martes, 10 de diciembre de 2013

ODISEO O ULISES - ODISEO EN LA GUERRA DE TROYA


Odiseo en Grecia o Ulises (Vlixes en latín) en Roma fue uno de los héroes legendarios de la mitología griega, quien aparece como uno de los personajes principales de la Ilíada y protagonista de la Odisea, obra a la que da nombre, obras atribuidas al rapsoda griego Homero. A parte de eso, también aparecía en varios de los poemas perdidos del llamado Ciclo Troyano y posteriormente en diversas obras de autores clásicos.

Era el rey de la isla de Ítaca, situada frente a la costa occidental de Grecia. En las obras se le atribuyen diferentes procedencias: en la Odisea era hijo de Laertes o Alertes y Anticlea; en relatos posteriores, en cambio, era hijo de Sísifo y Anticlea. También era hermano mayor de Ctímene. A su vez estaba casado con Penélope, con la que tuvo un hijo, Telémaco, que sufrieron esperándolo desesperadamente durante veinte largos años; por un lado, diez de ellos los había pasado luchando en la famosa Guerra de Troya y, por otro, los restantes intentando regresar a su reino por una serie de obstáculos a los que tuvo que hacer frente.

Famoso por su valor, elocuencia y astucia, estuvo entre los comandantes que tomaron parte en la guerra de Troya. Odiseo ha sido considerado, tradicionalmente en la Ilíada, como la antítesis de Aquiles: mientras que la cólera del hijo de Tetis lo consumía, siendo de naturaleza autodestrutiva, Odiseo era visto como un hombre más común, conocido por el conocimiento sobre él mismo y las habilidades diplomáticas. Además también se le considera más convencionalmente como la antítesis de Áyax el Mayor, pues este último sólo poseía fuerza física mientras que el rey de Ítaca no sólo era ingenioso (demostrándolo con la idea del Caballo de Madera o Caballo de Troya), sino como un elocuente orador. Los dos no eran solamente opuestos en aspectos abstractos, sino que en la práctica los duelos eran constantes.


ODISEO Y EURICLEA
Christian Gottlob Heyne


EL NACIMIENTO DE ODISEO

Con Homero, Odiseo era hijo de Laertes y Anticlea, y nieto de Arcisio por parte paterna, y de Atólico, por la materna. Según esta tradición, Odiseo había nacido en Ítaca, concretamente en el monte Nérito, donde la lluvia sorprendió a su madre en camino. Probablemente, esta leyenda haya sido la conocida como "Zeus llovió sobre el camino". Los que creían que el padre del héroe era Sísifo, que se unió a Anticlea durante una visita a Ítaca, querían explicar el nombre de Odiseo a partir de una supuesta relación con el verbo "ser odioso", lo que haría una referencia directa a que Sísifo era odiado por muchos, incluidos los propios dioses. Quienes consideraban a Sísifo como padre del rey de Ítaca (como por ejemplo la tragedia griega) ubicaban su nacimiento en la ciudad de Alalcómenas, situada en Beocia.


ODISEO ANTES DE LA GUERRA DE TROYA

Siendo todavía niño Telémaco, hijo de Odiseo y Penélope, se produjo el rapto de Helena por parte del príncipe troyano Paris. Por tanto, implicado en el juramento de los pretendientes de la bella espartana, fue obligado a cumplirlo y emprender una campaña bajo un mando único, con el fin de conseguir la reparación del ultraje cometido por Troya. Sin embargo, para evitar la partida, Odiseo fingió estar loco cuando recibió la visita de Menelao y Palamedes, que estaban reclutando a los expedicionarios: ató a un arado dos bestias de diferente especie, entreteniéndose en arar la arena del mar, sembrando sal en vez de trigo. pero Palemedes, que sospechaba el engaño, colocó al pequeño Telémaco, hijo de Odiseo, en la dirección que éste debía abrir el surco; el padre levantó la reja del arado para no dañar al pequeño, demostrando de esta manera que su demencia era fingida. Su falsedad no sería jamás perdonada.

Antes de partir aconsejó a su esposa que si él muriese se casase de nuevo cuando Telémaco alcanzase la edad viril. En la empresa, Odiseo sería uno de los interventores más activos en cuanto a la expedición, pues consiguió la participación del gran Aquiles en la empresa, como posteriormente hizo con Neoptólemo.

Alguna versión asegura que Odiseo acompañó al rey de Esparta, Menelao, a Troya antes del inicio del enfrentamiento con la finalidad de conseguir la devolución pacífica de Helena. También en este período despeñó ante Cíniras funciones de embajador de los Atridas.

Una tradición aseguraba que Odiseo fue discípulo, al igual que tantos otros héroes griegos, del famoso centauro Quirón. Además, frecuentemente estaba acompañado por su abuelo materno Autólico, asistiendo en el monte Parnaso a la cacería de un jabalí al que logró herir, dejándole una cicatriz en la rodilla, por la que había de ser reconocido a su regreso a Ítaca tras la expedición troyana; acudió a Mesenia para reclamar una compensación por el robo de unas ovejas; en Lacedemonia o Laconia recibió de Ífito el arco de Éurito, con el que tenía que matar a los pretendientes; en Éfira intentó, en vano, que Ilo le diese veneno para sus flechas; sin embargo, lo consiguió en Tafos por parte de Anquíalo.

Al llegar a la edad viril, Laertes, su padre, le entregó el reino con todas sus riquezas y Odiseo se encargó de reconstruir su casa. Rico en tierras y en ganado, adquirió fama por su gran hospitalidad y por su respeto a los dioses, en especial a Zeus y Atenea, diosa que le habría de proteger de continuo.

Acudió, atraído por la gran belleza de Helena de Esparta, como un pretendiente más al palacio de Tindáreo pero, al darse cuenta de las escasas posibilidades de las que disponía para conseguir tal recompensa, decidió solicitar a Penélope, hija de Icario y sobrina de Tindáreo. Para asegurarse la ayuda de éste en tal propósito, le aconsejó que obligase a todos los pretendientes de la princesa espartana a jurar que respetarían la elección de la muchacha y que defenderían al elegido contra cualquier agravio, evitando así disputas ulteriores que podrían llegar a ser funestas para el propio rey. Éste, en compensación, obtuvo para Odiseo la mano de Penélope. En otras versiones, no obstante, se pensaba que Odiseo consiguió a su esposa al vencer en una carrera pedestre.


ODISEO EN LA GUERRA DE TROYA


ODISEO Y LA LLEGADA A TROYA

Las dos naves al frente de las que Odiseo se encontraba quedaron varadas en el centro del campamento griego ante Troya. Cuando los barcos aqueos llegaron a la playa de la ciudad de Príamo, nadie saltó a tierra, ya que había un oráculo de que el primer aqueo en saltar al suelo de Troya moriría. Odiseo arrojó su escudo en la orilla y saltó sobre él, siendo seguido Protesilao, que saltó directamente sobre la arena y más tarde se convirtió el primero en perecer al ser asesinado por Héctor.
Además fue a Lemnos en busca de Filoctetes, que estaba en posesión de las flechas de Hércules, sin las que Troya no podía ser tomada por los griegos. 


LAS HAZAÑAS DE ODISEO EN TROYA

Odiseo fue uno de los capitanes aqueos más influyentes en la Guerra de Troya: junto a Néstor e Idomeneo fue uno de los consejeros y asesores de mayor confianza, siempre defendiendo la causa aquea. Cuando el rey de Micenas, Agamenón, para poner a prueba la moral de los griegos anunció sus intenciones de apartarse de Troya, Odiseo restauró el orden del campamento griego. Más tarde, después de que muchos de los héroes abandonasen el campo de batalla a causa de las lesiones (incluyendo a Agamenón), Odiseo convenció una vez más al soberano micénico de no retirarse. Junto con otros dos enviados, fue elegido para persuadir a Aquiles para volver al combate y aplacar su ira.

Homero relataba cómo era el encargado de devolver a Criseida a su padre, el sacerdote Crises; cómo redujo al silencio, a base de golpes, al insolente Tersites. 

Con Agamenón se encargó de concertar el combate singular entre Menelao y Paris, y con Héctor midió el escenario del mismo. Cuando el combate fue reanudado, Odiseo mató, vengando a su amigo Leuco, a Democoonte; en venganza por la muerte de Tlepólemo mató a Alástor, Cromio, Alcandro, Halio, Nomeón y Prítanis; posteriormente, acabó con la vida de Pitides. También adquirió cierta importancia al ofrecerse para luchar en un combate singular contra el valeroso príncipe troyano Héctor, aunque no resultó favorecido por el sorteo.

Cuando, junto con Fénix y Áyax el Grande, fue elegido para acudir ante Aquiles en embajada con el fin de convencerlo de que volviese al combate. Ante el fracaso y, tras un consejo nocturno, Odiseo y Diomedes fueron comisionados para una misión de espionaje en territorio enemigo, en el curso de la cual mataron a Dolón. Después de matar también a Reso, se apoderaron de sus caballos antes de que bebiesen del río Janto.

En el transcurso del combate del día siguiente, Odiseo mató a otros tantos troyanos: Molión, Hipódamo, Deyopites, Toón, Énnomo, Quersidamante, Cárope y, por último, Soco, quien lo había herido anteriormente. Ayudado por Áyax y Menelao, consiguió retirarse de la batalla y, todavía herido, asistió a la asamblea. 

Fue Odiseo quien aconsejó calma a su amigo Aquiles, impaciente por vengar la muerte de su fiel amigo Patroclo, indicándole la conveniencia de que la armada descansase y recobrase fuerzas con la comida. En los juegos fúnebres en honor a Patroclo, Odiseo igualó en la lucha a Áyax el Grande, obteniendo el mismo premio ambos, al suspender el combate Aquiles, al temer por la vida de los héroes. En la carrera, con la ayuda de la diosa Atenea, quien hizo caer a Áyax el Menor, consiguió la victoria, obteniendo como premio una crátera de plata. Pero el dios Apolo ayudó también a otros competidores, imponiéndose la ayuda de la diosa de la sabiduría y la guerra.


ODISEO Y PALAMEDES

Odiseo también se encuentra relacionado con la muerte de Palamedes, la cual tiene diversas versiones. Según algunas de ellas, Odiseo nunca perdonó a Palamedes el desenmascarar su fingida locura y fue la causa de su caída. Una tradición afirmaba que Odiseo convenció a un cautivo troyano para escribir una carta pretendiendo hacerse pasar por el propio Palamedes. Una suma de oro era mencionada como recompensa por la traición de Palamedes. Después, Odiseo mató al preso y escondió las riquezas doradas en la tienda de quien lo condenó vivir alejado de su preciado hogar. Se aseguraba también que la carta fue encontrada por el rey Agamenón, siendo prueba suficiente para los griegos para causarle la muerte a uno de los suyos. Otras fuentes, en cambio, afirmaban que Odiseo y Diomedes incitaron a Palamedes a descender a un pozo con la excusa de que en el fondo se encontraba un valioso tesoro: cuando Palamedes llegó al fondo, los dos cabecillas procedieron a enterrarlo con piedras, causándole la muerte.


PALEMEDES
Antonio Cánova


LA BATALLA POR LAS ARMAS DE AQUILES

Cuando Paris mató en batalla al bravo Aquiles, Odiseo y Áyax el Grande fueron quienes recuperaron el cuerpo y la armadura del guerrero caído en medio de intensos combates. Durante los juegos fúnebres de Aquiles, Odiseo compitió una vez más con Áyax el Grande: Tetis, madre de Aquiles, dijo que las armas del difunto irían al más valiente de los griegos, pero sólo estos dos guerreros se atrevieron a reivindicar tal privilegio. Los dos aqueos se vieron envueltos en una fuerte e intensa disputa compitiendo a través de los méritos obtenidos para recibir la recompensa.

Los griegos, estaban dubitativos por temor a decidirse por uno de ellos: no querían ofender a ninguno por miedo a hacer que el perdedor abandonase la guerra. Así pues, Néstor sugirio que los troyanos cautivos decidiesen quién sería el ganador. Pero otras tradiciones apuntaban a que la votación se hizo de manera secreta entre los aqueos. En cualquier caso, Odiseo se proclamó victorioso.

Enfurecido y humillado, Áyax fue llevado a la locura por la protectora de Odiseo, Atenea. Cuando volvió en sí, la vergüenza de haber sacrificado el ganado durante su locura, se suicidó con la espada que Héctor le había entregado después de su duelo.


ODISEO Y DIOMEDES Y LOS ORÁCULOS

Junto con Diomedes, amigo fiel de Odiseo, fue a buscar al hijo de Aquiles, Pirro, para que acudiese en ayuda de los griegos: un oráculo había declarado que Troya no podía ser tomada sin la ayuda de éste. Un gran guerrero, Pirro también fue llamado Neoptólemo ("nuevo guerrero" en griego). Tras el éxito de la misión, Odiseo le entregó la armadura del valeroso Aquiles a él.

Más tarde recordó que la victoria no sería favorable a la causa aquea sin las flechas venenosas de Hércules, que eran propiedad del abandonado Filoctetes, quien vivió por nueve años (los nueve años que la guerra duraba en aquel instante) en la apartada y solitaria isla de Lemnos. Odiseo y Diomedes (o, según algunos relatos, Odiseo y Neoptólemo) salieron a rescatarlo. A su llegada, Filoctetes, quien todavía sufre la dichosa herida que causó su abandono, fue visto enfurecido, sobre todo con Odiseo, por haberle dejado en la intemperie. Aunqe su primer impulso era atacar directamente al rey de Ítaca, su ira fue aplacada por la persuasión de Odiseo y la influencia divina de los dioses. Así pues, Odiseo regresó al campamento con Filoctets y las flechas que garantizarían la victoria aquea.

Después los dos héroes amigos trataron de robar el Paladio que se encontraba dentro de las murallas troyanas, pues sin él saquear la ciudad sería imposible. Algunas fuentes romanas tardías indicaban que Odiseo llegó a planear la muerte de su compañero en el camino de regreso, pero Diomedes frustró dicho intento.


ODISEO Y DIOMEDES ROBANDO EL PALADIO DE TROYA
Apulia de figuras rojas
360 - 650 a.C.
París, Louvre


EL CABALLO DE MADERA

Cansados los guerreros griegos de la duración del sitio a Troya y convencidos de que esta ciudad era inexpugnable, pedían ávidamente a sus generales que les reintegraran a sus hogares. El descontento crecía día a día y amenazaba una inminente sedición.

Entonces, Odiseo  que fue siempre fecundo en tramar astucias, planteó la estratagema más atrevida y más temeraria que la historia hace mención, aplaudida por los capitanes aqueos, dispuestos ya a aventurarlo todo. A este fin y con los abetos cortados del monte Ida, situado al lado de la legendaria ciudad, hicieron construir un enorme caballo de madera, tan alto como los elevados muros de Troya y capaz de albergar en sus entrañas un gran batallón armado. Al mismo tiempo, hicieron correr el rumor de que desistían en su empeño de tomar Troya y que aquel monumental equino era una ofrenda a Atenea para obtener por su intercesión por un feliz retorno a su patria y aplacar la indignación de la diosa por el robo del paladio. En efecto, después de haber introducido en el vientre del caballo los trescientos guerreros más escogidos, entre los que se encontraban Odiseo, Pirro, Estanelo y Menelao, fueron a ocultar sus naves detrás de la isla de Tenedos, situada a poca distancia de la orilla.

Al conocerse en la ciudad la retirada de los enemigos, los transportes de júbilo se desbordaban por todas partes, las puertas se abrieron de par en par y muchos se apresuraron a salir para recorrer la llanura que durante tanto tiempo los griegos habían ocupado. Algunos contemplaron con extrañeza la ofrenda hecha a la diosa de la sabiduría y la guerra, y la prodigiosa corpulencia del caballo. La juventud impetuosa pidió que fuese arrastrado a la ciudad e introducido en la ciudadela; los más avisados propusieron que sin duda alguna fuese arrojado al fondo del mar o que se le prendiese fuego.


LA ENTRADA DEL CABALLO EN TROYA
Giovanni Domenico Tiepolo
1773
Londres, National Gallery

lunes, 9 de diciembre de 2013

FILOCTETES


Filoctetes, hijo del rey Peante o Pean de Melibea, en Tesalia, y de Metone, era amigo y compañero de Hércules. 


FILOCTETES EN LA GUERRA DE TROYA

Hércules, momentos antes de morir, había hecho jurar a Filoctetes que no revelaría a nadie el sitio en el que dejaba escondidas sus flechas; pero como el oráculo de Delfos había anunciado a los griegos "que no podían tomar la ciudad de Troya hasta que estuviesen en posesión de dichas flechas", enviaron a Odiseo al encuentro del hijo de Peante, para que consiguiese hacerle declarar dónde se hallaba el precioso depósito. Se negó a ello Filoctetes, pero al animarse la conversación golpeó el suelo con el pie sobre el sitio en que estaban escondidas: Odiseo interpretó aquel gesto, cavó el suelo y encontró las flechas. Además, Filoctetes era famoso por su arco y flechas, objetos que le habían sido entregados por el propio Hércules.

Filoctetes fue uno de los pretendientes de Helena de Esparta antes de su matrimonio con Menelao. Se embarcó para el Asia junto con Agamenón, Odiseo y otros jefes a pesar de la antipatía que sentía por ellos. Durante la travesía, se escapó de sus manos una de las flechas que manejaba, le hirió en el pie. Según los antiguos mitólogos, Filoctetes no fue herido en el pie por una flecha, sino por la mordedura de una víbora que la diosa Juno había mandado contra él para castigarlo por haber asistido a Hércules en sus últimos momentos y haberle tributado los honores de la sepultura. La herida desprendía tal hedor que los aqueos, instigados por Odiseo, desembarcaron a Filoctetes en un rincón de la isla de Lemnos y allí lo abandonaron, permaneciendo nueve años en esta costa desierta, solo, sin socorro alguno, sin consuelo y entregado a horribles sufrimientos, expuesto noche y día a la voracidad de bestias salvajes.

Entre tanto y como el sitio de Troya iba prolongándose indefinidamente, se acordaron de que el oráculo de Delfos les había predicho que les sería imposible acabar la lucha hasta que tuvieran en su poder las flechas de Hércules. Hacía falta, por tanto, ir al encuentro de Filoctetes, apagar sus resentimientos y conducirlo al campamento. Odiseo se encargó del difícil cometido, y supo disponerle tan bien por medio de sus palabras persuasivas e insinuantes, sus halagos y sus ruegos, que al fin consiguió aplacarlo. Así pues, Filoctetes llegó al campo de batalla para luchar en favor de los griegos y fue curado de su herida por Macaón, hijo de Esculapio, dios de la medicina o artes curativas.

Entonces acreditó su valentía realizando brillantes hazañas: hizo entre los troyanos una feroz carnicería, luchó con Paris y lo mató.


FILOCTETES HERIDO
Nicolai Abraham Abilgaard
1774 - 1775
Copenhague, Statens Museum de Copenhague



FILOCTETES EN LA ISLA DE LEMNOS
Achille-Etna Michallon
1822
Montpellier, Musée Fabre


LA VUELTA DE FILOCTETES

Pero al terminar el sitio de Troya se negó a volver a Grecia, su patria, sea porque su padre no vivía ya, sea para no volver a los lugares en que su amigo íntimo Hércules había muerto. Partió, pues, con un grupo de tesalios y se estableció en Calabria, donde fundó la ciudad de Petilia.

domingo, 8 de diciembre de 2013

EL CABALLO DE TROYA - LAOOCONTE - LA CAÍDA DE TROYA


Cansados los guerreros griegos de la duración del sitio a Troya y convencidos de que esta ciudad era inexpugnable, pedían ávidamente a sus generales que les reintegraran a sus hogares. El descontento crecía día a día y amenazaba una inminente sedición.

Entonces, Odiseo (Ulises), que fue siempre fecundo en tramar astucias, planteó la estratagema más atrevida y más temeraria que la historia hace mención, aplaudida por los capitanes aqueos, dispuestos ya a aventurarlo todo. A este fin y con los abetos cortados del monte Ida, situado al lado de la legendaria ciudad, hicieron construir un enorme caballo de madera, tan alto como los elevados muros de Troya y capaz de albergar en sus entrañas un gran batallón armado. Al mismo tiempo, hicieron correr el rumor de que desistían en su empeño de tomar Troya y que aquel monumental equino era una ofrenda a Atenea para obtener por su intercesión por un feliz retorno a su patria y aplacar la indignación de la diosa por el robo del paladio. En efecto, después de haber introducido en el vientre del caballo los trescientos guerreros más escogidos, entre los que se encontraban Odiseo, Pirro, Estanelo y Menelao, fueron a ocultar sus naves detrás de la isla de Tenedos, situada a poca distancia de la orilla.

Al conocerse en la ciudad la retirada de los enemigos, los transportes de júbilo se desbordaban por todas partes, las puertas se abrieron de par en par y muchos se apresuraron a salir para recorrer la llanura que durante tanto tiempo los griegos habían ocupado. Algunos contemplaron con extrañeza la ofrenda hecha a la diosa de la sabiduría y la guerra, y la prodigiosa corpulencia del caballo. La juventud impetuosa pidió que fuese arrastrado a la ciudad e introducido en la ciudadela; los más avisados propusieron que sin duda alguna fuese arrojado al fondo del mar o que se le prendiese fuego. La incierta multitud dudaba entre los dos extremos, cuando, para dar ejemplo a todos, Laocoonte, gran sacerdote del dios Poseidón, arrebatado por la indignación, acudió desde lo más alto de la ciudadela y les increpó: "Desgraciados, ¡qué ceguera tan grande la vuestra! ¿Estáis seguros de la definitiva retirada de los enemigos? ¿Creéis que un presente de los griegos no encierra un engaño? ¿Tal confianza os inspira Odiseo? ¡Tras estos pérfidos maderos se esconden muchos soldados enemigos!".

Dicho esto, disparó con su robusto brazo un dardo contra la armadura con forma de vientre y los flancos del gran caballo. El dardo se clavó allí y arrancó un sordo ruido de armas y armaduras suficiente para inspirar serias sospechas, pero el pueblo no le concedió ninguna importancia.

En este momento, llegaron unos pastores frigios y profiriendo grandes gritos presentaron al rey, un joven desconocido con las manos atadas detrás de la espalda. Éste, lejos de huir al verlos, se había puesto él mismo en sus manos: era un griego, hechura de Odiseo, que él mismo había amaestrado para el papel que debía desempeñar. Se llamaba Sinon, hijo de Sísifo.

Después de que el griego llegase a presencia del rey Príamo, por medio de un discurso artificioso que tenía todas las apariencias de la verdad, convenció al soberano de que el ambarque de los griegos no era una ficción y que al construir un caballo de tamaño colosal solo intentaban impedir que pudiesen introducirlo en la ciudad. Después, añadió: "Si alguna vez pudierais conseguir emplazarlo en vuestra ciudadela, los griegos no intentaría ya jamás atacar de nuevo a los troyanos, sino al contrario, pues tales son los designios de la suerte, los troyanos se enorgullecerían de poder un día presentarse a las puertas de Micenas, ponerla sitio y devolver a los griegos centuplicados todos los males y calamidades que ellos les han infligido".

Las palabras de aquel pérfido produjeron en todos los espíritus profunda impresión y el extraño suceso que a ellas se siguió hizo desaparecer toda irresolución y duda.

Dos serpientes de unas dimensiones monstruosas que habían salido de Tenedos, atravesaron el brazo de mar que separa esta isla de tierra firme, lanzándose sobre Laocoonte y sus hijos, que se encontraban a su lado; se enrollaron en sus cuerpos, destrozándolos con crueles mordeduras y les ahogaban con un álito envenenado. Después se dirigieron lentamente al templo de Atenea, hasta los mismos pies de la estatua de la diosa y se escondieron detrás de su escudo.

Los troyanos, llenos de admiración ante el prodigio del caballo, no se detuvieron en deliberar. Quitaron las cadenas a Sinon dejándole en completa libertad para entrar en la ciudad como le placiese: derrumbaron un trozo de la muralla para abrir paso a la máquina fatal. Todos se pusieron manos a la obra, todos tenían a glora tocar las cuerdas con las que arrastraban el monumento hacia la ciudad. Jóvenes y doncellas cantaban himnos en acción de gracias a Atenea, y el pueblo entero se entregó a los excesos propios de un día festivo.

Mientras tanto y a favor de la noche, la flota griega se acercó a la ribera. Los troyanos vencidos por la fatiga y el vino dormían en el suelo. Sinon se dirigió al caballo, abriendo la puerta practicada en su flanco y por medio de largas cuerdas facilitó el descenso de los soldados aqueos que inmediatamente ocuparon puestos estratégicos dentro de la ciudad. La armada, que a su vez había desembarcado, penetró en la ciudad por la brecha abierta en el muro blandiendo antorchas incendiarias, prendiendo fuego a la ciudad entera, saqueando moradas principales y haciendo una espantosa mortandad entre sus habitantes sin distinción de sexo ni edad.

Pirro se sintió animado en extremo de un furor que se exacerba al recuerdo de la muerte de Aquiles; mató al joven Polites, hijo de Príamo, se lanzó de nuevo sobre el mismo rey de Troya espada en mano y a pesar de sus canas se la hundió en el corazón en presencia de Hécuba y ante el altar de Zeus.

Uno solo de los hijos de Príamo, Heleno, fue exceptuado de la matanza, gracias a su condición de adivino. También Antenor, Anquises y Eneas fueron perdonados porque siempre habían reprobado la conducta del príncipe Paris y habían aconsejado que Helena fuese devuelta a su esposo Menelao.

Los vencedores después de satisfacer su venganza, retornaron a sus barcos cargados de un rico botín y levaron anclas. Cuatro cautivas reales; Hécuba, viuda de Príamo, sus hijas Casandra y Polixena, y Andrómaca, viuda de Héctor, constituían el más bello trofeo de su victoria.


EL CABALLO DE TROYA
Ánfora
s. VII a.C.
Mykonos, Museo Arqueológico



LAOCOONTE Y SUS HIJOS
Agesandro, Atenodoro y Polidoro, Escuela 
de Rodas
50 d.C.
Ciudad del Vaticano, Museo Pío-Clementino




LAOCOONTE
El Greco
1610 - 1614
Washington, National Gallery of Art




LA ENTRADA DEL CABALLO EN TROYA
Giovanni Domenico Tiepolo
1773
Londres, National Gallery

sábado, 7 de diciembre de 2013

NÉSTOR


Néstor era un héroe griego hijo de Neleo y Cloris. Reinó en la ciudad de Pilos y en toda Mesenia. Se convirtió en rey después de que Hércules matase a su padre y a todos sus hermanos. Su esposa fue Eurídice de Pilos, hija de Climeno, o Anaxibia, hija de Cratieo. Entre sus hijos se cuentan Perseo, Pisístrato, Trasimedes, Pisídice, Policaste, Estrático, Áreto, Equefrón y Antíloco.

En algunas versiones fue uno de los Argonatuas, luchó contra los Centauros, participó en la caza del jabalí de Calidón, combatió contra Augías y sus sobrinos Ctéato y Éurito, los Moliónidas Actoridas.


NÉSTOR Y SUS HIJOS HACEN SACRIFICIOS
A POSEIDÓN EN LA PLAYA DE PILOS
Crátera de cáliz de figuras rojas
400 - 380 a.C.
Madrid, Museo Arqueológico Nacional



EL SACRIFICIO DE NÉSTOR
John Flaxman



NÉSTOR EN LA GUERRA DE TROYA

Siendo ya Néstor octogenario, condujo a los soldados de Mesenia al sitio de Troya, y mientras duró la guerra fue admirado por su profunda sabiduría, sus moderados consejos y elocuencia tan dulce como persuasiva. "¡Ojalá tuviera yo diez Néstores en mi ejército -decía Agamenón,- muy pronto veríamos caer los muros de Ilion y las riquezas de esta ciudad opulenta serían el premio de nuestro valor!".

Él y sus hijos, Antíloco y Trasimedes, lucharon junto a los griegos en la Guerra de Troya que siguió al rapto de Helena. Aunque por su avanzada edad no podía luchar -ya había vivido tres generaciones debido a los que dioses o solamente Apolo le concedieron vivir los años que debían de haber vivido sus tíos, los hijos de Anfión y de Níobe masacrados por Apolo y Artemisa o Diana al burlarse de su madre, la titánide Leto-, era de utilidad en el ágora y daba consejos a los más ilustres con el fin de asegurar el triunfo aqueo. 

También en asuntos internos su opinión era fundamental, siendo desobedecido solo una vez por el rey de Micenas, Agamenón: Néstor le había aconsejado que no se dejase llevar de su ira contra Aquiles y no lo quitase a Briseida. Sin embargo, Agamenón hizo todo lo contrario pero bien pronto tuvo que reconocer su error debido a la vergonzosa pérdida de su ejército estaba sufriendo frente a los troyanos.


NÉSTOR DE VUELTA EN PILOS

Por ser el único guerrero griego que se había portado con total justicia durante el sitio de Troya, Zeus le concedió un regreso relativamente sin complicaciones, y ya en su patria vivió tranquilamente y sin problemas en compañía de su esposa e hijos que le profesaban veneración y estima y atendía sus consejos como si fuesen oráculos. . Estando ya en Pilos dio hospedaje a Telémaco, hijo de Odiseo, y le informó sobre los primeros incidentes del regreso de los aqueos. Aunque no podía dar noticias sobre Odiseo, sí facilitó caballos a Telémaco para que fuese a Esparta a encontrarse con el rey de la región, Menelao. Además, encomendó a su hijo Pisístrato que durmiese junto a Telémaco y fuese su compañero de viaje.

Antíloco, hijo de Néstor, le acompañó en su expedición al Asia y se distinguió en diversos encuentros por su valentía. Su afecto filial le causó la muerte. Viendo un día a su padre luchando en lo más intricado de la pelea y a punto de ser herido por una lanza que le dirigía Memnon, se interpuso entre los dos combatientes recibiendo un golpe mortal.

viernes, 6 de diciembre de 2013

DIOMEDES


Diomedes era un héroe aqueo hijo de Tideo. Éste último era hijo de Eneo y de Deípile, quien era hija del rey de Argos, Adastro. Diomedes nació y creció en Argos y se casó con su propia sangre, con Egialea, quien era su tía o, en otras versiones, su prima.



DIOMEDES (TAMBIÉN CONOCIDA COMO
DIOMEDES DE MÚNICH)
Copia romana de un original griego de Cresilas
440 - 430 a.C.
Múnich, Glyptothek


LA VENGANZA CONTRA LOS HIJOS DE AGRIO

Acudió a ayudar a su abuelo paterno, Eneo, rey de Calidón, cuando, destronado por sus sobrinos en favor de Agrio, hermano de Eneo, fue desterrado de su reino. Diomedes se vengó de todos exceptuando sus dos primos, Onquesto y Tersites, que a la postre derían muerte al viejo Eneo. Sin embargo, el reino de Eneo se perpetuó en la fiel estripe de su hija Gorge.


DIOMEDES Y LA TOMA DE TEBAS

Al haber sido su padre, Tideo, uno de los Siete contra Tebas, que fracasaron en el objetivo de reducir el reino beocio, Diomedes tuvo que participar como uno de los epígonos que, acaudillado por Alcmeón, derribaron los muros de la ciudad en la segunda campaña.


DIOMEDES EN LA GUERRA DE TROYA

Es en la legendaria Guerra de Troya donde Diomedes forja el mito de guerrero indomable y valeroso, acaso el más bravo junto a Aquiles y en todo caso invicto. Como pretendiente de la bella Helena de Esparta, por ser el soberano de la ciudad de Argos, aportó 80 naves a la armada aquea y desde el inicio participó como protagonista en los principales pasajes de la épica homérica. Con su inseparable compañero Odiseo viajó a Esciro, reino de Licomedes, en busca de Aquiles, al que Tetis había ocultado travestido de mujer para evitar que su hijo llegase a Troya, pues en las playas de la ciudad el oráculo predijo la muerte del héroe.

Reclutado el Pelida para las huestes griegas, y ante la calma que la enojada Artemisa envió a los griegos, impidiéndo a éstos retomar en Áulide su viaje hacia Ilión, Diomedes fue uno de los que presionó a Agamenón para que sacrificase a su hija, Ifigenia, como tributo a la diosa. También fue seleccionado entre los jefes aqueos para participar como embajador en el infructuoso intento de convencer al rey troyano, Príamo, de dar fin a la guerra con la devolución de Helena a su esposo, Menelao. Tampoco consiguió persuadir al rey de Micenas para que Briseida fuese devuelta a Aquiles para poder aplacar su ira y que ayudase a los griegos en la batalla. En algunas versiones se decía que viajó hasta Lemnos para obtener de Filoctetes las armas de Hércules, que custodiaba desde su muerte y sin las cuales Troya no podía ser tomada.

Pero fue en la batalla y en la narración que Homero hizo en la V y VI rapsodia de la Ilíada, la que da la gloria a este héroe: su lanza no distringuiría la sangre de icor, pues no sólo se enfrentó a los dos más bravos troyanos, sino que arremetió con valor contra los dioses protectores de Troya. Al final del canto V, Diomedes se encontró con Pándaro y Eneas: el primero, atacó y le dañó el ijar, pero aquél le atravesó la boca de una lanzada. Eneas bajó del carro para recuperar el cadáver de Pándaro, y Diomedes lo hirió mediante una pedrada. Afrodita, viendo que su hijo (Eneas) quedaba indefenso, acudió en su ayuda, circunstancia que aprovechó el argivo para atacar y herirla en la mano. Sólo la aparición de Apolo, que envolvía la escena con una nube y rescató a Eneas, impidiendo así la derrota del hijo de Anquises.

Además, se narraba como Diomedes iba a enfrentarse a Héctor cuando el mismísimo Ares, dios de la guerra, intervino, enrolado en las filas troyanas, encarando al héroe aqueo con la apariencia de un mortal. Diomedes se dio cuenta de que el rival era dios y no hombre: retrocedió, pues las órdenes de su protectora, Atenea, le advertían de no encarar a inmortales siempre que no fuese Afrodita, heredera de la dichosa manzana de la discordia. Hera puso en conocimiento de Zeus el desigual escenario y éste permitiría la batalla, diciéndole a la diosa de la sabiduría y la guerra Atenea: "Diomedes Tidida carísimo a mi corazón no temas a Ares ni a ninguno de los inmortales; tanto te voy a ayudar. Ea, endereza los solípedos caballos hacia Ares, hiérele de cerca y no respetes al furibundo dios, a ese loco voluble y nacido para dañar, que tanto a Hera como a mí nos prometió combatir contra los teurcos en favor de los argivos y ahora está con aquellos y de sus palabras se ha olvidado" (Homero, la Ilíada, V, 826).

En el enfrentamiento, Atenea desvió la lanzada que Ares lanzó contra Diomedes; el héroe en respuesta hirió al dios en el costado, quien huyó sangrando al Monte Olimpo. Zeus, enfadado, prohibirá desde entonces que los dioses intervengan en la guerra de mortales.

Diomedes también participó en otros pasajes claves de la Guerra de Troya, como el la captura y muerte del espía Dolón, o el robo del Paladio y los caballos de Reso, con los que Troya sería inexpugnable. En todas las acciones estuvo siempre acompañado por su fiel amigo Odiseo. Sin embargo, una variación del mito acerca del robo del Paladio señalaba que Odiseo, que quería atribuirse el mérito de haberlo robado solo, intentó matar a Diomedes, aunque éste se dio cuenta, llegando a defenderse a tiempo.


ATENEA ACONSEJA A DIOMEDES POCO
ANTES DE ENTRAR EN LA BATALLA
Berlín, Scholssbrücke


EL REGRESO DE DIOMEDES

Después de haber tomado finalmente la ciudad y acabada la batalla con la victoria de los griegos, Diomedes volvió a su ciudad natal, Argos. En diversas versiones se defendía que el héroe tuvo un feliz regreso. Pero otros relatos contaban que su mujer, Egialea, y el amante de ésta, Cometes, intentaron matarlo: Diomedes logró salir vivo de la emboscada y huyó al sur de Italia, donde fundó las ciudades de Canusio, Siponto y Arpi.

jueves, 5 de diciembre de 2013

NAUPLIO


Nauplio era hijo del dios del mar, Poseidón y Amimone, hija de Dánao. Fue considerado el legendario fundador de Nauplia, siendo después su rey. Se casó con Filira, con quien tuvo un hijo, Lerno, su sucesor en el trono.

Los antiguos mitógrafos notaron que el nacimiento de Nauplio I como nieto de Dánao era incompatible con las historias que lo conectaban con Palamedes y la Guerra de Troya, que sucedió muchas generaciones después de que Dánao gobernase en la Argólida. Por tanto, se creó una genealogía que relacionaba a dos personajes llamados Nauplio: Nauplio I - Lerno - Náubolo - Clitoneo - Nauplio II.


PALEMEDES, HIJO DE NAUPLIO

Palamedes, hijo de Nauplio, había muerto durante el sitio de la ciudad de Troya víctima de la calumnia que Odiseo y otros jefes griegos levantaron contra él, acusándole de estar en inteligencia con el enemigo. Palamedes, que estaba dotado de mucha penetración, persuasión e ingenio, inventó el juego del ajedrez, añadió el alfabeto otras cuatro letras y perfeccionó la táctica militar según las fuentes literarias clásicas. Además, después de su muerte fue elevado a la categoría divina de los dioses.


LA VENGANZA DE NAUPLIO

Después de la toma de Troya por parte de los aqueos, cuando la flota griega retornaba triunfante a Europa, fue sorprendida por una gran tempestad que sumergió gran parte de ella y arrojó al resto a las costas de la isla de Eubea. Al tener Nauplio que encender durante la noche algunas fogatas sobre las rocas que circundaban la isla atrayendo a aquellos parajes los barcos de los griegos para tener la satisfacción de ver como se estrellaban contra los escollos. Muchos soldados y marineros perecieron ahogados, y los que consiguieron ganar la orilla con ayuda de manera o a nado, fueron allí mismo asesinados.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

ANTENOR


Antenor, príncipe troyano y pariente del rey Príamo, recorrió durante su juventud las ciudades de Grecia, trabando amistad con muchas ilustres familias, y desde entonces sintió por el pueblo griego un vivo afecto que no pudieron borrar las hostilidades venidas por causa del príncipe Paris.

Durante el sitio de Troya, Antenor instó repetidas veces a Príamo para que Helena fuese devuelta al rey de Esparta, Menelao, y, según Homeroo, no cesó de aconsejar la paz y la necesidad de pedir el armisticio. Esta moderada conducta, empero, le hizo pasar por un traidor. Fue acusado de haber mantenido inteligencia con Odiseo, haber favorecido el rapto del paladio y haber inspirado a los griegos la idea de construir el caballo de madera. Lo que hay de cierto sobre ello es que la catástrofe de Troya los vencedores le perdonaron la vida y respetaron su palacio.

Pero, ¿qué le sucedió a Antenor después de la rendición de su patria? Sobre este particular reina la mayor oscuridad. Unos defendían que partió con los reyes de Esparta, Helena y Menelao, y que después de naufragar con ellos junto a las costas africanas, fijó allí su residencia y acabó en paz el resto de sus días. Otros, al contrario, aseguraban que se quedó en Troade y reuniendo los pocos restos troyanos que se habian escapado de la terrible matanza, fundó en esta comarca un nuevo reino. Una tercera versión de la leyenda, que parece ser la más verídica, asegura que abandonó Asia, atravesó innumerables mares, visitó las islas del golfo Adriático y al fin edificó en el continente veneciano las ciudades de Padua y Venecia.

martes, 3 de diciembre de 2013

TÉLEFO


Télefo, hijo de Hércules y Auge, era rey de Misia, región cercana a la legendaria Troya. Hay varias versiones acerca de la identidad de la esposa de Télefo. En una de ellas fue una hermana del rey Príamo, Astíoque, con la que tuvo varios hijos: Eurípilo, que luchó en la guerra en el bando troyano; Cipariso; Tarcón y Tirseno. En otra, su esposa fue Híera y con ella fue padre de Tarcón y Tirseno. En otras versiones, su esposa era Laódice, hija de Príamo; en otra diferente era la hija de Teutrante, Argíope.


HERACLES Y SU HIJO TÉLEFO
Copia romana del siglo I d.C. después de un original
griego del siglo I a.C.
París, Louvre


EL NACIMIENTO DE TÉLEFO

Télefo fue el hijo de Hércules y Auge, cuyo padre era Aleo rey de Tegea. Un oráculo le confesó a Aleo que su hija tendría un hijo que mataría a sus tíos maternos, es decir, Hipótoo y Pereo, hijos también del rey. En consecuencia, Aleo designó a su hija como sacerdotisa de Atenea, y amenazó con matarla si no se mantenía casta.

Hércules, violó a Auge estando ebrio, y a los pocos meses el padre de la sacerdotisa fue informado. Entregó a su hija al rey de Nauplia, Nauplio, para que se encargase de ahogarla. Pero Auge consiguió dar a luz a Télefo, y Nauplio, en lugar de matarla, la vendió junto con el niño a Teutrante, el rey de Teutrania, en Misia.

En una versión diferente, Télefo fue amamantado por una cierva hasta que unos ganaderos lo encontraron y lo llamaron Télefo, nombre que derivaba de thèle ("ubre") y yelaphòs ("ciervo"). Después, se lo entregaron a su amo, el rey de Córito, que se encariñó de él, cuidándolo como un hijo más. Cuando Télefo llegó a la edad adulta, indagó sobre sus progenitores ante el oráculo de Delfos. El oráculo lo dirigió a Teutrania, donde fue en completo secreto (de ahí que el "El silencio de Télefo" se hiciera, desde entonces, proverbial). Allí, entonces, encontró a su madre.

En ambas versiones se defendía que el rey Teutrante tomó como esposa a Auge y adoptó a Télefo como hijo.


TÉLEFO, REY DE MISIA

En una versión diferentes a las anteriores, Teutrante, en lugar de casarse con Auge, la adoptó como hija. Idas, uno de los famosos argonautas, amenazó con destronar de su reino a Teutrante y Télefo, al llegar a Misia, acompañado por el héroe Partenopeo, se enfrentó a él y lo derrotó, tras lo cual Teutrante le nombró heredero y le dio a su hija adoptiva como esposa, Auge, la propia madre de Télefo. A punto de consumarse el matrimonio entre madre e hijo, ella preparó una espada para matarlo, sin saber que era su hijo, puesto que no quería tener ningún tipo de relación carnal con ningún otro hombre. Pero los dioses enviaron una gran serpiente que provocó que Auge soltase la espada. En ese momento, Télefo quiso matarla, pero ella invocó a Hércules. Así pues, Télefo descubrió que era su madre.

Más tarde se cumplió el oráculo según el que Télefo iba a matar a sus tíos Hipótoo y Pereo.


TÉLEFO EN LA GUERRA DE TROYA

En el inicio de la expedición de los aqueos contra Troya, se equivocaron de rumbo y en lugar de desembarcar en la ciudad del rey Príamo lo hicieron en Misia. En un combate que libró junto sus costas,  pues Télefo era el rey, mató a muchos de sus enemigos y obligó a los restantes a huir. Su victoria hubiera sido completa si Dionisos (o Baco, dios del vino), que protegía a los griegos, no hubiese echo brotar de la tierra una cepa de vid con cuyas ramas se enredaron los pies de Télefo, ocasionando su caída. 

Aquiles se precipitó sobre él y le hundió su gran lanza sobre un costado. La herida, ancha y muy profunda, que llegó a durar ocho largos años porque no se curaba le causaba inmenso dolor. El oráculo de Delfos le anunció: "que esta herida no podía ser curada sino por el que la había causado". El rey de Misia, disfrazado de mendigo viajó a Áulide, donde se reunían de nuevo los expedicionarios griegos. Solicitado Aquiles para que fuese al campo de Télefo y curara su herida, respondió que no era cirujano y que no tenía remedio alguno para su mal.

Pero Odiseo (Ulises), que sabía que Troya no podía ser tomada si los griegos no contaban entre sus soldados con un hijo de Hércules, explicó el oráculo de Apolo diciendo que la misma lanza que le había producido la herida debía curarla. Aquiles consistió en raspar con un cuchillo la extremidad de su lanza y con la herrumbre que de allí sacó arregló un emplasto que Télefo aplicó sobre la herida, cicatrizándose ésta y quedando, al cabo de pocos días, completamente curado. Agradecido por este servicio, el rey de Misia desertó del partido de Príamo y se unió al ejército griego.

Los griegos y los romanos compusieron muchas tragedias sobre Télefo, de las cuales ninguna ha llegado hasta nosotros. En todas ellas debía de aparecer este héroe, mendigo, vagabundo y colmado de infortunios; los sucesos en que descansa esta tradición son hoy completamente desconocidos.

domingo, 1 de diciembre de 2013

ÁYAX, HIJO DE OILEO - ÁYAX EL MENOR


Áyax, hijo de Oileo y rey de Lócrida, conocido como "el Menor" para diferenciarlo de Áyax I, hijo de Telámon o el conocido como "el Mayor".

Áyax "el Menor" equipó cuatro naves para la expedición hacia Troya.

Era muy diestro en tirar el arco y lanzar el dardo, siendo, además, el más veloz en la carrera y el más fuerte de todos los griegos. Fue uno de los guerreros que penetraron en la ciudad escondidos dentro del famoso caballo de madera, también conocido como Caballo de Troya. 

Durante el saqueo de Troya, penetró en el templo de Atenea (Minerva) y con la mano manchada todavía en la feroz carnicería perpetrada, arrancó del santuario de la diosa a la sacerdotisa y princesa troyana Casandra, hija del rey Príamo. Irritada Atenea al ver violada la santidad del templo, cuando Áyax volvía de la expedición sumergió, con la ayuda del señor de los mares, Poseidón, sus naves. Sin embargo, el héroe se salvó del naufragio y flotó con fortuna hasta posarse sobre una roca, profiriendo entonces estas palabras: "¡Me he salvado a pesar del poder de los dioses!", burlándose de ellos. Poseidón, que escuchó la blasfemia, con un golpe de su tridente sumergió el peñasco y el impío fue devorado por las aguas.

Por otro lado, hay otra versión acerca de su muerte, relacionada con la anterior. El arma del dios atravesó el pecho de Áyax, lo clavó en la roca matándolo al instante. Se dice que, tan pronto como se le escapó el alma, el tridente y el cuerpo se transformaron en piedra y allí quedaron, como una roca alta que sobresale de las aguas del mar Egeo.



ÁYAX, HIJO DE OILEO SE DISPONE A ARRASTRAR A CASANDRA 
AGARRADA A LA ESTATUA DE ATENEA
Copa ática de figuras rojas
440 - 430 a.C.
París, Louvre




LA MUERTE DE ÁYAX

sábado, 30 de noviembre de 2013

ÁYAX EL GRANDE - ÁYAX, HIJO DE TELAMÓN - TEUCRO


Áyax o Ayante, hijo de Telamón y Peribea, reyes de Salamina, fue un legendario héroe de la mitología griega que, después de Aquiles, se le consideraba el más valiente entre todos los griegos. Para poder distinguirlo de Áyax, hijo de Oileo, se le llamaba Áyax el Grande, Gran Áyax o Áyax Telamonio. Su nombre venía, según la tradición, de la nominación de Hércules, amigo de Telamón, quien al ver el águila (aías) de Zeus, se posaba en su hombro le anunció: "nacerá de ti, Telamón, el hijo que deseas y del hombre del ave que acaba de aparecérsenos lo llamarán Áyax. Sorprenderá a los pueblos en las luchas de Marte", según anotó el poeta Píndaro (Istmias, V).

Fue un valeroso guerrero, el más fuerte después de su primo Aquiles, quien se embarcó a la legendaria Guerra de Troya al mando de doce navíos de Salamina, acompañado de su hermano Teurco. Tuvo como hijos suyos a Eantides con su esposa Brenda, y Erísaces y Fileo, con su sierva Tecmesa. Tradicionalmente se pensaba que Fileo era el primer ancestro de la familia ateniense de los Filaidas.


ÁYAX CON TERMESA Y EURYSAKES
Asmus Jacob Carstens
1791
Weimar, Kunstsammlungen


ÁYAX EL GRANDE EN LA GUERRA DE TROYA

Peleó en la guerra con valentía, coraje y destreza. En la Ilíada de Homero se le describe como un guerrero de gran estatura y fuerza colosal, testarudo y de inmenso escudo que por sí mismo era un antemural de las falanges, segundo en destreza y valentía, únicamente por detrás de Aquiles. No fue herido en ninguna de las batallas relatadas en la obra homérica y fue el único personaje de importancia en la obra que no recibió ayuda por parte de los dioses. Así pues, era, por decirlo, el único héroe homérico, que debía todos sus triunfos a ser un mortal. Al igual que el destacado Aquiles, fue entrenado por el centauro Quirón. Áyax, era, sin duda, uno de los reyes más relevantes en el campo de batalla. Sin embargo, su sabiduría estaba limitada, pues personajes como Néstos, Idomeneo o Menesteo lo superaban con creces. Por otro lado, no era tan hábil como Diomedes, Odiseo o Palamedes. Mandaba a su ejército llevando una gran hacha de guerra y un enorme escudo, acompañado siempre por Teucro. 


ÁYAX EL GRANDE Y HÉCTOR

En la guerra, Áyax luchó con Héctor en dos ocasiones: la primera fue en un duelo que duró todo un día sin que hubiese un vencedor; la segunda fue durante una incrusión de los troyanos en el campamento de los aqueos. En esta ocasión, Áyax y el príncipe troyano pelearon  en los barcos griegos. El griego casí mató a Héctor arrojándole una piedra mayor que el propio príncipe. Ambos encuentros tuvieron lugar cuando Aquiles había abandonado el campo de batalla por el enfado que tuvo con el rey de Micenas, Agamenón, y los griegos estaban desolados.

Héctor y su hermano Paris reagruparon a los troyanos dentro de las murallas de Troya para lanzar un ataque contra los aqueos, provocando así estragos entre los enemigos. Al comunicarle su hermano Héleno, gemelo de Casandra, quien también disponía de las dotas adivinatorias, que no era su destino morir todavía, Héctor desafiaba a cualquier griego a un combate singular.

Al principio, los griegos se mostraron reticentes, pero después de ser reprendidos por Néstor, nueve griegos son los que se ofrecieron y sortearon quién de todos ellos se enfrentará al domador de caballos. Áyax Telamón se convirtió en el elegido, y luchó con Héctor durante todo el día, siendo ambos incapaces de obtener victoria alguna. Cuando el duelo se terminó, cada rival expresó su admiración al contrincante por las virtudes del valor y la habilidad bélica. Así pues, el príncipe regaló al héroe aqueo su espada, que Áyax acabaría usándola para suicidarse. A cambio, éste último hizo lo propio con su cinturón.


Ambos bandos acabaron pactando una breve tregua para enterrar a los muertos que yacían en las llanuras próximas a la ciudad, tregua aprovechada por los griegos para construir una muralla y abrir un foso alrededor de las naves.

Cuando Patroclo murió a manos de Héctor, los troyanos intentaron hacerse con su cuerpo y alimentar con él a los perros, pero Áyax luchó y logró proteger al inerte aqueo, devolviéndolo al campamento griego y a su amigo Aquiles.


ÁYAX EL GRANDE Y LAS ARMAS DE AQUILES: EL 
SUICIDIO DE ÁYAX

Muerto Aquiles, Áyax y Ulises se disputaron las armas de el héroe y cada uno defendió su pretensión ante la asamblea de capitanes. Áyax invocó las hazañas por él realizadas y las llevadas a cabo por su familia. Odiseo hizo constar con tanta habilidad como enardecimiento los servicios que había rendido a Grecia: su elocuencia triunfó. Lleno Áyax de desesperación por una preferencia que creía injusta, se levantó de la cama durante la noche y, en completo estado de delirio, empuñó su espada, recorrió el campo de los griegos y creyendo dar muerte a Odiseo, Menelao y Agamenón, degolló los carneros y las cabras que pacían alrededor de las tiendas. Vuelto en sí de su alucinación y al ver que era objeto de burla por parte de los soldados griegos, se hundió en el pecho la espada que Héctor le había regalado. 

Así, de la tierra empapada con su sangre nació una flor semejante al jacinto, sobre la que se ven, según dicen, las dos primeras letras del nombre del héroe. Su muerte ocurrió antes de que Troya fuese tomada. Los griegos le erigieron un magnífico monumento sobre el promontorio de Reteo. Además, en su nombre se celebraban en Salamina, su patria, las fiestas Aiantes.


ÁYAX LLEVANDO EL CADÁVER DE AQUILES, PROTEGIDO
POR HERMES Y ATENEA
Lado 1 de una ánfora ática de figuras negras
520 - 510 a.C.



EL SUICIDIO DE ÁYAX
Crátera Etruria de figuars rojas
400 - 350 a.C.


TEUCRO

Teurco, hermano de Áyax, le había acompañado en su expedición a Frigia. En relaidad, eran medio hermanos, siendo hermanos sólo por parte de padre, pues la madre de Teucro era Hesione, hija de Laomedonte.

Éste era tan habíl arquero, que se decía que había recibido el arco que manejaba del mismísimo Apolo. Al volver a Salamina, su patria, después de la expedición, fue acogido por el anciano Telamón con frialdad y de un modo hostil: "¿Dónde está tu hermano? ¿Que has hecho para vengar a tu hermano? ¿Dónde están las cenizas de tu hermano?". A esta desconcertante acogida, siguió la orden de destierro perpetuo. 

Teurco se sometió sin abatirse y, acompañado de amigos fieles, se dirigió a Sidón donde residía el rey Belo. Sabedor de sus desdichas y su constancia, le dio algunos colonos fenicios con los que edificó en la isla de Chipre una ciudad a la que dio por nombre Salamina, en la cual sus descendientes reinaron por muchos siglos. Los que el historiador Justino narra sobre el viaje de Teurco a la Península Ibérica -concretamente la España actual- parece completamente fabuloso.


TEUCRO
Pontevedra

viernes, 29 de noviembre de 2013

PATROCLO


Patroclo es considerado uno de los héroes griegos de la célebre Guerra de Troya, descrita, principalmente, en la Ilíada de Homero. 

Patroclo era hijo de Menecio, rey de Locria. Hay diferentes versiones sobre la identidad de su madre: algunos defendían que era la hija de Acasto, Esténele; otras, Periopis, hija de Feres; y, finalmente, Polipea, hija de Peleo y hermana de Aquiles.

Su padre, Menecio, lo envió a Ptía, donde se hizo compañero y amigo inseparable del famoso Aquiles, algunos años más joven que él. Estaba presente, al igual que Aquiles y su padre, cuando Néstor acudía a la corte de Peleo con el fin de reclutar guerreros para la empresa contra Troya. Fue invitado, al mismo tiempo, que el Pelida Aquiles y aceptó.


PATROCLO
Jacques-Louis David
1780
Cherburg-Octeville, Musée d'Art Thomar Henry


PATROCLO Y LA GUERRA DE TROYA

Patroclo aparecía como el compañero fiel de armas de Aquiles. La Ilíada dudaba en cuanto a su cometido exacto: el canto XVII mostraba a los caballos del Pelida llorando la muerte de "el que los guiaba". Automedonte, el auriga de Aquiles, describía a Patroclo como el más dotado para el manejo de corceles. En el canto XIX de la Ilíada, Aquiles pedía a sus caballos que le trajesen de vuelta "a quien los conduce", refiriéndose a sí mismo, a pesar de que el auriga había subido al carro antes que él.

En la Odisea, el alma de Agamenón admitía a la de Aquiles que el cuerpo de éste, recién muerto, yacía "olvidado del arte de guiar los carros". Otros indicios permitieron suponer que Patroclo acudía al combate en un carro separado y que se batía luego junto a Aquiles. Además, se pensaba que servía de mensajero a su amigo, que lo envió a Néstor, en el Canto XI, en busca de noticias sobre la identidad del herido que fue llevado al campamento aqueo. Asimismo, en el Canto II, Patroclo acudió por orden de Aquiles a buscar a Briseida para entregársela a Odiseo. Cuando Néstor acudió acompañado por Fénix a implorara a Aquiles que volviese al combate, fue Patroclo quien preparó el vino y los alimentos para todos los invitados.

Cuando, encolerizado, Aquiles se encerró en su tienda tras haber discutido con Agamenón por la usurpación de Briseida, Patroclo cesó igualmente de combatir. En el canto XVI (también llamado Patroclea), mientras los troyanos recuperaban terreno a los griegos y amenazaban con la quema de sus naves, Aquiles autorizó a su amigo a ponerse su armadura y lanzarse al combate a la cabeza de sus mirmidones. Durante la lucha, Patroclo consiguió matar algunos troyanos, entre los que se encontraba un hijo de Zeus, Sarpedón.

Sin embargo, cuando se encontró con el príncipe troyano, ayudado por el dios Apolo, no pudo vencer. Apolo, envuelto en una nube, lo golpeaba en la espalda; acto seguido, Euforbo, hijo de Panto, lo hirió de nuevo en el mismo lugar y huyó enseguida a la carrera. Finalmente, Héctor dio muerte a Patroclo, despojándolo de sus armas. Menelao y Áyax el Grande protegieron su cuerpo y se lo entregaron a Aquiles, quien decidió entonces retomar las armas para poder vengar a su amigo.

Tetis, madre de Aquiles, dio de beber a Patroclo néctar y ambrosía para evitar que su cadáver se corrompiese y, al mismo tiempo, Aquiles se enfrentó al príncipe troyano Héctor, venciéndolo. El Pelida ofreció luego a los griegos un festín en honor al caído Patroclo, al final del cual se le aparecería el muerto y le suplicaría que quemase su cadáver lo antes posible. A la mañana siguiente, Aquiles ordenó construir una pira funeraria para el difunto, se cortó un mechón de su cabellera y sacrificó bueyes, corderos, perros y caballos, así como doce jóvenes nobles troyanos.



PATROCLO MATA A SARPEDÓN A PESAR 
DE LA LLEGADA DE GLAUCO
400 a.C.
Policoro, Museo Arqueológico Nacional



AQUILES RECIBE A LOS EMBAJADORES DE 
AGAMENÓN
Jean-Auguste-Dominique Ingres
1801
París, École Nationale Supérieure des Beaux-Arts


PATROCLO Y AQUILES: ¿AMIGO O AMANTE?

La amistad de Patroclo y Aquiles era proverbial y, sin embargo, desde el siglo V a. C., algunos griegos veían en ella algo más allá. En general, los autores griegos añadían en esa época un componente pederasta a las amistades míticas, como las de Orestes y Pílades, Teseo y Pirítoo o Hércules y Yolao. Según la documentación histórica, dicha práctica, junto con la homosexualidad, era común en el mundo heleno antiguo, como por ejemplo se puede apreciar en Esparta en el proceso de aprendizaje de los hombres (la famosa agogé).

En este caso, no pretendían saber si eran amigos o amantes, sino por por qué Homero se mosraba reservado sobre dicha realción, y si Patroclo era el erómeno de Aquiles o viceversa. En su obra Contra Timarco, el orador ateniense Esquines declaró: "Aunque Homero alude numerosas veces a Patroclo y a Aquiles, pasa silenciosamente sobre su deseo y evita señalar su amor, al considerar que la intensidad de su afecto estaba clara para los lectores cultivados. Aquiles declara en algún lugar (...) que, involuntariamente, ha infringido la promesa hecha a Menecio, padre de Patroclo, pues le había asegurado que lo traería de vuelta a Opus sano y salvo si Menecio se lo confiaba y lo enviaba a Troya con él".

En efecto, para muchos griegos, la desmesurada emoción que Aquiles mostraba tras la muerte de Patroclo, así como su exaltación el la venganza, no dejaba ninguna duda sobre la naturaleza de sus relaciones. Las reservas de Homero se interpretaron como un signo de discreción. Esquilo desarroló este tema en su tragedia perdida Los Mirmidones, en la que representa sin rodeos a Aquiles llorando sobre el cuerpo de su amigo mientras alaba la belleza de sus caderas y añoraba sus besos. Tanto en Esquilo como en Esquines, Aquiles se consideraba el erastés y Patroclo el erómeno.

Es posible poner en duda esta versión si se parte del detalle de la barba: Patroclo era quien la llevaba mientras Aquiles carecía de tal. De hecho, es posible llegar a pensar que Aquiles, al ser más jóven, era el erómeno y Patroclo el erastés, más aún cuando la admiración provocada por el amor es la de Patroclo hacia Aquiles; hecho que corroboraría dicha idea. Lo que es por supuesto incontestable es que los dos hombres se querían -amor o amistad- por igual.

Esto mismo es lo que exponía el filósofo ateniense Platón en El Banquete cuando hace decir a Fedro que "Esquilo desvaría al afirmar que Aquiles era el amante de Patroclo, cuando era más hermoso no sólo que Patroclo, sino también que todos los héroes juntos, y aún no le había crecido la barba, por lo que era mucho más joven, según afirma Homero". A pesar del desacuerdo presentado, tampoco Fedro tenía duda alguna sobre la relación entre los dos héroes griegos.

Posteriormente, en cambio, la tradición se estabilizó en torno a la versión de Esquilo, en conformidad con el estatus social de los dos hombres. Así, Claudio Eliano, declaró en su Varia Historia: "Ajelandro puso una corona sobre la tumba de Aquiles y Hefestión sobre la de Patroclo, queriendo insinuar Hefestión que él era el favorito de Alejandro como Patroclo de Aquiles". Según Bernard Sergent, la polémica de los antiguos sobre el papel de cada uno demostró que la relación entre Aquiles y Patroclo no está vinculada al modelo pederasta: se trata, simplemente, de una relación entre jóvenes de la misma generación.




AQUILES VENDANDO A PATROCLO
Kílix de figuras rojas
500 a.C. 
Berlín, Staatliche Museen


LOS JUEGOS FÚNEBRES EN HONOR DE PATROCLO


Después de la incineración, el propio Patroclo suplicó, Aquiles organizó en su honor diversos juegos. Éstos, consignados en el canto XXIII de la Ilíada, son, junto a los organizados por Alcínoo en la Odisea, uno de los testimonios más antiguos del deporte en la antigua Grecia.
  • Una carrera de carros la cual ganó Diomedes, obteniendo como primer premio una esclava y un trípode. Antíloco llegó segundo haciendo trampa, Menelao tercero, Meríones cuarto y Eumelo el último.
  • Un pugilato (combate de boxeo) ganado por Epeo, quien obtiene una mula.
  • Una prueba de lucha libra, disputada por Áyax el Grande y Odiseo. Aquiles los declaró iguales.
  • Una carrera a pie, que ganó Odiseo, obteniendo así una crátera de plata. Áyax llegó el segundo y recibió un buey; Antíloco fue tercero y consiguió medio talento de oro, premio previsto incialmente, así como un segundo talento de oro por haber halagado a Aquiles "el de los pies ligeros".
  • Una hoplomaquia o lucha con armas, disputada por Diómedes y Áyax. Aquiles los juzgó iguales y se repartieron el premio: la lanza, el escudo y el yelmo de Sarpedón. Mientras, Diómedes recibió un sable tracio.
  • Una prueba de lanzamiento de peso, que ganó Polipetes, obteniendo dicho peso en hierro bruto como premio.
  • Una prueba de tiro con arco donde Merión salió victorioso, consiguiendo como premio diez hachas de doble hoja. El perdedor, Teucro, obtuvo diez hachas sencillas.
  • Una prueba de lanzamiento de jabalina, la cual no llegó a disputarse ya que Aquiles detuvo a los dos contendientes, Agamenón y Merión. Dijo, además, que todos sabían que el Atrida era el más fuerte. Éste obtuvo un caldero de estrena y Merión una lanza de bronce.

jueves, 28 de noviembre de 2013

HÉCTOR


Héctor fue un príncipe troyano encargado de la defensa de la ciudad frente a los ataques de los griegos en la famosa Guerra de Troya, hasta su muerte a manos del aqueo Aquiles. Héctor, conocido como el domador de caballos, era el hijo primogénito del rey de Troya, Príamo, y de la reina Hécuba, y hermano de Paris y Casandra. Estaba casado con Andrómaca, hija del rey de los cilicios, con quien tuvo un único hijo, Astianax.


CASANDRA OFRECE UNA LIBACIÓN A SU HERMANO HÉCTOR
425 - 420 a.C.
Puglia, Fundación Pomarici Santomasi


HÉCTOR Y LA GUERRA DE TROYA

Héctor es uno de los personajes principales del poema de Homero la Ilíada. Como comandante de las fuerzas troyanas, su contribución a la resistencia frente al ejército aqueo fue sin duda decisiva. En la obra, Héctor es situado como el personaje antagonista de Aquiles, además de en el campo de batalla, en el carácter.

Pese a ser el guerrero más admirable y temido por sus enemigos, Héctor no aprobó la guerra entre ambos bandos. Al observar como Paris evitaba combatir con Menelao en duelo, le reprochó que rehusase el combate tras haber causado tantos problemas a la patria. Por tanto, Paris propuso enfrentarse con Menelao en un combate singular, cuyo vencedor se habría de quedar con la bella Helena y pondría fin a la guerra. Sin embargo, durante el duelo, Afrodita acudió en ayuda del príncipe troyano, dejando el combate nulo. Menelao reclamaba la victoria, pero Pándaro lo hirió con una flecha desde lo alto de las murallas, reanudándose así la guerra.

Los griegos atacaban obligando la retirada de los troyanos, por lo que Héctor debía salir y encabezar el contraataque. Cuando se disponía a atravesar las puertas de Troya, su esposa Andrómaca, con su hijo en los brazos, lo intentó detener suplicándole, en su nombre y en el de su hijo, que no salga de la ciudad. Héctor sabía que Troya y la casa de su padre estaban condenadas, y que sus destinos serían la muerte o la esclavitud en algún país extranjero. Así, el príncipe le explicó a su mujer que no podía rehuir la lucha, y la intentó consolar con la idea de que nadie podría abatirlo hasta que su hora se aproximase. El brillo del yelmo de bronce del príncipe troyano asustó a su hijo, Astianax, haciéndolo llorar. Héctor se lo quitó, abrazó a su familia, y le rogó al dios Zeus que su hijo pueda llegar a convertirse en caudillo y obtenga más gloria en la guerra que él.


LA ÚLTIMA VISITA DE HÉCTOR A SU FAMILIA
ANTES DE SU DUELO CON AQUILES
370 - 360 a.C. 
Ruvo di Puglia, Museo Nazionale del Palazzo Jatta


HÉCTOR Y ÁYAX EL GRANDE

Héctor y su hermano Paris reagruparon a los troyanos dentro de las murallas de Troya para lanzar un ataque contra los aqueos, provocando así estragos entre los enemigos. Al comunicarle su hermano Héleno, gemelo de Casandra, quien también disponía de las dotas adivinatorias, que no era su destino morir todavía, Héctor desafiaba a cualquier griego a un combate singular.

Al principio, los griegos se mostraron reticentes, pero después de ser reprendidos por Néstor, nueve griegos son los que se ofrecieron y sortearon quién de todos ellos se enfrentará al domador de caballos. Áyax Telamón se convirtió en el elegido, y luchó con Héctor durante todo el día, siendo ambos incapaces de obtener victoria alguna. Cuando el duelo se terminó, cada rival expresó su admiración al contrincante por las virtudes del valor y la habilidad bélica. Así pues, el príncipe regaló al héroe aqueo su espada, que Áyax acabaría usándola para suicidarse. A cambio, éste último hizo lo propio con su cinturón.

Ambos bandos acabaron pactando una breve tregua para enterrar a los muertos que yacían en las llanuras próximas a la ciudad, tregua aprovechada por los griegos para construir una muralla y abrir un foso alrededor de las naves.

HÉCTOR ACOSANDO EL CAMPAMENTO GRIEGO

Los troyanos seguían empujando a los aqueos dentro de su campamento tras la empalizada, y estaban a punto de alcanzar sus naves cuando Agamenón reagrupó a la coalición griega, repeliendo el ataque. Cayó la noche y Héctor decidió atacar el campamento enemigo e intentar quemar todas las naves de la coalición enemiga al día siguiente.

Tras una resistencia inicial, las tropas troyanas avanzaron hacia los barcos. Diómedes y Odiseo, en cambio, obstaculizaron al príncipe troyano, ganando tiempo para una retirada. Mientras, los troyanos trataban de derribar la empalizada. Héctor golpeó las puertas con una gran piedra, despejándola, y ordenó que los guerreros de Troya escalasen el muro. Por ende, la batalla se trasladó al interior del campamento. Héctor fue alcanzado por una piedra que Áyax arrojó, pero Apolo le infundía fuerzas. Finalmente, Héctor llegó hasta la nave de Protésilas, ordenando incendiarla, pero la resistencia de Áyax lo impidió.

HÉCTOR, PATROCLO Y AQUILES: LA MUERTE DE HÉCTOR

Ante la peligrosa ofensiva troyana, las esperanzas griegas se redujeron a que Aquiles retorne a la lucha. Pero el héroe griego se mantuvo renuente a pesar de las súplicas de sus aliados, por lo que su compañero y amigo Patroclo decidió, después de haberlo consultado con el propio Aquiles, vestirse con su armadura y ponerse al mando de los mirmidones. Durante la lucha, Patroclo fue herido por Euforbo y Héctor fue quién acabó con su vida.

El príncipe victorioso tomó la armadura del hijo de Peleo y Tetis, ordenando también la retirada del combate. A su vez, evitaba combatir contra Áyax por el cuerpo inerte de Patroclo. Cuando Aquilies se enteró de la tragedia, reclamó venganza, aceptando así volver a la lucha.

Durante la noche, los troyanos se reunieron en una junta. Polidamante, amigo y lugarteniente del príncipe Héctor, aconsejó volver a la ciudad para poder protegerse de la ira y embestida de Aquiles. Pero Héctor desoyó el consejo, ordenando mantenerse ene el campamento. Así pues, aceptó su destino, mostrándose decidido a enfrentarse al encolerizado Aquiles: "Mañana, al apuntar la aurora, vestiremos la armadura y suscitaremos un reñido combate junto a las cóncavas naves. Y si verdaderamente el divino Aquiles se propone a salir del campamento, le pesará tanto más, cuanto más se arriesgue, porque me propongo no huir de él, sino enfrentarle en batalla horrísona; y alcanzará una gran victoria, o seré yo quien la consiga. Que Ares es a todos común y suele causar la muerte del que matar deseaba" (Homero, Ilíada, XVIII).

Al día siguiente, Aquiles y los griegos avanzaron empujando a los troyanos hasta las murallas. Héctor se asustó, mezclándose entre las tropas por consejo del mismísimo Apolo. Pero tras dar muerte Aquiles a Polidoro, uno de los hermanos de Héctor, éste dejó de esconderse, acudiendo al mítico enfrentamiento. Nuevamente, Apolo ayudó a Héctor, retirándolo del combate.

En la retirada a la ciudad de las tropas troyanas, Héctor quedó fuera de las puertas y fue perseguido por el enemigo. Dieron los dos tres vueltas a las murallas de Troya hasta que Atenea, en la forma de Deífobo, incitó al príncipe a plantar cara a Aquiles. Héctor pidió a Aquiles que se honrase el cadáver del perdedor, pero el griego rechazó cualquier trato. Finalmente, Aquiles venció, clavándole la lanza en la base del cuello, el único lugar desprotegido por la armadura.

Una vez muerto, el cuerpo de Héctor fue lacerado por los griegos, y posteriormente, atado por los tobillos al carro de Aquiles, quien lo arrastró alrededor de la ciudad. Durante doce días, el cuerpo permaneció expuesto al sol y los animales, pero el dios Apolo protegía el cuerpo del héroe de cualquier maltrato, conservándolo impoluto. Finalemente, el rey Príamo, con la ayuda del dios Hermes (Mercurio en Roma), se aventuró hasta la tienda de Aquiles, suplicándole la devolución del cuerpo. Aquiles se apiadó y, a cambio de un rescate, entregó el cadáver del príncipe a su padre, que parte hacia la ciudad para realizar los debidos actos fúnebres.

La Ilíada empieza haciendo referencia a Aquiles y termina con la muerte de Héctor: "Mas, así que se descubrió la hija de la mañana, Eos de rosados dedos, congregóse el pueblo en torno de la pira del ilustre Héctor. Y cuando todos se hubieron reunido, apagaron con negro vino la parte de la pira a que la llama había alcanzado; y seguidamente los hermanos y los amigos, gimiendo y corriéndoles las lágrimas por las mejillas, recogieron los blancos huesos y los colocaron en una urna de oro, envueltos en fino velo de púrpura. Depositaron la urna en el hoyo, que cubrieron con muchas y grandes piedras, amontonaron la tierra y erigieron el túmulo. Habían puesto centinelas por todos lados, para vigilar si los aqueos, de hermosas grebas, los atacaban. Levantado el túmulo, volviéronse: y reunidos después en el palacio del rey Príamo, alumno de Zeus, celebraron el espléndido banquete fúnebre. Así celebraron las honras de Héctor, domador de caballos" (Homero, Ilíada, XXIV).


AQUILES ARRASTRANDO EL CADÁVER DE HÉCTOR
FRENTE A LAS PUERTAS DE TROYA
Franz Matsch
1892
Achilleion de Corfú



EL DOLOR DE ANDRÓMACA
Jacques-Louis David
1783
París, Louvre