sábado, 31 de agosto de 2013

HELIOS O SOL


Helios (en Grecia) o Sol (en Roma), el dios del astro celeste del mismo nombre, pertenece a la primera generación divina, la de los Titanes. Es hijo de Hiperión y Teia y hermano de Aurora y Luna. Los antiguos lo identificaban con una forma de hombre joven de ojos brillantes, con rizos marcados y un yelmo de oro en la cabeza. Su papel principal era el de llevar la luz los dioses y a los hombres, levantándose por la mañana del Océano en Oriente, atravesando todo el cielo y volviendo a caer al mar en el Occidente. El dios utilizaba un carro de fuego tirado por veloces caballos. Además, la tradición admite la creencia de que en Occidente se encontraba un palacio de oro donde el dios descansaba. Como aquel que todo lo ve y todo lo oye y cuya luz penetra por todo agujero, por muy pequeño que sea, se le invocaba en los juramentos y en las protestas. 

En una época más tardía, la época romana tardía, su imagen se sobrepuso a la de Apolo, aunque ambas divinidades fueron en origen distintas. 


HELIOS
Metopa del Templo de Atenea, Troya
Berlín, Museo de Pérgamo


APOLO SOLAR
s. II. a.C.
Túnez, El Djem



EL DIOS HELIOS EN LA ODISEA
John Falxman



FAETÓN

Faetón es considerado comúnmente hijo de Helios y de Climena. El niño fue criado por su madre sin saber la verdadera identidad de su padre, la cual le fue revelada siendo adulto. Deseoso de recibir una prueba acerca de su origen, el joven llegó hasta el Sol, quien, para evitar cualquier duda, aceptó conceder cualquier deseo que su hijo le pidiese. El joven pidió poder para conducir el carro del Sol. El padre aceptó de mal grado pero no paró de haciéndole recomendaciones. Los hábiles caballos de Sol, al no sentir la mano del amo, abandonaron la ruta habitual para correr por lo alto del cielo. Faetón, asustado por la altura, intentó dirigirse primero hacia abajo, a riesgo de quemar la tierra, y luego hacia arriba, hasta casi quemar los astros. Para evitar cualquier desastre, Zeus se vio obligado a fulminarlo.

Después de precipitarse bajo los rayos del rey de los dioses, el cuerpo exánime de Faetón cayó en el río Eridano. Las Helíadas, hijas de Sol y de la diosa Climena, hermanas del infortunado muchacho, recuperaron el cuerpo y lo depositaron en el sepulcro. Lo lloraron durante cuatro noches y cuatro días hasta que, gradualmente, por el profundo pesar, fueron transformadas en chopos. 


APOLO CONCEDE A FAETÓN LA CONDUCCIÓN DEL CARRO
Nicolas Poussin
1635
Berlín, Staaliche Musen


LA CEGUERA DE ORIÓN

Hijo de Poseidón y Eriale, Orión es un gigante famoso por su belleza y fuerza. El rey de Quíos, Enopión, pidió su ayuda para poder así liberar la isla de la invasión de animales feroces que allí vivían. Orión aceptó y se enamoro de Eropes, la hija del rey. Pero su amada se mostró contraria a la idea del matrimonio. Un día, en parte gracias al alcohol, Orión violó a la joven que, para vengarse, lo cegó mientras dormía. Tras interpelar a un oráculo, el gigante supo que solo podría recuperar la vista exponiendo los ojos a los rayos del sol. Fue a la fragua de Vulcano, llevó consigo a un joven llamado Cedalión y se lo subió a los hombres pidiéndole que le guiara hasta el punto donde salía el sol. Tras exponerse a los rayos se curó. 

Ya recuperado, el gigante volvió a cazar con Artemisa (Diana en Roma). Luego, intentó poseer por la fuerza a la diosa, pero esta mandó un escorpión que picó a Orión. Por la picadura, Orión murió u fue transformado en constelación del mismo nombre.


PAISAJE CON ORIÓN CIEGO
Nicolas Poussin
1685
Nueva York, The Metropolitan Museum of Art


CLICIA Y LEUCOTOE

Afrodita se quiso vengar desde un principio de Sol, pues este había revelado a Hefesto o Vulcano su amor clandestino con Ares. Así, la diosa del amor hizo que Sol se enamorase de una mujer mortal, Leucotoe, hija del rey Orcamo. Para cortejarla, Sol adoptó el aspecto de la madre de la joven, entró en su habitación y se libró de las sierbas aduciendo una excusa. Cuando estaban solos, el dios reveló su identidad y Leucotoe cedió. La oceanina Clicia, amada en otro tiempo de Sol, envidiosa y celosa, para vengarse de la ofensa reveló lo sucedido al rey Orcamo, que la hizo enterrar viva. Sol intentó en vano volverla a la vida con sus cálidos rayos: al no lograr su intento, roció el túmulo de néctar perfumado y de la tierra mojada nació un incienso. Clicia, repudiada por Sol, pasaba los días viendo como su amante atravesaba el cielo. La transformaron en una flor, la del girasol, siempre mirando al astro.



viernes, 30 de agosto de 2013

HESTIA O VESTA Y LAS VESTALES


Vesta (en Roma) o Hestia, hija de Saturno y Rea, y hermana de Zeus y Hera, pertenece al grupo de los doce grandes dioses olímpicos. Es la diosa del hogar doméstico y guardiana de la vida privada y familiar en general. En Roma, Vesta era considerada la protectoria del Estado -una gran familia-, y a ella le dedicaban sacrificios cónsules, pretores y dictadores antes de asumir sus respectivos cargos públicos. En el interior del santuario de la diosa no estaban sus imágenes, sino un fuego sagrado que se mantenía constantemente encendido y vigilado por las Bestales. Si el fuego se apagaba, se consideraba un presagio infausto.

Las Vestales eran las sacerdotisas vírgenes que dependían de la máxima autoridad religiosa, el pontifex maximus. Las jóvenes gozaban de notables privilegios, pero también tenían numerosos deberes, entre ellas la de mantenerse vírgenes durante toda la duración de su cargo, regla inviolable bajo pena de ser enterradas vivas.


SACRIFICIO EN HONOR A LA DIOSA VESTA


LA HISTORIA DE HESTIA

Hestia era, en realidad, la primogénita de los titanes Cronos y Rea. También fue la primera de todos sus hermanos en ser devorada por su padre al nacer, siendo, a su vez, la última expulsada del cuerpo de Cronos cuando el joven Zeus le entregó el vomitivo.

Tras la guerra contra los Titanes, conocida como Titanomaquia, esta diosa fue cortejada por Poseidón y por Apolo. Sin embargo, juró sobre la cabeza de su hermano, padre de los dioses, que permanecería siepre virgen, evitando así la primera disputa entre las deidades olímpicas. El rey de los dioses le correspondió cediéndola la primera víctima de todos los sacrificios públicos y los espacios preeminentes de todas las casas. Hestia era la primera a quien se le dedicaban las ofrendas de los banquetes, incluso antes que al propio dios del rayo. Se solían sacrificar para ella terneras de menos de un año, aludiendo así a su virginidad.

Como diosa del hogar y la intimidad familiar apenas salía del Olimpo, y nunca se inmiscuía en las disputas entre dioses y mortales, por lo que, paradójicamente, pocas veces aparece en los relatos mitólogicos a pesar de ser una de las principales diosas de la religión griega y, posteriormente, romana.

Cuando el pequeño Dionisos (Baco) fue admitido en la morada de los dioses, Hestia cedió su puesto en el consejo de los doce dioses, mostrando otra vez su carácter pacífico. Dionisos fortaleció su categoría de dios olímpico y ella se dedicó por completo al cuidado del fuego sagrado del Olimpo.



HISTORIAS DE LAS VESTALES

CLAUDIA QUINTA

Claudia Quinta era una de las sacerdotisas de la diosa del hogar, una de las llamadas vestales. Al pertenecer al grupo selecto de las vestales, al igual que todas las demás de, se aferraba a su voto de castidad. Cuando fue acusada de haber faltado al voto, consiguió demostrar que la acusación era errónea llevando a cabo una especie de prodigio. Junto al río Tiber, en Roma, había embarcado una nave procedente de Asia, que transportaba la gran estatua de piedra con la imagen de la diosa Cibeles. Claudia logró llevar la nave hasta Roma conduciéndola a contracorriente y con la única ayuda de un simple cinturón. Una vez llegada a la ciudad, la estatua fue entregada por los sacerdotes a Escipión el Africano.

TUCIA

La información sobre la diosa Vesta, en general, es escasa. El protagonismo de la diosa está concentrado sobre todo en sus sacerdotisas, guardianas de su fuego. La historia de Tucia es una de las más conocidas y significativas. Al igual que Claudia Quinta, era una vestal virgen acusada de infringir su mayor obligación rompiendo su castidad. La joven, después de solicitar la ayuda de Vesta para demostrar su inocencia, transportó un cedazo lleno de agua del río Tíber hasta el templo de la diosa sin derramar una gota.

jueves, 29 de agosto de 2013

JANO


Jano es una de las figuras más antiguas de la tradición romana, que no existía en la griega, era uno de los dioses mayores del cielo. Aunque ocupaba un lugar relevante en la religión romana, su papel no está muy claro. Es cierto que los antiguos lo tenían en gran consideración: Macrobio, escritor latino del siglo V, afirma su superioridad sobre todos los dioses y lo denomina deus deorum ("dios de los dioses"). A pesar de la poca información, es plausible que su papel, al menos en los albores de la civilización romana, fuese incluso preeminente respecto al de Júpiter. Las funciones atribuidas son numerosas: se le consideraba como el dios del principio y del fin, el dios que preside toda entrada y toda salida, Jano abría el año, inauguraba las estaciones y era considerado el "portero" del cielo. Así, a menudo se le identificaba como patuleius ("el que abre") y clusius ("el que cierra").

En la tierra, Jano era el dios protector de los pasos y las puertas. Dado que todos los pasos miran hacia dos direcciones opuestas, delante y detrás, al dios se le representaba con dos rostros contrapuestos y era llamado Jano bifronte. Por tanto, representaba la dualidad.

Al ser el dios de todo principio, se le atribuían numerosas funciones. Como le estaba consagrado el inicio, protegía los primeros pasos de toda empresa o actividad. Por tanto, era habitual que se le invocase antes de llevar a cabo cualquier acción. 

Durante el renacimiento, la imagen del dios con dos rostros opuestos, se asoció al pasado y el futuro y acabó por acompañarse de la alegoría de la Prudencia. 


MONEDA CON JANO BIFRONTE

miércoles, 28 de agosto de 2013

AFRODITA O VENUS


La diosa griega Afrodita o romana Venus es la diosa del amor, la belleza, la lujuria, la sexualidad y la reproducción. No es un amor en el sentido cristiano o romántico, sino específicamente Eros, es decir, la atracción física o sexual.

Afrodita se casó con Hefesto, dios del fuego, y pronto lo traicionó con Ares, el dios guerrero. A la diosa se le atribuyen otros numerosos amores, Adonis y Anquises entre otros. Sus hijos fueron Eneas y Cupido (Eros en Grecia).

El culto de esta divinidad era universal, pero no le sacrificaban víctimas, y sus altares no eran jamás manchados con sangre; contentábanse con quemar incienso y perfumes. Sus templos principales eran los de Pafos, Amatonte e Idalia en la isla de Chipre; los de Cnido en la Caria; el de Citerea en el Peloponeso y el del monte Erix en Sicilia.

Algunos artistas representan a Afrodita sentada en un carro arrastado por palomos, cisnes o pájaros; una corona de rosas y mirto circunda sus blondos cabellos.El escultor Praxíteles hizo para los habitantes de Cnido una estatua de Afrodita, considerada como una obra maestra. Entre los atributos que la caracterizan se encuentran la rosa, la manzana, el mirto -el arbusto de su predilección- y las palomas.

Venus era una importante diosa romana que desempeñaba un papel crucial en muchas fiestas y mitos religiosos romanos. Desde el siglo III a.C., la creciente helenización de las clases altas romanas la identificó como equivalente de la diosa Afrodita. De esta forma Venus fue la esposa de Vulcano. Virgilio, como halago a su pueblo romano a través de su legendario fundador Eneas.



AFRODITA DE CNIDO
Copia romana de original de Praxíteles
360 a.C.
Ciudad del Vaticano, Palacios Vaticanos




LA VENUS DEL ESPEJO
Diego Velázquez
1647 - 1651
National Gallery, Londres



EL NACIMIENTO DE AFRODITA

La diosa de la belleza y del amor, nació de la espuma del mar cerca de Pafos (Chipre), provista de todos los encantos. La "surgida de la espuma" llegó al mundo después de que Cronos cortase durante la Titanomaquia los genitales a su padre, Urano o el Cielo, con una hoz adamantina y los arrojase tras él al profundo mar.

En la obra maestra de Hesíodo, Teogonía, cuenta que los genitales "fueron luego llevados por el piélago durante mucho tiempo. A su alrededor surgía del miembro inmortal una blanca espuma y en medio de ella nació una doncella", ya adulta. Este mito de Venus (el nombre romano de Afrodita) nacida adulta, Venus Anadiómena ("Venus saliendo del mar"), fue una de las representaciones icónicas de la diosa.

Basándonos en estas leyendas Afrodita es miembro de una generación anterior a la del propio Zeus. se contaba en el V libro de la Ilíada otra versión sobre el origen de la diosa: según ésta, Afrodita era hija de Dione, la diosa oracular original. De acuerdo con las afirmaciones de Homero, Afrodita, aventurándose en batalla para proteger a su hijo Eneas, era herida por Diomedes y vuelve con su madre, postrándose de rodillas para ser reconfortada. Dione era una divinidad equiparable a Gea, la Madre Tierra, a quien Homero trasladó al Olimpo alude a un hipotético panteón protoindoeuropeo oroginal. La propia Afrodita fue llamada a veces "Dione". Una vez que el culto a Zeus hubo usurpado el oráculo-robledo de Dione en Dódona, algunos poetas lo tuveron por parte de Afrodita.

Algunos autores incluso consideran que Afrodita era hija de Talasa, la personificación femenina del mar, y Zeus.


EL NACIMIENTO DE VENUS
Sandro Boticelli
1484 - 1486
Uffizi, Florencia



AFRODITA EN EL OLIMPO

Afrodita no tuvo infancia: en todas las imágenes y referencias literarias nació adulta, núbil e infinitamente deseable. En muchos de los mitos menores tardíos en los que participa se la representaba vanidosa, malhumorada y susceptible. 

Después de nacer abordó a la isla de Citerea por mar, donde fue acogida por las Horas, las personificaciones o diosas del orden de la naturaleza y de las estaciones, si bien posteriormente fueron consideradas como diosas del orden en general y de la justicia. Éstas la hicieron sentar en unn carro de excepcional diafanidad y la transportaron al Olimpo; allí las Risas, las Gracias y los Juegos constituían su cortejo.

Un maravilloso ceñidor añadía aún nuevos encantos a su poder y a sus atractivos. Cuando se presentó ante los dioses quedaron éstos maravillados, y cada uno de ellos la pretendía por esposa. Zeus concedió su mano a Hefesto, que acababa de inventar el rayo mediante el cual había sido posible exterminar a los Gigantes.

Aunque es uno de los pocos individuos del panteón griego realmente casados, le es infiel a su marido con suma frecuencia. Afrodita, diosa inconsiderada y frívola, enojada en extremo de tener por marido un herrero cojo, sucio y rudo, se mostraba complacida ante los halagos de que era objeto por parte de los cortesanos. El dios de los borrachos, el dios de los guerreros, Adonis, hijo de Myrrha, y muchos otros, consiguieron, sin gran esfuerzo, alegrarla en sus contrariedades.

Hefesto es una de las deidades helénicas más ecuánimes; en el relato recogido en la Odisea, Afrodita parece preferir a Ares, el voluble dios de la guerra. Es uno de los pocos personajes mitológicos helenos que desempañó un papel importante en la causa original de la propia Guerra de Troya: no sólo ofreció a Helena a Paris, sino que el rapto se llevó a cabo cuando éste, al ver a la reina espartana por primera vez, se vio abrumado por el deseo de poseerla, lo que corresponde a la esfera de Afrodita.


MARTE, VENUS Y CUPIDO
Tiziano
1530
Kunsthistorisches Museum



AFRODITA Y HEFESTO

Debido a su inmensa belleza, Zeus temía que Afrodita fuera la causa de violencia entre los otros dioses. Por ello la casó con Hefesto, el severo y malhumorado dios del fuego y la fragua. Otra versión cuenta que Hera, madre de Hefesto, lo arrojó del Olimpo al considerarlo horrible y deforme. Éste consiguió su venganza atrapándola en un trono mágico y exigiendo a cambio de su liberación la mano de Afrodita.

Hefesto se creía bien afortunado al haberse casado con la diosa de la belleza, forjando así para ella hermosa joyería, incluyendo el cesto, un cinturón que la hacía incluso más irresistible para cualquiera. La infidelidad de Afrodita con su matrimonio hizo que buscase la compañía de otros, normalmente Ares. Hefesto fue informado del adulterio con Ares por el Sol, que todo lo ve. Como venganza, atrapó con ingenio al dios guerrero con su esposa con una red de finas cadenas que había dispuesto sobre el lecho para que cayeran al más mínimo contacto. Entonces llamó al resto del escuadrón olímpico para burlarse de ellos. Algún dios desenfadado comentó que no le habría importado sentir tal vergüenza. Hefesto no los liberó hasta que Poseidón le prometió que Ares pagaría desagravios, pero ambos escaparon tan pronto como levantó la red, no manteniendo su promesa.



VENUS Y ADONIS

EL NACIMIENTO DE ADONIS

Adonis era el hijo del rey de Chipre, Ciniras, y de su hija Mirra. Narra el mito que la joven, estando preparada para tomar marido, rechazó todos los pretendientes por estar enamorada de su padre. Sus sentimientos los ocultaba en secreto y, desesperada por su estado, decidió ahorcarse. Sin embargo, fue salvada por una nodriza que, cuando supo la dramática verdad, decidió ayudarla. Una tarde, la mujer habló al rey de una joven muy bella que estaba locamente enamorada de él; con la oscuridad de la noche por cómplice, condujo a Mirra al tálamo nupcial del padre, que yació con ella nueve noches.

Una noche, curioso, el rey iluminó a su amante descubriendo la inesperada verdad. Inmediatamente intentó matar a Mirra, pero ella escapó y suplicó a los dioses que la transformaran en otro ser vivo para no ofender a nadie, ni vivo ni muerto. Sus palabras fueron escuchadas y los dioses la convirtieron en el árbol de la mirra. EL hijo que llevaba en su vientre vivió en el interior del árbol hasta que, con la ayuda de la diosa del parto, Lucina, logró romper la corteza.


EL NACIMIENTO DE ADONIS
Tiziano Vecellio
1507
Museo d'Arte Medioevale e  Moderna, Padua




ADONIS
Bertel Thordvalsen
Thordvalsen Museum, Copenhague



Herida por error por una de las flechas de su hijo Cupido, Afrodita se enamoró de Adonis, y pasaba los días con él de caza descuidando sus deberes divinos. La diosa, consciente del destino del muchacho, le aconsejó que evitase las bestias agresivas y que se concentrase en animales más mansos. 

Un día, mientras Adonis se encontraba cazando solo, sus perros olfatearon las huellas de un jabalí y lo persiguieron sin cesar. El gentil cazador, olvidando los consejos de la diosa, hizo lo mismo, alcanzó el animal y le acertó pero sin llegar a matarlo. Enfurecido, el jabalí lo agredió hiriéndolo de muerte. En vano acudió Afrodita, desesperada. En memoria de su luto la sangre del muchacho fue transformada en anémonas, una flor de breve duración, breve como la vida del joven.


VENUS Y ADONIS
Tiziano Vecellio
1553 - 1554
Museo del Prado, Madrid




LA MUERTE DE ADONIS
Luca Giordano



EL PAPEL DE AFRODITA EN LA GUERRA DE TROYA

El punto de partida para el estallido de la terrible Guerra de Troya fue la boda entre el rey mortal Peleo y la diosa Tetis. Tanto diversas divinidades como mortales fueron invitados a las bodas de los futuros padres del célebre Aquiles. Solamente la diosa de la Discordia Eris no fue invitada a la celebración. Como venganza, ésta apareció en medio de la fiesta con una manzana dorada que llevaba inscrita la palabra kallistei (es decir, para la más hermosa"), que arrojó después entre las diosas.

Afrodita, Hera y Atenea reclamaron cada una por su lado ser la más bella y, por tanto, la justa propietaria del fruto. Estuvieron de acuerdo en llevar el asunto ante una gran autoridad, el padre de los dioses, quien, al no querer el favor de ninguna de sus súbditas dejó la elección en manos de un mortal: Paris, el príncipe troyano antes de conocer su verdadera identidad. Hera procuró sobornarlo por todos los medios ofreciéndole un gran reino en el Asia Menor; mientras, Atenea le garantizaba la sabiduría, la fama y la gloria eterna en la batalla; pero Afrodita, susurrándole, le entregaba como esposa a Helena, la mujer mortal más hermosa del mundo. Atónito ante todo lo que le ofrecían, Paris no dudó y eligió a la diosa del amor. Viendo el resultado del pleito, las otras dos diosas encolerizaron y a través del rapto de Helena provocaron directamente la Guerra de Troya.


EL JUICIO DE PARIS
Peter Paul Rubens
1639
Museo del Prado, Madrid



OTRAS HISTORIAS DE AFRODITA

AFRODITA E HIPÓLITO

En una de las tradiciones defendidas de la historia de Hipólito, la diosa de la belleza era el catalizador de su muerte. El joven desdeñó su culto por el de Artemisa y, como venganza, Afrodita provocó que su madrastra, Fedra, se enamorase de él. Sin embargo, la diosa sabía que Hipólito la rechazaría.

En la versión más popular de la historia de Eurípides, Fedra clamaba venganza contra Hipólito suicidándose y dejando una nota en la que relataba a Teseo, su marido y padre del joven Hipólito, que éste la había violado sin piedad. Hipólito, por su parte, había jurado no mencionar el amor de Fedra por él y rehusó noblemente defenderse a pesar de las consecuencias. Teseo maldijo en ese momento a su hijo, maldición que Poseidón estaba obligado a cumplir. Así, Hipólito fue sorprendido por un toro que surgió del mar y asustó a sus caballos, haciendo volcar su carro. 

Curiosamente esta no es la muerte que Afrodita urde en la obra Hipólito, pues en el prólogo se afirma que espera que Hipólito sucumba a la lujuria con Fedra y Teseo les sorprenda juntos. Hipólito perdona a su padre antes de morir y Artemisa revela la verdad a Teseo antes de jurar que matará a uno de los amores de Afrodita, Adonis, como venganza.


FEDRA
Alexandre Cabanel
1800



LAS INTROMISIONES DE AFRODITA

  • Galuco de Corinto, el hijo de Sísifo, enfadó a la diosa. Ésta hizo que los caballos del mortal enfureciesen durante los juegos funerarios en honor al rey Pelias. Tanta era la locura de los equinos que llegaron a despedazar a su dueño. Desde entonces, el fantasma de Glauco espantaba, supuestamente, a los caballos durante los Juegos Ístmicos.
  • Momo fue presa de la mofa de Afrodita, lo que provocó su expulsión del Olimpo.
  • Afrodita figura como la bisabuela de Dionisos, dios del vino; pero en otras versiones se le consideraba su amante.
  • En el libro III de la Ilíada de Homero, Afrodita salvaba a su protegido troyano Paris cuando estaba a punto de ser asesinado por Menelao de Esparta.
  • Afrodita era muy protectora con su hijo, Eneas, quien luchó en la Guerra de Troya. Diomedes estuvo a punto de matar al joven en batalla, pero Afrodita lo salvó. El aqueo hirió a la diosa, dejando ésta caer a su hijo, volando al Monte Olimpo. Entonces Eneas fue envuelto por una nube creada por Apolo, quien lo llevó a Pérgamo, un lugar sagrado del reino de Troya. Allí fue la hermana del dios sol, Artemisa, quién curó a Eneas.
  • Fue Afrodita quién convirtió a Anaxarete en piedra por reaccionar tan desapasionadamente a las súplicas de Ifis, para amarla, incluso tras el suicidio de éste.





PIGMALIÓN Y GALATEA

Pigmalión era un escultor que no había encontrado a la mujer digna de su amor eterno. La diosa Afrodita se apiadó del hombre y decidió enseñarle las maravillas del amor. Un día. Pigmalión fue inspirado por un sueño de la diosa para fabricar una mujer de marfil muy semejante a ella, a la que llamó Galatea. Pigmalión se enamoró de la escultura y se dio cuenta que no podría vivir sin ella. Rezó, pues, a Afrodita, quien llevó a cabo la última parte de su plan infundiendo vida a la bella Galatea, llegando así a tener el amor.

Otra versión de esta historia relata que las mujeres de la ciudad en la que Pigmalión habitaba se enfadaron por no haberse emparejado con nadie, y pidieron a Afrodita que lo obligase. La diosa aceptó el reto y fue esa misma noche a ver a Pigmalión, rogándole que eligiese una mujer con la que casarse y advirtiéndole de que si no, lo haría ella en su lugar. No queriendo tomar tal decisión, Pigmalión le suplicó más tiempo, pidiéndole que le permitiese hacer una escultura de la diosa antes de elegir novia por lo que, alagada, Afrodita aceptó.

Pigmalión empleó mucho tiempo haciendo pequeñas esculturas de arcilla, afirmando que era necesario para poder elegir la pose verdaderamente adecuada. Cuando comenzó a hacer la escultura real, quedó sorprendido al descubrir que necesitaba terminarla, incluso sabiendo que tendría que casarse con alguien al terminar su obra maestra. La razón para ello era que se había enamorado de su creación: cuanto más trabajaba en ella, más la cambiaba hasta dejar de parecerse a la diosa.

En el mismo momento en que Pigmalión se separó de la escultura terminada, Afrodita apareció y le dijo que eligiese a la mujer con quien pasaría el resto de su vida. Sin embargo, Pigmalión eligió a la estatua, a lo que la diosa respondió que era algo totalmente imposible, pidiéndole otra vez que eligiese otra. Pigmalión se aferró a la estatua, y rogó a Afrodita que lo transformarse a él en estatua para así permanecer junto a ella. Afrodita se apiadó tanto que en vez de ello infundió vida a Galatea.


EL ORIGEN DE LA ESCULTURA/
PIGMALIÓN ORA A LA ESTATUA DE
VENUS
Jean-Baptiste Regnault
1786
Palacio Versalles



ATALANTA E HIPÓMENES

Atlanta, hija de Jaso, era una bella muchacha y una excelente cazadora. Rechazaba aceptar ningún vínculo porque los oráculos le habían predicho que, una vez desposada, ya nunca sería la misma. Para desanimar a sus pretendientes, solía desafiarlos en concursos de carreras, prometiendo su mano en caso de victoria o la muerte en caso de derrota. Durante mucho tiempo, Atalanta permaneció invicta, hasta ser desafiada por Hipómenes que, para vencer, recurrió a una estrategia sugerida por Afrodita: la diosa le dio tres manzanas de oro procedentes del jardín de las Hespérides y le aconsejó que las dejara caer al suelo, una a una, para frenar la carrera de la joven. Inevitablemente atraída por los frutos,  Atalanta se detuvo tres veces a recogerlos, perdiendo así la carrera. 

Sin embargo, Hipómenes olvidó agradecer a Afrodita la ayuda y provocó su venganza. Un día, mientras estaban en el bosque junto al templo de Cibles, Hipómenes y Atalanta fueron presa de una pasión suscitada por la diosa del amor y, reos de haber profanado el lugar sagrado, como castigo fueron transformados por Afrodita en leones.


ATALANTA E HIPÓMENES
Guido Reni
1622 - 1625
Nápoles, Museo Nazionale di Capodimonte

martes, 27 de agosto de 2013

HEFESTO O VULCANO


Hijo de Zeus y Hera, Hefesto o Vulcano (en Roma) es el dios del fuego, de la forja y el herrero de los héroes y de los dioses, muchos de los cuales poseen hermosísimas armas forjadas por el. Era dios de los herreros, los artesanos, los escultores, los metales y la metalurgia, por lo que era un dios adorado en todos los centros industriales y manufactureros de Grecia, especialmente en Atenas.

Al ser hijo de los reyes dioses era, a su vez, hermano directo de Ares, Hebe y Eris.

Desde pequeño conoció el arte de la forja de los metales, y en su fragua, localizada en varios volcanes (entre ellos el Etna, en Sicilia), era ayudado por los Cíclopes. Zeus le entregó como esposa a Afrodita, la cual, enamorada de Ares, lo traicionó.

Ordinariamente se representa a Hefesto en su fragua bañado por abundante sudor, ennegrecida la frente por el humo, empuñando con una mano un martillo y con la otra el rayo, con el pecho siempre descubierto y llevando un extraño birrete. Su pelo y su barba aparecen en desorden. Al ser el dios del arte de la forja, los atributos eran claros: el yunque y el martillo.


VULCANO
Herman Vilhelm Bissen
1838
Museo Thorvaldsen, Copenhague




VULCANO, DIOS DEL FUEGO
Andrea Mantegna
1497
Louvre, París



EL NACIMIENTO DE HEFESTO

Hefesto fue fruto de la unión entre los soberanos de los cielos, es decir, Hera y Zeus. En la Teogonía, obra de Hesíodo, Hera concedió al pequeño dios totalmente sola, celosa porque Zeus había dado a luz a Atenea por la cabeza. Sin embargo, en la Ilíada se afirma que Zeus fue el padre del dios de las fraguas.

La tensión entre estas diferentes versiones era tal que, aunque en una y en otra se narra que Atenea terminó naciendo de la cabeza de Zeus, se decía que Hefesto fue quien abrió la cabeza del padre de los dioses para liberar a su hermana. Pero la otra versión sostenía que el autor de tal acto fue el titán Prometeo, ancestro de los mortales.

De cualquier manera, en el pensamiento griego los destinos de Atenea, diosa de la sabiduría y la guerra, y Hefesto, dios de la forja que fabricaba las armas de la guerra, estaban estrechamente relacionados. Hefesto y Atenea Ergane (Atenea como patrona de los artesanos) se honraban en una fiesta llamada Calqueas en el trigésimo día del mes Pianepsio. Por otro lado, Hefesto también fabricó decenas de pertrechos de Atenea.



HEFESTO DESTERRADO

Al venir al mundo, tan deforme, que horrorizado su padre ante tamaña fealdad lo precipitó desde lo alto de los cielos. Otras tradiciones defienden que la razón para el destierro del pequeño dios fue que estaba involucrado en una conspiración de Hera para derrocar a su padre, Zeus. En la Ilíada se narra que fue porque liberó a su madre, presa de una cadena de oro entre la tierra y el cielo tras una pelea con Zeus. El celeste aborto fue rodando durante un día en el espacio y de torbellino en torbellino fue a parar, al caer la tarde, a la isla de Lemnos, cuyos habitantes lo recibieron de tal forma que sólo se rompió una pierna.

Pero otras versiones defienden que fue Hera, mortificada por haber parido tan grotesca descendencia, la que no tardó en arrojarlo del Olimpo. Hefesto cayó durante nueve días y nueve noches hasta el mar, donde, como cuenta su mismo personaje en la Ilíada, dos diosas del mar, la nereida Tetis (la madre de Aquiles) y la oceánide Eurínome lo recogieron y cuidaron de él en Lemnos.

Privado Hefesto de los dones exteriores, estaba abundantemente compensado en los del genio: era el más industrioso de los inmortales. Con un poco de arcilla amasada con agua formó la primera mujer y supo embellecerla con tales atractivos que los dioses invitaron a la admirable criatura a que formara parte de su asamblea, la colmaron de dones y le dieron el nombre de Pandora.


VULCANO
Guillaume Coustou el Jóven
1742
Louvre, París



LA VUELTA AL MONTE OLIMPO

Tras haber fabricado tronos de oro tanto para Zeus, padre de los dioses, como para otras deidades, Hefesto se vengó del pasado elaborando un trono mágico de diamante. Éste fue enviado como regalo a Hera y cuando la reina de los dioses se sentó en él quedó totalmente atrapada, siendo incapaz de levantarse.

Los demás dioses rogaron a Hefesto que volviese a la morada del Olimpo y la liberase. Sin embargo, él se negó, enfadado aún por haber sido expulsado de manera tan injusta. Intervino pues Dionisos emborrachando al dios del fuego y lo llevó de vuelta al Olimpo a lomos de una mula. Hefesto, contrariado por la treta y dueño de la situación, impuso severas condiciones para liberar a su madre, una de las cuales fue contraer matrimonio con la joven Afrodita.



HEFESTO Y AFRODITA

En el panteón olímpico, Hefesto estaba formalmente emparejado con Afrodita, diosa del amor, la belleza y el erotismo, a quien nadie podía poseer jamás. Hefesto, en cambio, estaba sumamente entusiasmado de haberse casado con la diosa de la hermosura y forjó para ella magnífica joyería, entre ella se encontraba un cinturón que la hacía más irresistible aún para los hombres.

Pero Afrodita se entregaba en secreto al dios de la guerra, Ares. Cuando Hefesto tuvo noticia de las traiciones de su mujer gracias a Apolo, dios del sol que todo lo ve, tejió una red de oro irrompible y casi invisible con la que atrapó en la cama a los amantes en uno de sus encuentros. Hesíodo afirmaba que este suceso fue motivo de gran algarabía en el Olimpo, ya que Hefesto llamó a todos los olímpicos para que se burlasen de los amates. Hermes, el mensajero de los dioses, comentó que no le habría importado sentir tal vergüenza. Hefesto, empero, no quiso liberarlos hasta que prometieran terminar su tórrido romance, cosa que cumplieron, pero los dos escaparon tan pronto como la red fue levantada, por lo que no mantuvieron su palabra.

Según algunos antiguos, su desgraciado matrimonio con Afrodita fue lo que impulsó a Hefesto a asaltar a Atenea cuando ésta acudió a él por nuevas armas.


VENUS CON UNA MANZANA
Bertel Thorvaldsen
1805
Louvre, París




LA FRAGUA

Después de haberse casado con Afrodita, diosa de la belleza, no encontró Hefesto en esta unión la felicidad que esperaba, pero Zeus lo indemnizó de los sinsabores que el amor le ocasionaba constituyéndole dios del fuego, honor al que tenía tanto más derecho cuanto que cada día veía salir de sus talleres alguna obra maestra.

Según la Ilíada, la forja de Hefesto se encontraba en el Olimpo. Pero lo habitual era situarla en el corazón volcánico de la isla egea de Lemnos. Era, incluso, identificado por los griegos con los dioses-volcanes del sur de Italia Adranos y Vulcano.

Hefesto estableció en Lemnos dos fraguas considerables y en sus montañas fueron por primera vez pulimentados el oro, el hierro, el cobre y el acero. Bajo su dirección se construyeron nuevos talleres en los antros de Lípari y en las cavernas del monte Etna: allí trabajaba Hefesto con sus Cíclopes, cuyos nervudos brazos levantaban sin cesar los martillos detonantes. Estos Cíclopes o herreros eran una raza de gigantes antropófagos que tenían solamente un ojo en medio de la frente.

A ruego de Tetis fabricó para uso de Aquiles un casco, una coraza y un escudo que fueron el asombro y el espanto de los soldados troyanos. Solicitado por Afrodita forjó las armas de Eneas; por orden de su padre, Zeus, modeló aquel maravilloso escudo de Heracles que ninguna fuerza humana podía mellar ni romper. Entre sus obras más notables merecen mencionarse el mágico collar que regaló a Hermione, esposa de Cadmo, el cetro de Agamenón, el casco de invisibilidad de Hades, el carro de Helios, la égida y los rayos de Zeus, las sandalias aladas de Hermes, el arco y las flechas de Eros y los veinte trípodes provistos de ruedas, que, por sí mismos y sin recibir impulso alguno, se trasladaban al anfiteatro donde se reunían los dioses.


APOLO EN LA FRAGUA DE VULCANO
Diego Velázquez
1630
Madrid, Museo del Prado



DESCENDENCIA

A veces se consideraba a este dios padre con Etna de los Palicos, los daimones ctónicos de los géiseres y los manantiales de aguas termales de la región de Palacia, en Sicilia.

Hefesto estaba conectado con la arcaica religión mistérica frigia y tracia de los Cabiros, llamados Hephaistoi ("hombres de Hefesto") en Lemnos. Éstos, hijos de Hefesto con la ninfa Cabiro, eran daimones que moraban en la isla de Samotracia junto con sus hermanas, las ninfas Cabírides. Entre su descendencia también se encontraba Talía, la ninfa siciliana a la que amó Zeus.

En el mundo de los mortales, Hefesto tuvo una multitud de hijos. Entre ellos son celebres los siguiente: Caco, un bárbaro gigante lacio al que mató el más famoso de los héroes griegos, Heracles; Filamón, músico y rey de la Fócide; Pilio, un hombre de la isa de Lemnos que curó de su mordedura de serpiente a Filoctetes, héroe de la Guerra de Troya; Radamantis, uno de los poderosos y temibles jueces de los muertos; y Servilio Tulio, rey del Lacio en la mitología romana.


SERVIO TULIO, EL SEXTO LEGENDARIO
REY DE LA ANTIGUA ROMA
Frans Huys
s. XVI

lunes, 26 de agosto de 2013

ARES O MARTE


Ares o Marte, hijo de Zeus y Hera, reyes de los dioses, es el dios de la guerra, caracterizado por un carácter violento, cruel y agresivo y, por tanto, es una figura desagradable para el resto de los dioses olímpicos, incluidos sus propios padres. Era, más bien, la personificación de la brutalidad y la violencia, así como del tumulto, confusión y horrores de las batallas. Los romanos lo identificaron con Marte, deidad romana de la guerra y la agricultora, al que habían heredado de los etruscos, pero que gozaba entre ellos de mucha mayor estima.

Los helenos siempre desconfiaron de Ares, quizá porque ni siquiera estaba influenciado por el espíritu de pertenecer a un bando, sino que a veces ayudaba a una parte y a veces a la otra, según le dictaban sus inclinaciones e intereses. Su mano destructiva se veía incluso tras los estragos provocados por plagas y epidemias. Este carácter sanguinario lo hacía ser odiado por otros dioses, incluidos sus propios padres.

Los antiguos pensaban que su residencia se encontraba en Tracia, región salvaje y extrema, habitada por poblaciones guerreras, las Amazonas (las cuales se consideraban sus hijas) entre otras. A diferencia de Atenea -quien encarna imagen de sensatez y prudencia en el plano bélico-, Ares representa el lado violento, feroz, sanguinario y cruel de la guerra. 

El dios Marte proviene del Ares griego de Tracia, donde su culto no estaba especialmente difundido y no tenía repercusiones morales o sociales. Ya existía, en cambio, esta divinidad en la ciudad de Atenas, donde tenía un templo en el Areópago (en griego, "colina de Ares").

El culto de Marte se hallaba, pues, muy difundido, sobre todo entre los romanos, pueblo belicoso que consideraba a este dios como el padre de Rómulo y el protector del imperio. Numa Pompilio instituyó en honor al dios un colegio de doce sacerdotes llamados salios, cuya principal misión consistía en velar por la conservación de los escudos sagrados. Cuando los cónsules partían para la guerra, iban al templo de Marte para orar y ofrecer sus votos, acercábanse solemnemente a la imagen del dios y tocando su lanza exclamaban: "¡Dios de la guerra, protege esta república!". En las fiestas que en su honor se celebraban se le sacrificaba un caballo, como símbolo de ardor militar, y a veces un lobo como emblema de furor. Le estaba especialmente consagrado el martín pescador por ser el ave que tiene fama de valerosa.

Se representa a Ares bajo los rasgos de un hombre joven aun, de feroz mirada y andar precipitado. El dios de la guerra tiene atributos propios de un guerrero, como el yelmo, el escudo, la coraza, la lanza y la espada. Pero no siempre aparece como vencedor: su fuerza brutal a menudo es derrotada y burlada por las fuerzas inteligentes de Hércules y Atenea. Su vestido es el de un guerrero; un casco protege su cabeza, y su pecho descubierto parece provocar los ataques del enemigo. Con su mano derecha blande una enorme lanza; con su izquierda sostiene un escudo o sacude un látigo. A sus pies aparece un gallo. Se le ve sentado en un carro tirado por fogosos corceles guiados por él mismo o Belona, su hermana y diosa guerrera.



ESTATUA COLOSAL DE MARTE
s. I. d.C.
Roma, Musei Capitolini




AREÓPAGO
Acrópolis, Atenas



NACIMIENTO DE ARES

Homero relata que el dios, armado de los pies a la cabeza siempre, se complacía solo con oír el salvaje grito de guerra mientras corría por los campos de batalla trayendo la muerte. Pero la sensual Afrodita (o Venus en Roma) se enamoró del dios, traicionando a Hefesto (Vulcano en la mitología romana), su esposo.

Homero y Hesíodo afirmaban que Ares era hijo de Zeus y Hera, pero los poetas latinos contaban que después de que el padre de los dioses hizo salir a Atenea de su cerebro, Hera hizo que Ares naciese del contacto de una flor en los campos de Olene, ciudad de Acaya. Ésta parece ser una imitación de la leyenda sobre el nacimiento de Hefesto, recogida por Ovidio. También existe una leyenda similar sobre la el nacimiento de Eris, diosa de la Discordia. Su lugar de nacimiento y auténtico hogar estaba situado lejos, entre los bárbaros y belicosos tracios, y a él huyó cuando fue descubierto con Afrodita.

Antes de que viniese al mundo, los hombres luchaban a la ventura, armados solamente con garrotes y piedras, sin táctica y sin orden, Ares fijó reglas precisas para el ataque y la defensa, simplificó, en principio, el arte de matarse unos a otros, y el hierro que hasta entonces se destinaba a usos ordinarios fue transformado en espadas y puñales.


CABEZA DE TIPO ARES BORGHESE
Copia romana de una obra del s. V
a.C. atribuida a Alcámenes
Finales del s. II
Musei Capitolini, Roma



ARES Y LOS ALÓADAS

En un oscuro mito arcaico, relatado en la Ilíada por la diosa Dione a su hija Afrodita, se contaba la historia de Ares y los dos gigantes ctónicos conocidos como los Alóadas. Ares desplegó un valor inaudito luchando contra Oto y Efialtes, los Gigantes hijos de Aloos, pero cayó en una emboscada y fue hecho prisionero por los Alóadas. Fue encerrado en una gran urna de bronce donde permaneció trece meses, es decir, un año lunar.

Ares gimió prisionero durante largo tiempo hasta que Hermes lo rescató y Artemisa engañó a los Alóadas haciendo que se arrojaran sus lanzas uno al otro, por lo que los dos acabaron muriendo.


OTO Y EFIALTES MANTIENEN
ENCADENADO A ARES
Tommaso Piroli
La Ilíada de 1795



ARES, AFRODITA Y HEFESTO

Aunque Afrodita se había casado con Hefesto, se enamoró perdidamente de Ares hasta el punto de traicionar a su marido. Ares, en su vuelta al monte Olimpo se esforzó por agradar a Afrodita. Su traje guerrero, el brillo de sus armas, su valor heroico daban a Ares, a los ojos de la diosa, singular belleza; ésta sentía su vanidad sobremanera satisfecha al ver postrado a sus pies a quien sembraba el espanto en los ejércitos.

El dios de la forja fue informado de la traición por Apolo, dios del sol que todo lo ve, y decidió vengarse. Acercandose a la fragua, fabricó una red extremadamente fina y al mismo tiempo muy fuerte y resistente, invisible incluso para el ojo divino. Tras sujetarla alrededor del lecho, fingió haberse ido a la isla de Lemnos, su tierra natal.

En ese momento, Ares aprovecho la situación y la ausencia de Hefesto para yacer con su amante, pero ambos quedaron atrapados e inmovilizados en la red. Entonces, Hefesto llamó como testigos a todos los dioses quienes, en vista de la escena, se rieron. La pareja sólo fue liberada gracias a la intervención de Poseidón.


VENUS Y MARTE
Sandro Boticelli
1483
Londres, National Gallery



ARES Y LA GUERRA DE TROYA

En la Ilíada de Homero se representa a un Ares sin alianzas fijas ni respecto hacia Temis, el orden correcto de las cosas: prometió a Atenea y Hera que lucharía al lado de los valerosos aqueos, pero la bella Afrodita logró persuadirlo para que luchase en favor a Troya.

Durante las batallas, Diomedes se enfrentó al príncipe Héctor y contempló como el dios de la guerra estaba luchando en el bando troyano. Así, Diomedes exclamó a sus soldados que se retirasen lentamente. Hera, reina de dioses y la madre de Ares, vio la injerencia del dios y pidió permiso a Zeus, su padre, para alejarlo del campo de batalla. Sin embargo, Ares logró atacar a Diomedes con su lanza, pero Atenea desvió el ataque. El héroe griego respondió con la pica y Atenea guió ese golpe para herir a Ares, quien en su caída bramó como nueve o diez mil hombres y huyó al Olimpo, lo que obligó a los troyanos a retirarse.

Cuando Hera mencionó durante un diálogo con Zeus que su hijo Ascálafo había fallecido, Ares rompió a llorar y quiso unirse a la contienda del lado de los aqueos contra la orden de Zeus de que ningún dios olímpico debía participar en la célebre guerra. Atenea detuvo a Ares y le ayudó a quitarse la armadura. Más tarde, cuando el padre de los dioses permitió a las divinidades tomar parte activa en la guerra de los mortales, Ares intentó vengarse de Atenea. No obstante, el dios terminó herido de nuevo cuando Atenea lo golpeó con una piedra sólida, cubriendo al caer con su cuerpo tumbado siete yugadas. Cuando la piedra golpeó al dios, mató a Ilíada y lo mandó a gobernar su patria, Tracia, un lugar de sabiduría.


DIOMEDES CONTRA ARES EN LA
 GUERRA DE TROYA



ARES EN LA TIERRA

Ares abandonó el cielo, se retiró a la región de Tracia y moró durante algún tiempo este país, por el cual sentía una especial estima y en el que era adorado como principal divinidad. 

De aquí marchó a Grecia; al llegar al Ática presenció los ultrajes que infería a su hija Alcipa el cruel Alirrocio, hijo del dios Poseidón, y no pudiendo contener su indignación mató al agresor. Poseidón citó entonces a Ares para que compareciese ante un tribunal augusto que los atenienses acababan de instituir, para que fuese allí mismo juzgado. El acusado expuso a los jueces el asunto con toda la simplicidad y franqueza de un soldado y se defendió con tal elocuencia, que fue absuelto. Entonces, este tribunal tomó el nombre de Areópago. Areópago quiere decir colina de Ares: Ares significa en griego Marte y pagos colina. En efecto, el Areópago se asentaba sobre la colina donde Ares pleiteara.

Uno de los papeles de Ares situado en el propio continente griego era el del mito fundacional de la ciudad de Tebas. El dios era el progenitor del dragón acuático que mató Cadmo, convirtiéndose en ancestro de los espartanos: los dientes del dragón brotaron como si de una cosecha creciese una raza de guerreros descendientes de Ares. Para aplacar a Ares, Cadmo tomó como esposa a Harmonía, fruto de unión entre el dios con Afrodita, resolviendo así la contienda y fundando la ciudad de Tebas.



LA PRESENCIA DE ARES, DIOS DE LA GUERRA

Entre la descendencia del dios de la guerra y brutalidad se encontraban los hijos que tuvo con la bella Afrodita: Deimos y Fobos, respectivamente los espíritus del terror y el miedo que lo acompañaban en la batalla. 

La hermana y compañera fiel de Ares era Enio, la diosa del derramamiento de sangre y la violencia. Su hermana Eris lo acompañaba en los combates, incitando a los soldados a luchar formidablemente. Su otra hermana Hebe, a quien trataba irrespetuosamente, era reclamada a menudo para prepararle el baño.

La presencia de Ares también se veía acompañada por Cidoimos, el daimon del alboroto de las batallas, así como las Macas (Batallas), las Hisminas (Disputas), Polemos (un espíritu menor de la guerra, probablemente un epíteto de Ares, pues no tenía un dominio específico) y la hija de éste, Alala, la diosa-personificación del grito de guerra griego, cuyo nombre era usado por Ares como grito de guerra propio.



DESCENDENCIA DE ARES

La descendencia del dios es bastante extensa. Sin embargo, los nombres más relevantes eran los siguientes:
  • Con la diosa Afrodita tuvo a Anteros, Deimos, Eros (Cupido), Fobos y a Harmonía.
  • Con Otrera, también llamada Hipo, que era una de las primeras reinas de las Amazonas y fundadora de la nación amazónica, tuvo a Antíope, Hipólita, Melanipa y Pentesilea, las grandes reinas Amazonas. Sin embargo, Otrera es considerada hija bien de Euro, dios del viento del este, bien del propio Ares, de quien fue consorte.
  • Con Ilia (Rea Silvia en la mitología romana) tuvo a los fundadores de la ciudad de Roma, Rómulo y Remo.
  • Junto a Cirene fue el padre de Diomedes de Tracia.
  • De su unión con Altea nació el héroe Meleagro.


MARTE Y REAL SILVIA
Peter Paul Rubens
1616 - 1617
Palais Liechtenstein, Viena

domingo, 25 de agosto de 2013

HERMES O MERCURIO


Hermes (en griego) o Mercurio (en Roma) era hijo de Zeus y Maya la ninfa. Nació en una cueva cerca del monte Cilene, situado en Arcadia. Desde que nació se mostró como un niño precoz y enérgico. Gracias a tales aptitudes Zeus decidió nombrarlo mensajero de los dioses, papel que desempeñaría con esmero.

Entre las tareas que desempeñaba también estaba la de "acompañante de las almas de los difuntos al más allá". Hábil y astuto, Hermes es considerado el protector de los ladrones, de los comerciantes en general y de los viandantes. Por ello, las esculturas con su imagen esculpida adornaban, en su honor, las calles y vías principales para indicar la ruta a los viajeros.

Es, por tanto, el dios olímpico mensajero, de las fronteras y los viajeros que las cruzan, de los humildes pastores, de los oradores, el ingenio y del comercio en general, teniendo una astucia de mentirosos y ladrones. En el himno homérico a Hermes se le inovca como ploytropos, es decir, como el "de multiforme ingenio, de astutos pensamientos, ladrón, cuatrero de bueyes, jefe de los sueós, espía nocturno, guardián de las puertas, que muy pronto habría de hacer alarde de gloriosas hazañas ante los inmortales dioses". Himno homérico a Hermes, 13.

Veloz gracias a sus sandalias aladas, se dice que volaba por mares y montañas para transmitir la voluntad de cualquier divinidad que precisase de sus servicios. Otros atributos ligados a su figura eran el caduceo, el báculo con dos serpientes enroscadas, el tocado viajero y anchas faldas. Por el papel de protector de viajeros, su aspecto imita a un viandante con la ropa característica como el manteo y el tocado de viaje. Cuando aparece con la bolsa de dinero alude su papel de dios de los comerciantes.

El haber llevado Hermes una vida pastoril largo tiempo en Tesalia hizo que fuese adorado allí como dios de los pastores, y la circunstancia de haber inventado la lucha y los ejercicios corporales, en los que sobresalía siempre, le hicieron pasar por el dios de los atletas.

En la mitología romana, Mercurio era un dios importante del ámbito comercial, pero también era el mensajero de los dioses y el jefe de los viajeros, pastores y oradores. Incluso su nombre está relacionado con la palabra latina merx ("mercancía"). Además, era el encargado de conducir a las almas de los difuntos a las puertas del Inframundo.  En sus formas más primitivas parece haber estado relacionado con la deidad etrusca Turms, pero la mayoría de sus historias y características fundamentales fueron tomadas prestadas del dios griego análogo Hermes.

Se representa a Hermes en la figura de un hombre mozo, listo, sonriente y cubierto con un pequeño manto. Tanto su bonete como su caduceo están provistos de alas, como también sus tacones, para indicar que es el mensajero de los dioses. De su boca sale en algunas imágenes una cadena de oro para significar con qué poder un orador experto encadena las voluntades de sus oyentes; su mano derecha empuña el caduceo, como emblema de un ministro plenipotencioario y conciliador, y en su izquierda lleva una bolsa como símbolo del dios protector de los comerciantes. Son atributos suyos el gallo y la tortuga, significando el primero la vigilancia, tan necesaria en el cumplimiento de diversas e importantes funciones; la tortuga recuerda que Hermes fue quien inventó la lira, que en un principio fue hecha con sus placas.

En los caminos de gran tránsito figuraban de trecho en trecho estatuas de forma cuadrada que representaban a Hermes y servían para la delimitación de los campos o para señalar el camino a los viajeros extraviados. Estas estatuas, llamadas en griego Hermes, se colocaban también en el centro de las encrucijadas y tenían tantas caras como caminos a tal sitio convergían. En los sacrificios que a Hermes se dedicaban ofrecíanle miel, leche y sobre todo la lengua de las víctimas, ya que era considerado como el dios de la elocuencia.


MERCURIO
Hendrick Goltzius
1611
Haarlem, Frans Halsmuseum



NACIMIENTO E INFANCIA

Según cuenta el himno homérico a Hermes, Maya ("pequeña madre") fue la madre de Hermes junto a Zeus, padre de los dioses. Maya era la mayor de las Pléyades, las siete hijas de Atlas y Pléyone. Sus hermanas y ella, nacidas en el monte Cilene en Arcadia, eran llamadas las diosas de la montaña, siendo Maya la más bella y tímida de todas ellas.

Maya engendró a Hermes de Zeus en la cueva del monte cilene. Tras dar a luz al niño, Maya lo envolvió en mantas y fue a dormir. El infante Hermes, que crecía rapidísimamente, se escapó gateando a Tesalia. Sin embargo, alguna tradición sitúa su nacimiento en el Olimpo. A veces se le aplica los epítetos de Atlantiades o Cilenio.

El mismo día de su nacimiento se sintió ya tan apuesto y robuto que luchó con Eros (Cupido), lo derribó con una zancadilla y robó su carcaj. Mientras los dioses le felicitaban por su victoria, hurtó la espada de Ares (Marte), el tridente de Poseidón (Neptuno), el ceñidor de Afrodita (Venus) y el cetro del padre de los dioses, y estaba a punto de escamotear el rayo si el temor de quemarse los dedos no se lo hubiera impedido.

Tanta bribonada y audacia hicieron que fuese arrojado del cielo y entonces vino a la tierra y fijó su residencia en Tesalia, donde pasó su adolescencia y su juventud. El desterrado Apolo se dedicaba entonces a guardar los bueyes del rey Admeto cuando Hermes se aprovechó de su aspecto de pastor. Se valió de un momento en que Apolo sumido en tierno delirio remembraba sus amores pastoriles tocando la flauta, y entonces Hermes desvió adrede sus bueyes del lugar en que pacían y se los llevó escondiéndolos en lo más espeso del bosque de Pilos. Para no ser descubierto por los rastros de sus pasos sobre la tierra, Hermes se puso unas sandalias mientras conducía a los bueyes, donde mató a dos y encerró el resto en una cueva. Las pieles de los animales muertos fueron clavadas a una roca. Parte de su carne fue cocinada y consumida, siendo el resto quemada. Al mismo tiempo, ofreció sacrificios a los dioses olímpicos por lo que, probablemente, fuera llamado el inventor de la adoración divina y los sacrificios.

Tras esto, volvió inmediatamente a Cilene, donde encontró una tortuga en la puerta de su cueva natal. Hermes tomó el caparazón del reptil y tensó unas cuantas cuerdas, inventando así la lira y el plectro. Algunos defienden que el número de cuerdas de su nueva invención fue tres y otros dicen que siete. En cuanto al material, se dice que estaban hechas de tripa de buey u oveja.

Mientras tanto, Apolo, gracias a su poder profético había descubierto ya que Hermes fue el autor del robo. Enfurecido, Apolo viajó a Cilene a acusar a Hermes delante de su madre Maya. Ésta mostró al dios el niño en su cuna, pero Apolo llevó al niño ante Zeus, rey de dioses, y exigió la devolución de sus bueyes. Zeus le ordenó que cumpliese con las demandas de Apolo, pero Hermes negó haber robado el ganado. Sin embargo, al ver que sus afirmaciones no eran creídas, condujo a Apolo hasta Pilos, dándole así los bueyes.

Pero al oír los dulces sonidos de la lira, Apolo quedó tan impresionado que dejó que Hermes se quedase con los bovinos. Hermes inventó entonces la siringa y, tras haber revelado a Apolo sus invenciones, los dos dioses hicieron las paces.

A cambio, Apolo obsequió a Hermes con su propia vara dorada de pastor, enseñándole el arte de profetizar por medio de los dados. Ésta era una varilla de avellano que tenía la propiedad de apaciguar las querellas y reconciliar a los enemigos. Para cerciorarse Hermes del poder de este talismán, lo interpuso entre dos serpientes que luchaban encarnizadamente y al momento las dos se enroscaron alrededor de la varilla y allí quedaron entrelazados formando el caduceo, que es el principal atributo del dios.

Poco satisfecho Hermes con tan vulgares honores, aspiró a más brillantes triunfos: recorrió las grandes ciudades, salió a la plaza pública y allí se mostró hábil en el arte de la elocuencia. Los oradores y los retóricos se pusieron bajo su protección y fue considerado como el dios de las artes liberales y de las bellas letras. Queriendo juntar lo útil a lo agradable, se dedicó a los negocios, perfeccionó el comercio y el cambio, inventó los pesos y medidas y al poco tiempo su nombre fue honrado por los mercaderes y negociantes que le llamaron el dios del comercio.

El destierro de Hermes producía en la corte celestial un sensible vacío; por eso fuje nuevamente llamado a ella, y puesto que mientras vivió sobre la tierra había demostrado superior destreza e inteligencia, Zeus le constituyó su ministro, su intérprete y mensajero del Olimpo. Cumpliendo los deberes de su cargo, Hermes ejecutaba los encargos de las deidades, sus negociaciones públicas o secretas, importantes o frívolas, y asumía a la vez el oficio de criado, escanciador, espía, embajador, satélite y verdugo.


HERMES Y MAYA
Detalle de una ánfora ática
500 a.C.
Staatliche Antikensammlungen, Munich



MERCURIO Y APOLO
Annibale Carracci
Galería Farnesio, Roma




HERMES ATÁNDOSE LA SANDALIA
François Rude
1834
Louvre, París



HERMES COMO DIOS

Cuando la bella ninfa Ío, una de las amantes secretas de Zeus, fue atrapada por la colérica Hera y puesta bajo la estricta vigilancia del gran gigante de cien ohos, Argos Panoptes.

Cumpliendo órdenes de los dioses dio muerte al inoportuno Argos. Zeus ordenó al mensajero de los dioses que robase a la ternera, animal en que fue transformada la joven para ser ocultada de los ojos de la reina Hera, pero fue denunciado por Hiérax. Hermes tuvo que matar a Argos, y por este asesinato es muy comúnmente llamado Argifontes. Enn algunas versiones se narra que mató al gigante durmiéndolo con historias y canciones; después lo decapitó con una gran espada con forma de media luna. Más tarde, los ojos de Argos fueron puestos en la cola del pavo real, el símbolo de Hera.

Hermes también fue el encargado de encadenar al titán Prometeo, ancestro de los mortales, en el monte Cáucaso. En la tragedia Prometeo encadenado, atribuida a Esquilo, Zeus enviaba a su mensajero a enfrentarse a Prometeo por una profecía que aseguraba que el titán derrocaría al primero de los dioses. Hermes engañó a Prometeo por no ser razonable y querer prolongar su dura tortura, pero Prometeo rehusaba darle detalles sobre la terrible profecía.

Este dios ayudó al héroe Perseo a matar a la gorgona Medusa al garantizarle la ayuda de sus sandalias aladas y la hoz de Zeus. También le entregó el casco de invisibilidad de Hades y le dijo que lo usase para que las inmortales hermanas de Medusa no consiguiesen verlo huir.

En la Odisea, ayudó a su tátara-nieto, Odiseo o Ulises, que le informaba sobre el destino de sus compañeros, que fueron convertidos en animales por el poder de la maga Circe. El dios también le dio instrucciones al hñeroe para que se protegiese al masticar una hierba mágica. También fue quién le dijo a Calipso, por orden de Zeus, para que liberase a Odiseo de su isla para continuar su viaje de vuelta a casa.

Entre sus hazañas también se encuentran ayudas a otros olímpicos. Liberó a Ares de la prisión en que le habían encarcelado los Gigantes, condujo a Dionisos hasta donde se encontraban las ninfas de Nisa, acompañó a Hades cuando éste último llevó a cabo el rapto de Perséfone y... largo sería enumerar todos los pormenores de su actuación.

Aun cuando parecía que tan numerosas ocupaciones habían de absorberle por entero tiempo y fuerzas, sin embargo, era aun Hermes el encargado de conducir hasta los infiernos las almas de los muertos y asistir al juicio supremo a que, ante el tribunal de Minos, eran sometidas; era él también quien conducía de nuevo estos entes a la tierra cuando habían transcurrido mil años desde que de ella se les arrancara la muerte, y las introducía en cuerpos nuevos.



MERCURIO Y ARGOS
Diego Velázquez
1659
Museo del Prado, Madrid



MERCURIO Y LAS TRES GRACIAS
Tintoretto
1564 - 1565
PalacioDucal, Venecia



HERMES Y HERSÉ

Hermes descubrió un día a las hijas del rey de Atenas Crecops mientras volvían de una ceremonia en honor de Atenea. Así se enamoró de Hersé, la más bella entre todas las hermanas. El dios convenció a Aglaura, una de las hijas del rey ateniense, para que le colase en la habitación de su amada a cambio de una jugosa recompensa. Mientras Hermes se alejaba para conseguir oro, Aglaura fue mordida por Envidia -la diosa que personifica la venganza y los celos- y, poco a poco, comenzó a sentir un odio muy profundo por la felicidad de Hersé.

A pesar del acuerdo con el dios, Aglaura no cumplió lo que Hermes le pidió. Al principio, Hermes procuró tranquilizarla y, así, intentar persuadirla para que le dejase entrar en la habitación de la bella Hersé. La respuesta de la muchacha, en cambio, era constantemente negativa. Viendo la imposibilidad de acceder a su amada, transformó a Aglaura en una piedra oscura, haciendo referencia así a sus pensamientos oscuros.


HERMES PERSIGUE A UNA MUJER
QUE TAL VEZ SEA HERSÉ
Crátera de campana de figuras rojas
390 - 380 a.C.
Louvre, París