lunes, 30 de junio de 2014

LAS OFRENDAS GRIEGAS


Según el pensamiento romano antiguo, las ofrendas podían ser consideradas un "doy para que dés", es decir, entregar algo a cambio de un favor o protección de los dioses a los que se le entrega. Es una forma de regateo pero la mayoría de las veces las ofrendas son desinteresadas o simples muestras de reconocimiento.


LAS OFRENDAS ESPONTÁNEAS

La ofrenda desinteresada puede encontrarse, por ejemplo, en el campo: pasando cerca de un templo, un campesino depositaba espontáneamente flores. 

Ciertas ofrendas eran, sin embargo, prescritas: es el caso de la libación (spondé), ofrenda sistemática de algunas gotas de un líquido que se va a beber, gotas que se dejan caer al suelo, sobre la víctima de un sacrificio y otra ofrenda. A menudo se trataba incluso de vino. La libación se llevaba a cabo al menos tres veces al día: al levantarse, al cenar y al acostarse. Permite, asimismo, atraer rápidamente la atención de los dioses, a fin de proteger una partida, siendo así un gesto apotropaico ("que aparta el mal"). Incluso, acompaña la firma de un tratado, así spondé, por metonimia, designa también el pacto. Puede así tener lugar en el marco de un ritual más codificado, como el de la invocación a los poderes ctónicos. Una libación, llamada khoé, se parece más al sacrificio porque la bebida vertida no será consumida.

Además, era posible incluso ofrecer vestidos a las estatuas que representaban a los dioses. Así, durante las grandes panateneas, por ejemplo, se paseaban en procesión a la estatua de Atenea, vestida con un peplos tejido durante el año, en las fiestas de las Panateneas.


ESCENA DE LIBACIÓN DE LA
ANTIGUA GRECIA
Copa de figuras rojas
480 a.C.
Louvre, París



LAS OFRENDAS MOTIVADAS

Por otra parte, se practicaba la ofrenda, individual o colectiva, de objetos preciosos, los cuales eran escondidos prácticamente como un verdadero y valiosísimo tesoro. La epigrafía muestra de manera exhaustiva ciertos tesoros, dado que su inventario tenía que ser exacto. El sacerdote saliente, debía demostrar que no se llevaba nada y que mantenía sus cuentas (inventarios). 

Las ciudades victoriosas en tiempos de guerra practicaban este tipo de ofrenda oficial. La ciudad de Delfos ofrece hoy en día numerosos testimonios: allí se alinean los tesoros llenos de objetos (estatuas, pinturas, etc.) conmemorando la victoria ofrecidos por las ciudades, a lo largo de la vía sagrada. A veces las ciudades rivalizaban entre ellas para ofrecer el tesoro más lujoso. Es notable que durante algunos episodios históricos, como la famosa guerra del Peloponeso, los tesoros ofrecidos por ciudades enemigas celebraban victorias de griegos contra otros griegos. Así pues, la relación con el sentimiento religioso puede a veces parecer lejana.

Los griegos también practicaban el exvoto, objeto ofrecido en agradecimiento de alguna ayuda divina. La costumbre concierne principalmente a las curaciones atribuidas a Ascelpio; se le ofrecía, generalmente, una ofrenda representando el miembro curado. Los atletas, por otra parte, agradecían a los dioses su destino con una bella estatua de ellos mismos en caso de victoria. Algunas ciudades como Olimpia tenían emplazamientos específicos reservados a estas estatuas. De manera informal, cuando tenía lugar un suceso inesperado (como una pesca o una caza absolutamente milagrosa) era costumbre reservar una parte del botín para los dioses.

domingo, 29 de junio de 2014

RITOS FUNERARIOS EN LA ANTIGUA GRECIA


Los ritos funerarios de la Antigua Grecia cambiaron con el paso del tiempo y de las costumbres propias o asimiladas de otros pueblos, y en gran parte, a las leyes que restringían el boato y el lujo de las ceremonias.


URNAS FUNERARIAS ÁTICAS
Siglo VII a.C.
Staatliche Antikensammlungen, Munich



EL DESARROLLO HISTÓRICO DE LOS RITOS FUNERARIOS

El uso más antiguo para comunicarse con los difuntos fue el entierro. Pausanias dejó una enumeración exacta de los sepulcros más distinguidos de aquéllos, diciendo que los tenían en los campos y en las orillas del mar, en la cumbre o al pie de las montañas.

Las urnas que contenían las cenizas eran colocadas en casas particulares y en ocasiones en los templos, pero estos ejemplos al principio fueron raros no concediéndose esta distinción sino a los jefes administrativos o generales que habían defendido a la patria. El entierro en Grecia siempre estuvo en uso más que en toda otra parte teniendo aquellas gentes particular cuidado de llevar los cadáveres fuera de las poblaciones. Las ciudades de Sición, Delos y Megara, los tebanos, los macedonios, los moradores del Quersoneso y de casi toda la antigua Hélade observaron la misma práctica.

Fue Ligurgo el único que dio permiso para que las sepulturas se mantuviesen dentro de las ciudades, más concretamente en los templos y en lugares públicos donde el pueblo se congregaba continuamente. Pero los legisladores más célebres hicieron de aquella práctica un punto interesante en sus códigos. 

Cécrope I quiso que los muertos fueran llevados fuera de la ciudad de Atenas. Solón adoptó y restableció en todo su vigor este prudente reglamento de modo que hasta finales de esta república no se halló en Atenas más que un corto número de personas enterradas dentro de la polis, cuya honorífica distinción solamente fue concedida a algunos héroes. Sófocles no encontró sepulcros en la ciudad principal del Ática. Servio Sulpicio Rufo a finales de la República romana no pudo conseguir que fuese en ella enterrado Marcelo. Plantón en su República no permite que se detinen para sepultura las tierras aptas para el cultivo sino las arenosas, áridas e inútiles.

Las mismas leyes estuvieron en el mayor vigor en la Magna Grecia. Los cartaginenses encontraron sepulcros construidos en las afueras de la ciudad de Siracusa. Los tarentinos siguieron los mismos estilos pero habiendo en una ocasión consultado el oráculo, éste respondió que serían más felices si cum publibus habitarent

El sentido verdadero era que activasen los medios de aumentar la población, mas ellos creyeron que interpretaban bien el sentido del oráculo permitiendo enterrar a sus muertos dentro de la ciudad. Sin embargo, toda la doctrina religiosa se diría a observar las leyes que ordenaban llevar los cadáveres lejos de las estancias. Así fue que hasta los generales defensores de la patria, los soldados que habían sacrificado su vida para el mismo noble fin, tuvieron sus sepulcros en los mismos campos de batalla: por ejemplo, Homero, primer poeta épico, fue enterrado en un picadero. Arquímedes, terror de romanos y defensor de Siracusa, fue dejado en una campiña cerca de su patria. Lisandro, que aseguró la superioridad de Lacedemonia sobre Atenas, su rival, fue enterrado en un campo cerca de Aliate.



LEYES REGULADORAS

Cuando los cadáveres de los héroes y de grandes hombres no eran enterrados en las poblaciones se redujeron las posibilidades de reflejar una imagen de relevancia social, dándose así una menor distinción social. No sirve decir que en aquellas remotas ciudades se hacía poco caso a los sepulcros, porque en ningún otro tiempo los hombres habían tenido tanto cuidado sobre este particular "lujo".

Cicerón conoció el sepulcro de Arquímedes por varios adornos que se encontraban en él. El lujo, el buen gusto y la magnificencia de los sepulcros eran tan sumamente llamativos y relevantes entre los griegos y romanos, que las leyes tuvieron que restringir varias veces semejantes excesos.

Platón en sus escritos prohibía la construcción de los sepulcros cuyo trabajo no pueda ser concluido por cinco hombres en el espacio de cinco días. Solón quiso que los atenienses fuesen construidos dentro de tres días por diez hombres. Demetrio de Falero proscribió el lujo de las columnas y determinó la capacidad de los sepulcros. La ley de las XII Tablas de los romanos ordenando que las hogueras y los sepulcros fuesen llevados fuera de las ciudades, prevenía por medio de prudentes reglamentos el lujo que habría podido introducirse en éstos.

sábado, 28 de junio de 2014

LA ORACIÓN


Una de las maneras de contactas con los dioses era la oración. Ésta requería antes que nada la verdadera pureza, es decir, una cierta limpieza (un lavado de manos), una apariencia decente basándose en una indumentaria adecuada y la ausencia del estado de mancha. De hecho, el respeto hacia el ritual se volvía sumamente exagerado pero necesario. Por regla general se rezaba siempre antes de cualquier acción ritual.

La oración podía ser una petición expresa o una simple llamada a un dios. No era en ningún caso una oración silenciosa: las palabras que, pronunciadas en voz alta, cuentan y dicen solamente theós ("dios"), siendo así una forma efectiva de invocación. Permanecer de pie para acercarse al Olimpo, con la mano derecha o las dos levantadas, la palma dirigida hacia los dioses (cielo, mar, estatuas, etc.). Para llamar a las divinidades ctónicas, en cambio, había que prosternarse o golpear el suelo. Arrodillarse para rezar era considerado una forma de superstición.

La petición hacia una deidad también podía resurgir como una maldición, la de un simple enemigo o la de sí mismo cuando se prestaba juramento. En este último caso se maldecía para anticipar el caso de que no se respetase su palabra. Jurar sobre Estigia era la forma de juramento de naturaleza religiosa más poderosa.

viernes, 27 de junio de 2014

OTROS ASPECTOS DE LA RELIGIÓN EN LA ANTIGUA GRECIA


La antigua religión griega es conocida gracias a tres tipos de fuentes (orden literario, epigráfico y arqueológico). Reposa sobre un conjunto complejo de prácticas de la antigüedad griega, por lo que no debe ser confundida con la mitología helena, que describe los mitos propios del mundo griego, que no estaban forzosamente ligados al sentimiento religioso pero podían tener cierta esencia literaria. La religión, en cambio, suponía el interés por los ritos y otras prácticas ceremoniales tradicionales.

La religión no era un asunto de creencia privada. Era ante todo pública y concernía a la comunidad, de donde surgieron sus importantes implicaciones con la vida política. De hecho, no se relegaba a ciertas esferas de la vida cotidiana pero podía concernir a todos sus aspectos.

Los griegos no establecían verdaderamente diferencias entre el dominio religioso y el profano: cada momento de la vida podía estar acompasado por un rito más o menos formal, una oración, una práctica religiosa.


FE, PIEDAD E IMPIEDAD

Mientras que los mitos griegos son célebres, su religión es bastante menos conocida. Una de las razones de esta extraña paradoja es la ausencia de testimonios directos que se pronuncien sobre la naturaleza real de la fe y del sentimiento religioso. En un sentido, es imposible afirmar directamente que los griegos creían en sus leyendas mitológicas y otorgaban un crédito real a sus prácticas. Sin embargo, hay dos hechos asegurados por los escritos: por un lado, el contenido de los mitos era aceptado por los griegos de la época; por otro lado, la piedad, y no la fe, era totalmente real.

La religión griega no parece haber requerido una adhesión profunda en un dogma, que no existe además, sino el simple respeto a los ritos. 

Los términos griegos clave eran la piedad (eusébeia) y la impiedad (asébeia). Sin dogma, la noción de piedad es difícil de percibir. La impiedad, por el contrario, lo es menos. Se la entiende como una ausencia de respeto a la consideración de los ritos de la polis, considerada como un crimen merecedor de denuncia ante los tribunales. Así, hay que suponer que los fieles de una nueva religión o de un dios nuevo que deseaban practicar su culto debían pedir autorización, cosa que sería sometida a voto. Por ejemplo, a Sócrates (469 - 399 a.C.) lo condujo a la pena capital, pronunciada por la ciudad ateniense.

Se puede, pues, definir la piedad griega como el respeto en su justa medida, el conocimiento de los límites a no franquear el respeto a las leyes divinas. Se trata, ante todo, de respetar las tradiciones de los ancestros y de otorgar a los dioses lo que se les debe en forma de ofrendas, oraciones u de otra manera, pudiéndose cumplir los ritos sin conocer el significado profundo. La oración es, ante todo, cívica (el cargo de sacerdote, salvo en raros casos, es civil y que no existe el clero) y cada ciudad está protegida por una deidad tutelar. Faltar al respeto es arriesgarse a que cese de asegurar esta protección, peligro que concernirá a todos los ciudadanos.


LO SAGRADO

Lo sagrado en tanto que tal no existe en la religión griega. Tres nociones cercanas, no obstante, son dadas a conocer, y no conviene confundir.

  • Hierós.
Este término remite a las cosas que permiten la aplicación de las condiciones necesarias par ala realización del rito. Se trata de formas casuales o circunstanciales, y no esenciales, de lo sagrado. Así, un lugar puede volverse sagrado al tiempo de una ceremonia (el lugar de un sacrificio), incluso un objeto de la vida cotidiana (el cuchillo para degollar a la víctima sacrificial) o incluso un hombre (el oficiante).

En efecto, el sacerdote (hiereús) no es un hombre fuera de la sociedad civil. El clero no era una casta social, sino una función administrativa de la sociedad griega. A menudo, el sacerdote, efectivamente, no es más que un funcionario sacado a suerte o elegido para un año. El sacerdocio aparece como un cargo del Estado, esencialmente efímero. Durante su mandato, el sacerdote no es investido de sus funciones más que durante los actos litúrgicos, y no fuera de estos momentos. No existe, además, un clero griego jerarquizado y organizado como una institución autónoma.

  • Hágios.
Este concepto podría ser traducido por el adjetivo santo. Caracterizaba lo que era definitivamente alejado de la vida cotidiana y del mundo común por su pureza, oponiéndose así a hierós. Es notable que sea el término que se usa en griego moderno para designar a los santos cristianos. 

  • Hósios.
Este último término connotaba la idea de permisión. Es lo que está prescrito o permitido por la ley divina. 


LO PURO Y LO IMPURO

En la religión griega, la pureza (katharós) no es moral sino material. Su importancia es capital porque no se puede participar en los ritos y penetrar en un témenos, santuario o no, más que en estado de pureza. En este aspecto, el islam está muy próximo de la religión griega. Puro es sinónimo, además, de limpio. Se comprende por qué, en algunos ritos, el lavado de manos estaba prescrito. Las nociones de pureza y de impureza dependen eternamente del contexto: tal objeto considerado puro puede ser impuro en otro contexto.

En el caso de la sangre, que no es ni pura ni impura, todo depende del rito considerado. La sangre de la víctima sacrificada es pura, la de un muerto caído en tierra, impura. Es por esta última razón que todo aquel que matase a alguien, sea mortal o no, debe ser "lavado" de su mancha tras el combate, incluso si era legal o en interés de la polis. De la misma manera, la muerte de un allegado es fuente de mancha, lo que impide asegurar el cargo de sacerdote, de participar en ciertas ceremonias y de penetrar en un témenos. Se encuentran restos de este informe ambiguo de la sangre en las historias mitológicas:
  • Orestes, después de haber vengado con sangre la muerte de su padre Agamenón (lo que se consideraba su deber), debe expiar su mancha siendo perseguido por las Erinias. Esto no acontece más que después de una absolución por parte de Atenea y tras una colecta impuesta por Apolo, siendo así lavada la sangre de sus víctimas y encontrando el reposo de las Furias.
  • La isla de Delos, entonces errante, fue la única tierra en acoger a Leto, madre de Apolo y Artemisa, para que allí diese a luz. Hera, en efecto, una vez más engañada por su esposo Zeus, padre de los gemelos de Leto, había prohibido a cualquier tierra acaparar a su "rival". Convertida en la cuna de los dos dioses, se otorgó a Delos la inmovilidad y la isla se volvió sagrada. Para hacerla exenta de toda mancha, se decretó que estaba prohibido nacer o morir allí; se fue hasta allí para exhumar los cadáveres enterrados en la isla con anterioridad a fin de garantizar la pureza.
  • Apolo debió, tras haber matado a Pitón, purificarse de su muerte. Es por este acto violento que el dios fundó una de las ciudades más piadosas del mundo griego.


ORESTES PERSEGUIDO POR LAS FURIAS
William - Adolphe Bouguereau
1862

jueves, 26 de junio de 2014

ZEUS O JÚPITER - RAPTOS, AMORES Y DESCENDENCIA


LEDA Y EL CISNE

Leda era hija de Testios, rey de Etolia. Cuando Tíndaro, rey de Esparta, fue expulsado de su reino con su hermano, Testios lo refugió y le concedió a su hija como esposa. Zeus se enamoró de Leda al verla bañarse en el río Eurotas, en Esparta. Éste se presentó ante ella con aspecto de cisne, que fingiendo ser perseguido por un águila, se posó en ella.

Esa misma noche, después de haber estado con el dios se volvió a reunir con su marido. Así, de la doble unión nacieron, en dos huevos distintos, Cástor y Clitemnestra, atribuidos a Tíndaro, y Pólux y Helena, hijos de Zeus.

Sin embargo, la versión más aceptada defiende que Zeus se convirtió en cisne para seducir a la diosa Némesis, convertida en oca, y que ésta última puso un huevo azul que fue encontrado por un pastor y llevado a la reina Leda. Otra versión, en cambio, asegura que fue puesto entre los muslos de Leda por el mensajero de los dioses, Hermes, y criados los hijos por esta, de ahí que se digan que los Dioscuros; Cástor y Pólux, y Helena de Troya entre otros sean sus respectivos hijos.



LEDA Y EL CISNE
Copia de Leonardo da Vinci
1505 - 1507
Florencia, Uffizi



EL RAPTO DE LAS HIJAS DE LEUCIPO (O LEUCIPES)

Cástor y Pólux, hijos de Leda, eran conocidos como los Dioscuros o "hijos de Zeus", pero en realidad sólo Pólux, hábil púgil e inmortal era su hijo. Por el contrario, su hermano Cástor, mortal e hijo de Tíndaro, era un diestro domador de caballos. Los gemelos, además de participar en numerosas empresas, son recordados por haber raptado a Febe e Hilaria, las "leucipes", hijas del rey de Argos y hermano de Tíndaro.

Las hijas de Leucipo fueron prometidas a Idas y Linceo, sobrinos de Leucipo, quienes, después del rapto, persiguieron a los dioscuros y se enfrentaron a ellos en una dura lucha. Cástor murió a manos de Idas mientras que Pólux mató a Linceo. El propio Zeus intervino en la lucha fulminando a Idas. Desesperado por la pérdida de su hermano, Pólux rogó  a su padre que le dejase tener idéntico fin. Entonces, Zeus le permitió renunciar a la mitad de su inmortalidad a favor de Cástor. Así, los gemelos pudieron vivir siempre juntos, un día en el Olimpo y otro en el Hades. Según otra versión de la historia, Júpiter colocó a los dos hermanos entre los astros, dando vida a la constelación de los gemelos.


RAPTO DE LAS HIJAS DE LEUCIPO
Pedro Pablo Rubens
1616
Munich, Alte Pinakothek



ZEUS Y LETO

Leto (en la mitología romana conocida como Latona) era hija del Titán Ceo y de la Titánida Febe, por lo cual pertenece a la primera generación divina.

Antes de seducir a Leto, Zeus habñia intentado violar a Asteria, su hermana, que se había escapado transformándose en codorniz, arrojándose al mar y convirtiéndose en la isla flotante de Ortigia.

Preñada de Zeus, suscitó la terrible ira de Hera que, celosa, prohibió a todos los lugares de la tierra dar hospitalidad a la muchacha y que, así, no pudiese parir. Incluso trató Hera de impedir el nacimiento prohibiendo a su hija Ilitía, diosa de los partos, que la atendiese.

Tras un largo peregrinar, expulsada de cualquier lugar, Leto se refugió en Ortigia (que luego cambió su nombre por el de Delos), una isla estéril, errante y lejos de la cólera de la reina de los dioses. Allí, a la sombra de una palmera y un olivo dio a luz a Apolo y Artemisa después de un retraso de nueve días. Sus dolores conmovieron a los dioses, que hicieron que naciese primero Artemisa para ayudar a su madre en el alumbramiento de Apolo.

Después, la serpiente Pitón, hija de Gea, persiguió a Leto para matarla porque su destino era hallar la muerte a causa del parto, pero no lo consiguió y cuatro días después de nacer, Apolo mató al monstruo con sus flechas.

Después de haber dado a luz, Leto fue obligada por Hera a huir otra vez, llevando consigo a sus hijos. Cuando llegó a Licia, agotada por el largo vagar y por el calor, se acercó a un lago divisado a lo lejos, donde unos campesinos recogían mimbres, juncos y algas de las humedades. Leto se aproximó al espejo del agua y cuando estaba a punto de beber medio agachada, los campesinos se lo prohibieron. Insensibles a sus súplicas, la amenazaron constantemente. Además de eso, empezaron a saltar en el estanque para remover el fondo fangoso y entrurbiar el agua. Entonces, la titánida, presa del enfado, elevó las manos al cielo rogando que aquella gente viviese eternamente en ese estanque y todos cuantos un momento antes se burlaban de ella fueron transformados en ranas.

Apolo y Artemisa fueron grandes protectores de su madre. Por ejemplo, mataron al gigante Ticio por intentar violarla. También la defendieron de las burlas de Níobe.

Níobe, hiija de Tántalo y esposa de Anfión, rey de Tebas, tuvo siete niños y siete niñas. Un día, una adivina, a sugerencia de los dioses, recorría las calles de la ciudad de Tebas exhortando a las mujeres a honrar a Latona y a sus hijos, Apolo y Diana. Las tebanas estaban a punto de comenzar las ceremonias cuando Níobe llegó, soberbia y vestida espléndidamente. La mujer del rey, después de vanagloriarse de sus orígenes divinos, se declaró superior a Latona, que sólo había tenido dos hijos.

Por ello, incitó a las mujeres a interrumpir su culto y a volver a sus hogares. El castigo por semejante afrenta no tardó en llegar. A petición de su madre, Apolo y Diana bajaron a la tierra cubiertos por una nube y mataron a todos los hijos de la reina Níobe, disparándoles flechas continuamente. El dolor hizo que el rey Anfíón se suicidase mientras que Níobe, desesperada, se transformó en piedra. El viento la arrastró hasta su país de origen, donde de la roca siguen manando sus lágrimas.


LETO CONVIRTIÉNDO A LOS CAMPESINOS
EN RANAS
Johann Georg Platzer
1730
Minneapolis Institute of Arts, Minneapolis




LA MUERTE DE LOS HIJOS DE NÍOBE
Abraham Bloemaert
1591
Copenhague, Statens Museum for Kunst


ZEUS E ÍO

Ío era una ninfa, hija de Inaco, el dios río de Argólida. El dios Zeus se le presentaba en sueños incitándola a que le entregara su cuerpo en el lago de Lerna. Cuando la joven le contó lo que le ocurría a su padre, Ínaco fue a consultar al oráculo, que le aconsejó que la expulsara de su casa o Zeus aniquilaría con un rayo toda su estirpe. Ínaco obedeció y fingió no saber nada de su hija, pero al poco tiempo sintió un profundo arrepentimiento y envió a Cirno para que la buscase. Éste llegó hasta Caria, y al no encontrarla se instaló allí mismo por miedo a regresar sin cumplir su misión. Lo mismo ocurrió con Lirco, enviado también por Ínaco y que terminó habitando en Caria y casándose con la hija del rey Cauno.

Zeus se enamoró de ella y la sedujo transformándose en nube. Pero Hera, que sospechaba al ver la niebla durante la luz del día, fue a buscar a su marido carcomida por los celos. Éste, para no ser descubierto y salvar a la joven, transformó a Ío en una becerra blanca. Hera, que se jactó del engaño, pidió al dios que se la regalase y la confió a Argos, el famoso gigante guardián de los cien ojos, para que la vigilase.

Por su parte, Zeus, apiadado de la triste suerte de su amante, pidió ayuda a Hermes para que la rescatase. El dios bajó a la tierra disfrazado de pastor y  consiguió dormir a Argos con el dulce sonido de su instrumento. Atraído por la música, Argos invitó al falso pastor a sentarse con él. Durante todo el día, ambos conversaron mientras Hermes seguía tocando en su intento por adormecer a los numerosos ojos del fiel servidor de Hera. Sin embargo, dichos ojos, resistiendo al sueño, pidieron explicaciones sobre el instrumento musical y la forma en la que se había inventado: se trataba de la siringa. Después del relato del dios, Argos se sumió en un sueño profundo. Aprovechando la situación, el mensajero de los dioses procedió a darle muerte con una afilada piedra, llevando a término su misión.

En recompensa por sus servicios, Hera puso los ojos de su leal servidor en la cola del pavo real, su pájaro favorito, y clamó venganza. Ató a los cuernos de la ternera un tábano que la picaba sin cesar y que la obligó a huir corriendo por el mundo sin rumbo fijo. Así atormentada atravesó el mar Jónico, que recibió de ella su nombre, recorrió Iliria, Tracia y el Cáucaso, donde encontró a Prometeo encadenado y prosiguió por África, topándose con las Grayas y las Gorgonas.

El final del viaje fue Egipto, donde encontró descanso y fue devuelta a la condición de mujer por las caricias de Zeus. De ambos nació Épafo a las orillas del Nilo. Entonces, la reina olímpica ordenó a los curetes que le trajesen al recién nacido. Habiéndolo conseguido, fueron castigados por Zeus, que los aniquiló por cumplir las crueles órdenes de su esposa. Entonces comenzó la segunda peregrinación de Ío, esta vez en busca de su hijo, que lo encontró por fin en Siria, donde lo amamantaba Astarté o Saosis, la esposa del rey Malcandro de Biblos.

Ya con su hijo en brazos, regresó a Egipto, donde se casó con Telégono, que gobernaba entonces esa región. Por este motivo Épafo llegó a heredar la corona del Nilo, siendo, según la leyenda, el fundador de la ciudad de Menfis y el ancestro común de los libios, los etíopes, y de gran parte de los reinos griegos.


JÚPITER E ÍO
Correggio
1531
Viena, Kunsthistorisches Museum


MERCURIO Y ARGOS
Diego Velázquez
1659
Madrid, Museo del Prado




JUNO Y ARGOS
Pedro Pablo Rubens
1610 - 1611
Colonia, Wallraf-Richartz Museum



EL RAPTO DE EUROPA

Europa, hija del rey fenicio Agenor, solía acercarse a la playa de Tiro para jugar con sus siervas a la orilla del mar. Un día, mientras la muchacha se entretenía, Zeus la descubrió y se enamoró de ella.

Para acercarse, el dios se transformó en un toro blanco, con aspecto dócil y con unas astas pequeñas y bien torneadas y se mezcló con las reses que tenía el padre de la muchacha. Mientras Europa y su séquito recogían flores cerca de la playa, observó profundamente maravillada al animal, que no tenía nada de hostil.

Aunque al principio estaba atemorizada, se acercó al toro blanco, lo acarició y lo adornó con flores. Envalentonada por la mansedumbre del animal, se montó en su grupa. Pero, inmediatamente, el dios aprovechó la oportunidad, corrió al agua y huyó con la princesa aterrorizada. El toro llegó hasta las proximidades de la isla de Creta, donde Europa se convirtió en madre de Minos, futuro rey, Sarpedón y Radamante. En la isla, Zeus donó a la muchacha al rey Asterión como esposa.

Es más, el rey de los dioses dio a esta mujer un collar hecho por Hefesto, forjador divino, y otros tres regalos. Estaba, por un lado, Talos, un autómata de bronce; por otro, Lélape, un perro que nunca soltaba su presa y una jabalina que nunca erraba. Más tarde, Zeus recreó la forma del toro blanco en las estrellas, siendo conocida así como la constelación Tauro.


EL RAPTO DE EUROPA
Tiziano Vecellio
1560 - 1562
Boston, Isabella Stewart Gardner Museum



ZEUS Y SÉMELE

Sémele era hija de Cadmo, fundador de Tebas, y de Harmonía. Amada de Zeus y encinta de un hijo suyo, cayó victima de la ira insaciable de Hera quien, ofendida por el ultraje sufrido, sugirió a la muchacha que dejase su relación con su marido pero, al no lograr su propósito, la castigó.

La reina de los dioses adoptó el aspecto de la nodriza Beroe, y se presentó ante Sémele. Durante la conversación, ambas mujeres terminaron hablando de Zeus y la falsa nodriza insinuó a la muchacha la sospecha de que el padre de su hijo pudiera no ser el dios. Por tanto, y para despejar cualquier duda, le aconsejó que le pidiese al rey de los dioses que se presentase ante ella en todo su esplendor, que le demostrase todo su poder, igual que se presentaba ante Hera. Una vez en presencia de Zeus, la joven le pidió que le concediese un don.

El dios le satisfaría cualquier deseo que tuviese, jurando por el Estigia, el río infernal que infundía temor incluso a los dioses. Ante la petición de Sémele, Zeus, que no podía no hacer honor al juramento, se vio obligado de mal grado a subir al cielo y armarse de sus rayos. Una vez ante la muchacha, esta no consiguió soportar el resplandor y murió fulminada. Dionisos, el niño que Sémele llevaba en el vientre consiguió salvarse. Fue Zeus quién lo salvó y lo cosió a su muslo para que terminara su proceso de gestación. Unos meses después, Dionisos nació en el monte Pramnos de la isla Icaria, a donde Zeus fue para liberarlo ya crecido de su muslo.


JÚPITER Y SEMELE
Paolo Pagani
1780
Brno, Moravská Galerie



ZEUS Y DÁNAE

Dánae era hija del rey de Argos, Acrisio y Eurídice, hija de Lacedemón. Decepcionado por carecer de herederos varones, Acrisio consultó un oráculo para saber si esto cambiaría. El oráculo había predicho a Acrisio que sería asesinado por un nieto suyo. Teniendo la predicción en cuenta, el rey encerró a la muchacha en una estancia subterránea. Pero Zeus, totalmente encaprichado, logró entrar en aquel espacio cerrado transformándose en una fina lluvia de oro y la dejó embarazada. Así, de esta unión nació Perseo. 

Cuando descubrió lo sucedido, enfadado pero sin querer provocar la ira de los dioses matando a su nieto, Acrisio ordenó encerrar a la madre y al hijo en un cofre y, después, arrojarlo al mar. Sin embargo, ambos fueron salvados porque el mar fue calmado por Poseidón a petición de su hermano Zeus.

Alcanzaron la costa de la isla de Serifos, donde fueron recogidos por Dictis, un pescador de la isla, quien crio a Perseo como su propio hijo.

Después de distintas peripecias (la muerte de Medusa y el rescate de Andrómeda) y largo tiempo, nieto y abuelo se reencontraron, y la profecía se cumplió: el muchacho mató por error al rey durante una competición de tiro de jabalina. Demasiado avergonzado para regresar a Argos, dio entonces el reino a su tío segundo Megapentes, primo de Dánae, y reinó en Tirinto, fundando también Micenas y Midea allí.



DÁNAE
Mabuse
1527
Alte Pinakothek, Munich



ZEUS Y ANTÍOPE

Una de las amadas de Zeus fue Antíope, hija del rey de Tebas, Nicteo, y mujer de extraordinaria belleza. El padre de los dioses se unió a la joven, que estaba dormida, adoptando la forma de un sátiro.

Para escapar de la ira paterna, pues su padre no creía que el amante de su hija fuera rey de los dioses y la acusaba de blasfemia, la muchacha se refugió en Sición. Allí el rey Epopeo la admitió y la desposo.

Aquella acción supuso el principio de una guerra entre Nicteo y Epopeo. Nicteo la persiguió con su ejército hasta la corte de Epopeo, ya que Antíope había buscado protección contra su padre, hecho que éste consideró como alta traición. La finalidad del rey de Tebas era recuperar a su hija pero fue derrotado. Lico, hermano de Antíope sucedió a si padre derrotando a Epopeo, quien se convirtió en marido de Antípoe con el tiempo. Así se llevó a su hermana a la capital beocia y fue tratada como una esclava.

En el camino de regreso nacieron los gemelos Anfión y Zeto, fruto de la unión con Zeus. Los niños fueron abandonados y criados por un pastor. Al crecer y conocer la verdad de la historia de su madre, los dos jóvenes marcharon contra Tebas vengando a su madre y convirtiéndose en señores de la ciudad.


JÚPITER Y ANTÍOPE
Corregio
1528
Louvre, París

DEFINICIÓN DE LA RELIGIÓN EN LA ANTIGUA GRECIA



La religión de la Antigua Grecia abarcaba la colección de creencias y rituales practicados en la Antigua Grecia en forma de prácticas culturales, homólogas de la mitología. Por otra parte, en el mundo heleno, la práctica religiosa variaba tanto que se podía hablar de "religiones griegas".

Fundamentalmente, la religiosidad griega fue plasmada en el ámbito público como una religión cívica, muy ligada a la vida de las polis griegas y, en lo privado, como una práctica religiosa de múltiples caminos que, con el paso del tiempo, fue apartándose cada vez más de los dioses oficiales de la ciudad-estado para acercarse a creencias, anhelos o temores más íntimos de un individuo.

Como todas las antiguas religiones, la religión de los antiguos griegos abordaba el asunto de las relaciones de los hombres con el más allá desde una práctica piadosa muy diferente a la que caracterizó a las religiones monoteístas, que contemplan la salvación como la máxima preocupación. 

Las prácticas culturales de los griegos se extendieron más allá de la Grecia continental, a las islas y costas de Jonia (en Asia Menor), a la Magna Grecia (Sicilia e Italia meridional), y a las colonias griegas dispersas por el Mediterraneo occidental. Así pues, ejemplos griegos moderados son el culto y las creencias etruscas y la religión romana.


EL COMIENZO DE LA RELIGIÓN EN LA GRECIA ANTIGUA

Hay una creencia generalizada entre los eruditos de que la primera de las religiones griegas provino de, o estuvo muy influenciada por el chamaismo de las estepas centrales del continente asiático hasta la colonia griega de Olbia (Escitia), en la orilla norte del Mar Negro, y de allí hacia occidente.

La antigua sociedad griega no conocía la religión con los mismos parámetros definitorios que se conoce comúnmente hoy en día. Los conceptos que nos sirven para describir los fenómenos religiosos contemporáneos no están adaptados para el análisis de lo que era para los griegos lo divino.

En la antigua Hellas lo esencial de las creencias y de los ritos se estructuró en la Época Arcaica (siglos VIII - VI a.C.). La base para ello fue una forma de organización política bastante particular: la polis o ciudades-estado independientes con características propias, que tuvo como consecuencia directa el redescubrimiento y la difusión de la escritura (800 - 700 a.C.). 

A partir de este momento aparecieron los personajes dominantes de la religión griega. Se dio así un politeísmo de nuevas divinidades, de dioses antropomórficos provistos de atributos que los caracterizaban de forma permanente (rayo, tridente, arco y flechas, égidas, etc.), gozando de poderes pletóricos, teniendo sectores de intervención, modos de acciones propias, y dotadas de mitos. Pero cada una de estas deidades no existe más que por los lazos que las unes con el sistema divino global.

Los griegos honraban principalmente a los dioses (theoi) y a los héroes, la mayoría de ellos considerados semidioses. Cada uno de ellos podía ser invocado bajo diversos aspectos en función del lugar, del culto y de la función que cumplía. Estas divinidades dotadas de poderes sobrenaturales, bajo el mismo nombre podían presentar una multitud de aspectos. Los epítetos cultuales (las epíclesis), señalaban su naturaleza y su ámbito de intervención: Zeus era Kéraunos ("tonante"), Polieo ("guardián del orden político, de la polis"), Horkios ("garante de los juramentos y de los pactos"), Ktésios ("protector de la propiedad"), Herkeios ("guardián del cercado"), Xenios ("protector de los huéspedes y de los extranjeros".


CABEZA LAUREADA DE ZEUS
Tetradracma griego
360 - 340 a.C.
Lámpsaco



COSMOGONÍA

Para los griegos los dioses no se encontraban en el exterior del mundo. Ellos no habían creado ni al universo ni a los mortales, pero si se habrían creado a si mismos. No habían existido desde siempre, no eran eternos, sino sólo inmortales. Nacidos unos de los otros y siendo muy numerosos, los dioses formaban una extensa familia, una sociedad fuertemente jerarquizada.

Esta imposibilidad de morir se traducía en un estilo de vida verdaderamente particular. Se alimentaban con ambrosía, una sustancia sumamente deliciosa, nueve veces más dulce que la miel, de néctar y del humo de los sacrificios religiosos que los mortales les concedían. No corría sangre alguna por sus venas, sino el icor. Estaban sometidos sin excepción alguna al Destino e intervenían constantemente en los asuntos humanos. 

El nombre de la mayoría de deidades aparece en tablillas de la civilización micénica, después en los textos homéricos y en los escritos de Hesíodo.

Además, parece ser que el panteón griego estaba ya constituido en el siglo VIII a.C. A finales de este siglo, Hesíodo, un poeta beocio en su Teogonía presentó una ordenación de los ritos y de los mitos relativos al nacimiento del mundo divino. Redactaba así una historia de sucesión de las generaciones divinas que al término de los múltiples conflictos por la soberanía desembocaba en la colocación de los dioses del Olimpo alrededor de la figura de Zeus, el padre de los dioses, el soberano absoluto de los cielos.

Se trataba, en primer lugar, de hacer nacer el mundo (kosmos) a partir de tres poderes: el Caos ("el vacío que ocupa un hueco", Gea (la Tierra) y Eros ("la renovación"), quienes dieron, cada uno, nacimiento a otros poderes de manera absolutamente independiente.

  • De la unión de Gea, la Tierra, y de Urano, el Cielo, nacieron los Titanes (siendo el más joven y poderoso de todos ellos Cronos), los tres Cíclopes y los tres Hecatónquiros de cien manos.
  • Cronos castró a su padre y reinó con Rea, su hermana, sobre los demás dioses. Para que ninguno de sus hijos le sucediese quitándole el poder los tragaba nada más nacer.
  • Sin embargo, Zeus escapó de estas terribles intenciones y una vez adulto obligó a su padre Cronos a vomitar a sus hijos, lo destronó y lo incitó, con la generación de sus hermanos (los llamados Olímpicos) a un combate contra los Titanes (la llamada Titanomaquia).
  • En adelante, los dioses se organizaron esencialmente en torno a Zeus, soberano del Olimpo (del cielo, de la región etérea donde los dioses vivían), quien repartió  a suertes el mundo con sus hermanos. Mientras el rey de los dioses gobernaba los cielos, Hades era el soberano del inframundo y Poseidón el rey de los mares. Luego repartió entre los demás Olímpicos todos los honores (timai) e inauguró un reinado de justicia y paz.

Por otra parte, los relatos míticos, tales como los del propio Hesíodo, explicaban las prácticas culturales (sacrificios, fiestas y competiciones) y los ritos que acompañaban la vida social y política del momento. Así pues, justificaban las reglas fundamentales que regían la colectividad, las volvían inteligibles a los hombres y aseguraban su perennidad.


LA CASTRACIÓN DE URANO
Giorgio Vasari y
Cristofano Gherardi
1560
Fresco del Palazzo Vecchio, Florencia





LA CAÍDA DE LOS TITANES
Peter Paul Rubens
1637
Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica, Bruselas



LA PIEDAD EN LA ANTIGUA GRECIA

En la antigua sociedad helena la religión estaba completamente imbricada en todos los dominios de la vida (familiar, pública y social). La oposición entre lo "profano" y lo "sagrado", los límites establecidos entre lo "laico" y lo "religioso" eran inciertos. Los gestos, comportamientos y ritos de la vida familiar, social y política casi siempre compartían un aspecto religioso.

La religión griega no se apoyaba en ninguna revelación. La ciudad no conocía ni instituciones que dirigieran la religión ni dogma. Las conductas religiosas, la piedad (eusébeia, respeto de las obligaciones hacia los dioses) e impiedad (asébeia, ausencia de respeto a las creencias y a los rituales comunes de los ciudadanos) no tenían un carácter definido o rígido. La piedad parece haber sido el sentimiento que tenía un grupo o un individuo, algo como ciertas obligaciones.

En primer lugar, las obligaciones de la comunidad concernían al respeto a la tradición ancestral. Las del individuo eran, en cambio, multiformes. La participación en los cultos de la polis, la abundancia de ofrendas en los santuarios dedicados a diferentes deidades, la devoción hacia la muerte de los parientes y las divinidades protectoras de la familia, la generosidad para permitir que los rituales se desarrollaran en las mejores condiciones, son ejemplos de manifestación de piedad.

En general era considerado impío todo lo que iba en contra de la tradición. En materia de la religión sería toda innovación: la introducción en la ciudad de dioses que no eran oficialmente aceptados, las concepciones que ponían en duda las creencias tradicionales, la modificación de ritos ancestrales, cualquier atentado contra la integridad del patrimonio divino (como por ejemplo el robo de un templo, la mutilación o el cultivo de árboles sagrados), toda profanación, imitación o falsificación de alguna ceremonia, las violencias cometidas contra los sacerdotes de un culto, etc.

La piedad no era la expresión de un sentimiento de relación directa e íntima con una divinidad. No era sólo la observación escrupulosa y estricta de los ritos prescritos. Ser piadoso era creen en la eficacia del sistema de representaciones establecidas por la ciudad para organizar las relaciones entre los mortales y los dioses, y también participar en ellas activamente.

miércoles, 25 de junio de 2014

TRIPTOLEMO


Triptolemo era un semidiós y un héroe que aprendió de la mismísima Deméter las artes de la agricultura y las enseñó a los griegos. Era hijo del rey Céleo y la reina Metanira de Eleusis, en el Ática. Sin embargo, según Pseudo-Apolodoro era hijo de Gea y Océano, considerándolo así un "hombre primordial".

Siempre estuvo relacionado con la Deméter de los misterios eleusinos, que perduraron en el mundo heleno y romano hasta la era cristiana.

Se representaba a Triptolemo como un joven con una rama o diadema en la cabeza, normalmente sentado en su carro alado de una sola rueda tirado por dragones o serpientes. El carro probablemente simbolizaba el proceso de trillar el grano, siendo la rueda el círculo en el que giran los bueyes y las alas los bieldos con los que aventar, separando las cáscaras vacías del grano. Las serpientes eran el reflejo del renacimiento y la fertilidad de la tierra.

Sus atributos incluyen un plato de grano, un par de espigas y un cetro.



EL MITO DE TRIPTÓLEMO

Deméter (Ceres en Roma), diosa de los cereales y las cosechas, recorrió muchos países buscando a su hija Perséfone (Proserpina), que Hades (Plutón) le había arrebatado. Un día que esta madre infortunada atravesaba el Ática bajo la apariencia de una vulgar mujer, se detuvo cerca de Eleusis y se sentó sobre una piedra para descansar un poco. Allí conoció a las hijas de Céleo, a quienes contó que se hacía llamar Doso, una cretense que había sido raptada por piratas y que podía realizar cualquier tarea doméstica que le diesen. Al conocer a la hija de Céleo, Metanira, y suponiendo por su decaído aspecto que alguna pena la mortificaba, acercóse a ella y le rogó que fuese a casa de su padre para reposar. La diosa aceptó y se dirigió a la mansión real; Céleo le dispensó tan buena acogida, que la diosa, altamente reconocida a la sincera hospitalidad, devolvió la salud a su hijo Triptolemo, que todavía se encontraba en la cuna.

Deméter se encariñó con el infante. No se contentó con esto la diosa, su gratitud le exigía hacer algo más: tomó a su cargo la educación de Triptolemo y quiso hacerle inmortal. A este efecto, durante el día le alimentaba con su leche y por la noche le tendía sobre carbones encendidos para despojarle de su condición mortal.

El niño crecía visiblemente y de modo tan prodigioso que se apoderó de su madre la más viva curiosidad; quiso Metanira saber lo que pasaba durante la noche y qué mágicos procedimientos empleaba Deméter. A este fin se ocultó en un rincón de la estancia y, al ver que la diosa se disponía a someter a su hijo al fuego depurador, lanzó un grito de espanto y quedó destruido el encantamiento.

Cuando la oyó lamentarse, Deméter quitó al niño del fuego y lo arrojó al suelo diciendo: "Insensatos sois los mortales... Pues habría hecho inmortal a tu hijo y no habría envejecido en su vida, pero ahora no puede escapar en modo alguno de la muerte".

No pudiendo ya la diosa dar al joven Triptolemo la inmortalidad, quiso, por lo menos, que fuera amado por todos los hombres: enseñóle el arte de sembrar el trigo y de hacer el pan, y dióle, después, un carro tirado por dos dragones para que recorriese diversos lugares de la tierra enseñando el arte de la agricultura y plantando semillas desde el aire por toda la tierra. Así pues, a través de él, el resto de Grecia aprendió a plantar y segar los cultivos. Según algunas tradiciones, fue así como Deméter agradeció a Triptolemo la información sobre su hija.

Cuando Triptolemo enseñó a Linco, rey de Escitia, las artes agricultoras, éste rehusó enseñarlas a sus súbditos y trató de matar al hijo de Metanira. Deméter, para salvarlo, lo transformó en un lince.

A su muerte, Triptolemo también fue considerado un juez del inframundo. Por otro lado, Triptolemo estaba igualmente relacionado con la concepción de esperanza para la otra vida, asociada con la expansión de los misterios eleusinos.



TRIPTOLEMO Y CORÉ
Copa ática del Pintor de Aberdeen
470 - 460 a.C.
Louvre, París