésticos, dioses del hogar y genios protectores de cada casa en la época romana. El príncipe troyano Eneas fue el que introdujo el culto en Italia que, posteriormente se generalizaría en la vida cotidiana de la civilización romana.

Cuando los niños llegaban a la adolescencia, se desprendían de la bulla, una bola de oro que llevaban pendiente del cuello como un collar que se ofrecía a los dioses Lares. Cuando un esclavo conseguía la libertad, consagraba su cadena a estos mismos dioses con la finalidad de agradecer su liberación.

Estos dioses suelen estar representados bajo la figura de muñecos o estatuas pequeñas hechas ya de plata, bronce, marfil, madera o cera. En el hogar del pobre, estas estatuas se situaban detrás de la puerta o junto a la propia casa. En las domus de los ricos, había una capilla dedicada exclusivamente a los Lares -la capilla lararia- y un esclavo estaba consagrado a su servicio.

En lo que a su culto se refiere, los Lares recibían ofrendas como vino y frutas; se les coronaba de violetas, mirto y romero; en su honor se quemaban perfumes ante sus imágenes. En ninguna familia se acometía algo que tuviese importancia sin haber consultado antes a los Lares, respuestas comparadas a las de los oráculos. Las invocaciones eran diarias para hacer plegarias: "Velad, ¡oh Penates", por nuestra puerta, por nuestros goznes y por nuestros cerrojos, no para defenderme de los bribones -ya que carezco de tesoros y alhajas y puedo viajar sin escolta,- sino para que pueda realizar mis aspiraciones, que se reducen a que entre algo de comodidad en mi hogar y a que de él jamás salga la virtud".

Pero si alguna familia se encontraba con algún obstáculo, estos ídolos, a quienes se les ofrecía incienso la víspera, eran objeto de tratos tan rigurosos como ridículos: los azotaban, los mutilaban y los tiraban por las ventanas. 

El famoso, vil y cruel emperador Calígula procedió con ellos de esta manera, diciendo "que estaba descontento de sus servicios".


LAR DE BRONCE
s. I. d.C.
Madrid



LARARIO


miércoles, 18 de septiembre de 2013

FLORA, PALES, POMONA Y VERTUMNO

FLORA

Flora era una divinidad romana que se casó con Céfiro, que le concedió la juventud perpetua y el cuidado de jardines y flores. Venerada ya por los sabinos, también se le considera la diosa de la primavera y del florecer, acontecimiento natural de fascinación e importe a la vez, puesto que un buen florecimiento es la causa principal de una buena cosecha. Además, se le atribuye la facultad de proteger el florecer de la juventud, la edad más feliz del hombre entonces.

Originariamente representada con corona de rosas y sujetando en la mano los ramos de flores se identificaba a Flora con la primavera. El poeta latino Ovidio la identificaba con la ninfa griega Cloris, y admite que un día de primavera Céfiro, el dios del viento primaveral, viéndola vagar por los campos, se enamoró de ella y llegó al extremo de raptarla. Luego decidió unirse a ella en matrimonio y como prueba de amor, Céfiro concedió a Flora reinar sobre todas las flores. En su calidad de divinidad de las flores, se considera que ella donó a los hombres la preciada miel.

Tacio fue el primero en levantar templo en Roma. Las fiestas de esta diosa se conocían como florales, que duraban seis días en total. Su finalidad era para poder llegar a producir una gran esterilidad. Durante las celebraciones se efectuaban los juegos florales, celebrados por la noche a la luz de antorchas y con desórdenes de todas clases.


FLORA
Bartolomeo Veneto
1507 - 1508
Frankfurt, Städelsches Kunstinstitut



LA PRIMAVERA
Sandro Botticelli
Florencia, Uffizi


PALES

La diosa de los pastos y los apriscos tiene un aspecto sencillo, igual que su culto; sus cabellos aparecen coronados de laurel y romero, en su mano ostenta un puñado de la paja que sirve de lecho a los ganados. Su fiesta era la palilia, el día de los pastores, celebrada en abril. La principal finalidad de las fiestas era divertirse. Así, encendían a distancias iguales tres grandes fogatas de paja y saltaban por encima de ellas, concediendo el premio al más ágil. Cuando el combate de destreza terminaba, se ofrecían a la divinidad frutas y miel. Al final, la fiesta acababa con un gran banquete.


POMONA Y VERTUMNO

Tanto Pomona como Vertumno eran dos divinidades itálicas ligadas a los productos de la tierra.

Pomona era una divinidad venerada por los romanos, conocida como la diosa de los frutos y huertos. Su nombre derivaba del latín pomun, es decir, "fruto". Habitaba entre los pastores mientras se ocupaba de podar árboles, injertarlos y regarlos. 

En lo que al amor se refiere, Pomona era la más deseada para todos los dioses campestres. Sin embargo, ninguno llamaba su atención y los rechazaba a todos continuamentente. A su vez, les prohibió la entrada en sus dominios cercando con altos muros sus jardines.

Pero Vertumno, el dios de las estaciones desde el tiempo de los etruscos, se resistía a sufrir tal desprecio de Pomona. Así, tomó toda clase de formas y empleó mil disfraces para poder llegar hasta la diosa de los frutos y poder hablarla. Vertumno se transformaba a la vez en labrador, viñador, segador y pastor, pero no daba ningún resultado. Finalmente se convirtió en una mujer anciana y, así, logró ver a Pomona para entablar conversación. Su elocuencia la conmovió, sus instancias la persuadieron. Entonces recobró su forma primitiva y Pomona se propuso tomarle por esposo.

Pomona es representada, generalmente, junto a una cesta de frutas y flores. A veces se encuentra llevando manzanas o frutos diversos en las manos o en el regazo. 

Vertumno, en cambio, al ser el emblema del año, representa el cambio continuo: su nombre es, literalmente, "variar" o "cambiar", que deriva de vertere annus ("el cambiar de las estaciones").


VERTUMNO Y POMONA
Antón van Dyck
1625
Génova, Galleria di Palazzo Bianco

martes, 17 de septiembre de 2013

LOS CENTAUROS


Los legendarios Centauros, criaturas campestres mitad hombre mitad caballo, eran hijos del rey de los lapitas, Ixión, y de una nube. 

Tenían el torso de un humano, con dos brazos,mientras que la parte inferior del cuerpo, de cintura para abajo, era la de un caballo. Eran considerados seres bastos, violentos, agresivos, fuertes y altivos. 

Se pensaba que habitaban en Tesalia, concretamente junto al famoso monte Pelión, y que llevaban una vida completamente salvaje. Con el paso del tiempo, los Centauros fueron reduciendo ese carácter violento. Considerados como genios, estuvieron estrechamente relacionados con el mismísimo Baco, junto a los Sátiros y los Silenos. Dos Centauros se distinguieron entre todos los demás por su carácter peculiar, Quirón y Folo. Eran criaturas gentiles y benéficas, amigos de los hombres y mansos.


JOVEN CENTAURO
117 - 138 d.C.
Roma, Museos Capitolinos


CUPIDO CABALGANDO UN CENTAURO
s. I - II d.C.
París, Louvre


EL NACIMIENTO DE LOS CENTAUROS

Ixión era el rey de los lapitas, una tribu fuerte y considerablemente salvaje que vivía en Tesalia. El rey se enamoró de Dia, hija de Deioneo, que consiguió su mano a cambio de promesas a su suegro. Después de la boda, Deioneo reclamó lo pactado anteriormente, pero Ixión lo mató a traición arrojándolo a una fosa llena de brasas encendidas. Cargado con la peor de las culpas frente a un miembro de su propia familia, el rey de los lapitas enloqueció.

Solamente Júpiter tuvo piedad y lo liberó de la demencia. Sin embargo, Ixión volvió a mostrarse ingrato una vez más. De hecho, no solo se enamoró de la esposa de Júpiter, Juno, sino que intentó usar la violencia sobre ella. El padre de los dioses, o según otras versiones del mito la propia Juno, modeló una nube con rasgos de la reina de los dioses a la que Ixión se unió. Así, del encuentro sacrílego nacieron los Centauros. El gesto de Ixión no quedó sin castigo, que al final acabo en el Tártaro.


IXIÓN ENGAÑADO POR JUNO
Pedro Pablo Rubens
1615
París, Louvre


LAPITAS CONTRA CENTAUROS

Una de las leyendas más célebres que tiene como protagonistas a los Centauros es aquella que narra la salvaje y agresiva lucha contra los lapitas, pueblo de su padre, el rey Ixión. Tanto los lapitas como los Centauros eran seres rudos y violentos que habitaban la zona de Tesalia: los primeros vivían al lado de las pendientes meridionales del monte Olimpo, mientras que los segundos habitaban los bosques del Pelión.

Con ocasión de sus esponsales con Hipodamia, Piritoo, rey de los lapitas e hijo de Ixión, decidió invitar también a los Centauros, en virtud del parentesco que los unía al ser hijos del mismo padre. Durante el banquete, los Centauros, que no estaban acostumbrados a beber vino, se emborracharon. Uno de ellos llamado Eurito, completamente borracho, intentó ultrajar a Hipodamia. Su gestó desencadenó una pelea general que derivó a una lucha violenta y cruel, que terminó con la victoria de los lapitas. Entre tanto, los Centauros, derrotados, fueron obligados a dejar Tesalia.

La llamada Centauromaquía, la lucha de los Centauros, era un tema frecuente en el arte griego dado que, desde la antigüedad, el episodio se interpretaba como la lucha de la civilización griega contra la primitiva civilización pelasga, consdierada bárbara.


CENTAUROMAQUIA
Metopa del Partenón
447 - 432 a.C.
Londres, British Museum


ESCENAS DE CENTAUROMAQUIA
Metopa del Partenón


QUIRÓN

Quirón fue el más conocido y sabio entre todos los Centauros. Era hijo de una de las hijas de Océano llamada Filira y Saturno, padre de Júpiter. Saturno se unió a su amada adoptando el aspecto de un caballo para así, escapar de la ira de su mujer, Rea; por tanto, los rasgos de Quirón tienen origen en esa transformación, siendo así mitad hombre y mitad caballo.

Nacido inmortal, vivió en una gruta junto al monte Pelión, en Tesalia, donde tradicionalmente el pueblo Centauro vivía. Amigo de los hombres, sabio y prudente, era experto en numerosas artes, como la música, la caza, la medicina o la guerra. De echo, figura como maestro de numerosos héroes y dioses, como por ejmeplo, Hércules, Aquiles, Jasón o el mismísimo Apolo.

Herido por accidente por una flecha lanzada por Hércules, intentó curarse en vano aplicando medicamentos en la profunda llaga, que no podía curar porque los dardos estaban impregnados de un potente veneno. Vencido por el dolor, el centauro se retiró a una gruta y esperó ala muerte, aun siendo inmortal. Para que su deseo se cumpliese, Prometeo le cedió su propio derecho a morir, permitiendo que hallase la paz.


LA EDUCACIÓN DE AQUILES
Eugène Delacroix
París, Palacio Borbón

lunes, 16 de septiembre de 2013

ARISTEO


Aristeo era hijo de Cirene, una de las Náyades y de Apolo. Era venerado por los sicilianos como una de sus divinidades campestres. Su educación fue dirigida por las ninfas, que le enseñaron los secretos de los cultivos de olivos, cuajar la leche y la fábrica de colmenas.

Un día que perseguía por los campos a la bella Erídice,mujer de Orfeo, una serpiente oculta entre la hierba la mordió causándole una herida mortal. Los dioses para castigarle hicieron cundir entre las abejar una enfermedad contagiosa que destruyó a todas hasta no quedar ninguna. Apenado por la pérdida, fue a buscar a su madre a la cueva en la que vivía, junto al nacimiento del río Peneo.

Así entablaron conversación. Aristeo preguntó "- Madre mía, ¿de qué me sirve descender de los dioses y ser hijo de Apolo si he de ser siempre el blanco de los reveses de la suerte? Las abejas que constituían mi dicha, las colmenas que había adquirido a fuerza de obstinados trabajos y asiduos cuidados, han sido destruidas. ¡Y tú eres mi madre...! Pues bien, acaba de una vez; arranca, destruye por tu propia mano los árboles que planté, entrega mis apriscos a las llamas, prende fuego a mis cosechas ya que el honor de un hijo tan poco te conmueve". 

Cirene, no pudiendo oír sin emocionarse ante los lamentos de su hijo, no le dio gran importancia a aquello. La diosa le estrechó entre sus brazos intentando tranquilizarle y le dijo: "Hijo mío, tu madre nada puede hacer por ti en esta triste situación; ni su sabiduría, ni su buena voluntad podrían ofrecerte ningún socorro en esta coyuntura. Sin duda habrá llegado a tus oídos el nombre del sabio Proteo, hijo de Océano. Correo a buscarlo junto al mar de Carpacia; solamente este adivino, a quien lo futuro y los secretos de la naturaleza se revelan con toda claridad, puede decirte la causa de tu desgracia y enseñarte el medio infalible para obtener nuevos enjambres".

Aristeo llegó a casa de Proteo, que de momento se negaba a escucharle y esquivaba al hijo de Cirene de mil maneras. Sin embargo, al final comunicó al joven agricultor que era la venganza divina el factor principal, que llevaba sobre sí el peso de un gran crimen, que tenía el deber de apaciguar a ira de las hermanas de la ninfa Eurídice. Para ello era necesario que ante la puerta de su templo levantase cuatro altares y derramase al pie de ellos la sangre de cuatro toros y cuatro becerras, dejando los cádaveres abandonados en el bosque sagrado. 

Todos estos preceptos eran puntualmente observados y, tan pronto la décima aurora iluminaba el horizonte, Aristeo movido por la inquietud y la curiosidad corría hacia al bosque y descubrió el más pasmoso de los prodigios. Percibió el zumbar en el vientre de los cadáveres putrefactos, numerosos enjambres de abejas que al momento, abriéndose paso por la piel, se remontaban por los aires formando nubes inmensas.

Tiempo después, Aristeo se desposó con Autónoe, hija de Cadmo, de la cual tuvo un hijo llamado Acteón. Tras la cruel muerte de su hijo a manos de la diosa cazadora Diana, Aristeo se retiró a la isla de Cos, de aquí a la de Cerdeña y finalmente a Sicilia, donde hizo a los habitantes partícipes de sus beneficios. Cuando éste vivía sus últimos días, fijó su residencia en Tracia, y Baco en persona le inició en los misterios de las orgías.


ARISTEO
François Joseph Bosio
París, Louvre

domingo, 15 de septiembre de 2013

SILENO


Sileno era una divinidad campestre que generalmente se identificaba con un viejo sátiro a quien Baco fue confiado de niño y que lo crió convirtiéndose en su fiel compañero.

Hay distintas versiones sobre su origen: sería hijo de Pan o de Mercurio y una ninfa. Sileno era famoso por su gran sabiduría y poseía facultades adivinatorias. La tradición defiende que, mientras yace ebrio y dormido, los hombres consiguen sonsacarle las predicciones futuras rodeándolo y atándolo con guirnaldas florales.

En la mitología clásica, en particular en mitos asiáticos, se hablaba de varios Silenos que, a diferencia de los Sátiros, genios de los bosques y montañas, son considerados divinidades "del agua que corre fecunda".
Además a los Silenos se les atribuye el arte de la adivinación e inventos musicales. A pesar de las diferencias, ambas criaturas acabaron por ser indistintamente identificados.

En lo que a aspecto físico se refiere, Sileno solía ser representado bajo la figura de un viejo rechoncho, chato, con orejas grandes y cabeza laurel. Solía aparecer embriagado y encima de un asno sobre el cual a duras penas podía sostenerse.  

Crió al dios del vino y, después, se convirtió en su fiel seguidor. Al retorno del Baco de la India, Sileno fijó su residencia en los campos de Arcadia, donde su carácter jovial le granjeó la estimación de los campesinos. 


SILENO EBRIO
José de Ribera
1626
Nápoles, Museo Nazionale di Capodimonte


SILENO EBRIO
París, Louvre

sábado, 14 de septiembre de 2013

PAN


Pan era una antigua divinidad de los bosques. Nacido en Arcadia de la unión entre Mercurio y una ninfa, era el dios de los campos y de los pastores. Se le representaba como un ser mitad hombre y mitad animal, con el mentón prominente y el rostro barbudo con expresión de insólita belleza. 

Senoé, su nodriza, y las demás ninfas de Arcadia, al verlo, gritaron de espanto. Mercurio, al contrario, lo tomó a risa; envolvió a su hijo de pies de cabra en una piel y se lo llevó al Cielo, donde su ridícula figura sirvió de diversión a los dioses. Como el niño gustaba a todos, se le asignó el nombre de Pan, del griego pan que significa "todo". 

Pricado de Síringa, quiso agradar a la ninfa Pitis, y probablemente lo hubiera conseguido si los celos de Bóreas no se hubiesen interpuesto en su camino. Al no poder rendir a su amor, tiró a la ninfa desde una altitud elevada. Los dioses convirtieron el cadáver de la ninfa en pino, árbol que gusta de vivir sobre las montañas y que, a su vez, fue consagrado a Pan.

Para distraerse de las penas, Pan acompañó a Baco a la conquista de la India y compartió su gloria ayudándolo en sus triunfos. La expedición fue crucial para que el dios perfeccionase su táctica militar, inventando el modo de distribuir las tropas en las falanges y dando a los ejércitos un ala derecha y otra izquierda.

En la antigua Grecia, la zona de Arcadia le tributaba un culto especial sobre los montes Ménalo y Liceo. Evandro, rey de Arcadia, que se vio obligado a huir de su país natal, llevó el culto de Pan al Lacio, en Italia. Allí sus fiestas serían conocidas como lupercales, donde los sacerdotes las celebraban inmolando machos cabríos y cabras con cuyas pieles se cubrían. Así, recorrían las calles esgrimiendo látigos para excitar la risa del pueblo.

Los egipcios, en cambio, veneraban a Pan como símbolo de fecundidad y principio de todo lo existente. Se le atribuían las alarmas súbitas y los temores imaginarios, a los cuales, por esa misma razón, se ha dado el nombre de terrores pánicos.

Sus atributos son la flauta y el bastón de pastores, haciendo referencia a su identidad como dios de los pastores.


EL DIOS PAN TOCANDO LA FLAUTA
Jacob Jordaens
1640
Bilbao, Museo de Bellas Artes

PAN Y SIRINGA

Siringa era una ninfa del agua seguidora de la diosa de la caza Diana. Con voto de castidad, rechazaba a los sátiros y ioses que vivían en los bosques o campiñas. Pan, sin embargo, se enamoró de ella e intentó conquistarla. Pero la náyade lo rechazó de la misma manera que había hecho anteriormente con los demás pretendientes. 

La joven echó a correr seguida del dios de los pastores. Cuando llegó a la orilla del arroyo Ladón, que impedía continuar con la fuga, rogó a sus hermanas que la transformaran. Así, precisamente en el momento en que Pan, seguro de haberla conseguido, la agarró, las manos se le llenaron cañas secas. Disgustado, el dios suspiraba, y el aire que vibraba dentro de las cañas hizo que una flauta dulce surgiese, llamándola Siringa. Pan cortó algunos de sus tallos y creó con ellos siete tubos de desigual tamaño. De esta manera, construyó la flauta pastoril conocida como caramillo, de la cual salían sonidos dulces llenos de armonía. 


PAN Y SIRINGA
Jan Brueghel el Viejo
Milán, Pinacoteca di Brera


LA SENTENCIA DE MIDAS

Un día que Pan estaba en el monte Tmolos, tuvo la osadía de despreciar los cantos de Apolo y desafiarlo en un concurso. El dios sol aceptó y se eligió como juez al viejo genio del monte. A la exhibición de Pan siguió la de Apolo que, rozando las cuerdas de su lira, emitió un sonido tan dulce que el juez le nombró victorioso. 

Entre los que habían asistido se encontraba el rey Midas, quien, tomando partido por Pan, osó ir en contra del veredicto. Al oirle, Apolo, airado, le hizo crecer dos largas orejas de asno. Como no sabía que hacer para ocultar tal aspecto, Midas se puso una mitra de púrpura en la cabeza. Pero el siervo que le cortaba el pelo no pudo evitar descubrir el real secreto. Como no se atrevió a revelar lo descubierto, pero tampoco a callarse, decidió cavar un hoyo y murmurar en él lo visto.

Así enterró su secreto recubriendo el hoyo de tierra. Sin embargo, al cabo de un año aproximadamente, creció en el sitio una densa mata de cañas que, movidas por el viento, revelaron a todos la terrible verdad.



APOLO VENCE A PAN
Jacob Jordaens
1637
Madrid, Museo del Prado